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13 de diciembre de 2018

El macrismo cumplió su tarea y está acabado pero ¿quién se hará cargo de su pesada herencia?

A tres años de iniciada la que aquí llamamos Revolución Macrista ya es hora de hacer un balance parcial de su gobierno. Más aún si, como parece, Macri intentará su reelección el año próximo.
Aunque el gobierno de Cambiemos nunca contó con mayoría en ninguna de las dos cámaras del Congreso, supo hacer pasar todo tipo de leyes apelando a negociaciones políticas (sanctas o non sanctas) y aprietes, propios o a través de los medios afines, hacia legisladores o gobernadores de la oposición. No olvidemos tampoco que desde el día uno contó con la gestión de los tres principales gobiernos: nación, provincia y ciudad de Buenos Aires, con sus tres inmensos presupuestos, además de todas las fuerzas de seguridad nacionales (más los servicios de inteligencia) y de los dos más grandes distritos argentinos. Sin dejar de mencionar a los medios hegemónicos de difusión que (hasta hoy) apoyan fervientemente las medidas gubernamentales y tapan o minimizan cualquier fallo o corrupción que roce a Cambiemos, y agrandan o inventan cualquier caso de corrupción del kirchnerismo.

Decíamos aquí mismo ya a fines de 2015, cuando Cambiemos camuflaba sus intenciones en "mejorar lo que estaba bien y corregir lo que estaba mal" del kirchnerismo, cuáles eran sus verdaderos propósitos a cumplir en su gobierno(1), los que resumiremos así:
Una brutal devaluación del peso, endeudar al país y las provincias en el mercado nacional e internacional, para apelar en finalmente al prestamista de última instancia, el FMI, como tabla de salvación de su inconsistente programa financiero.
Pagarle a los fondos buitres sin reparos todo lo que reclamaron ante el juez Griesa.
Reducir el gasto público hasta límites pornográficos, procurando reducir al máximo el déficit.
Quitar los subsidios a los servicios públicos indiscriminadamente, además de subir las tarifas de los mismos para beneficiar a las empresas de servicios.
Liberar todos los precios de la economía (y reducir al máximo las retenciones a las agroexportaciones) sin importar las consecuencias en la población.
Contener los aumentos salariales pisando las paritarias.
Reformar el sistema jubilatorio, reduciendo el índice de actualización, aumentando la edad jubilatoria, y luego apelar a la quiebra provocada del sistema para intentar privatizar la administración del fondo de jubilaciones en forma similar a las AFJP.
Desmantelar Fútbol para Todos y destrozar Aerolíneas Argentinas para favorecer a las empresas privadas.
Reprimir las protestas callejeras, cortes de calles o rutas y los cacerolazos, sin importar si son de la clase baja o media.
La diferencia entre el supuesto programa de gobierno que Cambiemos presentó para el balotaje frente a Scioli y el revelado por nosotros (que a su vez el macrismo había planteado para las PASO y la primera vuelta electoral) explica plenamente la diferencia de votos entre la primera y segunda vueltas de 2015.
Si se analiza cómo se encontraba el país antes de la llegada de Macri a la Rosada y lo comparamos con el programa de gobierno veremos que se intentaba realizar un cambio de raíz, revolucionario. Por eso es que desde entonces aquí calificamos a la gestión de Cambiemos como la Revolución Macrista.
Ya en el gobierno, como decíamos aquí(2)Cambiemos implementó rápidamente las primeras medidas revolucionarias de su modelo, provocando no sólo una transferencia económica a favor de los poderes concentrados y en contra de la mayoría de la población sino una crisis económica (la misma que los voceros neoliberales anunciaron inútilmente durante todo el kirchnerismo) que justificara las medidas de ajuste que “se vio obligado” a ejecutar en 2017 para sanear la economía. Simultáneamente, la alianza del gobierno con algunos jueces federales y los medios hegemónicos (principalmente el Grupo Clarín) lanzó una cacería judicial de kirchneristas (corruptos o no), sindicalistas rebeldes y medios opositores, para llevarlos a prisión (con motivo o no) y así distraer todo lo posible la atención popular de las medidas de gobierno y sus consecuencias y, fundamentalmente, desprestigiar todo lo posible a cualquier político o movimiento político que en un futuro pudiese cuestionar el cambio de proyecto de país que el macrismo vino a instalar. Esto no puede concretarse sin una consolidación de lo que el macrismo mediático denominó “la grieta” entre los kirchneristas y el resto de la población.

También se cumplieron nuestras expectativas de agudización de esos rasgos revolucionarios cuando el gobierno deroga o modifica leyes por decreto, como la ley de blanqueo, o cuando presiona a los gobernadores para que se vote la reforma previsional por el congreso. También, como decíamos entonces aquí: es de esperar que con el tiempo esta tendencia se acelere, y veamos que la economía no arranque, que la pobreza y desocupación crezcan, al igual que el déficit comercial y por ello el endeudamiento externo. Esto alimentará la protesta social, lo cual cebará la represión y los métodos para-constitucionales para implementar las medidas gubernamentales. Porque, como dijimos en La revolución macrista (II), una lección para la izquierda nacional(2): “la historia argentina muestra, lamentablemente, que la derecha nunca se detiene en su camino y apela a cualquier método, legal o no, constitucional o no, pacífico o no para lograr sus fines. Y no tiene pruritos ni remordimiento al enfrentar a sus adversarios desde el poder, sean éstos minoritarios o mayoritarios. En tal caso, la derecha conservadora siempre fue y será revolucionaria para mantener o recuperar sus privilegios.

Sin embargo, advertíamos hace unos meses(3) que las consecuencias dañinas a la economía doméstica de las mayorías que producen las medidas económicas macristas podía producir su propia decadencia: Un gobierno que se esforzó en revertir la redistribución económica del kirchnerismo a favor de las clases baja y media, que anula o disminuye derechos adquiridos por el pueblo, que no deja de atacar la situación económica de la mayoría de los argentinos (incluyendo a quienes lo votaron) crea un caldo de cultivo fértil para el origen de un movimiento que se oponga a ese modelo de país.

Hoy en día es evidente que la campaña de enlodamiento de la figura más importante de la oposición al macrismo, Cristina Fernández, ya no es efectiva para tapar los desaguisados, corruptelas o efectos catastróficos del modelo económico y social de Cambiemos, como muestran todas las encuestas. Y lo que fuera el programa de gobierno y modelo de país que intentó la revolución de Cambiemos junto al "círculo rojo" parece virar a un programa distinto, manejado por quienes se mueven con mayor sigilo y poder que Cambiemos, como explicamos aquí(4)la mano invisible del Tío Sam estaba detrás de la causa de las fotocopias de los cuadernos de Centeno, algo que confirma indirectamente el mismo Bonelli en su nota, cuando dice: “Prado – el nuevo embajador en Buenos Aires (dijo que) las empresas americanas deben invertir en Argentina aprovechando la nueva relación bilateral”. (…) En esa reunión circuló un dato político clave: la Casa Rosada trabaja en un proyecto de ley para “encapsular” el escándalo de los cuadernos.
“La intención es preservar a las empresas para que no se frene la obra pública. En las “coimas” están involucradas todas las importantes.”
La devaluación junto con la baja de las acciones de esas empresas, dañadas por el escándalo de las fotocopias, dejaría el campo orégano para su compra a precio irrisorio por parte de capitales yanquis.

