24 de julio de 2019

El voto argento. ¿Homo sapiens vs homo políticus?

Cada dos años se renuevan las discusiones sobre las razones del voto entre los argentinos, tanto en los hogares, lugares de trabajo, bares y reuniones de amigos como en los medios de difusión. Generalmente estos debates están teñidos de pasión pero escasos de fundamentos objetivos. Porque ¿cuáles son las razones por las que votamos los argentinos? ¿Todos somos homo politicus o sólo los ciudadanos politizados? Ante estas preguntas pueden esgrimirse varias razones: los humanos votamos por motivos ideológicos, motivos económicos (macro o microeconómicos), clientelares, por causas puntuales materialistas o simbólicas, movidos por simpatía o antipatía por el candidato, por la trayectoria del postulante o por la falta de la misma, porque el personaje les genera confianza o desconfianza, cariño u odio, por deseos de cambiar o mantener el status quo, etc. En el fondo de cualquier argumentación sobre las razones del voto está la dicotomía razón o sentimiento. Y, si lo enmarcamos en la historia argentina, en la polarización civilización o barbarie. Pero quien caracterice sus propias razones generalmente apelará a causas racionales: a un análisis del candidato o su plataforma o propuestas particulares, o de la trayectoria o personalidad del candidato, independientemente del nivel educacional, social o de ingresos económicos propios. Y, generalmente, para caracterizar las razones del voto de quien lo hace en forma distinta a la propia, se suele apelar a que "el otro" lo hace por razones no racionales sino sentimentales, por falta de información o educación o por motivos meramente materialistas o clientelares. Razones vulgares, indignas o mezquinas en definitiva. Y esto se ve en sujetos tanto de izquierda, de derecha o de centro. Sin temor a exagerar podríamos decir que una minoría politizada de una sociedad, independientemente de su ideología, considera que sólo ella vota en forma racional o ideológica, consciente, y que una mayoría del pueblo no lo hace de esa forma sino presa de influencias espúreas o por razones irracionales o sentimentales. Otra minoría puede acusar a quienes votan distinto de hacerlo por razones mezquinas, económicas en beneficio propio, de corto plazo o meramente clientelares. La vara para clasificar o calificar al voto del "otro" siempre es la propia, a la que se considera válida, racional, meditada, fundamentada y pura: impoluta. El parámetro a utilizar es nuestro voto, nuestras prioridades, nuestros valores, es decir: nosotros. Así nunca llegaremos a conocer las razones del voto de los demás, en definitiva, del pueblo.
Para evadir un razonamiento simplista, ramplón, tan común en mesas de café, mesas familiares o, lamentablemente, también en estridentes paneles de opinadores profesionales de TV, debemos apelar a un nivel un poco más objetivo, científico de análisis. Un buen comienzo es analizar fríamente los parámetros reales que rigen nuestro propio voto. ¿Cuántos de nosotros solemos leer las plataformas electorales de todos los espacios políticos antes de decidirnos por uno? ¿Cuántos conocemos la trayectoria y el pensamiento políticos de todos los candidatos antes de votar? ¿Y cuántos nos interesamos en conocer, aunque sea someramente, las propuestas de al menos dos o tres candidatos o partidos? Obviamente, muy pocos (por no decir nadie).
Es decir que, para ser sinceros, debemos reconocer que detrás de nuestro voto no hay un análisis racional y menos aún completo, exhaustivo de las propuestas, personalidades o trayectorias de quienes elegimos para que nos gobiernen. Nuestra decisión al votar no es objetiva, es principalmente subjetiva. No somos objetivos porque no somos objetos, y como sujetos es nuestra mente la que decide y, como veremos, la mente no es un instrumento que realiza procesos de análisis que consideran todas las posibilidades en igualdad de condiciones y escoge la más adecuada de acuerdo a un patrón objetivo o programa, como lo hace una computadora. Es por eso que debemos reconocer que (al igual que en cualquier parte del mundo) hay otras razones detrás de nuestro voto, bien alejadas de la sobrevalorada racionalidad del homo sapiens o, más concretamente, del homo politicus...



¿El homo sapiens es un animal racional o sentimental?


Según estudios sobre el funcionamiento de la mente humana, a pesar de lo que afirma el "sentido común", el 95% de las decisiones que toma a diario el homo sapiens (sí, nosotros) son emocionales. Aunque nosotros creamos que basamos nuestras decisiones en un análisis racional, otros motivos más emocionales son el origen de las mismas. Para la antropología somos una especie animal emocional que razona, y no al revés. La emoción nos mueve a la acción, en cambio la razón procesa las conclusiones. Por lo tanto, ¿el voto nace de la acción o de las conclusiones? Veamos qué dice la neurobiología al respecto, en boca de Estanislao Bachrach, doctor en Biología Molecular por la UBA, autor entre otros libros del exitoso Ágilmente de la editorial Random House Mondadori de donde provienen estos extractos:


(...) existen cada vez más estudios sobre el modo en que la excitación emocional positiva facilita el aprendizaje, aumentando la conexión neuronal y consolidando el cambio sináptico.

