5 de octubre de 2017

¿Todos los gobiernos populares son corruptos y demagogos? ¿Qué dice nuestra historia?

Todos los movimientos populares (por caso, el yrigoyenismo, el peronismo o el kirchnerismo) fueron acusados estando en el gobierno de corruptos, inmorales y demagogos por la oposición, y juzgados por los gobiernos que los sucedieron. Sin embargo, aunque sus líderes sufrieron juicios empachados con acusaciones tanto en la prensa como en los tribunales, los mismos fueron a su vez famélicos de pruebas o sentencias de culpabilidad. Este fenómeno, típico en nuestra historia política y que no deja afuera a ningún partido mayoritario (UCR o PJ), demuestra que las razones principales de los ataques de la oposición a dichos gobiernos no son los supuestos casos de corrupción intrínsecos a ese tipo de movimientos (aunque ninguno de ellos está libre de pecado), sino las políticas mismas que ellos implementaron y el modelo de país que pregonaron.
Para demostrar este hecho, repasemos brevemente algunas de las acusaciones de este tipo que registra nuestra historia, que posteriormente no fueron ratificadas en los tribunales pero que quedaron como leyendas urbanas, flotando en el conciencia colectiva de la sociedad. Esas leyendas mancharon el prestigio tanto del radicalismo o el peronismo en sus respectivas épocas, aunque aún hoy en día existen voceros de aquellas oposiciones que acostumbran a enarbolarlas aunque ya han sido probadas como falsas.
Empecemos por el presidente Hipólito Yrigoyen, reproduciendo párrafos de historiadores o analistas.


El golpe que el 6 de septiembre de 1930 derrocaría al presidente constitucional Hipólito Yrigoyen venía siendo anunciado mucho antes de que Leopoldo Lugones exaltara “la hora de la espada”. En ese discurso el prestigioso poeta llamaría al Ejército —“esa última aristocracia”— a tomar las riendas, y la conspiración sentaría precedentes que lamentablemente iban a hacer escuela en la Argentina. Los golpistas del futuro aprendieron en el 30 que la cosa debía empezar con el desprestigio del gobierno y el sistema a través de una activa campaña de prensa; asimismo, lograr la adhesión y el auxilio financiero de los grandes capitales nacionales y extranjeros a cambio de entregarles el manejo de la economía; rebajar los sueldos y pedir sacrificios a los asalariados que luego se traducirían en una hipotética prosperidad; las arengas debían ser fascistas pero el Ministerio de Economía sería entregado a un empresario o gerente liberal al que no le molestaran mucho los discursos y las actitudes autoritarias, a un liberal al que lo tuvieran sin cuidado el respeto a los derechos humanos y todos aquellos derechos impulsados justamente por el liberalismo.
Para que quede claro, un “liberal” argentino, en los términos de la genial definición de Alberdi: “Los liberales argentinos son amantes platónicos de una deidad que no han visto ni conocen. Ser libre, para ellos, no consiste en gobernarse a sí mismos sino en gobernar a los otros. La posesión del gobierno: he ahí toda su libertad. El monopolio del gobierno: he ahí todo su liberalismo. El liberalismo como hábito de respetar el disentimiento de los otros es algo que no cabe en la cabeza de un liberal argentino. El disidente es enemigo; la disidencia de opinión es guerra, hostilidad, que autoriza la represión y la muerte”.

Declaraciones de Marcelo T. de Alvear, diario La Razón, Buenos Aires, 8 de septiembre de 1930.
Yrigoyen con una ignorancia absoluta de toda la práctica de gobierno democrático, parece que se hubiera complacido en menoscabar las instituciones. Da pena cómo ese hombre, que encarnaba los anhelos de la libertad del sufragio, que tenía un puesto ganado en la historia al dejar su primera presidencia, destruyó su propia estatua.”
“Él, que dirigió varias revoluciones, en las que nosotros participamos, no logró hacer triunfar ninguna. En cambio, ve triunfar la primera que le hacen a él. Más le valiera haber muerto al dejar su primer gobierno; al menos, hubiera salvado al partido, la única fuerza electoral del país, rota y desmoralizada por la acción personal de su personalismo.”

Tras ser derrocado en 1930, Hipólito Yrigoyen fue investigado por el gobierno golpista que creó una comisión especial para detectar supuestas irregularidades administrativas.
Según el historiador Félix Luna, Yrigoyen fue indagado y se le dictó prisión preventiva, hasta que resultó indultado en febrero de 1932. Más tarde se lo volvió a recluir en la isla de Martín García, esta vez acusado de conspirar contra el régimen.
Durante la llamada “Década Infame” –pródiga en maniobras fraudulentas–, ninguna causa prosperó en la Justicia, que obviamente estaba al servicio del régimen.

Una gran cantidad de periódicos se sumó a la campaña de destitución del presidente: Crítica, La Prensa, La Nación, La Razón, La Vanguardia se ensañaron con el jefe de Estado al que caracterizaron de "tirano", "totalitario", "anticonstitucional", "déspota", "dictador", "inepto", "corrupto". El diario de extrema derecha nacionalista "La Fronda", representativo del racismo y clasismo del nacionalismo aristocratizante -en el que abrevaba uno de los principales impulsores del golpe de estado, el germanófilo general retirado José Félix Uriburu- desacreditaba al radicalismo desde una matriz analítica que abrevaba en el racismo y el clasismo: "El triunfo del radicalismo en toda la República, ha tenido, como principal consecuencia, un predominio evidente de la mentalidad negroide".
La campaña de prensa que acompañaba a la conjura cívico militar se articulaba con la radicalización opositora que el 10 de agosto de 1930 da a conocer el "Manifiesto de los cuarenta y cuatro" al que adhirieron parlamentarios opositores de distintos sectores. En él se acusaba al gobierno de la UCR de alterar el normal funcionamiento del sistema constitucional, de todos los entes autárquicos del Estado argentino, el principio de autonomía de las provincias, las leyes del trabajo, de actuar con despilfarro e imprudencia en la distribución de los recursos, de negligencia en la defensa de los intereses agrarios y de causar la ruina del país. Esta proclama alteró aún más los ánimos y las críticas se hicieron más agresivas. Actos políticos opositores, grupos universitarios y grupos nacionalistas que confrontaban elementos de acción oficialistas y con la policía provocaban constantes disturbios reclamando la renuncia de Yrigoyen.

El primer ex presidente argentino que tuvo que enfrentar a un juez fue Hipólito Yrigoyen, poco después de ser derrocado el 6 de setiembre de 1930 por el primer golpe militar de la historia argentina, encabezado por el general José Félix Uriburu. El caudillo radical fue satanizado por el régimen, que constituyó una comisión especial para investigar sus actos del gobierno e hizo abrir una causa por supuestos hechos de corrupción, que incluían desde compras hechas por el Estado hasta la administración de Lotería Nacional.
Quince meses pasó preso Yrigoyen, hasta que Uriburu lo indultó en febrero de 1932. A pesar de que intentó rechazar el gesto, fue liberado y volvió a Buenos Aires, desde la isla Martín García, el mismo día en que asumía el gobierno Justo, en la inauguración de la llamada "Década Infame’’. En diciembre del mismo año, Yrigoyen pasaría el último fin de año de su vida detenido nuevamente en Martín García, acusado de conspirar.

