Soy el que recorre los medios recogiendo la cacona que muchos "expertos", algunos aventurados y demasiados vivos van dejando a su paso para que todos consumamos, y así vayamos construyendo nuestro "sentido común" nacional con esas "verdades" aceptadas sin dudar, sin siquiera osar ponerlas a prueba. Pero eso es lo que tratamos aquí, de dudar...
Frente a la próxima final de la Copa América, es necesario puntualizar algunas circunstancias políticas o históricas que pueden teñir la disputa deportiva. Todos conocemos la colaboración de la dictadura chilena con el Reino Unido durante el conflicto por la soberanía de las islas Malvinas, pero hay un aspecto que debemos subrayar, que debemos tener bien en cuenta al referirnos a ese episodio histórico: mientras la dictadura argentina de Galtieri nos lanzaba a una aventura trágica contra la potencia que ocupaba nuestras Malvinas, la dictadura chilena de Pinochet apoyaba y colaboraba con ella. Pero ahí termina la adjudicación de papeles en el conflicto, porque si postulamos que lo que hizo Pinochet obedeció a la voluntad de los chilenos, entonces lo que hizo Galtieri responderá, de la misma manera, a nuestra voluntad; es como si dijéramos que lo que hicieron las hordas de Videla respondió también a los deseos nuestros. Porque los hechos bárbaros o cuestionables de las dictaduras no son adjudicables a sus pueblos. Yo me niego a aceptar eso, no me hagan responsable a mí de las atrocidades de los dictadores argentinos como yo no hago responsables a los chilenos de las barbaridades de su dictador. Como complemento de este pensamiento, acercamos aquí lo expresado por el funcionario de la cancillería argentina a cargo del tema de Malvinas: El partido con Chile y las Malvinas. Por Daniel Filmus * La rivalidad entre las hinchadas de dos selecciones nacionales de países vecinos es un clásico que se suele agotar con la finalización del partido. Pocos deportes despiertan tanta pasión como el fútbol y quienes lo sentimos así solemos expresarlo genuina y eufóricamente. En vísperas de la final de la Copa América, los cantitos de ambas parcialidades han incluido a las islas Malvinas. En el caso argentino, han implicado fuertes “cuestionamientos” a la posición chilena. En este contexto, me gustaría enfatizar que Argentina sólo tiene palabras de agradecimiento respecto de las actitudes que Chile ha llevado adelante a partir de la recuperación de su democracia. En todos los foros multilaterales, regionales y globales Chile ha sostenido una firme posición de apoyo al reclamo argentino de soberanía sobre las islas Malvinas. Hace pocos días, por ejemplo, fue Chile quien presentó en el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas el proyecto de declaración a favor de resolver en forma negociada con el Reino Unido el diferendo de soberanía sobre las Malvinas. Fue emocionante escuchar al hermano chileno defendiendo nuestros derechos.
Semanas atrás, el actual ministro de Interior chileno, Jorge Burgos, en ese momento a cargo de la cartera de Defensa, sintetizó la posición del pueblo chileno respecto de la actitud que tomó Pinochet durante el conflicto armado del Atlántico Sur: “La inmensa mayoría de los chilenos no estamos orgullosos para nada de la actitud de la dictadura durante la guerra de Malvinas”. Actitud de colaboración con los británicos que fue reconocida por Margaret Thatcher al reclamar por la libertad de Pinochet cuando fue detenido en Londres por sus reiteradas violaciones a los derechos humanos en Chile. La liberación de Pinochet confirmó que al gobierno del Reino Unido sólo le preocupan los derechos humanos cuando sirven como argumento para perpetuar su política colonial en el mundo, no para condenar las dictaduras que torturaron, desaparecieron y asesinaron en esta parte del planeta. Toda la historia de la región está cruzada por intentos de los grupos hegemónicos de generar hipótesis de conflictos entre países hermanos con el objetivo de desunir a los pueblos como estrategia de dominación. Por suerte, la recuperación de las democracias en el continente y el surgimiento de liderazgos que priorizaron la integración regional como estrategia de desarrollo soberano, han dejado atrás esa etapa. Muestra de ello es la reciente reunión que mantuvieron nuestras presidentas, Cristina Fernández de Kirchner y Michelle Bachelet, el pasado mes de mayo. Durante la misma Bachelet expresó “el respaldo del gobierno y del pueblo de Chile a los legítimos derechos de soberanía de la República Argentina sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes”. Este sábado nuestras selecciones de fútbol se enfrentarán en el campo de juego y las hinchadas lo harán con sus cantitos desde las tribunas. No puede ser de otra manera. El domingo los pueblos argentino y chileno seguirán trabajando para desterrar los prejuicios y construir juntos el futuro de soberanía, justicia, paz y felicidad que próceres como San Martín y O’Higgins soñaron para América latina. * Secretario de Asuntos Relativos a las Islas Malvinas del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Argentina. Nota completa
Y, finalmente, un par de acotaciones que aclaran esta posición, y que pocas veces se mencionan al referirse al triste papel de la dictadura chilena en el citado conflicto.
Bernardo O'Higgins
El militar y dictador Augusto Pinochet era, efectivamente, chileno, como también lo fue el General Bernardo O'Higgins, amigo del General San Martín, y el Capitán Manuel Rodriguez, el sargento mayor Ramón Freire, el coronel Juan de Dios Vial Santelices, el capitán Juan Manuel Astorga, el coronel Joaquín Prieto, el coronel de milicias de Aconcagua José María Portus, el teniente coronel José Manuel Borgoño, el sargento mayor José Santiago Aldunate, el teniente coronel Santiago Sánchez, el coronel Mariano Larrazábal y otros 4000 soldados que integraron el Ejército de los Andes o el Ejército Unidoque comandó el Gran Capitán en su Expedición Libertadora del Perú.
Bandera del Ejército Unido de San Martín
Y también chilenos fueron los dineros que financiaron esa campaña libertadora, ante la escasa ayuda que provenía de Buenos Aires para culminar la liberación sanmartiniana de medio continente. Repasemos, por eso, brevemente un poco nuestra historia: ¿Qué apoyos recibe San Martín para la expedición al Perú? Pocos días después de Maipú, San Martín volvió a cruzar la cordillera rumbo a Buenos Aires para solicitar ayuda al gobierno del Directorio para la última etapa de su campaña libertadora: el ataque marítimo contra el bastión realista de Lima. Obtiene la promesa de una ayuda de 500.000 pesos para su plan limeño de los que sólo llegarán efectivamente 300.000. San Martín regresó a Chile, donde obtuvo la ayuda financiera del gobierno de ese país y armó una escuadra, que quedará al mando del marino escocés Lord Cochrane. ¿A qué se llamó la genial desobediencia de San Martín? Cuando se disponía a iniciar la campaña recibió la orden del Directorio de marchar hacia el Litoral con su ejército para combatir a los federales de Santa Fe y Entre Ríos. San Martín se negó declarando: "el general San Martín jamás desenvainará su espada para combatir a sus paisanos". Desobedeció e inició la travesía hacia el Perú. Nota completa
Más detalles en Cruce de los Andes. Por eso, no dejemos que el fervor deportivo y el folklore del fútbol nuble nuestra visión política o geopolítica de la relación con nuestros vecinos sudamericanos, miembros al igual que nosotros de la Patria Grande que soñaron tanto San Martín como O'Higgins, porque si eso sucede estaremos abrevando y alimentando la visión contraria, la que pertenece tanto al dictador chileno Pinochet como a los dictadores argentinos Galtieri y Videla.
Y terminemos este repaso de la relación histórica entre Argentina y Chile con la excelente, famosa frase del mejor jugador de fútbol de todos los tiempos, Diego Armando Maradona, que bien viene en nuestro auxilio hoy para que no nos distraigamos ante esta contienda deportiva que nos enfrenta en la final con nuestros hermanos trasandinos:
La presidenta argentina sorprendió a la opinión pública mundial y quizás a muchos argentinos al revelar que lo que su gobierno pretende es "reanudar" las negociaciones entre Argentina y el Reino Unido sobre la soberanía por las Islas Malvinas (como lo estipuló reiteradamente la ONU) porque, dijo, las mismas ya habían comenzado en forma reservada en 1974, y a propuesta de la misma Gran Bretaña, las que a posteriori se habían estancado tras la muerte del entonces Presidente Perón.
Repasemos algunas de las palabras de la presidenta ante el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas:
Desde la creación de este Comité se han resuelto 80 casos de ex colonias, 11 casos de fideicomisos y sólo restan resolver 16 cuestiones coloniales, 10 de las cuales son originadas por el dominio en territorios usurpados, por parte del Reino Unido, y yo vengo a hablar aquí precisamente de la Cuestión Malvinas. (…) Yo quiero referirme también a la historia, a una historia que se quiere negar. No estoy acá porque hace treinta años, estoy acá porque dentro de unos meses va a ser 180 años que fuimos usurpados. El capitán Pinedo debió abandonar las Islas porque una corbeta inglesa, muy superior en poderío militar, como lo era en ese momento el imperio inglés, el gran imperio naval, del siglo XIX, (…) Quiero también hablar de la diplomacia; decía recién una frase el señor vicecanciller de Chile: “reanudar las negociaciones entre Argentina y el Reino Unido”, nunca mejor empleado ese término, señor vicecanciller. Porque hubo negociaciones entre el Reino Unido y mi país, la República Argentina, se desarrollaron durante la tercera presidencia del Presidente Perón, hubo - con la más estricta reserva - a través de lo que se denomina un non-paper – es así canciller, ¿no? es un papel, no es un paper, sino un papel secreto, en el cual el embajador inglés, en la Argentina, por indicaciones del Foreing Office, toma contactos con Vignes para ver si podíamos arribar a un acuerdo entre ambos países. Y hace una propuesta que también figura en la cancillería argentina. (…) Desgraciadamente, señor presidente, los análisis que hacía la cancillería inglesa – el Foreing Office – acerca de la situación en que derivaría la muerte del Presidente Perón o la inminencia de un golpe de Estado, que tardó un poco más, pero que llegó inexorablemente – porque ya estaba decidido desde mucho antes – abortó esta negociación que existió entre el Reino Unido y mi país, la República Argentina, en los términos que plantea precisamente la resolución de Naciones Unidas. Nosotros queremos por eso – tal cual lo manifestaba el vicecanciller chileno - la reanudación de esas negociaciones. (…) La Argentina está abierta a la negociación como lo demostró esta negociación que existió en 1974 y que quedó trunca. Y que implica, además, por parte del Reino Unido al reconocimiento de que hay una cuestión litigiosa en materia de soberanía. Si no, ¿por qué razón el gobierno del Reino Unido, a través de su Embajador envía secretamente este papel al canciller Vignes para ser tratado por el general Perón y luego el general Perón lo contesta?