Hoy en día, cuando el pacto electoral de Cambiemos con sus votantes y con las empresas que lo apoyaron parece resquebrajarse, vemos que los resultados económicos y sociales no son los que dichos apoyos esperaban.
Con mencionar algunos fríos números de la economía que alcanzan para ilustrar los resultados del macrismo en función de gobierno.
Al finalizar su período en 2019, Cambiemos habrá aumentado la deuda externa con vencimientos por un total de 118.500 millones de dólares, para peor distribuidos de la siguiente manera:

21.000 millones en el 2020
21.500 millones en el 2021
40.000 millones en el 2022
36.000 millones en el 2023

La recesión que sufre la economía se prolongaría al menos hasta marzo. La inflación acumulada desde su asunción en diciembre de 2015 supera el 150%. Desde 2015, el dólar cuadruplicó su valor (de $9,80 a $39 aproximadamente). Por esa razón, al dolarizar las tarifas, la del gas aumentó 8 veces, la de la electricidad 17 veces, la de agua 6 veces, el transporte aumentó al triple y el combustible también. La producción industrial se desplomó 6% y el salario real promedio cayó 10%. La caída del consumo es récord, el cierre de empresas chicas y medianas ya es una epidemia, que también afecta a las empresas grandes como por ejemplo ARCOR. Según la Universidad Católica Argentina, la pobreza creció desde el 29,2% de los argentinos en 2015 hasta el 33,6% de 2018, afectando a 13.600.000 personas. Sólo en estos últimos doce meses cayeron en la pobreza 2.179.000 argentinos.
Para tener una idea de lo ocasionado por el modelo macrista en la economía nacional, comparemos los números de la economía que recibió en diciembre de 2015 y las actuales en este cuadro.




Ahora bien, qué hemos de esperar en los meses por venir. Siguiendo la línea de análisis que ensayamos desde 2015, podemos arriesgar que el gobierno y sus apoyos mediáticos reforzarán la campaña antikirchnerista centrada en las denuncias judiciales, aunque ya no tengan la repercusión de antaño. La principal deficiencia de esta táctica es que la burda repetición de acusaciones de corrupción huérfanas de pruebas contundentes no sólo debilita el argumento contra el gobierno pasado sino que puede resultar contraproducente. Más aún si siguen apareciendo casos similares que afectan a las propias figuras de Cambiemos.
La principal debilidad del macrismo es la orfandad de logros económicos y sociales para enarbolar en la campaña electoral de 2019. Caso contrario para la oposición kirchnerista, que se verá favorecida, como ya señalamos aquí(4):
La única salida para el establishment es que en 2019 CFK no gane las elecciones, porque es la única que puede aglutinar a su alrededor no sólo los votos necesarios sino la epopeya revolucionaria (similar a la de su marido en 2003) capaz de cortar el nudo gordiano con que el macrismo está maniatando al país. Y para eso sólo hay dos salidas: la proscripción o la cárcel, ya que el intento de desprestigiarla con el aparato mediático-judicial no parece estar funcionando. (...) hoy en día Cristina ya ha dejado de ser una candidata posible para convertirse (Ernesto Laclau mediante) en el “significante vacío” que une a vastos sectores populares dispersos víctimas de la economía macrista. Cristina ha dejado de ser la expresidenta, la principal política de la oposición o la senadora, para pasar a ser un símbolo de la resistencia a esta política agresiva contra las clases media y baja. Una bandera que crece desde abajo en las juventudes que abogan por el aborto legal y gratuito, por el “ni una menos” o la rebeldía ante el avance del mercado cruel contra los salarios o las jubilaciones desfallecientes. La letra K ha dejado de ser una propiedad del kirchnerismo para pasar a ser (gracias al mismo macrismo) un sinónimo de todo lo no Macri, y el antónimo de todo lo malo del macrismo. No tanto quizás por las virtudes del kirchnerismo sino de los errores o daños que la misma Revolución Macrista ha derramado en el país. Algo similar a lo ocurrido con el peronismo durante los años de la “Revolución Libertadora” y las presidencias posteriores. El odio que destila el gobierno y sus medios hegemónicos afines contra todo lo que huela a K permea amplias capas del pueblo víctima de esa economía, y al mezclarse con la decepción de los votantes de Cambiemos o el rencor de quienes no lo votaron ni en la primera vuelta ni en la segunda y va generando una reacción cristinista que puede generar (vaya paradoja) un cuarto gobierno kirchnerista.

Con la votación del presupuesto se produjo finalmente el parteaguas que diferencia a la oposición al macrismo del “paraoficialismo opositor" ante la sociedad. De ahora en adelante se verá el crecimiento de dos polos que podemos calificar de filocristinismo y filomacrismo, que crecerán en espejo, nublando cualquier otro polo político, más aún que en los comicios de 2017.
El macrismo y sus propagandistas saben que el único rubro que pueden agitar en campaña es la seguridad y, ya en menor medida, la corrupción del gobierno anterior, porque no hay ni un solo logro económico o social que haya beneficiado a los votantes, todo lo contrario.
La oposición, a su vez, tiene un amplio ramillete de fracasos y despropósitos de Cambiemos con qué atacar. Pero, no todos los opositores están en las mismas condiciones para hacer campaña. El kirchnerismo cuenta con las mejores cartas para utilizar en esta mano: ha sido gobierno durante tres períodos consecutivos, aumentando su desempeño electoral en cada triunfo electoral, mejorando la calidad de vida de la población y dejando al país en 2015 mucho mejor que como lo recibió en 2003, algo inédito en nuestra historia desde la recuperación de la democracia en 1983, como lo puntualizamos aquí en La Herencia K: Memoria y Balance final 2003-2015 (5).
Las encuestas vienen mostrando desde el año pasado la caída de la imagen y la intención de voto de Macri y un crecimiento de Cristina, más allá de la lluvia de denuncias de corrupción y otros delitos en su contra. Incluso está mermando el clima de ensañamiento contra el kirchnerismo que reina en Comodoro Py, y ya empiezan a picar las balas cerca del actual ocupante de la Rosada, tal vez a consecuencia de lo que están mostrando esas mismas encuestas.
Cuál vaya a ser el resultado de las próximas elecciones es arriesgado decirlo hoy, pero sí podemos afirmar que el panorama que se atisba es completamente diferente al que el gobierno y el establishment mismo esperaban el año pasado. Sin embargo, desde aquí seguimos afirmando que basados en el accionar de los distintos poderes fácticos durante estos años y nuestra historia nacional, es de esperarse una pleamar del tipo de movimientos populares típico de Argentina, como señalamos aquí(3). Es decir, surgirá seguramente un movimiento reivindicativo de derechos populares y de una reconstrucción económica y social del país; pero “cuándo surgirá este nuevo movimiento popular no es posible asegurarlo. Si será en 2019 o 2023 dependerá no de las teorías de sociólogos o politólogos, de los deseos de políticos o de los propios actores sociales sino de los hechos sociales y políticos mismos, tan difíciles de pronosticar como de negar. Pero lo seguro es que, si no se producen cambios drásticos en el rumbo del gobierno, el caldo de cultivo de un nuevo movimiento popular reivindicativo de los derechos perdidos o amenazados de la población seguirá creciendo. El proceso no sería igual al de los casos anteriores, porque la historia (a pesar de la creencia popular) no se repite, pero no debemos soslayar las coincidencias y aprender de sus lecciones”.
Hoy en día, es más probable que ese horizonte se haya acercado a 2019 que cuando realizamos ese análisis. Por eso, en los meses próximos se verá una aceleración de los procesos de unificación en la oposición, incluso aglutinando figuras políticas que los medios hegemónicos descartaban del polo peronista-kirchnerista. Pero ese ya es tema de otra nota.