En sus Memorias Curiosas Juan Manuel Berutti afirmó, sobre la caída de los gobernantes denigrados de los primeros gobiernos patrios, que todo era "falso y no se debe creer por no haberse probado cosa alguna".
Otro parágrafo notable de la obra citada es el titulado La calumnia contra los líderes populares. El jefe desarrollista se pregunta "¿Qué no se dijo de la corrupción de los gobiernos de Hipólito Yrigoyen?". Y cita los dichos del ministro del Interior de la dictadura uriburista, Matías Sánchez Sorondo, quien señaló pocos después del golpe septembrino que "una horda, un hampa, había acampado en las esferas oficiales y plantado en ellas sus tiendas de mercaderes, comprándolo y vendiéndolo todo, desde lo más sagrado hasta el honor de la Patria". Por su parte, en el recinto del Senado, Benjamín Villafañe dijo: "Al yrigoyenismo lo forman ciento diez mil prontuariados en la sección Robos y Hurtos, sesenta mil pederastas y cincuenta mil más que viven al margen de la ley, del juego y de la explotación de mujeres..."
Gracias a las campañas infamantes ministros y funcionarios de Yrigoyen tuvieron que refugiarse en el exterior, otros se suicidaron. Nunca nadie comprobó nada...

A su vez, ¿qué se decía en los medios y los ambientes políticos sobre Yrigoyen y sus seguidores? ¿Tiene alguna relación con lo que se dice hoy en día de la expresidenta y sus seguidores? Veamos qué nos dice la historia:

Aparecieron en manadas los radicales del Parque, surgieron “dotores y más “dotores”, cuyas melenas cortadas en el cogote a filo de navaja y los cuellos altos, no siempre limpios, denunciaban larga ascendencia de pañuelo al cuello y pantalón bombilla. Las chinas, pintadas de albayalde, trepadas a sus tacones Luis XV, decoraban las antesalas y repartían miradas tropicales entre la canalla ensoberbecida, candombe peor que de negros, de mulatos. Color chocolate en los rostros y color chocolate en las conciencias”.
Valenti Ferro, Enzo. “Qué quieren los nacionalistas”, Bs As, 1933

“El espectáculo que presentaba la casa de gobierno...era pintoresco y bullicioso. Como en un hormiguero, la gente, en su mayoría mal trajeada, entraba y salía hablando y gesticulando con fuerza. Un ordenanza me condujo a la sala de espera... Ví allí un conjunto de personas de las más distintas cataduras :una mujer de humilde condición con un chiquillo en los brazos, un mulato en camiseta, calzado con alpargatas, que fumaba y escupía sin cesar, un señor de edad que parecía funcionario jubilado, dos jóvenes radicales que conversaban con vehemencia de política con un criollo medio viejo de tez curtida, al parecer campesino, por su indumentaria y su acento”.
Ibarguren, Carlos, “La historia que he vivido”, Bs As, EUDEBA, 1969, pág. 300.

“Ya por entonces el Congreso estaba lleno de chusma y guarangos inauditos. Se había cambiado el lenguaje parlamentario usual, por el habla soez de los suburbios y los comités radicales. Las palabras que soltaban de sus bocas esos animales no habían podido ser dichas nunca ni en una asamblea salvaje del Africa o del Asia. En el Congreso ya no se pronunciaban discursos, sino que se rebuznaba y la barra secundaba los actos de su amigos”.
Bosch, Mariano “Historia del partido Radical”, BsAs, pág . 214

“Hubo el encumbramiento por el favor presidencial de los elementos más inferiores de la sociedad... En realidad, una verdadera turba allí acampada, en espera permanente del beneficio, la dádiva, el empleo prometido... Fue un pronunciamiento de la plebe, de la masa popular desheredada.”
Federico Pinedo (abuelo del actual senador de Cambiemos), “En tiempos de la República”, Edit. Mundo Forense, Bs As, 1946, pág. 40.
Textos extractados de "La Causa Radical contra El Régimen Conservador (1850-1928)" Norberto Galasso.

“Este hombre (Yrigoyen) no tiene energías, ni tiene voluntad, tiene una obstinación, un deseo de decidir el voto de los electores por medio de favores, servicios, prebendas y promesas, se puede llegar a situaciones insostenibles. Hay una clase de parasitismo populachero, que es insaciable… Todo esto prepara situaciones sociales realmente pavorosas, tan serias y tan complicadas, que muchas veces imponen la necesidad de apelar a recursos extremos…”
Nicolás Repetto en la Cámara de Diputados.

“Yrigoyen significó un anacronismo, un paso atrás hacia la barbarie y un ultraje a la cultura alcanzada. Fue la invasión del bajo fondo en su parte enferma al poder, el fandango de la cocina instalada en la sala, el asalto a las arcas públicas por todo género de delincuentes, la humillación de toda manifestación de cultura por la hez del conventillo… ¡Es el ciudadano que ha irrogado más daños a su patria!”
Benjamín Villafañe en La Tragedia Argentina.

“Se han resucitado las prácticas de la mazorca llevando el terror a todas partes… El pueblo creyó en su caudillo con fe ciega. Y no vio nada, no vio la Patria… El líder pudo convivir con todos y vibró con unos pocos, con los peores… Por eso ha terminado solo, absolutamente solo”.
Extractado de Revista El Hogar de 1930, luego del derrocamiento de Yrigoyen.

“Una horda, un hampa había acampado en las esferas oficiales y plantado en ellas sus tiendas de mercaderes, comprando y vendiéndolo todo, desde lo más sagrado hasta el honor de la Patria… La época yrigoyenista ha pasado ya vomitada por el pueblo al gheto de la historia.”
Discurso de Sánchez Sorondo en 1930, luego del derrocamiento de Yrigoyen.
Textos extractados de El Golpe Militar del 6 de Setiembre de 1930 de Norberto Galasso.



Pasemos ahora a Juan Domingo Perón, fundador del peronismo, heredero evidente no tan sólo del espíritu popular del yrigoyenismo sino también, y principalmente, de sus enemigos.