Durante muchos años creímos ser "seres racionales (cortex) con sentimientos (límbico)". Hoy, los científicos acuerdan que el interruptor central del cerebro es nuestra parte emocional.
Somos seres emocionales que aprendimos a pensar y no máquinas pensante que sentimos. Esto tiene lógica si pensamos que el límbico lleva más de doscientos millones de años sobre la Tierra y el córtex apenas cien mil años. Por esto, muchísimas
de las decisiones que tomamos en la vida son no conscientes, la gran mayoría de ellas está dominada por ráfagas de emociones (algunas liberadas de nuestra memoria, otras por emociones nuevas). Muchas veces nuestro consciente racional justifica decisiones que ya habíamos tomado antes de ser conscientes de ellas. En definitiva, el botón cerebral para comportarnos frente a las variadas situaciones cotidianas está más influido por nuestras emociones que por nuestra razón.
(...) aún somos más emocionales que racionales. Entonces, ¿razón o emoción? Ni una ni otra... Somos el resultado de una bella interacción entre ambas.


En estos últimos años, en los medios de difusión se idealizó al trabajo de los asesores marquetineros de la política, simbolizado por la tarea del asesor ecuatoriano del macrismo Durán Barba. Veamos lo que nos dice el diario La Nación sobre la visión que tiene Durán Barba sobre las razones del voto, rescatando frases y consejos del exitoso consultor político:



Todos los trabajos de Durán Barba tienen un eje estructurador que es el de cómo escucha el candidato o la política en general a determinado sentido común de una sociedad. Él intenta ajustar al candidato como a un surfeador en ese esquema.



De la palabra a la imagen.

Pero para el gurú del jefe de gobierno porteño los votantes se sienten atraídos más por el color, una sonrisa o un gesto que por los discursos cargados. No teme en asegurar que hay que hacer a un lado "las palabras que transmiten ideas" para aludir a "las imágenes que transmiten sentimientos".
"No se ganan las elecciones con criterios elitistas", afirma el Durán Barba.
"La discusión contribuye a fortalecer la democracia y a solidificar las instituciones políticas, pero no a ganar elecciones", postula el texto.
En "El arte de ganar" Duran Barba alude a dirigentes "que supieron adueñarse de los escenarios bailando o haciendo reir a la gente". Lo considera más efectivo que los militantes que vivan al candidato que habla desde un atril. Para ilustrarlo, recuerda que la visita de De Narváez al programa de Marcelo Tinelli en 2009 cuando aceptó el desafío de bailar reggaeton junto a su imitador. "Votame", "votate", "alica", "alicate", quedaron en el recuerdo colectivo.
No confrontar. Desde que se inició la campaña porteña Mauricio Macri no se cansó de repetir que no entraría en un "clima de confrontación" con sus rivales. 
Según "El arte de ganar", el votante siempre tiene la razón. Un buen candidato debe escuchar las necesidades cotidianas del vecino, sus esperanzas y sus sueños. "No hay que partir de lo enunciado por los expertos sino de los dichos de la gente común", postula.
"La gente común - continúa Durán Barba- tiene sus propias ambiciones y su propio concepto de felicidad. El candidato no es dueño de la verdad y no está para educar a los electores, ni para juzgarlos. Necesitan dialogar con ellos para comprender sus puntos de vista y sobre todo, obtener sus votos", explica el ecuatoriano.
Apuntar al elector "menos politizado y más desinformado". 
"Cuando diseñamos una campaña nos interesan más los electores poco informados, los menos politizados, porque son ellos los que pueden moverse", explica el consultor.
"Hacer una campaña dirigida a partidarios duros que son capaces de sacrificarse concurriendo a algo tan aburrido como una manifestación, es tan absurdo como suponer que ellos representan los sentimientos de la mayoría", concluye.


Dice Lucas Guardo, en la introducción del libro de Durán Barba, "El Arte de Ganar", parafraseando al consultor político ecuatoriano del PRO:



La única verdad es la realidad (percibida por el elector).



Para ganar  una elección hay que estudiar al votante común, poco informado, que  conforma gran parte del voto indeciso que determina el vencedor. Si a ocho de cada  diez ciudadanos no les interesa la discusión  “izquierda o derecha”, tampoco importa para  armar una campaña. Este target electoral  tiene una visión menos rígida del mundo, y  puede cambiar de opinión si recibe un  mensaje adecuado.

Más allá de las posiciones ideológicas que pueda tener la persona, al momento de votar no lo hará razonando, sino guiado por sus sentimientos.
La política es pasión y cuando  un candidato le cae bien al  elector es probable que vote  por él.
Si le provoca rechazo, su voto estará perdido.
El planteo latente de Durán Barba y Nieto es  que la función del consultor político es ganar elecciones y para esto no hay que educar a  la gente, sino comprender el mundo desde  su óptica para conseguir su favor.(1)



Análisis final.