Pero estas tratativas frustradas de 1974 no son nada nuevo para este humilde servidor público y para quienes siguen sus publicaciones en WikiPis, ya que Basurero Nacional ya ha publicado esa propuesta británica aquí, aunque no está de más recordarla ahora agregando la contestación que el gobierno argentino de entonces acercó al Foreign Office británico. Antes, para contextualizar ambos documentos debemos consignar que las tratativas entre Argentina y Gran Bretaña habían comenzado en 1966, durante el gobierno de Arturo Illia, en cumplimiento de la resolución de las Naciones Unidas que instaba a ambos países a resolver el conflicto de las islas por vía de negociaciones diplomáticas. En 1974 el gobierno laborista de Gran Bretaña sostenía la necesidad de desprenderse gradualmente del archipiélago por los altos costos de mantenimiento, pero antes pretendía llegar a un acuerdo con la Argentina para la explotación de los recursos petrolíferos e ictícolas que rodeaban las islas. El 11 de junio de 1974, Gran Bretaña le propuso a Juan Domingo Perón por nota confidencial a través del entonces embajador británico en Buenos Aires, James Hutton, una administración compartida del archipiélago con el propósito de "poner fin a la disputa sobre la soberanía" y "crear una atmósfera favorable dentro de la cual los isleños podrían desarrollarse de acuerdo a sus intereses". Como vemos, Gran Bretaña no hacía entonces mención de autodeterminación y sí en cambio de respetar los ”intereses” de los isleños. El texto de la nota secreta es el siguiente:
Propuesta británica de negociación de la soberanía sobre Malvinas, dirigida al Presidente Perón un mes antes de su muerte.
11 de junio de 1974.
Como secuela de la conversación mantenida con Vuestra Excelencia el 4 de junio, tengo el placer de informarle que he recibido instrucciones del Gobierno de Su Majestad para proponer que las conversaciones entre Gran Bretaña y la Argentina sobre el futuro de las Islas Malvinas sean reanudadas sobre la base de las salvaguardias y garantías a extenderse a los isleños en el hipotético evento de un condominio. Esas conversaciones se mantendrían sin perjuicio de las respectivas posiciones de los Gobiernos del Reino Unido y la Argentina con respecto a la soberanía territorial sobre la Islas Malvinas. Se me encarga explicar que el principal objetivo del Gobierno de Su Majestad al entrar en negociaciones sobre la base de un condominio sería poner fin a la disputa sobre la soberanía al aceptar la Argentina una co-soberanía sobre las Islas, y que el resultado podría ser un tratado que resolviera la disputa anglo-argentina y creara una atmósfera favorable dentro de la cual los isleños podrían desarrollarse de acuerdo con sus intereses. Por la duración del Tratado, ambas Partes aceptarían una soberanía compartida sobre la Islas. Los condóminos serían Su -Majestad La Reina y Su Excelencia el Presidente de la Nación Argentina. Hay diversas formas de condominio, pero los elementos básicos podrían incluir lo siguiente:
1) Las banderas británicas y argentina serían enarboladas juntas y los idiomas oficiales serían inglés y español; 2) Todos los "nativos" de las Islas poseerían doble nacionalidad; 3) Los pasaportes de la colonia existentes serían reemplazados por documentos de viaje emitidos de los condóminos; 4) La constitución, administración y el sistema legal actuales tendrían que ser adaptados a las necesidades de un condominio. El gobernador podría ser designado alternativamente por la Reina y el Presidente de la Argentina; 5) Los demás cambios constitucionales requerirían el acuerdo de los condóminos.
Debo informar también que una Sesión conjunta de los Consejos Ejecutivo y Legislativo de las Islas ha informado al Gobernador que no tiene objeción alguna a que se realicen conversaciones con el gobierno argentino sobre salvaguardias y garantías requeridas en un condominio. Sin embargo, debo declarar que el Gobierno de Su Majestad se sentiría libre de invitar representantes de las Islas a que formen parte de la delegación británica, y que antes de llegarse a un acuerdo definitivo, debería consultarse formalmente con los Isleños y buscarse su aceptación mediante alguna forma de representación popular. Sobre estas bases, el Gobierno de Su Majestad propone que, si el Gobierno argentino está de acuerdo, deberían realizarse conversaciones oficiales o preliminares en Buenos Aires lo antes posible.
Aquí presentamos la copia fotoráfica de la propuesta británica:
Ocho días después, el presidente Perón contestó la misiva con una contrapropuesta que planteaba lo siguiente:
1) Las banderas de ambos países flamearán conjuntamente. 2) Las monedas argentina, británica y local, tendrán curso legal en las Islas con el tipo de cambio fijado de común acuerdo. 3) Los pasaportes y otros documentos para los "nativos" serán reemplazados por otro único que los administradores conjuntos determinen . 4) Serán administradores conjuntos el Presidente de la Argentina y Su Majestad Británica . 5) Serán idiomas oficiales el español y el inglés, en los que serán redactados todos los documentos oficiales. 6) Se adaptarán a la administración conjunta las normas legales del territorio argentino y el británico en la isla. 7) Los "nativos" de las islas gozarán de los beneficios de doble nacionalidad a todos los efectos 8) Alternativamente cada uno de los administradores conjuntos designarán por el término de tres años al gobernador de las islas: el primero será designado por la Argentina, y el secretario de la Gobernación será designado por Su Majestad Británica. 9) Será propósito fundamental de la administración conjunta, facilitar la gradual integración de las islas a la vida política, social e institucional de la Argentina.
Sin embargo, esta revelación de zigzagueos en la diplomacia británica tampoco debe sorprender a los seguidores de Basurero Nacional, ya que no es ésta la primera vez que desde el gobierno de Gran Bretaña o ciudadanos encumbrados de ese país se duda de su soberanía o se piensa en negociar con Argentina la soberanía sobre las islas. Veamos, entonces, parte de algunos textos de ese tenor, ya publicados en nuestros WikiPis, en orden cronológico.
Luego de esa negociación interrumpida, el Reino Unido planeó continuarla en 1976. Veamos cómo:
Londres ofreció negociar las Malvinas. Documentos desclasificados revelan que el Reino Unido temía una invasión argentina (…) Otros documentos, también desclasificados ayer, ponen de relieve la magnitud de la crisis económica que heredó ese año el Gobierno de James Callaghan y los temores del Foreign Office a una posible invasión de las islas Malvinas si no se entablaban negociaciones con Argentina para ceder algún tipo de soberanía sobre ellas. (…) Aquella crisis, que en marzo le había costado el cargo a Harold Wilson, acabó sellando el regreso de los tories al poder de la mano de Margaret Thatcher. Ironías del destino, Thatcher acabó afianzándose en el poder gracias a la guerra de las Malvinas tras la invasión de Argentina en 1982, que fue pronosticada en 1975 por el embajador británico en Buenos Aires, Derick Ashe, en documentos enviados al entonces jefe del Foreign Office y luego primer ministro, James Callaghan. Éste dio instrucciones a Ashe para que dejara entrever a los argentinos que el Reino Unido estaba dispuesto a negociar la soberanía de las Malvinas a espaldas de sus habitantes, aunque no iban a reconocerlo. Las conversaciones no cuajaron. Nota completa en este WikiPis
Pero incluso varios años más tarde (y luego de la guerra), y apenas asumido, el premier británico Tony Blair también dudaba de la soberanía de su país sobre las islas:
El primer ministro británico, Tony Blair, encargó la redacción de un libro sobre las Islas Malvinas (Falklands, según la versión británica), que duda seriamente sobre la legitimidad de la soberanía del Reino Unido sobre ese archipiélago del Atlántico Sur. El anuncio se conoció a pocos días de un entredicho entre el canciller argentino, Rafael Bielsa, y autoridades de las Islas Malvinas, durante una reunión del Comité de Descolonización de Naciones Unidas en Nueva York. El periódico inglés Mail on Sunday anunció hoy que el libro, titulado La Historia Oficial de la Campaña por las Falklands y escrito por diplomáticos del Foreign Office (Cancillería) no sólo pone en duda la legitimidad por la soberanía de Malvinas. (…) La publicación de la obra provocó duras reacciones de las autoridades de las Islas Malvinas, según las cuales el nuevo libro oficial "servirá como excusa a Argentina para seguir con sus reclamos de soberanía sobre las islas". (…) Poco después de asumir al poder en 1997, el premier británico pidió abrir documentos secretos sobre la guerra de Malvinas, fechados en 1982, que entregó al historiador y destacado profesor inglés Lawrence Freedman, amigo cercano de los Blair, para escribir "una historia oficial" de lo ocurrido. (…)"El profesor parece no haber tenido en cuenta que el problema de las Malvinas sigue muy vigente con Argentina, y cualquier cosa que escriba tendrá un impacto político directo al respecto", declaró un portavoz oficial. Para esa fuente anónima, que vio parte del libro, los documentos del Foreign Office que leyó Freedman "indican que el reclamo argentino por la soberanía de las Malvinas tenía validez". "Es muy probable que este libro sirva de excusa al gobierno de Argentina para renovar su pedido por la soberanía de las islas", explicó preocupado el portavoz del gobierno de Londres. Nota completa en este WikiPis
A su vez, el prestigioso y aristocrático capitán británico Edmund Carlisle, descendiente del legendario Barón de Carlisle Bucklow (1929), exigía a su gobierno la devolución de las islas a la Argentina porque, afirmaba, las mismas habían sido robadas en 1833. Veamos lo que decía:
"Les robamos las Malvinas y debemos devolverlas", dice el capitán británico Edmund Carlisle. Entrevista a Edmund Carlisle: En su mansión de Gales, el militar inglés que desató una fuerte polémica en Londres con repercusiones en Buenos Aires (…) Criticó con dureza a Tony Blair y felicitó al presidente Kirchner, a quien quiere conocer, por sostener el reclamo argentino con “dignidad”. “Gran Bretaña le robó las Islas Malvinas a Argentina en la década de 1830 y debe devolverlas”, exhortó en una entrevista exclusiva con PERFIL el capitán inglés Edmund Philip Carlisle, quien a comienzos del mes provocó un gran escándalo en Londres al publicar una misiva en el periódico conservador The Times, pidiendo por la devolución de la Gran Malvina (…) “Es hora de que el gobierno británico (del primer ministro Tony Blair) implemente este pedido de devolución de las Islas Malvinas. Londres no ha hecho nada hasta ahora y es tiempo de que comience a actuar”, destacó el capitán retirado, de 84 años. Desde su mansión del siglo XVI en Llanigon, en el condado galés de Powys, Carlisle reveló en exclusiva que publicará en los próximos días, un libro titulado The Dishonourable War: The Falklands, 1982 (La Deshonorable Guerra: Islas Malvinas, 1982), en el que reclamará abiertamente a Gran Bretaña devolver las Malvinas a Argentina. “En mi libro pido a Londres que devuelva lo que robó. Porque es la opinión del mundo en general y porque hemos llegado a un punto de la historia en que es hora de terminar con las colonizaciones de territorios que no nos pertenecen. Además, las bases de la demanda argentina son mucho mejores que las nuestras. Nosotros le robamos las Malvinas (a Argentina) en la década de 1830 y desde el gobierno británico nunca se reconoció esto”, agregó. (…) Nuestro gobierno dice que las islas son británicas, y por ende sus habitantes lo creen. Pero la ONU está pidiendo otra cosa, lo mismo que Argentina. Alguien debe escuchar este reclamo”. También le contó a este diario sus impresiones sobre el presidente Néstor Kirchner: “Me gustaría conocerlo. El declara que quiere las Malvinas de vuelta para su país y ésa es su posición. Yo lo felicito y en mi libro hablo sobre la posición argentina, que siempre ha sido muy digna” y agregó: “Los argentinos nunca han renunciado a su reclamo y están muy determinados a conseguir las islas de nuevo. Nosotros (los británicos) deberíamos apoyarlos en esa dirección”, concluyó. Nota completa en este WikiPis
Este humilde servidor público reproduce ahora el texto completo de la nueva resolución del comité de las Naciones Unidas, el que constituye un nuevo logro de la diplomacia argentina y un nuevo y sonoro mentís a los argumentos de la zigzagueante diplomacia británica:
Resolución final del Consejo de Descolonización de la ONU - 14/6/2012
Comité Especial encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales Bolivia (Estado Plurinacional de), Chile, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Venezuela (República Bolivariana de): proyecto de resolución Cuestión de las Islas Malvinas (Falkland Islands) El Comité Especial, Habiendo examinado la cuestión de las Islas Malvinas (Falkland Islands), Consciente de que el mantenimiento de situaciones coloniales es incompatible con el ideal de paz universal de las Naciones Unidas, Recordando las resoluciones de la Asamblea General 1514 (XV), de 14 de diciembre de 1960, 2065 (XX), de 16 de diciembre de 1965, 3160 (XXVIII), de 14 de diciembre de 1973, 31/49, de 1 de diciembre de 1976, 37/9, de 4 de noviembre de 1982, 38/12, de 16 de noviembre de 1983, 39/6, de 1 de noviembre de 1984, 40/21, de 27 de noviembre de 1985, 41/40, de 25 de noviembre de 1986, 42/19, de 17 de noviembre de 1987, y 43/25, de 17 de noviembre de 1988; las resoluciones del Comité Especial A/AC.109/756, de 1 de septiembre de 1983, A/AC.109/793, de 21 de agosto de 1984, A/AC.109/842, de 9 de agosto de 1985, A/AC.109/885, de 14 de agosto de 1986, A/AC.109/930, de 14 de agosto de 1987, A/AC.109/972, de 11 de agosto de 1988, A/AC.109/1008, de 15 de agosto de 1989, A/AC.109/1050, de 14 de agosto de 1990, A/AC.109/1087, de 14 de agosto de 1991, A/AC.109/1132, de 29 de julio de 1992, A/AC.109/1169, de 14 de julio de 1993, A/AC.109/2003, de 12 de julio de 1994, A/AC.109/2033, de 13 de julio de 1995, A/AC.109/2062, de 22 de julio de 1996, A/AC.109/2096, de 16 de junio de 1997, A/AC.109/2122, de 6 de julio de 1998, A/AC.109/1999/23, de 1 de julio de 1999, A/AC.109/2000/23, de 11 de julio de 2000, A/AC.109/2001/25, de 29 de junio de 2001, A/AC.109/2002/25, de 19 de junio de 2002, A/AC.109/2003/24, de 16 de junio de 2003, la resolución aprobada el 18 de junio de 2004, la resolución aprobada el 15 de junio de 2005, la resolución aprobada el 15 de junio de 2006, la resolución aprobada el 21 de junio de 2007, la resolución aprobada el 12 de junio de 2008, la resolución aprobada el 18 de junio de 2009, la resolución aprobada el 24 de junio de 2010 y la resolución aprobada el 21 de junio de 2011, y las resoluciones del Consejo de Seguridad 502 (1982), de 3 de abril de 1982, y 505 (1982), de 26 de mayo de 1982, Lamentando que, no obstante el tiempo transcurrido desde la aprobación de la resolución 2065 (XX) de la Asamblea General, esa prolongada controversia aún no haya sido resuelta, Consciente del interés de la comunidad internacional en que los Gobiernos de la República Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte reanuden sus negociaciones a fin de encontrar a la mayor brevedad posible una solución pacífica, justa y duradera de la controversia sobre soberanía relacionada con la cuestión de las Islas Malvinas (Falkland Islands), Expresando su preocupación porque el buen estado de las relaciones entre la Argentina y el Reino Unido no haya conducido aún a negociaciones sobre la cuestión de las Islas Malvinas (Falkland Islands), Considerando que esta situación debería facilitar la reanudación de las negociaciones para encontrar una solución pacífica a la controversia sobre soberanía, Reafirmando los principios de la Carta de las Naciones Unidas de no recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza en las relaciones internacionales y de lograr por medios pacíficos el arreglo de las controversias internacionales, Destacando la importancia de que el Secretario General continúe sus gestiones a fin de dar cabal cumplimiento a la misión que le ha encomendado la Asamblea General en sus resoluciones sobre la cuestión de las Islas Malvinas (Falkland Islands), Reafirmando la necesidad de que las partes tengan debidamente en cuenta los intereses de la población de dichas islas de conformidad con lo establecido por la Asamblea General en las resoluciones sobre la cuestión de las Islas Malvinas (Falkland Islands), 1. Reitera que la manera de poner fin a la especial y particular situación colonial en la cuestión de las Islas Malvinas (Falkland Islands) es la solución pacífica y negociada de la controversia sobre soberanía que existe entre los Gobiernos de la República Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte; 2. Toma nota de las opiniones expresadas por la Presidenta de la República Argentina en ocasión del sexagésimo sexto período de sesiones de la Asamblea General; 3. Lamenta que, a pesar del amplio respaldo internacional a una negociación entre los Gobiernos de la Argentina y del Reino Unido que incluya todos los aspectos sobre el futuro de las Islas Malvinas (Falkland Islands), aún no hayan comenzado a aplicarse las resoluciones de la Asamblea General sobre esta cuestión; 4. Pide a los Gobiernos de la Argentina y del Reino Unido que afiancen el actual proceso de diálogo y cooperación mediante la reanudación de las negociaciones a fin de encontrar a la mayor brevedad posible una solución pacífica a la controversia sobre soberanía relacionada con la cuestión de las Islas Malvinas (Falkland Islands), de conformidad con lo establecido en las resoluciones de la Asamblea General 2065 (XX), 3160 (XXVIII), 31/49, 37/9, 38/12, 39/6, 40/21, 41/40, 42/19 y 43/25; 5. Reitera su firme apoyo a la misión de buenos oficios del Secretario General a fin de ayudar a las partes a cumplir lo solicitado por la Asamblea General en sus resoluciones sobre la cuestión de las Islas Malvinas (Falkland Islands); 6. Decide mantener en examen la cuestión de las Islas Malvinas (Falkland Islands) con sujeción a las directrices que ha dado y pueda dar la Asamblea General al respecto. Documento completo
Para concluir, repasemos, y hagamos nuestras, algunas de las palabras del canciller argentino al término de la sesión del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas:
Hoy es un día de particular emoción y orgullo para todo el pueblo argentino, porque el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, unánimemente, con el voto de todos sus miembros, países del África, de Asia, del Caribe, de la América han reiterado la obligación del Reino Unido y la República Argentina, de reanudar las negociaciones para resolver el conflicto de soberanía de las Islas Malvinas. Como dijo hoy la Presidenta de la República Argentina, estamos listos. Estamos listos para sentarnos a la mesa de negociaciones y cumplir con la resolución. Esta resolución y las 39 resoluciones que la antecedieron. Porque la Argentina cree que todos los países miembros de las Naciones Unidas, tienen que aceptar la decisión de este Cuerpo. No nos cabe dudas de que las Malvinas son argentinas; sin embargo, consideramos que el llamado de las Naciones Unidas es una obligación para mí país y debería ser una obligación para el Reino Unido también. Es una vergüenza que un miembro del Comité de Seguridad como el Reino Unido, ignore las resoluciones de las Naciones Unidas. ¿Cómo hará el Reino Unido para exigirle a otros países a cumplir las resoluciones de las Naciones Unidas cuando esas naciones le pueden mirar a la cara y decirle “ustedes no cumplen con las resoluciones, por qué deberíamos cumplir nosotros? Hace unos días le envié una carta al Ministro de Relaciones Exteriores inglés y todavía no recibí respuesta. Lo invité a Buenos Aires y comenzar a dialogar sobre nuestras relaciones bilaterales. Hoy aquí, en las Naciones Unidas, reiteramos el llamado de la República Argentina al Reino Unido a sentarnos en la mesa de negociaciones. (…) La Argentina no pretende colonizar las Islas Malvinas; las Islas Malvinas son una colonia de Gran Bretaña, no lo dice la Argentina, lo dice las Naciones Unidas. (…) La situación la vamos a resolver el día que Gran Bretaña acepte cumplir con las resoluciones de las Naciones Unidas y se siente a negociar con la República Argentina, como lo han dicho más de 40 resoluciones aprobadas por este Cuerpo. (…) Estamos muy orgullosos, porque todos los países miembros del Comité votaron afirmativamente por la Resolución. Nos apena que Gran Bretaña no esté presente, como le sugirió el Secretario General de las Naciones Unidas de participar de este Comité. Realmente tiene todo un simbolismo que Gran Bretaña ignore los acuerdos de las Naciones Unidas. Por eso les digo que no estamos más en el siglo XIX, estamos en el siglo XXI.