Durante la década peronista (1945-1955) hubo numerosas denuncias contra el gobierno, lanzadas desde la oposición. Varios personajes de la época estuvieron bajo sospecha, entre ellos el cuñado del presidente, Juan Duarte, quien apareció muerto en su departamento poco después del fallecimiento de su hermana, Eva Perón, cuando había caído en desgracia. Tras el derrocamiento de Juan Domingo Perón, los autores del golpe de Estado crearon la Comisión Nacional de Investigaciones, que se abocó con frenesí a encontrar evidencias de malversaciones y peculados durante sus dos presidencias.
La Comisión, presidida por el contralmirante Leonardo McLean –repartida en varias subcomisiones de otros tantos supuestos ilícitos–, fue el más empeñoso intento en obtener pruebas que nunca aparecieron, diluyéndose las acusaciones en la publicación del Libro Negro de la Segunda Tiranía. La causa de estupro que fue abierta por esos días se mantuvo viva durante décadas, además de las de incitación a la violencia y de ataque a la religión.
El odio del gobierno de la Revolución Libertadora hacia el peronismo privó de imparcialidad a las investigaciones contra el presidente destituido el 16 de setiembre de 1955. Aún antes de que el general Pedro Aramburu desplazara a Eduardo Lonardi y la persecución se volviera violenta, un tribunal militar le atribuyó a Perón los siguientes delitos: incitación a la violencia, ataques a la religión católica, quema de la bandera y estupro. Lonardi aceptó la recomendación del tribunal y lo degradó como militar. La acusación de estupro fue una de las más publicitadas. A Perón se le atribuyó un romance con una adolescente llamada Nelly Rivas, a quien se envió a un reformatorio. Exiliado, el ex presidente evitó las consecuencias judiciales pero las causas siguieron abiertas por muchos años.
El peronismo tampoco escapó a la calumnia y al descrédito de parte de la prensa y de políticos oportunistas, que sólo pensaban en los intereses de círculo y no en el bien común. Los peronistas fueron juzgados arbitrariamente en bloque y miles de dirigentes políticos, empresariales y sindicales sufrieron la cárcel, la interdicción y la discriminación "libertadora". De tantas acusaciones, nunca nadie comprobó nada...

Y repasemos ahora lo que se decía sobre el presidente Perón y sus seguidores y comparémoslo también con lo que se sostiene hoy en día sobre el gobierno anterior y sus seguidores:

"En los bajíos y entresijos de la sociedad hay acumuladas miseria, dolor, ignorancia, indigencia más mental que física, infelicidad y sufrimiento. Cuando un cataclismo social o un estímulo de la policía moviliza las fuerzas latentes del resentimiento, cortan todas las contenciones morales, dan libertad a las potencias incontroladas, la parte del que pueblo que vive ese resentimiento y acaso para su resentimiento, se desborda en las calles, amenaza, vocifera, atropella, asalta a diarios, persigue en su furia demoníaca a los propios adalides permanentes y responsables de su elevación y dignificación".
Partido Socialista.

"No sólo por los bombos, platillos, triángulos y otros improvisados instrumentos de percusión (esa gente) me recuerda las murgas de carnaval, sino también por su indumentaria: parecen disfrazados de menesterosos. Me pregunto de qué suburbio alejado provienen esos hombres y mujeres casi harapientos, muchos de ellos con vinchas que, como a los indios de los malones, les ciñen la frente y casi todos desgreñados. ¿O será que el día gris y pesado o una urgente convocatoria, les ha impedido a estos trabajadores tomarse el tiempo de salir a la calle bien entrazados o bien peinados, como es su costumbre ¿O habrán surgido de ámbitos cuya existencia yo desconozco".
María Rosa Oliver, escritora del grupo "Sur" y camarada de ruta del partido comunista.


"El malón peronista - con protección oficial y asesoramiento policial- que azotó al país, ha provocado rápidamente- por su gravedad- la exteriorización del repudio popular de todos los sectores de la República en millares de protestas. Se plantea así para nuestros militantes, una serie de tareas que para mayor claridad, hemos agrupado en dos rangos: higienización democrática y clarificación política. Es decir, por un lado, barrer con el peronismo y todo aquello que de alguna manera sea su expresión: por el otro, llevar adelante una campaña de esclarecimiento de los problemas nacionales, la forma de resolverlos y explicar ante las amplias masas de nuestro pueblo, más aún que lo hecho hasta hoy, lo que la demagogia peronista representa. En el primer orden, nuestros camaradas deben organizar y organizarse para la lucha contra el peronismo hasta su aniquilamiento. Corresponde aquí también señalar la gran tarea de limpiar las paredes y las calles de nuestras ciudades de las inmundas ’pintadas’ peronistas. Que no quede barrio o pueblo sin organizar las brigadas de reorganización democrática. Nuestras mujeres deben visitar las casas de familia, comercios, etc, reclamando la acción coordinada y unánime contra el peronismo y sus hordas. Perón es el enemigo número uno del pueblo argentino."
Declaración del Partido Comunista.


"Los acontecimientos de los días 17 y 18 (de octubre de 1945) de este mes han dejado perplejos y confundidos a los stalinistas, socialistas y en general a toda la pequeña burguesía que se hallaba bajo el influjo ideológico de la oligarquía y del imperialismo... La misma masa popular que antes gritaba ¡Viva Yrigoyen!, grita ahora ¡Viva Perón!
Así como en el pasado se intentó explicar el éxito del yrigoyenismo aludiendo a la demagogia que atraía a la chusma, a las turbas pagadas, a la canalla de los bajos fondos, etc., así tratan, ahora, la gran prensa burguesa y sus aliados menores, los periódicos socialistas y stalinistas, de explicar los acontecimientos del 17 y 18 en iguales o parecidos términos. Con una variante: comparan la huelga a favor de Perón con las movilizaciones populares de Hitler y Mussolini. Identificar el nacionalismo de un país semicolonial con el de un país imperialista es una verdadera ’proeza’ teórica que no merece siquiera ser tratada seriamente... La verdad es que Perón, al igual que antes Yrigoyen, da una expresión débil, inestable y en el fondo traicionera, pero expresión al fin, a los intereses nacionales del pueblo argentino. Al gritar ¡Viva Perón!, el proletariado expresa su repudio a los partidos pseudo-obreros cuyos principales esfuerzos en los últimos años estuvieron orientados en el sentido de empujar al país a la carnicería imperialista. Perón se les aparece, entre otras cosas, como el representante de una fuerza que resistió larga y obstinadamente esos intentos y como el patriota que procura defender al pueblo argentino de sus explotadores imperialistas.
Por primera vez, en muchos años, la clase obrera ha salido a la calle y ha influido de manera importante en el curso político del país... Las grandes masas explotadas se están poniendo de nuevo en movimiento".
Grupo "Frente Obrero".

Textos extractados de "El 17 de Octubre de 1945" de Norberto Galasso.



2 de octubre de 2017

1/10/17. Dos meses sin Santiago Maldonado.

Basurero Nacional publica aquí fotos propias y ajenas tomadas durante la concentración en Plaza de Mayo reclamando la aparición con vida de Santiago Maldonado.


















Perros con conciencia democrática.


"Gratiplantas" con la inscrición "¿Dónde está Maldonado?"




20 de agosto de 2017

Un triunfo avasallante de cartón pintado.