22 de septiembre de 2018

¿La Revolución Macrista está acechada por tormentas o acelarando a fondo?

En medio de los saltos del dólar y las tasas de interes, la moda  de los BOTES, las LEBAC o las LETES, y el aumento de la inflación y el desempleo, demasiados analistas hace foco en las tormentas externas que estarían azotando al barco de la Argentina, mientras su piloto de tormentas insiste en el rumbo hacia el iceberg que asoma en el horizonte.
El intento de sudamericanizar la Argentina ya es harto evidente. Para eso Cambiemos debe aniquilar todo rastro del "estado de bienestar" peronista, quitar de la mente de los argentinos cualquier rastro de derechos ganados. Es decir, llevarnos a una Argentina preperonista, por eso tanta insistencia en dejar atrás "70 años de errores". Setenta años antes de que asuma Macri, justamente, asumía la presidencia por primera vez Juan Domingo Perón.

Lo que adelantábamos aquí en agosto [1] ahora lo reconoce hasta Marcelo Bonelli en Clarín [2]. Decíamos entonces que Macri no sólo es un admirador de EE.UU. sino que es más pronorteamericano que los embajadores de Washington, como mostraron los cables secretos revelados por WikiLeaks. Bajo esa lente debemos observar las medidas políticas y económicas del macrismo, no otra. Por lo tanto, no hubo excesos ni errores, todo es parte del plan de gobierno de la Revolución Macrista. Y ahora vemos que Bonelli revela que tanto el FMI como el Tesoro de los EE.UU. están negociando una salida de urgencia para la crisis macrista que llevó a que el dólar saltara a 40 pesos y se perdieron US$ 17.000 millones de las reservas del Banco Central y que la pobreza alcance a fin de año al 30% de la población. Incluso informa que "La información la tienen los grandes fondos de Wall Street. Nicolás Dujovne habló con ellos". (...) La jefa del FMI tiene una relación especial con el Presidente. Lagarde quiere apuntalar a su preferido. Ahora dependerá de los funcionarios a cargo del tema que no vuelva a “chocar” la calesita de la economía. Argentina dilapidó en el año reservas y la ausencia de un verdadero plan económico llevó la economía a la “estanflación”.

También en nuestra nota de agosto decíamos que la mano invisible del Tío Sam estaba detrás de la causa de las fotocopias de los cuadernos de Centeno, algo que confirma indirectamente el mismo Bonelli en su nota, cuando dice: "Prado - el nuevo embajador en Buenos Aires (dijo que) las empresas americanas deben invertir en Argentina aprovechando la nueva relación bilateral”. (...) En esa reunión circuló un dato político clave: la Casa Rosada trabaja en un proyecto de ley para “encapsular” el escándalo de los cuadernos.
"La intención es preservar a las empresas para que no se frene la obra pública. En las “coimas” están involucradas todas las importantes."

La devaluación junto con la baja de las acciones de esas empresas, dañadas por el escándalo de las fotocopias, dejarían el campo orégano para su compra a precio irrisorio por parte de capitales yanquis. Y, matando dos pájaros de un tiro, también confirma nuestras advertencias sobre el objetivo político principal: CFK. Sigamos leyendo a Bonelli: 

(El gobierno) "explora dos ideas fuerza: 1) Que los políticos involucrados en la corrupción no puedan postularse en el futuro a cargos públicos, 2) Que los empresarios estén impedidos de ejercer el comercio y deban renunciar a sus compañías. 

Se comprueba así lo que decíamos aquí en agosto: "es probable que tenga el mismo resultado dejado por el mani pulite italiano y el lava jato brasileño, es decir, la disolución del sistema político autóctono, el derrumbe de las principales empresas nacionales y la invasión de empresas trasnacionales, principalmente norteamericanas. Para colmo, la debacle económica de la “tormenta” macrista promete no dejar clase media en pié y aumentar la masa de pobres e indigentes y la riqueza de la cima de la pirámide poblacional".