Los analistas suelen hablar del "mensaje de las urnas", como si el pueblo todo se hubiese puesto de acuerdo para transmitir ese mensaje; o calificar el voto en "voto bronca" o "voto de confianza", etc. En las ciencias sociales o en los medios de difusión masiva, esa generalización es errónea, porque sin datos concretos, tomados en “el campo", no deja de ser una opinión del mismo analista, basado en su percepción de la realidad, tan válida como cualquiera pero que no puede tomarse como "la verdad". Sin embargo, ahora podemos arriesgar que las personas votan personas, más allá de sus propias ideologías, visiones del mundo. Escogen a personas que proponen medidas de gobierno, rumbos políticos o modelos económicos, que expresan o representan ideologías o tradiciones políticas, pero que fundamentalmente tienen estilos, modos, aspectos físicos, trayectorias o personalidades. Es decir: la forma más que el fondo. El votante puede hasta incluso coincidir en la ideología, visión o propuesta de gobierno de un candidato, pero si no cree en él, no confía en él o no le cae bien, no lo votará. Y por el contrario, una acusación de supuesta corrupción es vista de diferente manera si es contra un político afín u opuesto al votante. Por ejemplo, ¿qué pensaron los macristas sobre el procesamiento de Macri por las escuchas de políticos opositores, familiares de víctimas de la AMIA y hasta de su cuñado? ¿Y de los actuales procesamientos del presidente? No creen que sea verdad o al menos lo minimizan. Y lo mismo pasa con los kirchneristas en relación con el procesamiento de Amado Boudou o los de Cristina Fernández de Kirchner.

Como vemos, lo humano está siempre por encima de lo ideológico o político (y a veces lo ético), aunque todo es humano en definitiva. Lo emocional prima por sobre lo racional, pero no lo excluye. De eso se compone el fundamento de los liderazgos: conseguir una sinergia entre ideología política y personalidad o carisma, una combinación que enamore (permítaseme la metáfora) al votante potencial. Debe valerse de la emoción y la razón para conquistar el voto: apelar a la mente y el corazón del votante.
Cualquier campaña que apele meramente a lo racional, a las cifras de la economía, al relato de la situación actual o pasada de la población o a las propuestas electorales adolecerá del necesario contenido emocional que interpele al electorado. Apelará sólo a la mitad de la mente de los electores.
La fe y la esperanza forman parte de esa mitad del homo sapiens que vota. Pero también debemos contar al miedo, el temor al triunfo de un candidato que haya sido demonizado previamente por los rivales y los medios de difusión. O temor al cambio, a lo desconocido; de la misma manera que la pulsión del voto puede ser la esperanza en un cambio, el deseo de cambiar el presente por un futuro incierto pero ideal, o idealizado.
Queda claro, entonces, que no es tan simple explicar por qué votamos lo que votamos. Cualquier intento de simplificar las razones de nuestro voto sólo logrará alejarnos de la verdad y, por lo tanto, sacar conclusiones equivocadas. Y basarnos en ellas no sólo para caracterizar el voto de los demás sino también el nuestro. Esa es la mejor manera de analizar, de "elaborar" nuestro voto ciudadano, de fundamentar nuestra elección política. O, tal vez, de analizar todas nuestras otras elecciones en la vida. Pero ése ya no es un tema para tratar en este blog.



17 de junio de 2019

“Plan F.F.”: barajar y dar de nuevo. La división del antikirchnerismo y el fin de la Revolución Macrista.

Y finalmente, un día la expresidente Cristina Fernández pateó el tablero con lo que podemos llamar “Plan F.F.” y aceleró las definiciones políticas de todos los sectores políticos, inclusive el suyo, el peronismo. Utilizó para eso dos de las características políticas del kirchnerismo: sorpresa y audacia. De la misma manera que cuando Néstor Kirchner sorprendió con su alianza con el poderoso Duhaldismo en 2003 (a cargo del Poder Ejecutivo), o cuando lo enfrentó en 2005 postulando a Cristina para diputada en la provincia de Buenos Aires enfrentando a Chiche Duhalde, y también cuando eludió la segura reelección de Néstor postulando a Cristina en 2007.
En 2019, el kirchnerismo sorprende al practicar un enroque de su dama, colocándola en el segundo puesto de la fórmula presidencial, asegurando así su gran caudal de votos y fungiendo de respaldo ideológico de la misma, y colocando a Alberto Fernández (un kirchnerista crítico de su segundo mandato y que se había alejado durante 10 años) en el primer término de la fórmula y en el primer plano político y mediático.
La función de Alberto es la ejecutiva en un probable gobierno peronista, además de congregar tras la fórmula a la mayor cantidad de tribus peronistas, de movimientos sociales y gremiales para lograr un caudal de votos suficientes para ganar en la primera vuelta, asegurando una cantidad de diputados y senadores que fortalezcan al movimiento que gobernará a partir del 10 de diciembre.
Y la función de Cristina en el gobierno Fernández-Fernández será funcionar de reaseguro ideológico del gobierno y seguro de recambio ante cualquier embestida institucional que intente el establishment contra el presidente Alberto.
La clave de este movimiento táctico es conseguir lo contrario de lo que el establishment logró en 2015 y 2017: dividir el antikirchnerismo. En las dos elecciones generales anteriores, el establishment pudo dividir al peronismo en kirchnerismo y antikirchnerismo, y al resto de la masa votante en peronista y antiperonista.
Cambiemos pudo en la primera vuelta de 2015 partir de su caudal de antiperonismo y sumar el antikirchnerismo y el voto independiente o apartidario y llegar a la Casa Rosada en la segunda vuelta.
El antiperonismo histórico suele rondar el 35% o de los votantes o más, como sucedió en 1973 cuando la fórmula Perón-Perón logró el histórico 62% de los votos, o en 1989 cuando Angeloz logró reunirlo enfrentando a Menem-Duhalde.
Pero ¿quiénes son estos votantes independientes o apartidarios? Son quienes están alejados del debate ideológico, quienes priorizan sus intereses económicos o sociales a cualquier explicación ideológica o debate político. Según Eduardo Fidanza, este sector representa un 60% de los votantes, que tienen un voto volátil, y que está dividido entre quienes podrían votar a cualquiera y quienes votarían a cualquiera menos a Macri o Cristina.