Luego de conocerse los resultados de las PASO, abundaron los análisis mediáticos sobre los números que arrojaron las urnas. La enorme mayoría de ellos se dedicaron a explicar o enumerar las razones por las cuales la sociedad habría ratificado el rumbo del gobierno. Se pretendió instalar que se trató de un exitoso plebiscito a favor de las políticas oficialistas, de la misma manera que, supuestamente, lo había sido la marcha del #1/4 de este año, la que el gobierno usó para lanzar la etapa que denominamos aquí en #1A, 1° de abril de 2017, el día de la caída del Gral. Lonardi. De esta manera, se repite esa receta publicitaria triunfalista con las PASO del #13/8, y el macrismo y el establishment imponen en el sentido común popular que estos comicios han sido un gran triunfo del macrismo en todo el país. Sin embargo, si nos remitimos a los fríos números y las condiciones de cada contendiente frente a estas elecciones, encontraremos algunos detalles que es necesario señalar:

* Más allá de la treta publicitaria de demorar la carga de las mesas desfavorables que fijó un falso triunfo de Bullrich por 7 puntos en las pantallas de TV en el prime time, la realidad parece mostrar más un triunfo inocultable de CFK de por al menos 2 puntos. Pero, además, deberíamos caracterizarlo como el triunfo de la supuestamente desprestigiada y acabada Cristina sobre la mismísima gobernadora Vidal, ya que fue ella quien se interpuso entre los electores y sus candidatos, y no solo en los spots de propaganda sino en la numerosas apariciones en todos los programas de TV posibles durante su raid de la última semana, cuando las encuestas mostraban que la expresidenta no cedía en las preferencias de los bonaerenses. Igualmente, esa gira mediática de la carismática gobernadora, que opacó cualquier noticia sobre la modesta campaña de Cristina, sólo pudo ayudar a los candidatos de Cambiemos a alcanzar un 34,19% de los votos, menos aún que el 35,18% del desprestigiado Aníbal Fernández en 2015.

* Debe destacarse también para sopesar esos resultados, que Cambiemos S.R.L. (Sociedad de Responsabilidad Limitada porque la suya se limita a gobernar y echarle la culpa a la administración anterior) cuenta con todos los medios hegemónicos a su disposición, con la profusa estructura gubernamental de acceso a las redes sociales, con los tres presupuestos más grandes del país (nacional, de Buenos Aires y de CABA), con todos los servicios de inteligencia y las fuerzas federales, además de las policías de la ciudad y la provincia. Sin menospreciar la ayudita de los fiscales y jueces amigos, dispuestos a llevar a la tapa de los diarios y las pantallas de TV a cualquier exfuncionario K que la necesidad electoral macrista requiera.

* Por otro lado, CFK no cuenta para desplegar su discurso proselitista con la estructura del estado, ni el dinero suficiente debido al cambio de clima político que le restarían apoyos más explícitos, y a los distintos embargos judiciales sufridos. Además, ella debe batallar contra una avasallante campaña de desprestigio desplegada desde diciembre de 2015, que la sindica como "chorra", "política acabada", "asesina de Nisman", y que la convierte no en exjefa de estado durante ocho años sino en la "jefa de una asociación ilícita" que invadió el estado para delinquir.

* Sin embargo, el gobierno cuenta con el inconveniente de tener que cubrir las expectativas nacidas en sus votantes de 2015, quienes esperan diversos y difíciles resultados en lo económico (mejora en su situación personal) pero también el lo político (transparencia en la función pública, no injerencia en la justicia, prisión para casi todos los funcionarios kirchneristas). La economía no sólo no remonta sino que está en caída y no tiene visos de recuperación. Además, la economía familiar y nacional de los argentinos hasta 2015 está allí como referencia cercana, para quien quiera comparar su presente con su pasado. En cuanto a la transparencia y la independencia del poder judicial, lo que vemos es que a diario va desapareciendo.

A su vez, Cambiemos tiene la pesada carga de sus propias medidas económicas, que generan este presente de penurias para la mayoría de la población y un futuro ideal que promete será mejor pero que nunca llega.
* En cambio, el kirchnerismo cuenta con su propia carga de errores y falencias, pero que ya ha pagado en noviembre de 2015, cuando fue derrotado por dos puntos. Su fortaleza se encuentra en que, habiendo alcanzado su piso electoral de 35% en Buenos Aires, ahora sólo le queda crecer, ya que la persecución política y la denostación permanente en los medios de Cristina parece convertirse en pólvora mojada. También cuenta con el 20,73% de votos en CABA y el 27,88% obtenido en Santa Fe; su capacidad de movilización y su pasado en el gobierno, que serán más importante a medida que pasen los días y la economía macrista siga haciéndose carne en las penurias de este modelo.

* Si repasamos todas las provincias, veremos que frente a los resultados para diputados de 2015, Cambiemos ganó votantes en 22 provincias (CABA y Buenos Aires entre ellas) y perdió adhesiones en 2 (entre ellas la Jujuy de Morales).

Ya es repetitivo referirse a las incumplidas promesas que Cambiemos esbozó antes del balotaje, pero es un punto obligado a considerar al analizar la creciente desilusión de sus votantes. Y aquí detengámonos para hacer un breve análisis de los resultados de estas PASO.
Los resultados en las urnas deben compararse con los de elecciones similares, no con las que se tengan más a mano, como ser las del balotaje, por ejemplo, y achacarle al oficialismo haber perdido en el camino gran cantidad de votos (de 51% a 35%). Veamos entonces qué arroja una comparación más adecuada.
Si el resultado final de estas PASO se repitiese en octubre, a nivel nacional, el resultado del macrismo en su debut en legislativas estando en el gobierno, se debe comparar con uno similar de los gobiernos anteriores, y eso nos muestra lo siguiente:

En 1985 el alfonsinismo ganó con un 43%.
En 1991 el menemismo ganó con un 40,22%
En 2001 el delarruísmo perdió con un 23.3% (y ya conocemos cuál fue su destino)
Y en 2005 el kirchnerismo ganó con un 41,5%.

Entonces, en 2017 el macrismo ganaría con el 35,90% de los votos, evitando el desastre delarruísta de perder su primera legislativa, derrotando al peronismo en bastiones históricos y consolidándose como partido nacional, pero perdiendo en las provincias de Buenos Aires (nada menos) y Santa Fe a manos del kirchnerismo y detrás de los resultados intermedios de los gobiernos anteriores. Para quienes les gusta analizar las elecciones en términos futbolísticos, a nivel nacional Cambiemos y el peronismo empatan 10 a 10 en provincias donde ganaron sus candidatos. Como vemos, estos números relativizan bastante el “enorme” apoyo que habría recibido el gobierno para continuar con sus propuestas económicas.