Como queda claro, las pretensiones de los kelpers no interesan a Gran Bretaña, sino que son el argumento actual y circunstancial del gobierno de Cameron para tapar con sus arranques de patrioterismo belicista inviables la grave crisis económica que atraviesa su país. Un panorama totalmente diferente a lo que se vive por estas costas, donde se apela al diálogo sereno y racional. La careta británica de Cameron ha caído y sus argumentos belicistas y agresivos ya ni siquiera pueden esconder las verdaderas razones de su negación al diálogo. La mesa de negociaciones está preparada gracias a la ONU y sólo la silla británica está vacía...
Sobre su desclasificación se dijo que ya había trascendido, que no habría sorpresas... pero no es así: los 17 tomos del informe contienen mucha información desconocida sobre los actos y actitudes durante el conflicto bélico tanto de militares como civiles, y de instituciones y medios de difusión. Y esta es la parte que muchos medios y periodistas no querrían que se conociese... pero para eso está este humilde servidor público... Pero empecemos por el princípio: para saber de qué se trata el informe de la Comisión de Análisis y Evaluación de las Responsabilidades del Conflicto del Atlántico Sur, más conocido como Informe Rattenbach, ver este informe del año pasado de Basurero Nacional al respecto.
Veamos qué dijeron los principales medios sobre la desclasificación del informe:
No hay sorpresas en el Informe Rattenbach. La desclasificación de los documentos confirma las versiones que circularon a partir de 1983 El misterio sostenido durante tres décadas fue revelado. Y no hubo sorpresas. El informe de la comisión Rattenbach sobre la guerra en las islas Malvinas presentado ayer a la presidenta Cristina Kirchner, que había ordenado su desclasificación, es copia fiel del que circuló libremente desde 1983 en revistas, diarios y libros. Sin recortes, sin censuras ni agregados. Nota completa
Habla uno de los periodistas que difundió el informe Rattenbach. El semanario publicó en 1983 la investigación secreta sobre la Guerra de Malvinas; uno de sus periodistas relata las presiones que sufrieron por parte de la Junta militar. Corría noviembre de 1983 cuando alguien llamó a la revista Siete Días. En su poder tenía el Informe Rattenbach , la investigación sobre la Guerra de Malvinas que Leopoldo Galtieri había encargado para darle a la sociedad una explicación sobre el conflicto bélico. Estaba dispuesto a entregarlo al semanario. Se conocieron algunos detalles de su contenido en noviembre de 1983, cuando el semanario publicó un resumen en dos ediciones consecutivas. Héctor D'Amico era en aquel año el subdirector de Siete Días y, con motivo de la decisión presidencial de desclasificar el informe, relata en esta entrevista su experiencia. Nota completa
Rattenbach: El informe que nos mostró los absurdos de la guerra. La Presidenta anunció su difusión. Pero el Informe que investigó los horrores de la “aventura trágica” ya era conocido. Sus principales aportes. Y la historia del general antiperonista que lo hizo. Casi tres décadas después, la Presidenta anunció dos veces la difusión de ese trabajo “secreto”, cuyas estremecedoras conclusiones en verdad ya fueron publicadas varias veces. Otra curiosidad del informe es la importancia que le da al “relato” de la guerra en los medios, piezas clave para la “Acción Psicológica”. Hubo “ineficiente control de la información”, y un “ambiente excesivamente permisivo”, que permitió “desbordes periodísticos con efectos triunfalistas multiplicadores en el público”. Nota completa
Para saber si es tan así como dicen estos medios, repasemos ahora partes de la declaración testimonial del Contralmirante Salvio Olegario Menéndez, a cargo de la Jefatura II de Inteligencia durante la guerra, ante la Comisión Rattenbach (contenido en el Tomo II de las Declaraciones) sobre el comportamiento de los medios de difusión y los periodistas en particular con relación a las acciones de la guerra (el resaltado en el texto lo agregó este Basurero):
(…) Preguntado: ¿El público interno del país, fue manejado, escencialmente, en base a verdades? ¿Los comunicados por televisión, se basaban en la verdad? Dijo: Al problema ahí, yo deseo clarificarlo perfectamente: todos los comunicados se ajustaban estrictamente a la verdad. Y no sólo por decisión mía, como Jefe de Inteligencia, sino que por orden expresa del señor Jefe de Estado Mayor Conjunto, no salía ninguna noticia que no tuviera, en principio -como mínimo- dos, barra tres fuentes de confirmación del hecho.Es decir, producido un evento bélico, de cualquier naturaleza, y recibida la información por un medio normal -y eso, en muchas oportunidades produjo, en fin, cierto disgusto, podríamos llamarlo así- no se daba la información hasta tener la certeza de que eso era real; para lo cual, recibíamos la información de dos o tres fuentes. Información que no siempre llegaba con la rapidez o con la agilidad que se requería. ¿Qué sucedía? Que desde el punto de vista operativo era muy interesante lanzar la información como acicate o como conducción o como acción psicológica sobre el público interno pero, muchas veces, desde el punto de vista táctico, no convenía que esas informaciones salieran antes de determinado tiempo.
Preguntado: ¿Para las agencias del exterior las noticias eran diferentes con respecto a las que se daban en el interior, con la intención de velar los hechos? Dijo: No; yo no dije que fueran diferentes; eran las mismas noticias. Y se señalaban, fundamentalmente, aquellos puntos en los cuales existían discrepancias que afectaban al país y a la posición argentina ante el mundo. Una de las acciones que sí se llevó, con carácter de acción psicológica, con fines de penetración, especialmente en la tropa y con un éxito que yo podría decir -no como opinión personal sino como resultado de los elementos de juicio con que llegamos a contar- bastante eficaz, fue la puesta en vigencia de un sistema de comunicación que se llamaba Liberty, que era algo así como la Rosa de Tokio, pero muy modificada. Que contó con adhesiones, contó con críticas, pero cuyo resultado, al final, a través de las informaciones, de agencias extranjeras -que también las tengo acá- de las informaciones levantadas por diarios propios y por las repercuciones que tuvo en el marco externo, fue realmente positivo. (...) Preguntado: ¿A mediados de mayo, o un poco más cuando lo de San Carlos se produce, se continúa con el criterio de divulgar la verdad para el público interno, pero sólo la verdad favorable? Dijo: La verdad, favorable o desfavorable. La información que llegaba es lo que se transmitía. Para ser más concretos: no se inventó ni se fabricó, en los comunicados, ninguna información que no estuviera ajustada a bases de verdad.
Preguntado: ¿Cree Usted que la opinión pública argentina estaba preparada para recibir la noticia de la capitulación, o más bien -a través del criterio que se estaba siguiendo- creía que el éxito era seguro? Dijo: Este es un punto que hay que analizarlo con mucho detalle, porque no es fácil definir con una palabra si laopinión pública estaba o no preparada. Aquí los factores de incidencia fueron varios. Por un lado, el Estado Mayor Conjunto -al que correspondió esa tarea, aunque údo haber sido otro organismo- manejaba la acción psicológica y manejaba, por así decirlo, también, los sistemas de control de lo que se publicaba. Pero los elementos disponibles no permitían un control exhaustivo e, inclusive, hubo oportunidades en que se censuraron o se sancionaron revistas, y esas sanciones fueron levantadas. La causa fue el exitismo con que algunas revistas recogían la información, inclusive vulnerando -a través de los artículos- la seguridad, cosa que nos preocupaba muchísimo, especialmente en el caso de nuestros pilotos -fundamentalmente de Fuerza Aérea- que se realizaban toda una serie de misiones, y que las revistas daban información que podía ser comprometedora, para futuras operaciones. Las revistas y los diarios, con sus titulares, con algunos artículos prefabricados -no me refiero a aquellos artículos de autoridades que reflejaban opinión, porque eso es una cosa totalmente distinta a lo que me estoy refiriendo, sino a todo lo que la revista fabricaba- hicieron que la opinión pública -que escuchaba que el comunicado del Estado Mayor Conjunto daba un detalle frío, y leía en la revista "Gente" sobre acciones exitosas con fotografías y con dibujos, hasta con frases inventadas- evidentemente, estuviera mal conducida o preparada por así decirlo, más para el éxito que para la derrota; sin ningún lugar a dudas. Como hecho anecdótico, pero guía de lo que estoy señalando, la señora Reneé Salas -de la Revista "Gente"- me llamó en dos oportunidades para pedirme toda una serie de información, en detalle, de carácer militar. Yo le expliqué las razones, y el argumento fue: "Yo tengo contactos en el más alto nivel y, aparte, señor Almirante, si no me lo dicen, yo lo voy a escribir igual". (...) Preguntado: ¿Cuánto tiempo antes del catorce de junio -o sea, del día de la capitulación- se cambió el criterio "triunfalístico" de los comunicados? Dijo: No estoy de acuerdo, con todo respeto, en que tuvieran un sentido "triunfalístico" los comunicados, porque jamás hicimos "triunfalismo", ya que mal puedo hacer triunfalismo si soy profesional medianamente consciente, y he tenido la suerte, como militar, de poder combatir -y unas cuantas veces- de saber lo qué es un combate, aunque sea a otra escala; y así que sé perfectamente cómo pueden variar las situaciones, porque lo he vivido en carne propia.