Sobre este universo de votos es donde la jugada táctica de Cristina tendría efecto. Se produjo así un barajar y dar de nuevo en la política de alianzas. Ante eso, la fórmula de los Fernández puede funcionar como arrolladora fuerza centrípeta y atraer a los votantes (no todos) que participaron de aquel sorprendente 54% de los votos de Cristina en 2011 y que luego se desperdigaron en las vertientes peronistas del massismo, el moyanismo gremial y otros grupos diminutos de peronistas antikirchneristas. Esa fórmula se convertirá en sinónimo de todo lo no Macri, al antónimo de todo lo malo de Cambiemos.
Lo que vemos que se está gestando hoy es la división del antikirchnerismo en porciones que adhieren fundamentalmente a las candidaturas de Macri-Pichetto, Lavagna-Urtubey o Espert-(?). Vale aclarar que allí también se encuentran algunos votantes peronistas antikirchneristas, para sorpresa de quienes hagan un análisis ahistórico de los conductas de los movimientos políticos populares autóctonos. Análisis que desconocen que se trata de una variante actualizada de la división personalistas/antipersonalistas que dividió y desangró al radicalismo en los años 20 y 30 del siglo pasado o a la que amenazó al movimiento peronista en los años 60 con el peronismo y el “peronismo sin Perón”.


Como decíamos aquí en abril en referencia al posible resurgimiento del kirchnerismo:
“Los primeros indicios ya se están viendo día a día, pero el ritmo se incrementará cuando se asienten las candidaturas opositoras, principalmente la de la expresidenta; y entonces se acelerará la fuerza centrípeta de ambos polos políticos mencionados. Y se harán más explícitos los apoyos a Cristina, aunque algunos de ellos parecían difíciles o tal vez imposibles hasta hace unos meses”.

Eso es lo que estamos viendo actualmente, esa fuerza centrípeta acercó a la corriente kirchnerista con esas vertientes perdidas desde 2011. También se produjo la división de lo que parecía ser una alianza no-kirchnerista, llamada Alternativa Federal, que se desgajó tan rápido como había florecido, con la huída del massismo y de Pichetto del grupo, quedando allí sólo Urtubey con su manojo de votos norteños y que lo obligó a abrevar en la fuente de Lavagna y los restos del socialismo perdidoso de Santa Fe.
En el oficialismo se aceleró la crisis que asomaba en Cambiemos tras las recurrentes derrotas electorales a nivel provincial, de la mano de los triunfos del peronismo, que está dentro del Frente de Tod@s. Sumado a la aparición de la candidatura de Espert, que atrae el voto de la derecha económica más dura (y casi antipolítica), y que junto con la fórmula Lavagna-Urtubey también atraen los votos de centro que engrosaban aquel 52% de Macri en 2015.
Ante este panorama, el gobierno logró afianzar a Macri como líder de su espacio e intenta consolidar su núcleo duro (que amenaza adelgazar debido a la crisis económica y de credibilidad presidencial) con la incorporación de Pichetto y sus votos imaginarios. Pero tiene enfrente la dura tarea de recuperar aquel 34% obtenido en la primera vuelta de 2015 para llegar a la segunda vuelta, y entonces intentar el sueño de alcanzar aquel lejano 51,24% de los votos que lo llevaron a la Casa Rosada en su mejor momento, cuando todo eran promesas y esperanzas y no fracaso, crisis económica, social y de la palabra presidencial como sucede hoy.

¿Qué se puede esperar entonces del resultado de los comicios de octubre? Podemos especular largamente cuando no se han oficializado las fórmulas pero que no variarán mucho de lo que se conoce. Sin embargo, algo parece ser lo más probable: la fórmula Fernández-Fernández será la que más votos obtenga en octubre, probablemente seguida de la oficialista o, menos probablemente, de la de Lavagna-Urtubey. En este último caso el resultado de la segunda vuelta sería difícil de prever, ya que no se puede intuir el comportamiento de los votantes no macristas en esa instancia. En caso de que se dé un enfrentamiento entre Fernández y Macri en el balotaje la polarización será caracterizada por ambos espacios de manera distinta. El oficialismo lo hará entre el pasado autoritario y un futuro de venganza y caos en manos del kirchnerismo y un futuro de mantenimiento de los logros idealizados y esperanza encarnado en el macrismo renovado. En cambio, el kirchnerismo lo teñirá de los aspectos económicos y sociales perdidos durante el macrismo y la esperanza de recobrar lo perdido y avanzar en la consolidación de un país más justo encarnada en un kirchnerismo aggiornado.