* Otro fenómeno sobrevalorado por los medios afines y el propio oficialismo es el "resonante" triunfo que habría conseguido Elisa Carrió en CABA. Sin embargo, si miramos los números veremos lo siguiente:
La boleta de Vamos Juntos con la mediática diputada a la cabeza obtuvo en estas PASO un 49,55% de los votos porteños. Sin embargo, la boleta de Cambiemos en 2015, sin su estelar presencia ya había obtenido un 47,8%, y si revisamos las PASO de 2013 vemos que Unión PRO (Bergman, Sturzenegger y Alonso) había obtenido un 34,46 y que UNEN (Carrió y Lousteau) había atraído un 32,23% del electorado. De esta manera, Carrió habría aportado al macrismo un escaso 1,76% de incemento en las adhesiones a Cambiemos en CABA; lo que es lógico si agregamos al análisis los números alcanzados por Lousteau en esos años. La suma PRO-Carrió-Lousteau en 2017 es 62,5% y la de UNIÓN PRO-UNEN en 2013 fue 66,69%, es decir que la coalición de partidos de centroderecha en CABA habría perdido 4 puntos entre 2013 y 2017, independientemente del casillero partidario en que se encuentren sus miembros. Por lo tanto, la presencia de la mediática diputada no desequilibra ninguna elección sino que ella misma representa un fenómeno de ubicuidad personal, el mismo que la mantiene vigente a pesar de sus idas y venidas en materia de agrupaciones partidarias y resultados electorales personales.

* De mantenerse los recientes guarismos en octubre (y "a ojo de buen cubero"), de un total de 257 diputados en la cámara, Cambiemos pasaría de 87 a 104, lejos todavía de una mayoría propia. El kirchnerismo pasaría de 72 a 70, perdiendo muy poca capacidad de fuego en diputados, pero el massismo se vería muy afectado al pasar de 37 a 23.

En el Senado, el macrismo y sus aliados engrosarían su caudal de 17 a 23 ó 24 escaños, todavía debajo del kirchnerismo, que pasaría de 36 a 29 ó 30. Como el total de senadores es 72, la muñeca del gobierno deberá comportarse mejor que hasta ahora, no sólo porque deberá contar con más medios económicos para negociar (o presionar) con los gobernadores (cuando la caja será aún más magra y las exigencias de los gobernadores, todo lo contrario) sino porque la figura protagónica y opositora en la cámara alta será la expresidenta; una figura que por peso propio se convertirá en una fuerza centrípeta frente la atención pública y reguladora del debate político dentro y fuera del recinto.

* Lo que asoma a partir de hoy en el horizonte político argentino es un escenario de dos polos aglutinadores de votantes, a derecha e izquierda. Algo imaginado por Néstor Kirchner y explicado por Di Tella (el sociólogo) a principios del kirchnerismo. Se trata de un polo de centroizquierda acumulando alrededor de Cristina y uno de centroderecha atrayendo grupos minoritarios alrededor de un referente de Cambiemos, fuerte y circunstancial: hoy, Macri, y más adelante... ¿Carrió, Larreta, Vidal? Y con posibilidades de que se vayan acercando Urtubey y Massa...

* El macrismo parece desplegar desde la altura del poder un método de franquicias macristas en las provincias para construir su polo derechoso, mientras Cristina apelaría, desde el llano, a la típica receta populista, en su versión izquierdista, teorizada por Ernesto Laclau, y utilizada desde la derecha acertadamente por el tándem Macri-Durán Barba durante 2015 para alcanzar la Casa Rosada.

* El macrismo se ve obligado desde el gobierno a innovar las habituales herramientas de los gobiernos de derecha, ya que las mismas están destinadas al fracaso si intentaran conquistar los votantes necesarios para mantenerse en el poder. Porque objetivamente en esta época es inviable el modelo menemista de construcción que aplicó un proyecto neoliberal en los noventa, ya que actualmente existen incontables diferencias de contexto y estilo con aquella época. Para nombrar sólo un par, diremos que Menem en los primeros años hizo olvidar a la nefasta hiperinflación del alfonsinismo (y la propia) y contó con las estructuras sindicales y el recuerdo popular de la desilusión con el alfonsinismo a su favor. Macri, por el contrario, estaría generando la desilusión de muchos de sus votantes al no poder cumplir con las promesas de campaña, y sufre además con el recuerdo de los años de la redistribución económica del kirchnerismo, que su gobierno se empeña en destruir. Además, Menem realizó un trasbordo de votantes entre las elecciones de 1989 y de 1991 en adelante. Su mutación ideológica le hizo perder muchos votantes de las clases populares y peronistas, pero también le trajo nuevos votos de las clases alta y media alta y de antiperonistas que lo llevaron a la reelección. En el caso de Cambiemos, eso es más difícil de lograr ya que las mayorías que lo votaron en 2015 serán las más perjudicadas por su plan, y los pocos beneficiados por su gobierno ya lo votaron entonces, y para peor, son una minoría.

* La construcción de la hegemonía macrista necesita irremediablemente (a falta de logros económicos que derramen hacia todas las capas sociales y la debilidad de la esperanza amarilla para llenar el changuito y pagar las tarifas) la destrucción del factor CFK en la política nacional, ya sea mediante la prisión o la proscripción, porque ella se puede convertir en una competidora peligrosa, y en la única que puede ser un obstáculo firme dentro del sistema democrático (sumando al sindicalismo combativo) que impida los cambios profundos, dolorosos e irreversibles que necesita el modelo neoliberal-conservador de Cambiemos; es decir, el intento de desmontar el estado de bienestar kirchnerista. Es, en definitiva, (como la catalogamos aquí) una revolución conservadora que se propone realizar un retroceso a consensos preperonistas pero disfrazando sus métodos de modernidad e innovación.


Finalmente, podemos concluir que el "resonante triunfo" de Cambiemos en las PASO que se pretendió instalar en la sociedad fue un golpe de efecto, un mero spot publicitario, mediático y político, destinado a defender pequeños intereses de coyuntura (vencimiento de LEBACs y cotización del dólar del día siguiente, visita del vicepresidente de los EE.UU., etc), para ocultar o al menos ensombrecer el triunfo de Cristina en la provincia de Buenos Aires (la "madre de todas las batallas"), y para tomar la iniciativa de cara a las verdaderas elecciones "por los porotos" de octubre, instalando la idea un gobierno fortalecido después de casi dos años de gestión. Pero, como dice el dicho popular: la mentira tiene patas cortas, y la realidad de los resultados se conocerá en breve, cuando el recuento oficial muestre el triunfo de Cristina Fernández en Buenos Aires por un par de puntos... si no es que se confirman algunos indicios de ciertas trapisondas electorales del gobierno y esa diferencia se ensancha...
Porque como dijo Abraham Lincoln: Se puede engañar a todos por un tiempo y a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo.

24 de julio de 2017

Delirios de un paranoico: ¿Cristina presa o proscripta?