Parece que el pecado argentino ha sido comerciar libremente con China y Rusia, consideradas por EE.UU. como sombras amenazantes detrás de sus intereses en Sudamérica, como comentan el profesor Juan Gabriel Tokatlian y Horacio Verbitsky y que reproducimos en esa nota de agosto.
La Revolución Macrista ha pisado el acelerador y parece llevarse puesto al país igualitario y con esa inmensa clase media que durante décadas nos diferenció de nuestros hermanos latinoamericanos. Cuál ha sido el plan original del macrismo ya lo hemos analizado aquí en varias oportunidades, pero lo señalaremos hoy de nuevo en pocas palabras. El aumento sideral de los servicios y tarifas, más la apertura indiscriminada de la importación de cualquier producto no podía llevar a otra cosa que la casi extinción de las pequeñas y medianas empresas, al aumento brutal del desempleo, la pobreza y la indigencia, la consecuente disminución de la clase media y el aumento de la clase baja, la primarización de las exportaciones nacionales (agropecuarias, mineras, de recursos naturales como petróleo, gas y litio, y otras de bajo valor agregado), el crecimiento de la intermediación financiera y el aumento sideral de la deuda externa en dólares cada vez más caros, lo que constituirá un cepo al desarrollo nacional.
En este país que imagina el macrismo y el establishment que lo apoya, sobrarían un par de decenas de millones de argentinos, que no encontrarían empleo en las pocas industrias que quedarían. Millones de soldados de ese ejército de reserva con el que el capitalismo estaría chocho de contar para regular a la baja todos los salarios.
Claro está que este país teórico, soñado por el macrismo no encaja con la historia y el presente argentino. Es un modelo más cercano al chileno, al colombiano o, para ir más lejos, al indio. Pero no al de la Argentina posperonista y menos aún poskirchnerista. De la memoria popular no se borra tan fácilmente lo sucedido hasta hace apenas tres años. Por eso, la única roca que molesta en el camino es el kirchnerismo y sus posibles aliados para las elecciones del año próximo. Y de eso se estarían encargando varios jueces federales y algunos políticos del "peronismo perdonable" (como lo llama Jorge Asís). Y la cabeza visible de esa oposición es indudablemente Cristina Fernández.
La única salida para el establishment es que en 2019 CFK no gane las elecciones, única que puede aglutinar tras suyo no sólo los votos necesarios sino la epopeya revolucionaria (similar a la de su marido en 2003) capaz de cortar el nudo gordiano con que el macrismo está maniatando al país. Y para eso sólo hay dos salidas: la proscripción o la cárcel, ya que el intento de desprestigiarla con el aparato mediático-judicial no parece estar funcionando.
Ya analizamos varias veces aquí las razones que llevarían a su necesaria eliminación del escenario electoral (por ejemplo en [3] y [4]) por lo que sólo nos limitaremos a señalar que hoy en día Cristina ya ha dejado de ser una candidata posible para convertirse (Ernesto Laclau mediante [5]) en el "significante vacío" que une a vastos sectores populares dispersos víctimas de la economía macrista. Cristina ha dejado de ser la expresidenta, la principal política de la oposición o la senadora, para pasar a ser un símbolo de la resistencia a esta política agresiva contra las clases media y baja. Una bandera que crece desde abajo en las juventudes que abogan por el aborto legal y gratuito, por el "ni una menos" o la rebeldía ante el avance del mercado cruel contra los salarios o las jubilaciones desfallecientes. La letra K ha dejado de ser una propiedad del kirchnerismo para pasar a ser (gracias al mismo macrismo) un sinónimo de todo lo no Macri, y el antónimo de todo lo malo del macrismo. No tanto quizás por las virtudes del kirchnerismo sino de los errores o daños que la misma Revolución Macrista ha derramado en el país. Algo similar a lo ocurrido con el peronismo durante los años de la "Revolución Libertadora" y las presidencias posteriores. El odio que destila el gobierno y sus medios hegemónicos afines contra todo lo que huela a K permea amplias capas del pueblo víctima de esa economía, y al mezclarse con la decepción de los votantes de Cambiemos o el rencor de quienes no lo votaron ni en la primera vuelta ni en la segunda y va generando una reacción cristinista que puede generar (vaya paradoja) un cuarto gobierno kirchnerista, como señalamos aquí en [6].

El escenario para 2019 comenzará a perfilarse con la votación del presupuesto para el año próximo. Esas dos votaciones (Diputados y Senadores) serán el parteaguas de la oposición entre opositores y paraoficialistas. Será la génesis de la alianza política, gremial y social que se opondrá a Cambiemos en las urnas, ya sea con o (como sueñan el macrismo) sin las PASO. El resultado de esos comicios está por ahora abierto, aunque, como ya hemos señalado aquí, de no mediar ninguna jugarreta o ilegalidad del oficialismo judicial o alguna encerrona violenta del Poder Ejecutivo para no entregar el poder, es muy probable que se repitan los hechos que llevaron al peronismo a volver al poder en 1973. Pero eso ya es tema para otra nota...










3 de julio de 2018

Argentina: una nueva frustración en manos de un equipo mediocre atado con alambres.

No es una novedad ni una originalidad afirmar que la gente esperaba más de la actual conducción de esta Argentina, y no tanto de la Argentina misma. Esperaba una especie de milagro que nos sacara adelante una vez más, pero ese milagro no llegó. Existía un amplio consenso de que Argentina tenía muchos problemas que esta gestión venía a solucionar, pero terminaron empeorando y se desnudaron otros que no existían antes. Y el resultado final es esta crisis autoinfligida que todos reconocen.
El líder o conductor escogido llegó con credenciales de anteriores gestiones supuestamente prestigiosas, cultivando la confianza, las esperanzas en el futuro, pero a poco andar todas las ilusiones que se depositaron en él desaparecieron, y aparecieron las dudas, cada vez más grandes; las que se fueron acumulando, potenciando entre ellas y los resultados atemorizaron hasta a los que más fervientemente lo apoyaban en un principio. Prometió una revolución en su campo, con ideas nuevas, modernas, renovadoras y transparentes, pero ahora es evidente que eran recicladas, repetidas y fallidas.
Se rodeó de un equipo multidisciplinario, de gente joven, que rompería con el pasado, supuestamente probado anteriormente en cada campo de acción, pero con el transcurso del tiempo y la aparición de los desafíos ese supuesto prestigio se fue desgajando. Y se fueron descubriendo desinteligencias internas que empeoraban los problemas y faltó la coordinación en la acción, la autoridad política que ejerciera la orden de mando, que brindara seguridad tanto en el interior como hacia afuera del equipo de trabajo.
Los miembros de su equipo, salvo excepciones, no cumplieron con las expectativas. Y los obligados cambios de nombres tampoco contribuyeron para alcanzar los objetivos iniciales de su gestión. Los resultados fueron de mal en peor. Son numerosos sus errores no forzados que se sumaron a las circunstancias externas que socaban la realidad de millones de argentinos que lo observan incrédulos ante la pobreza de resultados.
Algunos de los que se suponían serían jugadores inamovibles antes de empezar, ni llegaron a debutar o lo hicieron en puestos distintos, menores o alejados de su radio de acción, y ellos fueron los que primero se alejaron de quien se suponía que conducía cada una de las aéreas de trabajo de su equipo. Y, además, la cabeza de ese equipo sorprendió con incorporaciones de último momento que tampoco rindieron como se esperaba.
El adversario y el aliado analizan permanentemente nuestro accionar, y si ve inconsistencias, dudas o grandes errores en nuestro accionar y que los resultados no llegan, arremete entonces con sus ataques o jugadas y aparecen así los errores propios o las defecciones. Y eso es lo que abunda hoy en día.
Las consignas u objetivos claros y más prometedores y concluyentes probaron ser meros eslóganes. Nunca se supo cómo lograría lo que la actual gestión anunció, más allá de tantas palabras bonitas, oportunas y que finalmente probaron ser vacías. Tanto el líder, responsable mayor, como sus colaboradores parecían seguir creyendo en ellas, o al menos actuar bien ese papel como lo hicieron antes de asumir la responsabilidad de llevarlas a cabo.
Su autoridad se deterioró constantemente, y hoy en día la aprobación de su gestión sigue barranca abajo, lo que empeora las expectativas de aquí en más.
Y ahora él, que debe demostrar convicción y seguridad en sus decisiones, y mostrar autoridad en el ejercicio de su poder, descarga la culpa en factores externos y actores del pasado o tal vez en el destino. Argumenta que actores de la realidad no le responden y boicotean su gestión; algo que cada vez menos gente le cree.
Y quienes ahora comparan los resultados de esta gestión con la anterior comienza a extrañar aquellos años en que, aunque se soñaba en un futuro mejor, el presente era otro, mejor, aunque no ideal. Y eso contribuye a desprestigiar la gestión actual, tan llena aún de promesas ya vanas de un futuro mejor, carencias actuales dolorosas y expectativas que ensombrecen el futuro.
Pero quien fue elegido para este período debe concluir su mandato, aunque algunos piensen que los desastrosos resultados obtenidos deberían forzar su alejamiento. Debemos parar la pelota, observar el panorama y enfocarnos en un proyecto alternativo, reparador de tanto dolor y superador del actual, ya fallido, y no tomar decisiones empapadas de esta frustración y enojo. No sirve tampoco regodearse en lo que pudo haber sido y no fue, ahora que se acumulan los errores y las malas decisiones. Sí, por supuesto, debemos dirigir los cuestionamientos a todos quienes participaron en la toma de decisiones que nos llevaron hasta aquí. En definitiva, a quienes obtuvieron la confianza de todos postulando sus objetivos esperanzadores que tenía este proyecto fallido. Es hora de mirar para adelante, sin dejar de recordar lo sucedido hasta ahora y procurando no enceguecernos con el dolor de la derrota ni con el canto de sirena de nuevos conductores que prometan el oro y el moro con tal de que aceptemos su proyecto. Antes debemos sopesar cuidadosamente los pergaminos que ostentan, su historial y los colaboradores que lo acompañan.
Y así llegamos al mes de julio, dos años y medio después de que asumiera la responsabilidad de conducción de este proyecto, sin los resultados esperados, con la esperanza marchita y con los peores pronósticos para el futuro. Con un equipo que se suponía ser el mejor de los últimos 50 años y que vemos que conduce el país atado con alambres, muy lejos de lo que se esperaba, con decisiones cambiantes, inestables que generan resultados desastrosos y un futuro hipotecado.
Paradójicamente, este diagnóstico del presente del gobierno de Mauricio Macri, que sumió el 10 de diciembre de 2015, se asemeja mucho (demasiado diríamos) al que podríamos realizar analizando la gestión de Jorge Sampaoli al frente de la selección mayor de fútbol desde el 1 de junio de 2017. Pero no es aquí donde analizamos al actual técnico de la selección, aunque desde el principio de estas líneas parecía que lo hacíamos... ¿no es cierto? Porque, en realidad, cualquier semejanza con esa realidad deportiva es... una mera coincidencia.