Pero en el caso de un triunfo en primera vuelta de la fórmula de los Fernández, como dijimos aquí en aquella nota de abril: “representaría un golpe fatal al gobierno, y lo llevaría en camilla hasta el 10 de diciembre, en el mejor de los casos”.
En un par de meses y en plena campaña veremos cómo se irán perfilando los votantes, pero seguramente el establishment político-mediático-judicial utilizará cualquier arma a la mano para impedir el regreso de un movimiento popular, con más encono que nunca y a plena luz del día, ya que sabe que no sólo es su última oportunidad para consolidar el perfil de país que intentó imponer siempre y a cualquier costo, sino que sabe también que tiene mucho que perder si surge un cuarto gobierno nacional y popular (los tres primeros fueron el yrigoyenista, el peronista y el kirchnerista) el que con sólo restablecer una parte importante de los logros del último se asegura la reelección en 2023.


Es por eso que afirmamos ya desde el título que con este barajar y dar de nuevo provocado por la sorpresiva jugada de Cristina Fernández, la consecuente división del antikirchnerismo provocará el fin de lo que hemos llamado la Revolución Macrista.

1 de mayo de 2019

Sí, los kirchneristas "se robaron todo", como los peronistas y los yrigoyenistas en el siglo pasado...

Todos los movimientos populares (por caso, el yrigoyenismo, el peronismo o el kirchnerismo) que gobernaron Argentina fueron acusados de corruptos, inmorales y demagogos por la oposición, y juzgados por los gobiernos (mayormente autoritarios) que los sucedieron. Sin embargo, aunque sus líderes sufrieron juicios empachados con acusaciones tanto en la prensa como en los tribunales, esos procesos fueron a su vez famélicos de pruebas o sentencias condenatorias. Una cosa eran las acusaciones y otra muy distinta las pruebas de esas acusaciones. Este fenómeno, típico en nuestra historia política y que no deja afuera a ningún partido mayoritario (UCR o PJ), demuestra que las razones principales de los ataques de la oposición a dichos gobiernos no fueron los supuestos casos de corrupción “intrínsecos” a ese tipo de movimientos (aunque ninguno de ellos está libre de pecado), sino las políticas mismas que ellos implementaron y el modelo de país que pregonaron. Esos gobiernos autoritarios que los sucedieron, generalmente liberales o neoliberales, tuvieron como casi única razón de ser la destrucción a cualquier costo de los movimientos populares. Además, en sus administraciones abundaron los defectos que le atribuían a los gobiernos populares. Porque, como decía Juan Bautista Alberdi: “Los liberales argentinos son amantes platónicos de una deidad que no han visto ni conocen. Ser libre, para ellos, no consiste en gobernarse a sí mismos sino en gobernar a los otros. La posesión del gobierno: he ahí toda su libertad. El monopolio del gobierno: he ahí todo su liberalismo. El liberalismo como hábito de respetar el disentimiento de los otros es algo que no cabe en la cabeza de un liberal argentino. El disidente es enemigo; la disidencia de opinión es guerra, hostilidad, que autoriza la represión y la muerte”.
Pero el ataque sistemático a todo lo que huela a popular (o populista, como suele llamárselos ahora a estos gobiernos), no se limita tan solo a sus medidas de gobierno sino también a sus cuadros políticos, militantes, simpatizantes o hasta votantes. Incluso esas diatribas pueden provenir de excompañeros de militancia.

Repasemos algunas de estas injurias. Comencemos con el gobierno de Hipólito Yrigoyen.
Declaraciones de Marcelo T. de Alvear, diario La Razón, Buenos Aires, 8 de septiembre de 1930:
“Yrigoyen con una ignorancia absoluta de toda la práctica de gobierno democrático, parece que se hubiera complacido en menoscabar las instituciones. Da pena cómo ese hombre, que encarnaba los anhelos de la libertad del sufragio, que tenía un puesto ganado en la historia al dejar su primera presidencia, destruyó su propia estatua.”
“Él, que dirigió varias revoluciones, en las que nosotros participamos, no logró hacer triunfar ninguna. En cambio, ve triunfar la primera que le hacen a él. Más le valiera haber muerto al dejar su primer gobierno; al menos, hubiera salvado al partido, la única fuerza electoral del país, rota y desmoralizada por la acción personal de su personalismo.”

Una gran cantidad de periódicos se sumó a la campaña de destitución del presidente: Crítica, La Prensa, La Nación, La Razón, La Vanguardia se ensañaron con el jefe de Estado al que caracterizaron de "tirano", "totalitario", "anticonstitucional", "déspota", "dictador", "inepto", "corrupto". El diario de extrema derecha nacionalista "La Fronda", representativo del racismo y clasismo del nacionalismo aristocratizante -en el que abrevaba uno de los principales impulsores del golpe de estado, el germanófilo general retirado José Félix Uriburu- desacreditaba al radicalismo desde una matriz analítica que abrevaba en el racismo y el clasismo:
"El triunfo del radicalismo en toda la República, ha tenido, como principal consecuencia, un predominio evidente de la mentalidad negroide".
Incluso Yrigoyen fue el primer expresidente argentino que tuvo que enfrentar a un juez; eso sucedió poco después de ser derrocado el 6 de setiembre de 1930 por el primer golpe militar de la historia argentina, encabezado por el general Uriburu. El caudillo radical fue satanizado por el régimen, que constituyó una comisión especial para investigar sus actos del gobierno e hizo abrir una causa por supuestos hechos de corrupción, que incluían desde compras hechas por el Estado hasta la administración de Lotería Nacional.
Quince meses pasó preso Yrigoyen, hasta que Uriburu lo indultó en febrero de 1932. A pesar de que intentó rechazar el gesto, fue liberado y volvió a Buenos Aires, desde la isla Martín García, el mismo día en que asumía el gobierno Justo, sucesor del dictador Uriburu (fraude electoral mediante), en la inauguración de la llamada luego "Década Infame’’. En diciembre del mismo año, Yrigoyen pasaría el último fin de año de su vida detenido nuevamente en Martín García, acusado esta vez de conspirar.