Cada día que pasa es más evidente que la lluvia de inversiones y la reactivación de la economía, tan prometidas por el macrismo desde la campaña de 2015 no sólo no llegan sino que tampoco lo harán en el corto plazo. La razón no es la "herencia recibida" ni la posibilidad de "regreso del populismo kirchnerista" sino las medidas incongruentes, antiguas y anacrónicas tomadas por el gobierno desde que llegó a la Casa Rosada. El resultado de dichas medidas es una espiral descendente de la economía, víctima de un círculo vicioso de caída del consumo y de la recaudación, ajuste constante y pérdida de empleos; algo harto conocido en el país de las crisis autoinflingidas por todos los gobierno liberales de nuestra historia.
Y también es cada día más evidente que el llamado establishment presionará al gobierno para que continúe en ese plan caiga quien caiga, sin importar cuál sea el costo social. Lo mismo sucedió con el cambio de siglo, cuando la crisis de la convertibilidad le estalló a De La Rúa en 2001. Entonces el poder real presionó a los gobiernos de Menem, De La Rúa y Duhalde en favor de sus propios intereses económicos, sin importarle el juego de la política en tiempos de continua decadencia social y económica de la mayoría de los habitantes.
No obstante las similitudes entre ambos períodos, a diferencia de la crisis anterior, el gobierno de Macri tiene un espejo en el que reflejarse, un gobierno con el que lo comparen, un fantasma contra el que luchar para imponer su programa económico: los prósperos años del kirchnerismo. Y lo que resulta de esa comparación no lo beneficia para nada. Calificamos esos doce años de "prósperos" (con todos sus falencias y materias pendientes)  al compararlos con todos los años desde la recuperación de la democracia, e incluso antes de ese 1983. Lo que hacemos es una comparación imparcial, basada en los fríos números de las estadísticas,  los que benefician claramente a esa "década ganada" de crecimiento de la economía, la industria y el campo, y de redistribución de la renta nacional. Sólo con observar el estado en que todos esos gobiernos recibieron el país y cómo lo dejaron, resalta el período kirchnerista de la misma manera en que lo hace con el peronismo en el siglo pasado con relación a los gobiernos anteriores y posteriores.
Es por eso que el establishment, o "círculo rojo" como lo denomina el presidente, no dejará que el kirchnerismo vuelva a gobernar y deshaga los "logros" de la revolución macrista (como  la denominamos nosotros aquí), entre ellos el desmantelamiento de todo resquicio del incipiente estado de bienestar que estaba realizando el gobierno anterior; de la misma manera que lo hizo con los "populismos" anteriores (si utilizamos la terminología del siglo XXI), o "movimientos populares" (si utilizamos la del siglo anterior). Para evitar el regreso de el kirchnerismo, el círculo rojo y el gobierno (que forma parte del mismo) utilizarán cualquier método a mano, como lo han hecho en los casos anteriores. Para mencionar tan sólo algunos, recordemos la proscripción, persecución o encarcelamiento de Yrigoyen y muchos de sus funcionarios y partidarios, y la  persecución, encarcelamiento o proscripción de Perón y muchos de sus funcionarios y partidarios. Sin embargo, en esos casos ambos gobiernos populares fueron derrocados por la fuerza, cosa que no es viable en este siglo. No obstante, en estos últimos meses suena cada vez más probable las otras dos variantes, la cárcel y la proscripción para los miembros del actual movimiento popular, independientemente de que sea justificadas o no las causas judiciales impulsadas. La propuesta de encarcelamiento o proscripción de la expresidenta no sólo se irradia en los medios de difusión hegemónicos (aliados nada incondicionales del gobierno) sino también en las filas de algunos de los partidos aliados u opositores al gobierno, como el de Elisa Carrió y el de Margarita Stolbizer, quienes reclaman, a quien quiera oirlas, la cárcel o la proscripción política de Cristina Fernández.
A modo de ejemplo de la presión de los medios sobre los jueces y fiscales, repasemos unos tramos de un editorial de Joaquín Morales Solá en La Nación

Cristina Kirchner quedaría con un pie dentro de la cárcel. Sólo dos razones pueden justificar la prisión preventiva: la posibilidad cierta de que el encartado intente fugarse o que haya usado la libertad para obstaculizar o eludir la acción judicial.
(...) le será casi imposible a Bonadio eludir una decisión definitoria sobre Cristina Kirchner si Manzanares declarara que cumplió órdenes de la ex presidenta para seguir cobrando la renta de inmuebles intervenidos por la Justicia.
En síntesis, por primera vez Cristina Kirchner está cerca de la prisión.
Sólo un sentido muy profundo de impunidad puede llevar a un juez como Freiler, que hace poco se salvó de la destitución en el Consejo de la Magistratura por un voto, a ejecutar operaciones judiciales para beneficiar a la familia política con más denuncias de corrupción en la historia del país.
Jueces como Freiler son inexplicables en la Justicia y revelan, en alguna medida al menos, el porqué del rezago argentino en la condena de la corrupción que asoló el país durante más de una década. Son también imprescindibles para Cristina Kirchner, en un momento en el que el destino la puso más cerca que nunca de la cárcel.
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La hipótesis del encarcelamiento o proscripción de la expresidenta, a medida que los medios la señalan como posible (y que algunos lo señalan como deseable), ya se ha hecho carne en la sociedad, y eso se refleja en los trascendidos en la prensa que frecuenta los círculos de los grandes empresarios, como lo señala Alejandro Bercovich en el diario BAE Negocios:

Por primera vez, tras la detención en Río Gallegos de Víctor "Polo" Manzanares, el establishment empezó a evaluar seriamente las consecuencias para la gobernabilidad y los negocios de un eventual encarcelamiento de Cristina Kirchner antes de las elecciones de octubre. El contador de la familia de la expresidenta (...) cayó preso justo para el arranque formal de una campaña en la que Cambiemos no termina de afirmarse y mientras la economía sigue sin dar señales de un rebote robusto. 
Nadie sabe a ciencia cierta si el juez Claudio Bonadío dio finalmente con el "arrepentido" que le aportará los elementos para encerrar a la candidata a senadora que puntea en las encuestas bonaerenses antes de que puedan votarla.
Las preguntas que se hacían anoche varios socios de la Bolsa en el acto por su cumpleaños número 163 son las mismas que se repitieron en los refugios de montaña y los centros de ski donde vacacionan otros capitanes de la industria. ¿Cómo reaccionaría el mercado ante una orden de detención de Cristina (...)? ¿Generaría acaso una conmoción social incontrolable o apenas una seguidilla menguante de protestas de sus seguidores incondicionales? ¿Cómo afectaría la imagen institucional del país en el exterior, mientras Mauricio Macri condena los atropellos de Nicolás Maduro contra la oposición venezolana?

El espejo brasileño
El terror de Manzanares puede allanar el camino de Bonadío hacia las pruebas que no obtuvo de Báez ni de López para incriminar de manera decisiva a Cristina Kirchner en las causas donde la investiga. De ahí que haya renunciado al descanso que le ofrecía la feria judicial. El magistrado busca mirarse en el espejo del juez brasileño Sergio Moro, descubridor de la trama de corrupción que empezó a salir a la luz en Petrobras pero que tenía su epicentro en la contratista Odebrecht y empezó a salpicar desde ahí a todos los políticos de su país.
Las diferencias son notables, tanto entre las carreras y perfiles de Moro y de Bonadio como entre las situaciones políticas a un lado y otro de la frontera. Sin embargo, hay un hilo conductor nítido: la urgencia que expresaban los empresarios brasileños por reducir el costo laboral cuando todavía no había sido destituida Dilma Rousseff y la que expresa ahora buena parte de sus colegas argentinos, cada vez más impaciente ante el "gradualismo" de Macri.
La pregunta vuelve a ser, como a inicios de la administración Cambiemos, si es viable políticamente un ajuste sin crisis previa. Y ahí aparece la lección del socio mayor del Mercosur: si bien el establishment paulista logró imponerle allí a Rousseff un ministro de Hacienda ortodoxo y un plan draconiano de ajuste fiscal que terminó de hundir su popularidad, no logró en cambio forzar al PT a flexibilizar el mercado laboral. Con mucho menos poder pero aprovechando la dispar relación de fuerzas que impusieron dos años seguidos de masiva destrucción de empleo, la endeble coalición que sostiene a Michel Temer acaba de darle el gusto.
Ahora, con esa reforma aprobada en Brasil, los incentivos para producir en Argentina son todavía menores y la presión sobre los gremios para que acepten resignar derechos y condiciones de trabajo promete seguir en ascenso. La cuestión, inconfesable, es quién podría ejercerla de forma más efectiva para garantizar la rebaja del costo laboral. Si un Macri fortalecido en las urnas -algo cada vez menos probable- o una coalición más efímera, quizá conducida por él mismo pero con mucho menos margen de movimiento, surgida de un escenario con candidatos presos, elecciones impugnadas y disturbios callejeros.
Nota completa


Este clima de persecución mediático-política de todo lo que huela a kirchnerismo o filokirchnerismo se da en un contexto regional en el que un presidente puede ser derrocado por un golpe parlamentario (Paraguay y Brasil) o exmandatarios populares pueden perseguidos por jueces por causas de corrupción fundados o infundados (Brasil y Argentina).
Como dijimos, la economía no arranca sino que, por el contrario, no para de caer y como consecuencia de ello crece el desempleo, la pobreza, la indigencia. Para empeorar las cosas, la única salida que intenta el gobierno ante la ausencia de inversiones nacionales o internacionales y la recaudación en picada, es generar una epidemia de endeudamiento.
El panorama complicado para el oficialismo se completa con las encuestas que señalan a diario que las posibilidades electorales de Cristina Fernández en la provincia crecen, lo que la convertiría no sólo en un freno a la política macrista a partir de octubre sino también en una contendiente de fuste para las presidenciales de 2019. Esto constituye un escenario trágico para los intereses del círculo rojo.
Ante este panorama, la afirmación paranoica de este humilde analista improvisado de la política nacional no parece ser tan irreal.
Es por eso que, como dijimos varias veces también aquí, la derecha argentina siempre busca reconquistar el poder real, el poder económico y sus privilegios de clase cuando un gobierno popular los distribuye en forma más justa y equitativa. Y lo hace a cualquier precio. Porque esto ya sucedió varias veces en nuestra historia, como bien lo saben los radicales de Yrigoyen y los justicialistas de Perón. Y hoy lo están viviendo los kirchneristas de Cristina Fernández. Para los más escépticos que dudan, porque no han vivido en aquellas épocas o no conocen lo suficiente nuestra historia, podríamos afirmar aquí: si la derecha argentina ya lo hizo dos veces (salvando las pertinentes diferencias de épocas y circunstancias), ¿por qué no lo haría otra vez?
A lo mejor ya es hora de que también lo analicen quienes no comulgan con el kirchnerismo y creen que este huracán restaurador del país conservador modelo siglo XIX que es Cambiemos, sólo viene por los kirchneristas...
Lo que puede suceder si se concreta lo que señalamos aquí no lo sabemos a ciencia cierta, pero no será nada bueno, por cierto. En ese caso se abriría una caja de Pandora con resultados impredecibles pero netamente perjudiciales para la mayoría de la población. Aunque no para ciertas minorías que suelen beneficiarse con las crisis, como bien lo sabemos ya los argentinos. Y justamente son esas minorías quienes patrocinaron el ascenso al poder ejecutivo de Cambiemos, quienes ahora lo apoyan y presionan en ese rumbo hacia la eliminación de la oposición kirchnerista a cualquier costo. Asimismo, el resultado de una nueva crisis política y económica no sería tan diferentes de lo sucedido en los casos anteriores, aunque ahora contaríamos con el condimento social de lo sucedido luego de la crisis de 2001, las idas y venidas de los ciudadanos de a pié y la acción de las organizaciones sociales independientes, la aparentemente superada decadencia de los partidos políticos de entonces, sumado a la utilización de la redes sociales, bastante ajenas a la influencia hegemónica de los medios concentrados. No obstante, una crisis es siempre una crisis, y el resultado final no puede detallarse de antemano.
Ahora bien, puede suceder que aquellos ciudadanos que creen en esta "nueva derecha" conservadora y restauradora del proyecto de país agroganadero exportador y con una industria de baja intensidad, similar al de la Argentina de principios del siglo XX, quizás consideren que lo afirmado aquí no es más que un delirio de un paranoico, como decimos en el título, o bien que nuestras prevenciones son triviales o injustificadas, y que nuestra propuesta de rebelarse contra un destino que parece inflexible es un mero sueño arcaico. Sin embargo, éste es el mismo analista paranoico que señalaba, antes de la segunda vuelta presidencial en 2015, cuáles serían las medidas que tomaría un eventual presidente Macri aquí mismo en 10 razones para votar a Macri y 10 razones para votar a Scioli, y casi todas ya se han materializado.

De ser así, en este caso, decimos hoy, parafraseando a John Lennon:

You may say I'm a dreamer
But I'm not the only one…

(Podés decir que soy un soñador
Pero no soy el único...)


14 de julio de 2017

La Revolución Macrista podría entregar la Dama en 2017 porque confía en dar Jaque Mate en 2019.

Más allá de cualquier análisis que hagamos sobre la estrategia macrista-durán barbista para pelear el primer puesto en la provincia de Buenos Aires en las elecciones de medio término o especular sobre ese resultado, el oficialismo cuenta con un par de antecedentes históricos para alentar su sueño de reelección en 2019. El kirchnerismo perdió ese baluarte electoral en 2009 a manos del entonces desconocido y ahora desaparecido Francisco “Colorado” De Narváez, y en 2013 a manos de una “cuña del mismo palo” kirchnerista: su ex Jefe de Gabinete Sergio Massa. Sin embargo, eso no obstó para que Cristina Fernández fuera reelecta en 2011 por un apabullante 54% de los votos, y que terminara su doble presidencia con una Plaza de Mayo llena como nunca y un retoño K, Daniel Scioli, perdiendo en segunda vuelta por tan soló 2 puntos.
Esos ejemplos alentarían al macrismo a bajarle el precio de antemano a una posible derrota en la provincia más populosa confrontándola con un triunfo a nivel país, como lo hiciera el kirchnerismo en aquellas dos oportunidades.
No obstante, un antecedente contrario a esa teoría es la derrota sufrida por la anterior Alianza en 2001, lo que derivó en el desastre delarruísta-cavallista de ese fin de año. No escapan a nadie las diferencias entre aquellos dos casos exitosos y el actual de Cambiemos, pero repasemos primero un par de ventajas que tiene la alianza macrista-carriotista-radical frente a la alianza delarruísta-alvarista que intentaba superar la etapa menemista.
El presidente De La Rúa asumió con un país estancado, con 4 años de recesión, con pobreza, desocupación, indigencia y desigualdad en alza, sin moneda nacional por estar atada al dólar debido al cepo cambiario del "1 a 1" (un verdadero cepo) y una deuda externa enorme y creciente. En cambio, el presidente Macri asume con un país en crecimiento, con pobreza, desocupacion, indigencia y desigualdad en caída, y una deuda externa muy baja y fácilmente manejable. De todos modos, a pesar de esas ventajas la economía macrista empeoró no sólo los problemas heredados sino también los logros del kirchnerismo. Pero esos no fueron errores del actual oficialismo, como hemos sostenido aquí en varias oportunidades. La “revolución macrista” (como la describimos aquí en La revolución macrista, una lección para la izquierda nacional ) ya logró gran parte de sus objetivos tácitos, los que señalamos en nuestra nota 10 razones para votar a Macri y 10 razones para votar a Scioli , y cuyos resultados ratificamos en Primer año de gobierno: sin sorpresas, la revolución macrista va viento en popa. Pero ahora enfrenta el desafío de profundizar esos cambios y lograr "institucionalizarlos" para que sean irreversibles, como se está intentando hoy en Brasil. 
Por eso, el oficialismo se apresta a acelerar el proceso de su gobierno en una segunda etapa de su revolución conservadora, como lo hizo a partir del 1° de abril de este año, tomando como modelo la Revolución Libertadora de 1955, como ya señalamos en #1A, 1° de abril de 2017, el día de la caída del Gral. Lonardi...  Por supuesto, para lograr ese objetivo cuenta con el apoyo apabullante del aparato mediático hegemónico y el vergonzoso seguidismo de muchos fiscales y jueces, como sucedió también durante aquella nefasta dictadura pero, a diferencia de los militares de entonces, el gobierno macrista tiene que legitimarse en las urnas para lograr su supervivencia más allá de 2019. Otra diferencia fundamental entre el macrismo antikirchenrista y el antiperonismo de 1955 es que los uniformados de entonces tenían a su adversario político en el exilio, proscrito y mudo mediáticamente, en cambio Macri y los suyos tienen a su principal adversaria en el país, presente tanto en las calles como en los medios y en las redes sociales, y una militancia activa y en el terreno, no en la clandestinidad. Los medios y la “justicia” juegan tan abrumadoramente contra ella como lo hacían entonces contra Perón, quizás con menos eficacia pero con la misma soberbia y descaro. Sin embargo, la popularidad del "tirano profugo" no fue mellada con tantos años de desprestigio planificado, como tampoco parece serlo la imagen de la "chorra populista", como refieren todas las encuestas. Lo que no sabemos es si el resultado de esta táctica en 2017 será el mismo que en 1958 o, peor aún, si el de 2019 será similar al de 1973…
En cuanto a las diferencias entre este proceso macrista y el anterior kirchnerista, la economía y la situación social son completamente opuestas: hasta 2015 aunque la inflación era un problema, no lo era en forma tan acuciante como lo es hoy debido a la debilidad de las paritarias actuales, sumado al combo social casi al borde del estallido; y, para peor, durante el kirchnerismo el desempleo, la pobreza, la indigencia y la desigualdad bajaban y en cambio ahora suben.
Nunca está dicha la última palabra, pero muchos análisis que se ven en los medios y en ciertas “mesas de arena” políticas están demasiado sesgados por los deseos de los analistas y por el desconocimiento o menosprecio de las lecciones de la historia política nacional. Como señalábamos en nuestro último artículo mencionado:

“La incógnita sobre la eficacia del macrismo para llevar adelante las próximas medidas de gobierno de su plan se despejará en los próximos seis o doce meses, cuando los medios de comunicación hegemónicos ya no puedan ocultar eficazmente los resultados perniciosos de la economía, cuando los titulares sobre la corrupción o la herencia kirchnerista no sirvan para “entretener” a la sociedad frente a la herencia y la corrupción propias. Será entonces cuando veremos si los métodos revolucionarios del macrismo son suficientes para seguir avanzando en su agenda de gobierno, si el establishment lo sigue apoyando o si le fija nuevos objetivos y, principalmente, si la sociedad sigue avalando su rumbo. De no ser así, veremos qué métodos utiliza entonces para continuar con su programa de gobierno, si aminora la marcha o si acelera a pesar de todo y de todos. Porque la historia argentina muestra, lamentablemente, que la derecha nunca se detiene en su camino y apela a cualquier método, legal o no, constitucional o no, pacífico o no para lograr sus fines. Y no tiene pruritos ni remordimiento al enfrentar a sus adversarios desde el poder, sean éstos minoritarios o mayoritarios. En tal caso, la derecha conservadora siempre fue y será revolucionaria para mantener o recuperar sus privilegios.”

La revolución macrista no tiene vuelta atrás: o mata o muere, no tanto en 2017 sino en 2019. Es por eso que planteamos que el oficialismo podría darse el lujo de entregar este año a la Dama (la provincia de Buenos Aires y con ella a su gobernadora) pero debe ganar sí o sí en 2019. Confía para eso en una reactivación económica del país, basado en las famosas “inversiones externas” y las exportaciones agro-ganaderas (¿o serán afroganaderas?) largamente prometidas, las que configurarían un modelo de país similar al anterior a 1916.
Sus objetivos sólo pueden ser alcanzados si triunfa, si lo hace en esta oportunidad y en forma concluyente, porque una derrota habilitaría el regreso del temido “populismo” (como anatemizan ellos a cualquier gobierno nacional y popular, ya sea yrigoyenista, peronista o kirchnerista), el que ahora sí sería tan revolucionario como lo es el macrismo, pero de signo contrario. La historia no le perdonaría al establishment, u oligarquía, para quienes pintan canas, (del que la mayoría de los funcionarios del gobierno son miembros) si esta vez no configura al país como lo hizo en la etapa pre-yrigoyenista. Porque, qué duda cabe, que ese es el modelo de país que esta derecha “moderna” planea restaurar en esta oportunidad, como si fuese una etapa superadora del menemismo de los '90. Es decir, una Argentina modelo siglo XIX en pleno siglo XXI.

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