Preguntado: ¿Cambió en al guna forma el criterio de lanzar los comunicados diarios, en vísperas del catorce de junio? Dijo: No, se siguió con la misma tónica de dar la información que se tenía y nada más. Se dió simplemente la noticia. (...) Preguntado: ¿Cuáles fueron sus relaciones con la Secretaría de Información Pública de la Presiencia? Dijo: Fluídas. El Secretario de Información Pública, que era en ese momento el señor Baltiérrez, puso de sí lo mejor que tenía. Es un hombre de prensa, fundamentalmente, de manera que muchos de los titulares que pudimos frenar, de los exitistas titulares de los diarios, lo fueron a través de los contactos con él. Otros, lamentablemente no se pudieron frenar.
Preguntado: ¿Eso quiere decir que ni ustedes ni la Secretaría de Información Pública tenían control sobre las revistas, especialmente, sobre sus titulares? Dijo: Exactamente. Yo puedo agregar que, en dos o tres oportunidades, se reunió el Estado Mayor Conjunto con los directores de diarios y revistas. Por orden del señor Jefe del Estado Conjunto -por supuesto, con conocimiento del Comité Militar- se los reunió. Y a efectos de no generar situaciones que pudieran dar lugar a que, al revertirse la situación, dijeran: "No pautaron, no sinceraron, no nos dijeron...", les expliqué lo que era la situación bélica, los condicionamientos que la seguridad del país hacía que debieran tomarse con la prensa, les dije qué era lo que pretendíamos, les aclaré que no queríamos versiones triunfalistas, que queríamos que se ajustaran a la verdad, que las puertas estaban abiertas permanentemente. Instalamos una Oficina de Prensa y tuvieron información permanente. Yo iba a las nueve de la noche, a las dos de la mañana, a las cuatro de la mañana, a conversar con ellos. Cuando llegaban esas informaciones totalmente deprimentes o totalmente excitantes, con respecto a los éxitos oi fracasos, les clarifiqué la situación y, así, tuvimos radios que funcionaron bien y diarios que anduvieron más o menos. Inclusive, hemos hablado en forma personal -al margen de estas reuniones, donde asistió- con el señor Gainza Paz por los artículos del hijo en Inglaterra; con el señor Bartolomé Mitre y con el señor Escribano de "La Nación"; con la gente de "Clarín"; con la gente de "Diario Popular"; con la de "Crónica", diciéndoles: "Paren, no sigan con este ritmo, con estos titulares". Porque el público argentino, en una gran mayoría -el que lee "Crónica"- lee los grandes titulares. Y donde dice: "Se abatieron tres buques", dicen: "A ver cómo los abatieron?"; pero sino, no leen, no se interiorizan. "No deformen". Esa fue la lucha permanente, cuyo resultado no fue el deseado. No fue el deseable porque no hay concientización -tampoco en nuestro medio- de la responsabilidad que cabe en un conflicto de esta naturaleza.
Preguntado: Con respecto a las radios, ya que algunas de ellas eran oficiales, ¿quién las controlaba? Dijo: A las radios las manejamos exactamente de la misma manera. Y para el caso -señalo prograas claves: de Magdalena Ruiz Guiñazú, Bernardo Neustad, Llamas de Madariaga, Urtizberea, Burone, etcétera. Se los ha llamado, y hubo radios que han dicho: "Sí, vamos a tomar medidas, pero comprendan que están los avisadores; nosotros no podemos presionar". -"Muy bien, señores, ustedes hagan lo que puedan; nosotros vamos a llamar a la gente". -"Yo hablé personalmente con Magdalena Ruiz Guiñazú; hablé personalmente en dos oportunidades con Neustad; lo llamé a Gómez Fuentes, que era oficialista pero que se la iba la mano y decía cualquier cosa y levantaba la presión de la gente a niveles inauditos. Otros, inclusive habría que haber recurrido a la fuerza, para decirlo claramente; esa gente no reaccionó. Neustad, por supuesto, al día siguiente cambió y puso la "cassette" del lado que se le dictó, pero después se fue yendo lentamente, y se fue yendo un poco cuando -a raíz de dos o tres inexactitudes muy, muy gruesas- pedimos la clausura de un diario del interior. Se dio la orden de clausura de un diario del interior y de una revista. Acá tengo anotado el pedido de despacho. Se diola orden, se ordenó implementar, se dio la orden a Interior, se ordenó a Policía Federal incautarse y, de repente, llegó de que quedaba todo en aguas de borraja. Esto, en cierto modo, descolocaba al Estado Mayor Conjunto, porque se daba cuenta de que había una pseudo impunidad para poder trabajar. Eso hay que eliminarlo, también. (...) Preguntado: ¿Tiene Ud. conocimiento de que algún organismo o alguna de las Fuerzas Armadas, haya contratado los servicios de una agencia de publicidad para dar a conocer las actividades desarrolladas durante el conflicto? Dijo: No tengo conocimiento oficial de ese problema. Tengo versiones, pero no conocimiento oficial.
Preguntado: ¿Cuáles son las versiones? Dijo: Que se había formado una agencia y que había un contrato; y que esa agencia estaba trabajando en Malvinas y que la estaba manejando el señor Kasanszew; y que llegaba acá la información que no era enviada al Estado Mayor Conjunto, sino que era canalizada por otra Fuerza. Pero no tengo ninguna prueba al respecto, ni tengo ningún documento que sea probatorio.
Peguntado: Esas versiones, ¿las conoció después de la finalización de la guerra de las Malvinas o durante el desarrollo de la misma? Dijo: Durante el desarrollo de la guerra llegaron algunas de esas versiones; se investigaron, no se pudo obtener ningún resultado concreto. Inclusive, en algún momento, se atisbaba que se podía llegar a algo concreto y ahí se diluía temporariamente la información; de manera que no se pudo reunir elementos probatorios, que sirvieran realmente para poder concretar esto.
Preguntado: La versión ésa que usted tiene, ¿a qué se refiere, ¿a un organismo de alto nivel del Estado, como Secretaría de Información Pública, Secretaría General de la Presidencia, o algún otro tipo de organismo? Dijo: No, concretamente se decía que había Fuerzas Armadas que estaban manejando independientemente su acción psicológica y la difusión desde Malvinas, en razón de que aparentemente no estaban de acuerdo con la forma en que era conducida a través del Estado Mayor Conjunto. Tal es así que, personalmente, yo recibía llamados telefónicos en los que, en alguna oportunidad se cuestionaba -al revés de lo que después apareció en los diarios sobre exitismo -la parquedad con que se comentaban las acciones sobre Malvinas.
Preguntado: ¿Tuvo Ud conocimiento de una denuncia efectuada por dos periodistas, de que se habían vendido fotografías del hundimiento del "General Belgrano"? Dijo: Tuve conocimiento. Del hundimiento del "Belgrano", no. Fueron fotografías sacadas en Malvinas, que correspondían a Télam; y que después quedó todo perfectamente aclarado con el Coronel De Piano.
Preguntado: ¿Del hundimiento del "General Belgrano", no? Dijo: Del hundimiento del "Belgrano" que se habían vendido, no; no tuve conocimiento.
Preguntado: ¿Y que hubo revistas que pretendían comprar las fotografías? Dijo: De lo que sí tuve conocimiento -no es nuevo para el que está moviéndose en ese medio- es que diarios y revistas negociaban con las fotos e, inclusive, yo no diría que desde el punto de vista ético sea lo correcto, pero también es prefectamente normal que en estos casos el gancho fundamental que tienen para poder lograr que una publicación vuelque su esfuerzo, es hacerle tres o cuatro fotografías realmente de peso, o regaladas o a un precio conveniente, para después poder colocarle el resto de la información, realmente, en forma que sea negocio para el que la hace.
Preguntado: ¿Tuvo Ud. conocimiento o supo de rumores de que del material de "video tape" que trajo o mandó ATC Canal 7, el periodista Kasanszew, sólo el diez por ciento aproximadamente fue pasado en Buenos Aires y buena parte del resto fue vendido al exterior? Dijo: La única información que tengo a nivel de trascendido, de rumor -que pese a lo que se pudo trabajar en ese momento con los medios disponibles, no se concretó ninguna información realmente válida- fue que no la totalidad delmaterial había llegado, inclusive algunos "video cassetes", que tenían que ser enviados al Estado Mayor Conjunto parqa su supervisión y para proyectarlos a posteriori por los canales de televisión o armar, también como se pensaba hacer, una película con todas las series de hechos, poniendo las declaraciones convenientes, controlando no sólo la imagen sino también el audio, qué era lo que se decía y qué era lo que no se decía. Bueno, de la información que uno recibía cuando pasaban los "cassetes" se encontraba que había cosas que, aparentemente, habían sido filmadas o "interviews" que habían sido hechos que ahí no aparecían. Si se perdieron, si se quemaron, si se velaron o si se vendieron, lo ignoro. (…)
Para quien le interese, aquí puede leer el Tomo II de las Declaraciones completo.
En estos momentos en que se encuentra en debate la "independencia" de los medios y puestas en el tapete las reacciones del pueblo antes, durante y después de la guerra, analizar el comportamiento de la prensa durante la noche de la dictadura ayuda mucho a sopesar, relativizar o explicar las reacciones de los argentinos en cada momento. Por eso, repasemos ahora algunas tapas de los medios y comprobaremos el significado de las palabras del contralmirante Salvio Olegario Menéndez sobre el triunfalismo que vertían los medios sobre la población desinformada de ese entonces.