Repasemos más diatribas contra Yrigoyen o el yrigoyenismo provenientes de los intelectuales o periódicos del momento:

“Aparecieron en manadas los radicales del Parque, surgieron “dotores y más “dotores”, cuyas melenas cortadas en el cogote a filo de navaja y los cuellos altos, no siempre limpios, denunciaban larga ascendencia de pañuelo al cuello y pantalón bombilla. Las chinas, pintadas de albayalde, trepadas a sus tacones Luis XV, decoraban las antesalas y repartían miradas tropicales entre la canalla ensoberbecida, candombe peor que de negros, de mulatos. Color chocolate en los rostros y color chocolate en las conciencias”.
Valenti Ferro, Enzo. “Qué quieren los nacionalistas”, Bs As, 1933

“El espectáculo que presentaba la casa de gobierno...era pintoresco y bullicioso. Como en un hormiguero, la gente, en su mayoría mal trajeada, entraba y salía hablando y gesticulando con fuerza. Un ordenanza me condujo a la sala de espera... Ví allí un conjunto de personas de las más distintas cataduras: una mujer de humilde condición con un chiquillo en los brazos, un mulato en camiseta, calzado con alpargatas, que fumaba y escupía sin cesar, un señor de edad que parecía funcionario jubilado, dos jóvenes radicales que conversaban con vehemencia de política con un criollo medio viejo de tez curtida, al parecer campesino, por su indumentaria y su acento”.
Ibarguren, Carlos, “La historia que he vivido”, Bs As, EUDEBA, 1969, pág. 300.

“Ya por entonces el Congreso estaba lleno de chusma y guarangos inauditos. Se había cambiado el lenguaje parlamentario usual, por el habla soez de los suburbios y los comités radicales. Las palabras que soltaban de sus bocas esos animales no habían podido ser dichas nunca ni en una asamblea salvaje del Africa o del Asia. En el Congreso ya no se pronunciaban discursos, sino que se rebuznaba y la barra secundaba los actos de su amigos”.
Bosch, Mariano “Historia del partido Radical”, Bs As, pág . 214

“Hubo el encumbramiento por el favor presidencial de los elementos más inferiores de la sociedad... En realidad, una verdadera turba allí acampada, en espera permanente del beneficio, la dádiva, el empleo prometido... Fue un pronunciamiento de la plebe, de la masa popular desheredada.”
Federico Pinedo (abuelo del actual senador de Cambiemos), “En tiempos de la República”, Edit. Mundo Forense, Bs As, 1946, pág. 40.

(Textos extractados de "La Causa Radical contra El Régimen Conservador (1850-1928)" Norberto Galasso.)


“Este hombre (Yrigoyen) no tiene energías, ni tiene voluntad, tiene una obstinación, un deseo de decidir el voto de los electores por medio de favores, servicios, prebendas y promesas, se puede llegar a situaciones insostenibles. Hay una clase de parasitismo populachero, que es insaciable… Todo esto prepara situaciones sociales realmente pavorosas, tan serias y tan complicadas, que muchas veces imponen la necesidad de apelar a recursos extremos…”
Diputado Nicolás Repetto en la Cámara de Diputados.

“Yrigoyen significó un anacronismo, un paso atrás hacia la barbarie y un ultraje a la cultura alcanzada. Fue la invasión del bajo fondo en su parte enferma al poder, el fandango de la cocina instalada en la sala, el asalto a las arcas públicas por todo género de delincuentes, la humillación de toda manifestación de cultura por la hez del conventillo… ¡Es el ciudadano que ha irrogado más daños a su patria!”
Benjamín Villafañe en "La Tragedia Argentina".

“Se han resucitado las prácticas de la mazorca llevando el terror a todas partes… El pueblo creyó en su caudillo con fe ciega. Y no vio nada, no vio la Patria… El líder pudo convivir con todos y vibró con unos pocos, con los peores… Por eso ha terminado solo, absolutamente solo”.
Extractado de Revista El Hogar de 1930, luego del derrocamiento de Yrigoyen.

“Una horda, un hampa había acampado en las esferas oficiales y plantado en ellas sus tiendas de mercaderes, comprando y vendiéndolo todo, desde lo más sagrado hasta el honor de la Patria… La época yrigoyenista ha pasado ya vomitada por el pueblo al gheto de la historia.”
Discurso de Sánchez Sorondo en 1930, luego del derrocamiento del presidente Yrigoyen.
(Textos extractados de El Golpe Militar del 6 de Setiembre de 1930 de Norberto Galasso.)

"En los bajíos y entresijos de la sociedad hay acumuladas miseria, dolor, ignorancia, indigencia más mental que física, infelicidad y sufrimiento. Cuando un cataclismo social o un estímulo de la policía moviliza las fuerzas latentes del resentimiento, cortan todas las contenciones morales, dan libertad a las potencias incontroladas, la parte del pueblo que vive ese resentimiento y acaso para su resentimiento, se desborda en las calles, amenaza, vocifera, atropella, asalta a diarios, persigue en su furia demoníaca a los propios adalides permanentes y responsables de su elevación y dignificación".
Partido Socialista.

"No sólo por los bombos, platillos, triángulos y otros improvisados instrumentos de percusión (esa gente) me recuerda las murgas de carnaval, sino también por su indumentaria: parecen disfrazados de menesterosos. Me pregunto de qué suburbio alejado provienen esos hombres y mujeres casi harapientos, muchos de ellos con vinchas que, como a los indios de los malones, les ciñen la frente y casi todos desgreñados. ¿O será que el día gris y pesado o una urgente convocatoria, les ha impedido a estos trabajadores tomarse el tiempo de salir a la calle bien entrazados o bien peinados, como es su costumbre ¿O habrán surgido de ámbitos cuya existencia yo desconozco".
María Rosa Oliver, escritora del grupo "Sur" y camarada de ruta del partido comunista.


Pasemos ahora a recordar algunos juicios de valor lanzados contra el presidente Juan Domingo Perón o los peronistas en general:

"El malón peronista - con protección oficial y asesoramiento policial- que azotó al país, ha provocado rápidamente -por su gravedad- la exteriorización del repudio popular de todos los sectores de la República en millares de protestas. Se plantea así para nuestros militantes, una serie de tareas que para mayor claridad, hemos agrupado en dos rangos: higienización democrática y clarificación política. Es decir, por un lado, barrer con el peronismo y todo aquello que de alguna manera sea su expresión: por el otro, llevar adelante una campaña de esclarecimiento de los problemas nacionales, la forma de resolverlos y explicar ante las amplias masas de nuestro pueblo, más aún que lo hecho hasta hoy, lo que la demagogia peronista representa. En el primer orden, nuestros camaradas deben organizar y organizarse para la lucha contra el peronismo hasta su aniquilamiento. Corresponde aquí también señalar la gran tarea de limpiar las paredes y las calles de nuestras ciudades de las inmundas ’pintadas’ peronistas. Que no quede barrio o pueblo sin organizar las brigadas de reorganización democrática. Nuestras mujeres deben visitar las casas de familia, comercios, etc, reclamando la acción coordinada y unánime contra el peronismo y sus hordas. Perón es el enemigo número uno del pueblo argentino."
Declaración del Partido Comunista.

"Los acontecimientos de los días 17 y 18 (de octubre de 1945) de este mes han dejado perplejos y confundidos a los stalinistas, socialistas y en general a toda la pequeña burguesía que se hallaba bajo el influjo ideológico de la oligarquía y del imperialismo... La misma masa popular que antes gritaba ¡Viva Yrigoyen!, grita ahora ¡Viva Perón!

Viene a cuento repasar un comentario sobre lo señalado aquí, proveniente de la izquierda más lúcida de esa época, para no señalar los argumentos en defensa del peronismo provenientes del propio peronismo:

Así como en el pasado se intentó explicar el éxito del yrigoyenismo aludiendo a la demagogia que atraía a la chusma, a las turbas pagadas, a la canalla de los bajos fondos, etc., así tratan, ahora, la gran prensa burguesa y sus aliados menores, los periódicos socialistas y stalinistas, de explicar los acontecimientos del 17 y 18 en iguales o parecidos términos. Con una variante: comparan la huelga a favor de Perón con las movilizaciones populares de Hitler y Mussolini. Identificar el nacionalismo de un país semicolonial con el de un país imperialista es una verdadera ’proeza’ teórica que no merece siquiera ser tratada seriamente... La verdad es que Perón, al igual que antes Yrigoyen, da una expresión débil, inestable y en el fondo traicionera, pero expresión al fin, a los intereses nacionales del pueblo argentino. Al gritar ¡Viva Perón!, el proletariado expresa su repudio a los partidos pseudo-obreros cuyos principales esfuerzos en los últimos años estuvieron orientados en el sentido de empujar al país a la carnicería imperialista. Perón se les aparece, entre otras cosas, como el representante de una fuerza que resistió larga y obstinadamente esos intentos y como el patriota que procura defender al pueblo argentino de sus explotadores imperialistas.
Por primera vez, en muchos años, la clase obrera ha salido a la calle y ha influido de manera importante en el curso político del país... Las grandes masas explotadas se están poniendo de nuevo en movimiento".
Grupo "Frente Obrero".

(Textos extractados de "El 17 de Octubre de 1945" de Norberto Galasso.)