Para no evadir el tema del fútbol, recomendamos un par de notas sobre el tema, cuyos autores saben más que nosotros en esa materia. Con relación al partido que nos dejó afuera, leer esta nota de Carlos Bianchi, y con relación a la gestión Sampaoli, esta otra de Adrián De Benedictis.

15 de febrero de 2017

Errar es humano, pero errar siempre es de economistas neoliberales...

Para los medios de difusión hegemónicos, que un economista o una consultora erre un pronóstico económico para el año no es suficiente para que no lo vuelva a consultar al año siguiente, y el siguiente y el siguiente... Lo importante de ese pronóstico es si ratifica o no lo que ese medio quiere imponer en el sentido común de la sociedad, es decir, de los intereses de ese medio.
Esto lo venimos probando anualmente en Basurero Nacional desde hace años, e incluso hemos creado el premio anual Manochanta del Año para premiar a quienes equivocan más desvergonzadamente sus pronósticos.
Hoy reproduciremos algunas partes de un texto de un economista que revela lo sucedido en 2016 sobre ese mismo tema, con un par de agregados de otras fuentes.
Veamos lo que señala el economista y profesor universitario Mariano Kestelboim:


Hay una larga lista de pronósticos apocalípticos fallidos a lo largo de la historia nacional; los más recientes fueron grotescos, a pesar de que hayan podido pasar desapercibidos. Consecutivamente, en 2015 y 2016, consultoras muy reconocidas erraron en el signo de variación del PIB. Y, en 2017, vuelven a la carga sin autocríticas y con vaticinios que, otra vez, parecen poco ajustados a la realidad.
En los hechos, a fines de septiembre de 2014 un grupo de once influyentes consultoras preveía una baja del PBI, en promedio, del -0,9 por ciento para 2015 (www.lanacion.com.ar/1731002-preven-un-2015-con-recesion-alta-inflacion-y-reservas-en-baja). La única estimación buena fue la del Estudio Bein, que había previsto un crecimiento del 3 por ciento, muy próxima a la suba real (2,65 por ciento).
En cambio, los titulares de los centros de estudios que después se integraron al gobierno de Cambiemos habían pronosticado una fuerte recesión para ese mismo año. Uno de ellos fue el de Elypsis, Eduardo Levy Yeyati, quien asumió en el directorio del banco BICE. Su consultora había anticipado una caída del PIB del 2,5 por ciento. También el director de Empiria Consultores y actual ministro de Economía de la provincia de Buenos Aires, Hernán Lacunza, había previsto esa baja. En un escalón inferior (-2 por ciento) se ubicó el titular de Analytica, Ricardo Delgado, economista del Frente Renovador que posteriormente fue designado subsecretario de Coordinación de la Obra Pública Federal, en la cartera que conduce Rogelio Frigerio.

No hubo cambios bruscos en el escenario internacional ni factores climáticos que permitieran justificar los gruesos desaciertos. Al contrario, los sucesos externos con más impacto en la economía local jugaron a su favor. La economía de Brasil inició su derrumbe en 2015, contrayéndose un 3,8 por ciento, cuando los analistas consultados por el Banco Central de ese país preveían, en septiembre de 2014, que iba a crecer un 1 por ciento. Es decir, si el PIB de Brasil hubiera aumentado como se anticipaba, el error de las consultoras locales hubiera sido más grosero todavía. Las inundaciones afectaron la cosecha esperada y, por lo tanto, también apaciguaron sus errores.
El pesimismo se interrumpió de forma abrupta ante la perspectiva de cambio de gobierno. Para 2016, las consultoras pronosticaron un período de ajuste muy corto y que volvería el crecimiento con vigor desde el célebre segundo semestre. Elypsis fue vanguardista. En su informe de febrero de 2015, titulado “2016: el año del rebote”, preveía un alza del PIB de 4 por ciento. Más eufórica resultó la proyección del economista Luis Secco que, en marzo de 2015, confirmó el vaticinio de recesión también previsto antes por sus colegas y auguró que, en la segunda mitad de 2016, el ritmo de crecimiento sería del “7/8 por ciento”. Cuando Macri asumió la presidencia, Secco fue nombrado jefe de Gabinete del Banco Nación. Analytica también se entusiasmó; en enero de 2016, con las principales políticas ya en funcionamiento, su nuevo Director, Rodrigo Alvarez, pronosticó un alza del 1 por ciento para ese año. Empiria Consultores presentó la previsión menos favorable; después de su fallida expectativa de recesión en 2015, calculó, en enero de 2016, un virtual estancamiento (-0,1 por ciento).
En 2017 vuelve a reinar el optimismo entre los gurúes más conocidos; prevén un incremento del PIB de entre 3 y 5 por ciento.
El modelo de alimentar expectativas positivas para tratar de inducir un comportamiento expansivo de empresas y consumidores, sobreestimando el nivel de crecimiento y recortando las proyecciones a medida que se vislumbran que serán incumplibles, se ha aplicado ininterrumpidamente en Brasil desde 2012. En un escenario donde el gobierno viene empleando medidas de corte liberal similares a las de nuestro mayor socio comercial, deberíamos esperar que la misma estrategia de engañosa promoción del crecimiento se repita en Argentina, como ya empezó a suceder con los recortes en las proyecciones de crecimiento del FMI.

Pronóstico  papelón:
Eduardo Levy Yeyati dijo que 2016 sería “el año del rebote” y pronosticó un crecimiento del 4 por ciento.
Luis Secco auguró que en el segundo semestre el ritmo de expansión del PIB sería del 7 u 8 por ciento.
Rodrigo Alvarez fue más moderado, pero arriesgó que en 2016 el crecimiento sería al menos del 1 por ciento.
Hernán Lacunza y Ricardo Delgado, ahora funcionarios de la provincia de Buenos Aires y del gobierno nacional, eran pesimistas para 2015, cuando la economía creció, y aventuraban un 2016 promisorio.
Consultoras y bancos encuestados por LatinFocus decían que el año pasado la economía tendría una baja moderada del 0,3 por ciento, cuando se ubicó en torno a -2,5.


Eduardo Levy Yeyati
Luis Secco
Hernán Lacunza
Ricardo Delgado

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Veamos lo que el mismo Ministro de Hacienda de Cambiemos pronosticaba, al comienzo de su gestión, para el 2016:

Prat Gay pronosticó de 0,5 al 1% de crecimiento en 2016 y anticipó el préstamo de un pool de bancos para la semana próxima.
14.01.2016
El ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay amplió hoy las metas comunicadas ayer y pronosticó que la economía tendrá un suave crecimiento de entre 0,5 y 1 por ciento en 2016. También estimó que entre 2017 y 2019 la tasa de expansión será del orden de 4,5%.
Ayer había especificado que anticipaban una reducción del 1% del déficit primario y una contracción de la inflación a una tasa del 20 al 25 por ciento anual, con un crecimiento económico producto de "la liberación de las fuerzas productivas y creativas" reprimidas por los condicionamientos y restricciones de la política económica del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
De acuerdo con agencias internacionales, Prat Gay señaló que "el gobierno de Mauricio Macri debe ordenar variables económicas luego de cuatro años de estancamiento" y reiteró que espera "una mejor performance de la economía durante el segundo semestre del año cuando maduren las decisiones económicas que comenzó a implementar la nueva administración". 
Por su parte, el economista José Luis Espert consideró de acuerdo a sus estimaciones que si se verifican las condiciones de que "haya un acuerdo pronto con los holdouts y el Tesoro lograra colocar deuda significa, puede que Prat Gay llegue al margen superior de la meta de inflación para 2016, un 25%. 
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Como vemos, ni el mismo ex ministro Prat Gay es confiable en materia de pronosticar lo que puede suceder en la economía argentina, como ya lo habíamos advertido en Basurero Nacional al otorgarle el Premio "Manochanta de Oro 2016"
Es oportuno mencionar que en plena campaña proselitista de 2015 afirmó livianamente que "una devaluación no provocaría grandes costos en materia inflacionaria porque en la práctica la economía se manejaba con la cotización de otros tipos de cambio, como el contado con liquidación o el blue. 'El mismo dijo “Con nuestra propuesta, que será coherente con un programa económico, lo que va a suceder es que subirá el dólar oficial, que prácticamente no afecta a nadie, y van a bajar los otros, que afectan a la gran mayoría de la población”, afirmó. “El dólar a 9,50 no existe”, aseguraba más desafiante el propio Mauricio Macri. Las advertencias sobre los riesgos de ocasionar una estampida de precios al mover el dólar de 9,65 a 15 pesos, como estimaba el candidato en aquel momento, eran descartadas, y quienes las hacían eran tratados de ignorantes. “Es algo que Daniel Scioli no entiende”, apuntaba por ejemplo Prat-Gay".
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Otras notas de Basurero Nacional sobre el tema:

13 DE NOVIEMBRE DE 2015
El macrismo asegura que devaluar un 50 ó 60% no producirá inflación y deterioro del salario. ¿Es creible?

3 DE AGOSTO DE 2015
¿Un pronóstico acertado sobre la economía de 2015? El nuestro...


9 de enero de 2017

Números de la primera fase de la revolución macrista.

Decíamos hace unos días en Primer año de gobierno: sin sorpresas, la revolución macrista va viento en popa que "Un breve análisis luego de un año de gobierno de Cambiemos nos muestra que el macrismo ha obtenido una gran parte de los objetivos que se había impuesto, no los que expresó en la campaña, por supuesto"; por eso hoy repasaremos brevemente cuáles han sido los cambios que la revolución macrista (revolución típicamente conservadora) ha infringido en nuestra sociedad. Teniendo en cuenta, por supuesto, que un gobierno realiza los cambios (benéficos o perjudiciales) en la sociedad que su pericia política y la resistencia popular le permiten, como postulábamos más claro en La revolución macrista, una lección para la izquierda nacional: "Los límites al accionar de un gobierno revolucionario son los que le impongan esos factores que vino a cambiar, mediante los controles constitucionales o institucionales que la sociedad política tiene (que dependen de la burocracia estatal) o por medio de la resistencia de la sociedad misma, ejercida por la "opinión pública" o la movilización popular".
Para ejemplificar los grandes cambios que el macrismo realizó en la sociedad argentina, reproduciremos algunos análisis realizados en los medios en estos días.


Dice Alfredo Zaiat:

La meta central (del macrismo) no era conseguir necesariamente mejoras en las variables económicas más relevantes en el primer año de gestión, como puede especularse teniendo en cuenta que cualquier fuerza política busca datos económicos positivos para legitimarse y mantenerse en el poder. Anotar mes a mes cifras interanuales negativas en indicadores económicos, engañando con que son fruto de la herencia recibida a través de un inmenso dispositivo de propaganda público-privado, fue el costo de lo que el gobierno de Mauricio Macri vino a cumplir: “normalizar” la distribución del ingreso. Esa normalización, palabra predilecta de quienes históricamente han liderado política anti populares, consiste en un proceso regresivo en el reparto de la riqueza. La primera etapa fue exitosa como revela el último informe del Indec, pero es una tarea que no ha culminado de acuerdo a lo que se deduce de reclamos al gobierno de economistas macristas y heterodoxos conservadores entusiasmados con la actual restauración neoliberal. 
La distribución del ingreso del tercer trimestre del año pasado se ha ubicado en niveles del 2010. En ese año, el 20 por ciento más rico embolsaba el 49,0 por ciento de la riqueza, y el 20 por ciento más pobre, apenas el 4,1. 
En pocos meses, la alianza macrismo-radicalismo logró retroceder seis años en materia distributiva.
Para el bloque de poder hegemónico que está representado en el gobierno del macrismo-radicalismo no es suficiente. Quieren más. La reforma laboral, la previsional y el ajuste en el gasto público son las exigencias visibles tras ese objetivo principal, que es acentuar la distribución regresiva del ingreso. Es una cuestión que los obsesiona. Aseguran que esa es la condición para iniciar un proceso de crecimiento sostenido, en esa ilusión de regresar a los años dorados de la Argentina agroexportadora.
La mejora en el reparto de la riqueza que se desplegó durante los gobiernos kirchneristas ha sido resistida por diferentes facciones del poder económico. Ahora quieren poner las cosas en su lugar, como lo fue en cada momento histórico que predominó un gobierno de las elites. 

(...) el bloque de poder que demoniza ese proceso (kirchnerista) como “populismo”. Su ejército de voceros no se cansa de repetir que un esquema económico “populista” es insostenible. Este obviamente enfrentaba desafíos y restricciones para su desarrollo que se expresaron con nitidez en el segundo gobierno de CFK, período en el cual la distribución del ingreso se amesetó sin empeorar. El establishment postula la necesidad imperiosa de enterrar el populismo para abrazarse al neoliberalismo, experiencia que ya ha derivado en crisis social, económica y política en décadas pasadas. 


Enemigo
La corriente conservadora sostiene que salarios y jubilaciones aumentando en términos reales que derivan en una distribución progresiva del ingreso impiden lanzar a la economía a un sendero de crecimiento. Bajos salarios, apertura comercial e integración pasiva al comercio internacional (proveedora de materia prima) es la propuesta de las elites que el macrismo celebra e implementa. Es la receta del modelo agroexportador, hoy disfrazado como supermercado del mundo cuando en realidad la economía local fue colocada en una góndola del mercado mundial absorbiendo bienes de consumo final importados. Es un modelo que requiere condenar a la industria nacional y deprimir el salario. 
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Esa necesidad de desterrar de la sociedad todo vestigio de "populismo", al que relacionan hoy con el kirchnerismo pero que en los años treinta lo asociaban al yrigoyenismo y en los cincuenta hasta los ochenta lo hacían con el peronismo, va de la mano con producir una crisis económica que justifique un gran ajuste neoliberal-conservador. Como en los últimos años de la experiencia kirchnerista no se produjo la crisis que venían anunciando los voceros (agoreros) del neoliberalismo (cosa que sí sucedió durante los setenta y los ochenta, el macrismo trata de producirla desde fines del 2015 para justificar las viejas medidas aborrecidas por la mayoría de la población, lo que implica una menemización de la economía en 2017 y, más aún, a partir de 2018.

Repasemos ahora lo que dice la última Encuesta Permanente de Hogares (EPH):


Un país más desigual: se profundizó la brecha entre ricos y pobres.
Según la última Encuesta Permanente de Hogares en el tercer trimestre de 2015 el 10% más rico de la sociedad tuvo ingresos un 2.500% mayores que los percibidios por el 10% más pobre de la población. 
La brecha entre el sector más pobre y el más rico de la sociedad volvió a profundizarse en el tercer trimestre de 2016. Así lo indica el último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC)
(...) y se confirmó la tendencia relevada a lo largo del primer año de gestión de Mauricio Macri por la cual la brecha entre los que más y menos ganan se siguió ampliando.
Así, según arrojó la EPH que se realiza en 21 aglomerados urbanos del país, en el tercer trimestre del año el sector más rico de la población ganó 25,6 veces más que el segmento más pobre. En el segundo trimestre esa diferencia era de 23,2 veces.


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Observemos lo que nos dice un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) al respecto:

Los malos indicadores durante el primer año de Mauricio Macri como presidente.
CEPA recordó el incremento de los despidos, la pobreza y la inflación (...) A un año de gestión de Mauricio Macri, todos los indicadores económicos se encuentran en rojo. Cayó el consumo, la industria y la construcción, mientras que se incrementó la inflación y el desempleo.
El instituto de investigación recalca que más de 232.000 trabajadores fueron despedidos o suspendidos en lo que va del año, y esto se aceleró en el segundo semestre. Además, la pobreza se incrementó al 32% en agosto.
CEPA recuerda que la inflación acumulada a noviembre es del 45%, de acuerdo al gobierno porteño. Asimismo, la economía se hundió 2,4% en el acumulado al tercer trimestre.
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Alegría para los más ricos.
Los recientes datos publicados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) son alarmantes: en los últimos meses creció significativamente la desigualdad en Argentina. Los ricos son cada vez más ricos y los pobres están siendo cada vez más perjudicados por la política económica de Cambiemos. Desde el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) analizan los datos y sostienen que en los últimos años la brecha venía disminuyendo y que ya en el tercer trimestre del gobierno de Macri la diferencia se profundizó.
El análisis de ingresos de los hogares según escala total familiar muestra una tendencia clara de disminución de la brecha entre el primer decil y el último decil de ingresos entre 2003 y 2015, de 28 veces (IIIT2003) a 12,3 veces (IIT2015), siendo esta última cifra la menor brecha alcanzada en todo el período (una reducción del 56%, a una tasa de 3,78% anual acumulativo).


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Gráfico 1: Evolución de la brecha entre el decil 1 y 10 de los hogares según escala de ingresos total familiar, período 2003 a 2016.


En 2016, la tendencia a la baja de la brecha entre los altos y bajos ingresos se revierte bruscamente. La brecha aumenta nuevamente en el tercer trimestre respecto del segundo, pasando de 13,57 a 15,32 veces, representando un 12,85% de incremento en la comparación de los dos trimestres.


Evolución de la desigualdad

El indicador más utilizado para medir la desigualdad de ingresos es el coeficiente de Gini. El coeficiente es un número entre 0 y 1, en donde 0 representa la perfecta igualdad y 1 implica la perfecta desigualdad (una persona tiene todos los ingresos y el resto no tiene ningún ingreso).


Cuadro 1: Evolución del coeficiente de GINI según ingresos por hogares total familiar, período II Trimestre 2016-III Trimestre 2016.


Transferencias de ingresos entre deciles Período II T 2016/III T 2016

Finalmente, como se observa en el cuadro 3, en el período comparativo del segundo trimestre de 2016 en relación al tercer trimestre del mismo año, la reducción de la participación en los ingresos de los deciles 1, 2, 3, 4, 6 y 7 se compensa con un aumento de la participación de los deciles 8, 9 y 10.

En el período que transita entre el segundo trimestre de 2016 y el tercer trimestre de 2016, los deciles 8, 9 y 10 se apropian en conjunto un punto porcentual adicional de ingresos.


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Cuadro 3: Variación del porcentaje de ingreso por decil de ingresos por hogares según total familiar – Periodo II T 2016/III T 2016


Pérdida del poder adquisitivo

El análisis de los principales convenios colectivos del período 2015-2017 realizado por CEPA muestra que al término de los periodos paritarios para 2015-2016, todos los gremios analizados, con la excepción de los bancarios, perdían poder de compra: sus salarios promedios caían en términos reales entre 5,32% (gráficos) y 11,73% (estatales de UPCN).
Por otra parte, las jubilaciones, pensiones y AUH han visto su evolución fuertemente afectada por el desempeño de las variables que componen la fórmula de la movilidad jubilatoria y de AUH, a saber: los ingresos fiscales y el aumento de la masa salarial. Los salarios, como se mencionó, han perdido en términos reales un promedio de 7% para los gremios analizados, y a su vez los ingresos fiscales han mermado por la eliminación de las retenciones al sector agroexportador, minero e industrial en concomitancia con la caída de los ingresos fiscales ligados al IVA domestico por efectos de la caída en las ventas en el mercado interno.
Por último, el aumento de la incidencia de la indigencia y la pobreza en el período de gobierno registrado por las mediciones de varios centros de estudios revelan un aumento de este guarismo que alcanzan los 12 puntos porcentuales adicionales al nivel del inicio del gobierno actual, es decir, entre noviembre de 2015 y junio 2016.
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Analicemos ahora lo que dice Horacio Rovelli:

.
La insostenibilidad fiscal, financiera y cambiaria del segundo año de gestión de Macri.
Juan Perón tenía una frase para demostrar lo que implícitamente todos sabían: “Entre gitanos no nos vamos a adivinar la suerte”,  y eso es lo que pasa después de un año de gestión como Presidente de la República de Mauricio Macri, en que ejecutó una brutal transferencia de ingresos a favor de los que más tienen a través, primero, de la combinación de la devaluación y la quita y/o reducción de las retenciones a los grandes productores y comercializadores de granos, y a las empresas mineras; segundo,  durante el año beneficiando al  capital financiero con las LEBAC (Letras del BCRA) y otros activos púbicos con tasas de interés mayor que la depreciación del dólar (Por ejemplo las LEBAC pagaron en promedio en el año 2016 una tasa cercana al 32% anual y el dólar punta contra punta se incrementó solamente el 21%); y tercero y fundamental, a  las grandes empresas que subieron sus precios en torno al 50% castigando a la población y a  las Pymes que deben comprarle insumos a ese valor y/o venderle a precio vil (acero, aluminio, petroquímica, cemento, gas, electricidad, combustibles, el precio a la población de la leche, de la carne, de la harina, de la yerba, del aceite, de los medicamentos, etc. etc.) .
En ese marco la economía cayó fuertemente (no menos del 3% del PIB como quiera medírselo), se perdió riqueza por un valor equivalente a no menos de U$S 16.500 millones, pero como hubo puntuales beneficiados por la transferencia de ingresos como dijimos en el primer párrafo, es claro que el resto de la población, la Argentina de a pie, perdió lo que ganaron los otros, más la caída del PIB.
(...) 190.000 despedidos formales (trabajo en blanco con aportes previsionales y sociales) en el año (unos 122.000 puestos en el sector privado -industria, construcción, comercio, etc.-. y unos 68.000 en el sector público nacional, provincial y municipal). 

Lo que conforma un total de deuda nueva por U$s 58.500 millones como mínimo, cuando la deuda al 31/12/2015  reconocida por el gobierno de Macri y publicada en la página web de la Secretaría de Finanzas de la Nación ascendía a U$s  222.703  millones (de los cuales casi el 57% era deuda intra sector público nacional), por lo que en un año aumentó el endeudamiento externo en un 26%.
Nicolás Maquiavelo sostiene que si un gobierno depende más de la voluntad de los otros que de su propia fuerza, tarde o temprano pierde su reino, porque la ambición de los que depende (la rapacidad dice Maquiavelo) hará que deba tomar medidas cada vez más anti populares para beneficiar a los ricos y poderosos, y con ello  se ganará el odio y el desprecio de su pueblo, con lo que los ricos y poderosos que lo apoyaron, un día dejarán de hacerlo y es más ofrecerán su figura como compensación y sosiego.
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La primera etapa de la revolución macrista obtuvo muchos de los objetivos económicos que se planteó, con una considerable aquiescencia de la burocracia estatal (poderes ejecutivo, legislativo y judicial) y una escasa resistencia popular. El hecho de que 2016 era el primer año de gobierno y que éste es uno electoral cambia el panorama para su segunda etapa. Es aventurado pronosticar qué nos traerá el 2017 en materia de medidas económicas, pero el fuerte ajuste que se espera en esta segunda fase de la revolución conservadora del siglo XXI dependerá, en mayor grado, del resultado electoral del oficialismo en octubre. Y como dijimos en una de las notas referidas antes "Será entonces cuando veremos si los métodos revolucionarios del macrismo son suficientes para seguir avanzando en su agenda de gobierno, si el establishment lo sigue apoyando o si le fija nuevos objetivos y, principalmente, si la sociedad sigue avalando su rumbo. De no ser así, veremos qué métodos utiliza entonces para continuar con su programa de gobierno, si aminora la marcha o si acelera a pesar de todo y de todos. Porque la historia argentina muestra, lamentablemente, que la derecha nunca se detiene en su camino y apela a cualquier método, legal o no, constitucional o no, pacífico o no para lograr sus fines. Y no tiene pruritos ni remordimiento al enfrentar a sus adversarios desde el poder, sean éstos minoritarios o mayoritarios. En tal caso, la derecha conservadora siempre fue y será revolucionaria para mantener o recuperar sus privilegios".

Lo que sí queda claro es el enorme cambio en la sociedad que produjo la alianza electoral Cambiemos (PRO-UCR-Coalición Cívica), esperado o no por quienes la votaron el la segunda vuelta electoral, pero legítimo.
De la sociedad (de su memoria histórica y de su afán por informarse eludiendo la prensa hegemónica actual, socia del gobierno hasta el momento) depende que se pase o no a la segunda fase de esta restauración conservadora, llevada a cabo por un grupo de representantes o miembros de las grandes empresas nacionales o multinacionales que tomaron posesión de los resortes del estado, y dirigida por un miembro menor del establishment o círculo rojo, e hija legítima además de la sociedad preperonista. 




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