A modo de ampliación de lo reproducido en el Informe Rattenbach veamos ahora lo que reveló una investigación del diario Tiempo Argentino:
Malvinas: la prensa gráfica y la pauta publicitaria de la dictadura. A las ya conocidas campañas mediáticas en radio y televisión que agitaban la recuperación de las islas, se sumó el respaldo económico que el Estado asesino otorgó a la prensa gráfica en concepto de pauta publicitaria. A cambio, por supuesto, de sostener una línea editorial acorde a sus intereses propagandísticos. Este acuerdo se ve con claridad al repasar las publicaciones de mayor circulación de la época, como los diarios Clarín, La Nación y La Razón; y las revistas La Semana –de editorial Perfil–, Somos y Gente –ambas de editorial Atlántida– entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982, período en el que se extendió el conflicto bélico que terminó con la vida de 649 argentinos. No es casual que los tres diarios que se aliaron con las tres armas para apropiarse ilegalmente de Papel Prensa hayan sido, a su vez, los máximos beneficiados de la propaganda militar. Cuando ya había pasado más de un mes del inicio de la guerra, palabras como “coraje”, “victoria” y “futuro” se repetían con insistencia en las páginas del diario de Noble y Magnetto. Se trataba de toda una campaña publicitaria oficial, ilustrada por dos manos con los pulgares en alto, cuyo eslogan era: “Argentinos a Vencer. Cada uno en lo suyo, defendiendo lo nuestro.” La misma serie se fue publicando en el resto de la prensa gráfica. En La Nación y La Razón, la metodología fue la misma. La propaganda militar aparecía casi siempre los mismos días que en Clarín, con idéntico tono patriótico y pro bélico. Una de esas publicidades, publicada en tamaño gigante por los tres matutinos, apareció el 4 de mayo, apenas dos días después de que los ingleses hundieran el buque General Belgrano, donde murieron 323 personas. Paradójicamente, con cinismo, el aviso afirmaba: “Ya estamos ganando, porque estamos haciendo de cada lugar de trabajo un puesto de combate. Porque por fin y para siempre, somos una sola fuerza.” La misma campaña se repitió en las revistas Somos, Gente y La Semana, donde además se sumaba el apoyo de empresas privadas a la “causa” Malvinas. En un editorial del 8 de abril, titulado “La unidad nacional”, el diario de Magnetto dudaba de los argumentos propuestos por “la propaganda británica” que “ha presentado la operación reconquista de las Malvinas como obra de un gobierno dictatorial, el cual obraría en términos de expansión territorial”. Las opiniones del diario de Bartolomé Mitre siguieron el mismo sendero de connivencia explícita y lejanía con la realidad de una contienda bélica que se mostraba claramente negativa para la Argentina. El 23 de mayo, en el artículo “Democracia no es colonialismo”, La Nación criticó a la primera ministra británica Margaret Thatcher por sostener que “la recuperación del enclave colonial de las Malvinas alegraría al mundo libre, porque Inglaterra representa a la democracia. Por contraposición, nuestro país sería el símbolo de la dictadura.” Nota completa
Para conocer más en profundidad cómo se realizó el informe Rattenbach y los pormenores de la desclasificación del mismo para el conocimiento de toda la población, este humilde servidor público recomienda ver este excelente documental del canal Encuentro.
La controversia que Argentina mantiene con Gran Bretaña en relación con la soberanía sobre Malvinas ya es un tema remanido desde hace años, pero el cariz que ha tomado en los últimos días, principalmente por la posición y los argumentos esgrimidos por la UTE Clarín-La Nación (increiblemente a favor de Gran Bretaña, no de Argentina) me llevan a puntualizar, humildemente, algunos aspectos que se soslayan, se pasan por encima (por no decir que se ocultan arteramente). Para no enturbiar las cosas empecemos por tomar lo expresado por las opiniones de tres destacados columnistas de La Nación, que sintetizan las expresadas por muchos de los periodistas de dichos medios, aunque mejor expresadas… o por lo menos expresadas por personas más "prestigiosas". Empecemos por ver qué argumenta un historiador como Luis Alberto Romero:
¿Son realmente nuestras las Malvinas? El Gobierno acaba de convocar a la unidad nacional por las Malvinas. Afortunadamente, en tren de paz. Pero es imposible no recordar la convocatoria, treinta años atrás, a una "unión sagrada" similar, que no apela al debate y los acuerdos sino al liderazgo autoritario y a la comunidad de sentimientos. Otra vez, los argentinos se ven en la disyuntiva de aceptarla o ser acusados de falta de patriotismo. En este revival hay algo profundamente preocupante. Romero inicia su texto con una artera falacia, la que tiñe de sangre desde el comienzo la lógica y pacífica reivindicación de los derechos argentinos que esgrime el gobierno nacional (a lo que está obliado por un mandato textual de la Constitución Nacional), al igualarla con la aventura suicida de una dictadura atroz, a la que La Nación apoyó en su momento.
Luego dice Romero: En 1982 hubo quienes reprocharon a los militares el haber ido a la guerra. Pero la mayoría solo les reprochó el haberla perdido. Creo que el ánimo mayoritario no ha cambiado.
Paradójica afirmación de un historiador “científico”, quien habla de “mayoría”, sin mencionar cifras de encuestas o estimaciones serias, ni tampoco relativiza esa supuesta opinión mayoritaria bajo una dictadura caracterizada por la censura, el ocultamiento de la verdad y la desinformación (que La Nación misma contribuyó a mantener). Y descarrila finalmente al afirmar que el “ánimo mayoritario” no ha cambiado desde entonces… ¿Piensa el historiador que la mayoría de los argentinos está dispuesto a ir a la guerra por las Malvinas? ¿Cuáles son las encuestas que demuestran eso?
Y pasa luego a poner en duda los derechos soberanos argentinos sobre las islas de esta manera: La convicción de que la Argentina tiene derechos incuestionables sobre esa tierra irredenta está sólidamente arraigada en el sentido común y en los sentimientos. No es fácil animarse a cuestionarlos públicamente. La argentinidad de las Malvinas, menos alegada en el siglo XIX, ha sido afirmada en el siglo XX en todos los ámbitos, comenzando por la escuela. (…) Es necesario revisar las premisas, si no queremos repetir las conductas, como parece que estamos a punto de hacerlo. (…) Es cierto que la Argentina tiene sobre Malvinas derechos legítimos para esgrimirlos en una mesa de negociaciones con Gran Bretaña. Pero no son derechos absolutos e incuestionables. Se basan en premisas no compartidas por todos. Del otro lado argumentan a partir de otras premisas. Si creemos en el valor de la discusión, debemos escucharlas.
Aquí es donde Romero tuerce el camino tomado por el debate actual sobre Las Malvinas. El gobierno no está debatiendo la soberanía con Gran Bretaña, sin que está tratando de que Gran Bretaña abandone su posición autoritaria y obedezca la Resolución 2065 de la ONU y se siente a negociar con Argentina sobre el destino de las islas. Romero en cambio se pone a cuestionar los derechos soberanos argentinos y así desligitima la mesa de negociaciones propuesta por la ONU. Romero toma los argumentos británicos y aunque dice que debemos escuchar las razones británicas, asume las mismas y relativiza las argentinas:
Luego de 1810, lo que sería el Estado argentino prestó una distraída atención a esas islas, que los ingleses ocuparon por la fuerza en 1833. De esa ocupación quedó una población, un pueblo, que la habita de manera continua desde entonces: los isleños o falklanders , incluidos en la comunidad británica. En ese sentido, Malvinas no constituye un caso colonial clásico, del estilo de India, Indochina o Argelia, donde la reivindicación colonial vino de la mano de la autodeterminación de los pueblos. En Malvinas nunca hubo una población argentina, vencida y sometida. Quienes viven en ella, los falklanders, no quieren ser liberados por la Argentina. Me resulta difícil pensar en una solución para Malvinas que no se base en la voluntad de sus habitantes, que viven allí desde hace casi dos siglos. Es imposible no tenerlos en cuenta, como lo hace el gobierno argentino. En tiempos prehistóricos -se cuenta- los hombres elegían su pareja, le daban un garrotazo y la llevaban a su casa. En etapas posteriores los matrimonios se concertaban entre familias o Estados. Hoy lo normal es una aceptación mutua, y eventualmente el cortejo por una de las partes. Hasta ahora intentamos el matrimonio concertado, y probamos con el garrotazo. No hemos logrado nada, salvo alimentar un nacionalismo paranoico de infaustas consecuencias en nuestra propia convivencia. Queda la alternativa de cortejar a los falklanders . Demostrarles las ventajas de integrar el territorio argentino. Estimularlos a que lo conozcan. Facilitarles nuestros hospitales y universidades. Seguramente a Gran Bretaña le será cada vez más difícil competir en esos terrenos. Durante varias décadas, la diplomacia argentina avanzó por esos caminos. Había aviones, médicos y maestros argentinos al servicio de los isleños. Probablemente hubo avances, en un cortejo necesariamente largo. Pero en 1982 recurrimos al garrotazo. Destruimos lo hecho en muchos años. Creamos odio y temor, perfectamente justificados. Perdimos las Malvinas.
Romero claramente se hace cargo de los “deseos de los isleños” y propone cortejarlos. Coloca a los “kelpers” en un plano de igualdad con Argentina, como la contraparte del gobierno argentino, precisamente lo que pretende Gran Bretaña. Página aparte merece la aberración de su mención estrambótica de la supuesta manera de elegir pareja mediante un garrotazo en tiempos prehistóricos (más cercano a la leyenda urbana que a lo fáctico): algo objetable en un estudiante de ciencias sociales pero insólito en un historiador profesional…
Y Romero finaliza su artículo proponiendo:
Hoy debemos resignarnos a esperar que las heridas de los falklanders se cierren. Pero también necesitamos un trabajo de introspección, para expurgar nuestro imaginario del nacionalismo enfermizo y construir un patriotismo compatible con la democracia institucional.