Apelemos ahora a la pluma de otro expresidente argentino derrocado e injuriado en su momento, Arturo Frondizi, de origen radical, para corroborar lo postulado aquí sobre la injuria sistemática que las clases altas, seudoaristocráticas, lanzan contra todo movimiento popular. En su libro “Estrategia y Táctica del Movimiento Nacional”, publicado en 1964, hay un capítulo titulado “La corrupción, pretexto para derribar gobiernos populares” donde el exmandatario ensaya un razonamiento que aún hoy mantiene una llamativa vigencia:

"LA CALUMNIA CONTRA LOS LIDERES POPULARES

"Estas sabias reflexiones de Berutti demuestran que hace siglo y medio ya se conocían las tácticas políticas basadas en la denigración gratuita del adversario y había quienes eran capaces de desentrañar sus ocultos designios.
"Es lamentable, entonces, que esa práctica desleal haya llegado intacta hasta nuestro días y que las calumnias que antes se lanzaron contra los próceres de nuestra independencia y organización nacional, desde San Martín hasta Rosas y Urquiza, se hayan repetido contra gobernantes contemporáneos y siempre con el mismo propósito denunciado por Berutti “Acarrearles el odio público, que su partido y amigos no pudiesen revivir y el gobierno que reemplazaba al caído se pudiese sostener sin temor de que los caídos pudiesen voltearlo”.
"Más lastimoso todavía es que se presten al juego partidos y hombres sinceramente dedicados a la causa popular, cuyos propios líderes y ellos mismos fueron víctimas de la insidia cada vez que, desde el gobierno o desde la oposición, ponían en peligro las posiciones y los privilegios de la minoría.
"A Lisandro de la Torre estuvieron a punto de asesinarlo en el Senado de la Nación cuando desnudaba las maquinaciones de los monopolios exportadores. Pero si esa vez falló el intento y abatió en cambio a uno de sus discípulos más queridos, el arma más sutil y menos riesgosa de la calumnia se había ensañado antes con el ilustre tribuno en ocasión de su candidatura a presidente. Todos recordamos el libelo publicado por un ex socio de don Lisandro, con quien mantenía una controversia judicial, en el que se formulaban acusaciones indignas contra el candidato presidencial y que tuvo amplia acogida en la prensa y en los círculos que auspiciaban la candidatura rival. El doctor de la Torre replicó eficazmente al calumniador, pero siempre guardó su amargo recuerdo del episodio.
"¿Qué no se dijo de la corrupción de los gobiernos de Hipólito Yrigoyen?
"Y el senador Benjamín Villafañe, en pleno recinto de la cámara alta, dijo: “Al yrigoyenismo lo forman ciento diez mil prontuariados en la sección Robos y Hurtos, sesenta mil pederastas y cincuenta mil más que viven al margen de la ley, del juego y la explotación de mujeres.
"Como en el caso ulterior del gobierno peronista, se practicaron centenares de investigaciones, hubo incautación y secuestro de bienes e inhabilitaciones civiles. Nada pudo comprobarse y la justicia absolvió a los acusados, les restituyó en algunos casos sus bienes y les levantó las interdicciones. Pero el objetivo político estaba cumplido y ya no interesaba sancionar a los supuestos delincuentes. También se cumplía el propósito reaccionario de paralizar el desarrollo económico, como en el caso de la fábrica Mercedes Benz, que el gobierno de la Revolución Libertadora cerró y que la firma alemana resolvió instalar en el Brasil, con el consiguiente perjuicio para la naciente industria automotriz de la República.
"La calumnia organizada, publicitada profusamente, recogida y amplificada por los más caracterizados dirigentes de la oposición, logró movilizar a amplias capas populares -de trabajadores, estudiantes y profesionales- para derribar a gobernantes elegidos por la inmensa mayoría del pueblo.
"Y la lección no fue aprovechada, porque los mismos yrigoyenistas que sufrieron en carne propia las infamias contra Yrigoyen, los mismos demócratas progresistas que lloraron la muerte trágica de Lisandro de la Torre, abrumado por la ingratitud y la mentira, los mismos peronistas que salían apenas de su propio proceso de persecución y descrédito, los mismos socialistas que durante años soportaron campañas de calumnias, se unieron a los voceros de la oligarquía antinacional y a los aliados de los monopolios belicistas extranjeros para combatir y calumniar despiadadamente a otro gobierno elegido en 1958 por la más amplia coalición nacional que registra nuestra historia democrática. Se apoyaron en la calumnia y la intriga para justificar y promover la quiebra de las instituciones y la secuela de retroceso económico, desocupación, y angustia de productores, trabajadores y consumidores que siguió al golpe de estado de marzo de 1962.


Como vemos, si repasamos los diarios y medios hegemónicos de estos últimos años vemos que no hay nada nuevo bajo el sol en materia de crítica de los gobiernos populares. Sólo cambian los nombres de líderes populares o de sus movimientos, pero las críticas o argumentos en su contra son casi los mismos. De la misma manera que las medidas de gobierno de esos movimientos se parecen bastante. Como así también se parecen las de los gobiernos reaccionarios o conservadores que los suceden.
Es por eso que podemos afirmar que, más allá de las grandes diferencias entre momentos históricos, protagonistas y contextos internacionales, para la derecha autoritaria y liberal autóctona, los gobiernos kirchneristas, peronistas e yrigoyenistas (como así cualquier otro gobierno nacional y popular que venga en el futuro) "se robaron todo".

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