Queda claro así que la solución de la controversia se reduciría a cortejar a los isleños británicos, a quienes llama "falklanders" y no malvinenses, tomando explícito partido por la posición británica, (quizás proponga cortejarlos con ositos Winnie Pooh como intentó Menem en los 90) olvidando todo lo actuado en la ONU durante 46 años. Como vemos, una posición muy seria… Nota completa
Analicemos ahora lo que opina al respecto la socióloga Sylvina Walger:
Por favor, dejemos en paz a esos isleños. Sorprende que la actual dirigencia argentina no conozca la diferencia entre ganar o perder una guerra. Las guerras se ganan o se pierden, no hay intermedio. Al perdedor no le caben las protestas sino someterse, rehacerse y recurrir a un diálogo inteligente y no agresivo. En 1871 la Alemania imperial de Bismarck manoteó los territorios franceses de Alsacia y Lorena. El nacionalismo malsano que desarrollaron ambas potencias desembocó en la tragedia de la Primera Guerra Mundial con la previsible derrota de Alemania. En 1940, durante el Tercer Reich, los territorios volvieron a ser anexionados por Hitler, hasta que en 1944 los ejércitos aliados las recuperaron para Francia. A Ángela Merkel no se le ocurre reclamárselas a Francia.
Lo que sorprende aquí es que una socióloga no sepa que después de la Segunda Guerra Mundial se creó la ONU, justamente para tratar allí los diferendos entre países miembros y evitar los conflictos para mantener la paz. Para Walger nada ha cambiado en el mundo desde la Alemania de Bismarck hasta la Argentina de la Presidenta Fernández o la Gran Bretaña del Primer Ministro Cameron. Tampoco sabe esta renombrada socióloga que en la ONU no hay reclamo presentado ni controversia entre Alemania y Francia por los territorios de Alsacia y Lorena pero sí muchos reclamos de Argentina a Gran Bretaña por las Islas Malvinas. Y agrega Walger:
Sorprende también que ningún opinador oficial o la misma Presidenta no se hayan molestado en ojear la historia inglesa y comprender cómo llegaron a ser un Imperio.
Hay que aclararle a la licenciada Walger que llegaron a ser imperio a través de la guerra, no de la negociación. Pero ella en cambio debe repasar historia británica desde 1945 hasta el presente, cuando el otrora imperio decae aceleradamente, se desgaja, pierde sus colonias, pierde poder económico y político a nivel mundial, entra en los últimos años en una crisis económica que no se sabe hasta dónde lo llevará… pero mantiene el poder simbólico-ideológico de su palabra imperial en muchas mentes colonizadas de muchos países…
Después afirma insólitamente: El ajuste "griego" que la Argentina ha comenzado a aplicar (…) No debería sorprender entonces el renacer de la causa Malvinas aunque no me queda claro si huele a ignorancia o a desesperación.
Semejante aseveración ni merece una respuesta, por lo absurda e ignorante de nociones de economía básica al tratar de igualar las situaciones económicas actuales de Grecia y Argentina, cuando es evidente que en los hechos son opuestas.
Y finaliza Walger: Los ingleses pueden ser piratas, colonialistas y hasta bastante racistas todo lo que se quiera, pero nunca cobardes. No sé si de otros se puede decir lo mismo Por favor, dejemos en paz a esos isleños que tienen muchas más posibilidades que nosotros de llegar a ser un país en serio.
Confieso que no alcanzo a comprender su propuesta final: ¿somos cobardes por no atacar nuevamente las islas? ¿debemos dejar tranquilos a los isleños porque son serios y nosotros no? ¿o somos tan bárbaros y grotescos como para administrar las islas que mejor debemos dejárselas a esos serios piratas racistas gobernados por Cameron? Quizás una poderosa animadversión o rencor hacia el gobierno o la presidenta argentinos nubla la razón de Walger y la hace confundir las nociones de “estado” con “gobierno” o “kirchnerismo” y “peronismo” con “nación”. Nota completa
Sigamos ahora con la opinión de otro columnista de La Nación:
Dice Joaquín Morales Solá:
La diferencia entre la democracia y la dictadura. En los últimos tiempos se dedicó a aislar a los habitantes de las Malvinas. Consiguió primero un compromiso de los países del Mercosur de que no recibirán en sus puertos a barcos con bandera de las islas. Por esos mismos días, el primer ministro británico, David Cameron, señaló ante el Parlamento que su gobierno está dispuesto a emprender negociaciones con la Argentina por la explotación petrolera, por la pesca y por las comunicaciones. El propio canciller británico, William Hague, precisó en estos días que "Gran Bretaña está abierta al diálogo con la Argentina", y volvió a establecer los temas por debatir: "La administración conjunta de las poblaciones ictícolas, la exploración de hidrocarburos y las comunicaciones". Hay caminos, entonces, hacia una distensión. Aun así, un acuerdo con la Argentina por el petróleo no es una cuestión menor para los británicos. La exploración y explotación de combustibles en el mar de las Malvinas es una empresa muy cara, porque siempre deberá hacerse bajo el mar profundo. Las necesarias inversiones serán más fáciles en la medida en que el contencioso entre Gran Bretaña y la Argentina por esos territorios y por esas aguas esté, al menos, moderado por la negociación o los acuerdos. Lo mismo, aunque con menor intensidad, sucede con la pesca. La Argentina podría sacar sus propios beneficios económicos y diplomáticos.
Pero esto, que puede considerarse un logro de la diplomacia argentina y que debilita la posición británica sobre el diferendo, para Morales Solá no es un avance sino que insiste en poner de relieve el remanido argumento de la diplomacia de la corona sobre los “deseos de los isleños”:
Los isleños son todo para el discurso británico y no son nada para la retórica argentina. Un punto intermedio debería encontrarse. Guste o no, esos datos del pasado, esas emociones dentro de las razones, también existen. Nota completa
Y finalmente al acercarse el 30º aniversario de la guerra de Malvinas, un grupo de intelectuales sacará un documento con una propuesta alternativa a la posición nacional. Según los trascendidos en La Nación, dicho documento versará sobre lo siguiente:
Con el título "Malvinas, una visión alternativa", el documento llevará las firmas de los intelectuales Beatriz Sarlo, Juan José Sebreli, Santiago Kovadloff, Rafael Filippelli, Emilio de Ipola, Vicente Palermo, Marcos Novaro y Eduardo Antón; de los periodistas Jorge Lanata, Gustavo Noriega y Pepe Eliaschev; de los historiadores Luis Alberto Romero e Hilda Sábato; de los constitucionalistas Daniel Sabsay, Roberto Gargarella y José Miguel Onaindia, y del ex diputado nacional Fernando Iglesias. En el mismo sentido se expresó ayer Iglesias:"Es injusto ignorar a los kelpers; no se les puede imponer una nacionalidad ni una soberanía. Además, es estúpido, porque nos conviene más negociar con los isleños que con Inglaterra ". En línea con Romero y con Iglesias, Novaro sostuvo que el enfoque que debe primar con respecto al reclamo por soberanía "no puede desconocer los intereses ni los deseos de los isleños". Eliaschev, por su parte, dijo que uno de los puntos que unieron a este grupo de intelectuales fue su postura sobre los derechos de los kelpers . "No hay salida posible sin que se consideren los intereses de las personas que desarrollaron sus vidas en las Malvinas. Son seres humanos a los que hay que respetarles sus derechos", dijo, y exigió que el Gobierno atienda esta cuestión. Según el jurista Sabsay Para el constitucionalista, "hay que desmalvinizar la agenda pública y cambiar la estrategia dominante, que en 30 años no le dio nada a la Argentina".
Como vemos, los argumentos no varían mucho de lo expresado en los artículos analizados: ya que Argentina ha recuperado terreno en la discución con su contraparte, perdido luego del retroceso debido al conflicto armado de hace treinta años, y ahora que la diplomacia del gobierno de Cameron está a la defensiva debido al abrumador apoyo internacional a la posición argentina, estos pensadores proponen abandonar esta estrategia exitosa y aceptar el principal argumento británico (además de la ocupación de facto de las islas) y de esta manera retroceder décadas en la negociaciones… Ahora bien, estos artículos (y el relato esbozado en los medios hegemónicos) distorsionan realmente el debate, ensucian las razones de la controversia tratada en el marco de la ONU entre Argentina y Gran Bretaña (que es donde debe discutirse el conflicto) porque hacen foco en un tema accesorio, no pertinente de la discución y ocultan que lo que Argentina está solicitando es que Gran Bretaña acate las resoluciones de las Naciones Unidas, no que acate los deseos de nuestro país. No se trata de un capricho de un gobierno autoritario sino de resoluciones de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, el máximo organismo multilateral. Por eso, para no perdernos en debates inconducentes, repasemos brevemente la historia del conflicto y aclaremos de esta manera de qué estamos hablando:
Ateníendonos a las normas y princípios internacionales debemos decir que Argentina ejerció históricamente actos de jurisdicción categóricos como titular del dominio de los territorios de las islas.debido al derecho de sucesión que le corresponde como sucesor del Virreynato del Río de la Plata. En ese sentido nuestros gobiernos ejercieron ese dominio. Por ejemplo, en 1820 nuestro país notificó a los buques que se hallaran en aguas cercanas a las islas que Argentina encontraba en posesión formal y efectiva de las islas y que por lo tanto las mismas se encontraban bajo la éjida de las leyes argentinas en cuanto a temas como la pesca y la caza, lo que se vió reflejado en la prensa de Gran Bretaña y Estados Unidos, sin recibir ninguna protesta. En 1823 se designó gobernador a don Manuel Areguati y se concedieron tierras para explotación a Luis Vernet y Jorge Pacheco, quienes llevaron a varias familias, las que se radicaron definitivamente en 1826. Y en 1828 se otorgaron a Vernet más concesiones, esta vez en la isla Malvina Oriental.
En 1833 Gran Bretaña desaloja violentamente a los argentinos residentes, arriando la bandera argentina y usurpando ese territorio argentino. Esta acción elimina el argumento británico basado en el derecho de autodeterminación de los habitantes de las islas, incluído en la resolución 1514 de las Naciones Unidas, que acordó a los pueblos coloniales el derecho de independizarse de los Estados colonialistas. Esa resolución sólo se aplica a los casos de pueblos ocupados por otro país, que no es el caso de Malvinas, ya que Gran Bretaña procedió a expulsar a los habitantes originales que residían en las islas, que eran ciudadanos argentinos y los reemplazó por súbditos de la corona. Más aún cuando el principio de autodeterminación no es aplicable cuando afecta la integridad territorial de un país, en este caso Argentina.
La primera reserva argentina en las Naciones Unidas sobre sus derechos en las Malvinas fue presentada el 23 de mayo de 1945, cuando se realizaba el debate sobre fideicomiso en la reunión de IV Comité de la Asamblea General de la Conferencia de San Francisco, En las dos primeras sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1946 la Argentina expuso sus derechos inalienables a las Malvinas y que no reconocía la soberanía británica sobre ellas. El Reino Unido replicó no reconociendo la soberanía argentina sobre las islas.
De acuerdo a la Resolución 66/1 de la Asamblea General de la ONU del 9 de febrero de 1946, fue confeccionada una lista de territorios no autónomos, cuyo futuro depende del deseo de los habitantes de esos territorios, reconociéndoseles el derecho de autodeterminación. El Reino Unido inscribió en 1946 a las islas en esa lista, en consecuencia, la ONU considera al Reino Unido como el "poder administrador" de las islas, obligado a someter regularmente los informes a que se refiere el artículo 73 (e) de la carta de la ONU. La Argentina hizo reserva de sus derechos y los reitera cada vez que el Reino Unido presenta los informes. Entre 1947 y 1963 el gobierno argentino efectuó 28 reservas.
El 16 de diciembre de 1965 la Asamblea General de la ONU aprobó la Resolución 2065 (XX). La resolución fue aprobada por 94 votos a favor, ninguno en contra y 14 abstenciones (Canadá, Dinamarca, Finlandia, Francia, Islandia, Países Bajos, Nueva Zelanda, Noruega, Portugal, Sudáfrica, Suecia, Reino Unido, Estados Unidos y Australia). La Argentina consiguió con la declaración que las Naciones Unidas tomaran injerencia en la Cuestión de las Islas Malvinas, reconocieran la existencia de una disputa de soberanía, supeditasen la solución del problema a negociaciones entre los dos países teniendo en cuenta los intereses de los isleños, dejando de lado el principio de libre determinación exigido por la Resolución 1514 (XV), pues no se pidió al Reino Unido que otorgase la independencia a las Malvinas o tenga en cuenta los deseos de los isleños.
El 18 de marzo de 1966 una circular informativa de la Secretaría General de las Naciones Unidas comunicó a los miembros de la ONU que a partir de esa fecha, la denominación de las islas en los documentos oficiales del organismo sería, "Falkland (Malvinas)" en los documentos en inglés y "Malvinas (Falkland)" para los documentos en castellano. La resolución fue ratificada en 1973 por la Resolución 3160, XXVIII, con 116 votos a favor, 14 abstenciones y ninguno en contra, En 1976 La Resolución 31/49 ratificó las anteriores y agregó: (...) insta a las dos partes a que se abstengan de adoptar decisiones que entrañen la introducción de modificaciones unilaterales en la situación mientras las islas estén atravesando por un proceso recomendado en las resoluciones arriba mencionadas (...) Ese agregado motivó a que el Reino Unido votara en contra, siendo aprobada por 102 votos, con 32 abstenciones.
Además, en lo que respecta a las partes involucradas en la disputa de acuerdo a las Naciones Unidas debemos considerar lo siguiente:
Para la Argentina, los nativos de las islas son ciudadanos argentinos de pleno derecho que habitan una parte indivisible del territorio nacional que se encuentra ocupada ilegalmente por una potencia invasora, por lo tanto no puede aplicárseles el principio de autodeterminación, sino que corresponde aplicar el principio de integridad territorial del estado. El párrafo sexto de la resolución 1514 (XV) de la Asamblea de la ONU, sancionada el 14 de diciembre de 1960, establece que "todo intento encaminado a quebrantar total o parcialmente [...] la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas". Luego, en la resolución 2353 (XXII), del 8 de enero de 1968, la Asamblea ratificó que "toda situación colonial que destruye total o parcialmente [...] la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas".
De esta forma sólo habría dos partes en la disputa de soberanía, la República Argentina y el Reino Unido. La Resolución 2065 (XX) instó a resolver la disputa a través de negociaciones, teniendo en cuenta los "intereses" y no los "deseos" de los isleños. De acuerdo con la resolución 1514 (XV) de 1960, la Asamblea General de la ONU la autodeterminación es la libre expresión de "la voluntad y el deseo" de los habitantes de un territorio sin autogobierno. La Argentina considera que no se reconoce derecho a la autodeterminación cuando se hace referencia a los "intereses" de los habitantes de las islas Malvinas y se recomienda que sean "tenidos en cuenta" por los dos países que se disputan la soberanía.
Para despejar dudas leamos directamente la resolución de la ONU que tiene plena vigencia:
RESOLUCION 2065 (XX) de la Asamblea General de las Naciones Unidas. CUESTION DE LAS ISLAS MALVINAS (FALKLAND ISLANDS) La Asamblea General, Habiendo examinado la cuestión de las Islas Malvinas (Falkland Islands) Teniendo en cuenta los capítulos de los informes del Comité Especial encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales concernientes a las Islas Malvinas (Falkland Islands) y en particular las conclusiones y recomendaciones aprobadas por el mismo relativas a dicho Territorio. Considerando que su resolución 1514 (XV) de 14 de diciembre de 1960, se inspiró en el anhelado propósito de poner fin al colonialismo en todas partes y en todas sus formas, en una de las cuales se encuadra el caso de las Islas Malvinas (Falkland Islands), Tomando nota de la existencia de una disputa entre los Gobiernos de la Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte acerca de la soberanía sobre dichas islas. 1. Invita a los Gobiernos de la Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte a proseguir sin demora las negociaciones recomendadas por el Comité Especial encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales a fin de encontrar una solución pacífica al problema, teniendo debidamente en cuenta las disposiciones y los objetivos de la Carta de las Naciones Unidas y de la resolución 1514 (XV), así como los intereses de la población de las Islas Malvinas (Falklands Islands); 2. Pide a ambos Gobiernos que informe al Comité Especial y a la Asamblea General, en el vigésimo primer período de sesiones, sobre el resultado de las negociaciones. 1398a. sesión plenaria 16 de diciembre de 1965
Ante este pedido expreso de 1965 de las Naciones Unidas, logrado por una gestión diplomática exitosa del gobierno radical del Presidente Illia, veamos ahora cuál es la posición del gobierno de la Presidenta Fernández, claramente explicada aquí por el ex canciller Taiana:
La justicia de nuestro reclamo fue reconocida por la comunidad internacional. Hace 42 años la Asamblea General de Naciones Unidas adoptó, en 1965, la Resolución 2065 (XX) por la cual reconoció la existencia de la disputa de soberanía en la Cuestión de las Islas Malvinas, definiéndola como una forma de “colonialismo” y recordó a sus dos partes la obligación de negociar, a la mayor brevedad, para encontrar una solución pacífica, teniendo en cuenta los intereses de los habitantes de las islas. No existe en la Cuestión Malvinas una población sometida o subyugada a un poder colonial sino un conjunto de súbditos británicos trasplantados con el ánimo de establecer una colonia: se trata de un territorio colonial y no de un pueblo colonizado. Todas las resoluciones posteriores de Naciones Unidas y de la Organización de Estados Americanos, así como otros foros internacionales, reiteran hasta hoy esa exhortación. Reanudadas las relaciones diplomáticas en 1990, ambos países acordamos varios entendimientos provisorios, bajo fórmula de soberanía, sobre cooperación en aspectos prácticos en el Atlántico Sur para generar el marco propicio para reanudar las negociaciones de soberanía. Sin embargo, el Reino Unido continúa ejecutando ilegítimos actos unilaterales, bajo reiterada protesta argentina, que contrarían la cooperación convenida, el mandato de la comunidad internacional y nos alejan de la mesa de diálogo.
Como vemos, más allá de las argumentaciones periféricas y antojadizas analizadas, el debate sobre las Islas Malvinas debe basarse objetivamente en la solicitud de la ONU (en su resolución 2065) de que “los Gobiernos de la Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte” establezcan una mesa de negociaciones para solucionar la controversia de soberanía que mantienen ambos, teniendo en cuenta “los intereses de la población de las Islas Malvinas” y no sus “deseos”. Cabe aclarar que Gran Bretaña no permite a ningún ciudadano argentino radicarse en las islas para que ho haya controversia alrededor de los deseos de esa población. Quien sostenga lo contrario estará enarbolando objetivamente los intereses y deseos coloniales de Gran Bretaña y no los de las Naciones Unidas, y menos aún los de Argentina.
Ante estos argumentos de ciudadanos argentinos avalando la antojadiza tesis británica de los deseos de los kelpers, se nos ocurre asimilarlos al hecho posible de que, en pleno verano, Argentina invada Punta del Este, eche a los pocos uruguayos que haya y postule luego que se trata de territorio argentino debido a que la población esteña tiene ciudadanía argentina… Entonces podríamos preguntarnos: ¿Es realmente uruguaya Punta del Este?
Más allá de la broma (no tanto) e independientemente de la factibilidad actual o futura de que Gran Bretaña acepte la soberanía argentina sobre el archipiélago (y de esta manera de su proyección sobre la Antártida) comparemos ahora los artículos analizados con estas opiniones de otros ciudadanos británicos y argentinos y saquemos nuestras propias concluciones: