1 de julio de 2016

La revolución macrista.

Quienes no votaron a Mauricio Macri imaginaban o sospechaban cuáles serían las medidas políticas y económicas que tomaría, pero lo que no imaginaban es la velocidad en que lo haría, ya sea porque no contaba con las mayorías en ambas cámaras o porque la sociedad las resistiría en alguna medida. Sin embargo, aún antes de asumir, cuando apeló a la complicidad de algunos jueces para forzar la salida de la presidenta doce horas antes para que no se produzca la transmisión del mando, Macri le imprimió a su gobierno un ritmo acelerado imprevisto, con el propósito de aprovechar los primeros días para tomar las medidas más profundas antes de que la sociedad y la oposición política puedan reaccionar. Es así cómo el macrismo logró objetivos impensados por la mayoría de la población. Los cambios estructurales que puso en funcionamiento en la sociedad en tan poco tiempo pueden ser catalogados como una verdadera revolución, tomando como definición de revolución como un cambio brusco o radical en el ámbito político, social o económico de una sociedad. Y si analizamos las medidas tomadas por el gobierno en estos pocos meses veremos que, independientemente de los resultados finales en la población, la elección de ese concepto no es descabellado. Repasemos, entonces, esas medidas.
Las estimaciones del propio gobierno señalan que, si todo va sobre ruedas, este año tendremos una inflación de 42% y llegaremos al 2017 con una tasa de alrededor del 25%. A nadie se le escapa que esa ansiada tasa de inflación era la que tuvo el último año de gobierno kirchnerista, y que el macrismo denostada por considerarla demasiado elevada y perjudicial para la economía nacional. Es decir que el macrismo logrará en dos años de una administración "seria, ordenada y con clima de negocios" que el país tenga la misma inflación que la "dispendiadora, desordenada y espantadora del clima de negocios" administración kirchnerista. Pero el país ya no será el mismo. El gobierno de Macri cambió la estructura de distribución de la riqueza, el modelo económico y el proyecto de país en meses, de forma revolucionaria, con el aval de las urnas y con la legitimidad de origen, y con la cooperación (complicidad) de un congreso supuestamente adverso, el que le otorgó el apoyo de los votos necesarios para llevar adelante medidas dañinas a los intereses de los habitantes, incluso, paradójicamente, a quienes lo votaron.
Para repasar lo que esta revolución macrista ha logrado en sólo un semestre e imaginar cómo estaremos a fines del 2017, apelaremos a voces más autorizadas que la nuestra.

Como señala Roberto Caballero: "En apenas seis meses de gobierno macrista el endeudamiento de la Argentina creció un 11%, la proyección oficial de inflación es del 42% para el año y no el 25 que prometían, ya se perdieron 250 mil puestos de trabajo y la incertidumbre sobre el futuro domina los hogares del país, azotados a su vez por un inclemente tarifazo en los servicios públicos que modifica negativamente el mapa de gastos y expectativas de todas las familias. La situación económica es mala, en progresión agravada, y nada indica que vaya a mejorar, porque todos saben que si la inflación baja en algún momento será producto de una recesión profunda y las consecuencias para el aparato productivo, en términos de empleo y consumo, serán mucho peores que las actuales. (...) El objetivo es esterilizar políticamente, aislar un proyecto que triplicó favorablemente la distribución del ingreso entre los deciles más bajos de la pirámide social al tiempo que produjo una resignación de privilegios inédita contra el 10% más rico del país, de las mayorías que lo hicieron electoralmente posible".



A su vez, Horacio Verbitsky subraya el "grado de audacia que contribuye a entender el estado de parálisis que aqueja a la oposición ante su carrera arrolladora. Luego de una victoria electoral en segunda vuelta, por un margen muy ajustado de votos, y en notoria minoría en las dos cámaras del Congreso, Macrì ha puesto el país patas para arriba en apenas seis meses, con un decisionismo que sorprende incluso a sus aliados radicales. El endeudamiento externo contraído entre la Nación y las provincias por más de 30.000 millones de dólares tendrá consecuencias desastrosas en el futuro, pero por el momento ha permitido financiar en un trimestre la fuga de 4.000 millones que el Banco Central contabiliza como formación de activos externos, suprimir cualquier restricción al ingreso y egreso de divisas, transferir utilidades de empresas trasnacionales a sus sedes y proporcionar atractivos negocios financieros con el clásico subibaja del tipo de cambio y la tasa de interés. Macrì también desmanteló los organismos de control del mercado accionario, donde se hizo cargo uno de sus alter ego, y del lavado de dinero, cuya Unidad de Información Financiera quedó en manos de dos especialistas que hasta ese momento habían trabajado del otro lado del mostrador. La reforma impositiva transfirió miles de millones de dólares de muchas a pocas manos, ya que dentro de un esquema ortodoxo en el que el déficit fiscal y su monetización son considerados como la causa única de la inflación, la merma de lo detraído al comercio exterior de cereales debe compensarse con la reducción en otros rubros, como la planta de trabajadores estatales y los subsidios al transporte y a las distintas formas de energía, que benefician a los más vulnerables y a las pequeñas y medianas empresas. Puesto en términos más simples, sin retenciones a la exportación de materias primas alimenticias, sus precios internos crecen, lo mismo que el combustible y la electricidad cuando se les quitan subsidios. Esta inflación, que el ministro de Hacienda y Finanzas De Prat-Gay terminó por reconocer que llega al 42 por ciento anualizado, más que el doble de su vaticinio inicial, es otro mecanismo de transferencia de ingresos hacia el sector patronal, cuyos costos se achican por la doble vía de los despidos y el abaratamiento relativo. Ese sombrío sendero de la búsqueda de competitividad a expensas de los salarios de los trabajadores va en sentido opuesto al que siguieron los países que lograron desarrollar sus economías. Y al destruir el mercado interno dependerá cada vez más de las exportaciones primarias, lo cual a su vez destrozará el tejido social".

A su vez el sociólogo Artemio López acerca más cifras sobre esta revolución conservadora y sus "logros":

Caída de 2 puntos del PBI, inflación por sobre el 43%, salarios convencionales pactados a la baja en torno al 30% anual y 250 mil nuevos desempleados con un aumento inédito de la pobreza, que sumó 1,7 millones de nuevos pobres sólo en el Gran Buenos Aires, pasando del 22% en diciembre al 35,5% en abril de 2016.
Según la actualización de abril del relevamiento de pobreza del Instituto Germani de la UBA, oportunamente publicado en PERFIL, si se toma como población de referencia el GBA (Conurbano más CABA), en valores cercanos a 12,8 millones de personas, entre diciembre y finales de abril las personas en situación de pobreza pasaron de 2.816.000 a 4.544.000. Y las que viven en la indigencia aumentaron de 752 mil personas a 985.600, un crecimiento sin antecedentes en sólo seis meses para ambas carencias.
Adicionalmente, el estudio de la UBA muestra que al 35,5% de pobres debe adicionarse otro 13% de población que, superando la línea de pobreza, no logra duplicar su valor con los ingresos totales del hogar, colocándose en situación de vulnerabilidad, donde cualquier circunstancia de pérdida de empleo, horas extras, changas o aumento de precios sin correlato en mejoras de ingresos desliza el hogar por debajo del umbral de la pobreza.  

En paralelo a este deterioro de indicadores sociales, la valorización financiera marca la etapa con gran intensidad y el endeudamiento ya supera los 23 milmillones de dólares. Deuda improductiva, contraída para pagar deuda o gastos corrientes tras el notable impacto del vergonzoso pago a los buitres y el desfinanciamiento estatal que produjo la actual gestión neoliberal con su política de Hood Robin: darles a los ricos –quita o reducción de impuestos y retenciones, quita o reducción de las restricciones a la compra y fuga de dólares– para sacarles a los pobres –actualizaciones de asignación universal, jubilaciones, pensiones a la mitad de la inflación, despidos masivos, tasas por la nubes, para imposibilitar el acceso al crédito–.



Pero, ¿cómo fue posible esta brutal y veloz revolución conservadora sin una resistencia política opositora? Apelemos una vez más a los que saben más que nosotros. Verbitsky ejemplifica la audacia macrista para conseguir lo que se propone mediante el método utilizado para colocar dos jueces propios en la Corte Suprema de Justicia por decreto apenas asumió y cómo logra la aprobación de esos pliegos meses después:

Palo y zanahoria.
La perspectiva de que esos pliegos obtuvieran los dos tercios de los votos del Senado distaba de ser evidente cuando Macrì los envío, en diciembre. Seis meses después a nadie le llamó la atención que esa mayoría especial fuera incluso superada con comodidad. Antes de eso se aprobó el acuerdo para pagarle a los fondos buitre y comenzar el tercer ciclo del endeudamiento externo, cosa que tampoco podía darse por descontada. Los artífices de ese milagro político fueron el ministro de Obras Publicas, Rogelio Frigerio (n) y el presidente del bloque oficialista de senadores de la oposición, Miguel Angel Pichetto. Cada uno desde un lado de la mesa, comprometieron a los gobernadores de todos los partidos, con el argumento de que sin esa ley ni el gobierno podría continuar con las transferencias de recursos para obras públicas ni ellos estarían en condiciones de emitir deuda propia. 
El Poder Ejecutivo volvió a agitarla delante de los gobernadores para conseguir la aprobación de la ley de blanqueo, que incluye un capítulo sobre la restitución gradual del 15 por ciento de la coparticipación federal que se detrajo a las provincias cuando se privatizó el sistema previsional. Esa ley ómnibus también sienta las bases para la liquidación del Fondo de Garantía de Sustentabilidad y para una nueva privatización del régimen jubilatorio. 


Parte de la estrategia utilizada por el establishment en sociedad con el gobierno, que es a su vez parte del mismo (su mano política más eficaz en esta revolución conservadora), es la demolición, deslegitimación del movimiento popular que gobernó el país en estos últimos doce años, recurriendo principalmente al argumento de la corrupción. Sobre esto tema dice Caballero:

Frente a esto, el nuevo gobierno ofrece cotidianamente un capítulo nuevo de la novela de criminalización de funcionarios de la anterior administración que distrae de los problemas centrales y sus responsables, y hace foco en los asuntos accesorios, aunque no por eso menos llamativos.
Hacen fila en los canales de TV los panelistas para sostener el nuevo relato, que asocia maliciosamente 12 años de políticas inclusivas y desafiantes del orden conservador con la venalidad y la corrupción administrativa generalizada, donde no habría nada positivo para rescatar y todo pasa a la condición de desechable por ominoso. La incontestable fuerza de las imágenes del monasterio y el caso López, la verborragia dramática de Elisa Carrió, la unificación de agendas de la comunicación concentrada socia del gobierno, construyen un sentido de los hechos y las cosas que pretende volverse insoportable para las mayorías que creyeron en el kirchnerismo y su modelo.
Para los dueños del poder y del dinero, la satanización y criminalización del kirchnerismo es un asunto estratégico. El objetivo es esterilizar políticamente, aislar un proyecto.
Todo lo que alguna vez fue kirchnerista, en sus distintas etapas, reacciona como el macrismo quiere que reaccione: con miedo y con egoísmo darwinista, en un contexto general complejo y agresivo, donde cada uno decide salvar el pellejo como puede y se desentiende de lo que antes apoyaba, diciendo “no ví”, “no fui” o “no estuve”. Van a ir por ellos también, cuando llegue el momento.


Y Verbitsky señala sobre el mismo recurso:

Pero además, la Alianza Cambiemos blandió el palo de la persecución penal contra funcionarios del gobierno anterior, luego de un dilatado debate en el que terminó por imponerse el aliado radical, con Elisa Carrió y Ernesto Sanz a la cabeza, quienes se ilusionan con un desvanecimiento del justicialismo similar al que padecieron ellos luego de la crisis de fin de siglo.
El gobierno contó en el momento más oportuno con el extraordinario episodio del convento de General Rodríguez y sus bóvedas disimuladas debajo del altar, el torneo de lanzamiento de bolsos sobre la tapia que ganó el ex secretario de obras públicas José López.
La demolición del anterior gobierno avanza sin obstáculos, para satisfacción del actual. Hasta ahora nadie se pregunta si en algún momento esa maquinaria no se volverá también contra su instigador y contra el sistema político en su conjunto, como ya ocurrió en Brasil. Tiempo al tiempo.




Este sistema de legitimación del ajuste revolucionario macrista apelando a la desligitimación sistemática de la única fuerza política que puede obstruir sus medidas, ya lo hemos catalogado en notas anteriores, como La construcción de la "Tercera Tiranía"Pero esta especie de "limpieza étnica" de la política a la manera de un fanatismo religioso, de parte de supuestos miembros impolutos de una élite superior de la sociedad, expertos en cada una de las ramas del gobierno ("el mejor equipo de los últimos cincuenta años", como anunció el propio Macri), además de descabellada e increíble es falsa. Todos y cada uno de los funcionarios macristas tienen un pasado conocido, y que dista de ser impoluto y bendecido con el agua bendita de la honestidad. Como bien señala Verbitsky:

Macrì declaró respecto de su cuenta en Bahamas que “la verdad es que ni me di cuenta, honestamente”. Más allá de su autoproclamada honestidad, cuando alguien no repara dónde guarda 18 millones de pesos se consolida la sospecha de que su fortuna supera con holgura los 140 millones de pesos declarados, sobre todo cuando hasta hace pocos años las empresas familiares figuraban en los primeros puestos del ranking de la riqueza argentina. Una constante de este primer semestre ha sido el dictado de medidas que benefician no sólo al sector social del que provienen el Poder Ejecutivo y la mayoría de sus ministros, sino también a las corporaciones en las que trabajaron y en varios casos a los propios funcionarios. Para negociar con los fondos buitre y con Thomas Griesa, Macrì envió primero a Carlos Melconian, quien había comprado títulos en default y litigado por su cobro ante ese mismo juez, y luego a los ex operadores de monedas del JP Morgan Alfonso de Prat-Gay y Luis Caputo. La devaluación dispuesta entre otros por el secretario de coordinación interministerial Mario Quintana, quien había comprado dólares a futuro e hizo así una buena diferencia, también aprovechó al jefe de asesores presidenciales José Torello, a la empresa de la familia presidencial Socma-Chery, al amigo presidencial Nicolás Caputo, al comprensivo diario La Nación y al vengativo Grupo Clarín. 
El presidente también se presentó como “el político que más transparencia ha tenido sobre su situación personal, siempre he declarado todo”. Tampoco se sintió obligado a explicar cómo pudo poner el Banco Central bajo la conducción de Federico Sturzenegger, quien hasta el día de hoy está procesado por su intervención en el megacanje de hace quince años.


El panorama actual, a horas de llegar al "segundo semestre" salvador prometido por el macrismo en las primeras semanas de gobierno es, a nuestro humilde entender, desolador. La revolución macrista, similar a la menemista, aunque mucho más eficaz en lograr sus objetivos económicos en el corto plazo y en minoría en ambas cámaras, conduce al país rumbo hacia una sociedad más desigual, más injusta, con menos industria, con un modelo agroexportador similar al de la Argentina conservadora de princípios de siglo XX; es decir, no sólo pre-peronista sino pre-yrigoyenista, cuando la población era mucho menor y había una tasa de desocupación y pobreza mucho mayores.
Para terminar, escuchemos de boca del mismo ministro de hacienda, Alfonso Prat Gay en una conferencia en EE.UU, cuál fue la estrategia oficialista para conseguir los objetivos incómodos y perjudiciales para la población en un tiempo record:







Fuentes utilizadas:

Mucho más que una abogada hot.

Brexit en la Argentina.

La construcción de la "Tercera Tiranía".

Usos del caso López.

Video de Artepolítica.com






26 de junio de 2016

La construcción de la "Tercera Tiranía".

La posible defunción del FPV tan discutida en estos días no debe ser confundida con la pretendida muerte del kirchnerismo (el famoso "fin de ciclo K" una vez más).
Muchos analistas y políticos refractarios al movimiento popular que gobernó al país durante estos últimos doce años confunden muchas veces las posibilidades fácticas de acontecimientos futuros con sus propios deseos, como hemos tratado tantas veces en Basurero Nacional. Hagamos una vez más un ejercicio de repaso histórico de la política nacional, lo que nos situará mejor en la realidad argentina en esta materia.
Tras la Revolución Libertadora que en 1955 derrocó por la fuerza al segundo gobierno de Perón, casi ningún analista o medio de comunicación de la época dudaba de la segura muerte del peronismo. La dura y monopólica campaña de desprestigio impulsada por la dictadura y la oligarquía autóctona contribuirían a ello, difundiendo y acrecentando los errores políticos y económicos del peronismo, los casos de corrupción y el lado autoritario del “régimen” (que era, en realidad, un rasgo de época de la Argentina pre y pos peronista), o inventándolos en caso de ser necesario (lo que efectivamente ocurrió). El líder prohibido, viviendo en el exilio (el "tirano prófugo) no tenía posibilidades de defenderse, al igual que sus partidarios, militantes o simple seguidores, encarcelados, perseguidos o proscriptos. En el país había sólo una voz, una versión de lo sucedido en la década anterior, y por años se trató de inculcar que todo lo peronista era corrupto, económicamente desastroso y políticamente equivocado y
antidemocrático casi por definición.
No vamos aquí a desarrollar la historia política de esos años ni citar ejemplos históricos que avalan nuestra afirmación (algunos ya tratados en notas anteriroes de Basurero Nacional); pero sí hemos de subrayar las evidentes coincidencias entre aquel proceso de deslegitimación del peronismo derrotado (no mediante los votos sino mediante las botas, y el presente, en su versión kirchnerista, sí derrotado en las urnas por un par de puntos porcentuales, además del proceso posterior al derrocamiento del primer movimiento popular que gobernó al país en el siglo pasado: el yrigoyenismo.

El movimiento derrocado en 1930 no pudo ser desaparecido en la década siguiente, ni aún tras la muerte de su líder en 1933. Por supuesto, la UCR siguió viva, dividida y cooptada por el "régimen" que don Hipólito tanto combatió, pero el yrigoyenismo, tan vapuleado por sus casos de corrupción y errores en su política social o económica, siguió vivito y coleando, e incluso reivindicado en sus logros políticos y económicos hasta hoy.
Lo mismo puede decirse del peronismo, al que se lo llamó durante esos años “la segunda tiranía”, adoptando la clasificación que la historia oficial, mitrista, le endilgaba a los
gobiernos rosistas del siglo XIX: la “tiranía de Rosas”. A sólo tres años de derrocado, el radicalismo en su versión frondisista (UCRI) para acceder al gobierno tuvo que pactar con el "tirano prófugo", invisibilizado, y su partido proscripto para los medios de la dictadura para poder llegar a la presidencia de la semidemocracia que nos dejó la "libertadora". La avalancha de votos peronistas y no peronistas que llevó a Perón a su tercera presidencia demostró la inutilidad de esa táctica de "lidericidio" que el régimen conservador intentó, aún estando en el poder y en el gobierno a la vez.
Es que en ambos casos los movimientos populares en el poder lograron establecer nuevos derechos y un bienestar económico en el pueblo todo. Y eso es algo que ningún velo político o propagandístico puede enterrar. Son logros que se viven, se saborean y nunca más se olvidan. Que con el tiempo pueden pasar desapercibidos por el usufructo cotidiano, que pueden inducir saludablemente a requerir más derechos, más y mejores beneficios económicos o sociales, pero que ante la pérdida o amenaza de pérdida de ellos renacen en el inconsciente colectivo y mueven a la lucha. Sólo una dictadura feroz como la de los años setenta puede acallar por un tiempo prolongado esa reivindicación, esa lucha, pero nunca hacerla desaparecer.
También podemos citar como contraejemplo los casos del alfonsinismo y el menemisno. En primer caso, aún cuando su salida del gobierno fue estrepitosa y manchada por sus desmanejos económicos (muy bien aprovechada por el menemismo triunfante) y por sus titubeos en materia de derechos humanos, con los años muchas de sus políticas siguen siendo reivindicadas y el prestigio de Raúl Alfonsín sigue vigente.
En el caso del menemismo, se da un caso opuesto a los mencionados al comienzo. Aún cuando Carlos Menem gobernó durante diez años al calor de las urnas y triunfó incluso en 2003 (cuando el modelo económico neoliberal que vio la luz en su seno ya había estallado), nadie puede decir que es un ex presidente prestigioso. El menemismo en sí no existe, más allá de algunos bolsones riojanos. Tal es así que hasta el macrismo, digno heredero de su proyecto económico, social y de política exterior, ni siquiera puede reconocer ese plagio.
Y es entonces cuando podemos asimilar el actual proceso de deskirchnerización que tanto el gobierno como los medios de comunicación hegemónicos han puesto en funcionamiento con
aquellos intentos de desyrigoyenizar o desperonizar al país. Como adelantamos aquí en Antimayoritarismo, el movimiento político más antiguo del paísluego de finalizados los gobiernos populares exitosos, a diferencia de Yrigoyen (que había fallecido) Cristina Fernández está en edad activa para ejercer la política, y a diferencia de Perón (exiliado y prohibida su palabra) Cristina cuenta con una envidiable llegada a sus seguidores (no existe un monopolio de la palabra del oficialismo, como sí sucedía durante la "Libertadora") y con un prestigio intacto debido a los logros económicos y sociales de los gobiernos kirchneristas. Incluso es dudosa la magnitud del daño que puedan acarrear los casos de corrupción que aparezcan de funcionarios de su gobierno; atemperados además por la propia defensa que pueda esgrimir ella misma. La historia de
este tipo de movimientos muestra que el prestigio con que cuentan resiste bastante bien la corrosión política de los casos de corrupción, verdaderos o inventados que los involucran.
Un activo fundamental con el que contaron para resistir el paso del tiempo fuera del gobierno y las campañas de desprestigio e impugnación, fueron las políticas antipopulares de los gobiernos que los sucedieron, el desmantelamiento de sus logros y los derechos conseguidos durante sus años de gobierno. No es necesario aclarar que los casos de corrupción o de errores en las políticas de esos movimientos populares con los que el establishment intenta siempre deslegitimar sus políticas pueden existir o no, pero el objetivo final es hacer desaparecer su llegada al pueblo, anular sus logros y no corregir sus equivocaciones. Como se suele decir sobre el peronismo: lo atacan por sus logros, no por sus errores. Y lo mismo podemos ver hoy en día en relación con el kirchnerismo; y además ese intento de desgaste lo realiza un gobierno cuya ideología y métodos políticos son similares a los de los gobiernos que sucedieron a los movimientos populares exitosos anteriores, los que intentaron enterrarlos: a los de la "década infame", a los pos-peronistas (principalmente las dictaduras) y al menemista.

El tema más utilizado por los medios y el macrismo para denostar al kirchnerismo, desde que llegó al gobierno, es la corrupción. Tanto los hechos en sí como los protagonistas de los mismos desfilan diariamente en los medios, y los políticos opositores al gobierno kirchnerista se solazan opinando sobre los mismos. Sin embargo, si ponemos en contexto este hecho veremos que nunca en nuestra historia un gobierno produjo una transferencia de riqueza tan grande y tan rápida desde las clases bajas y medias a las altas; lo que queda sepultado por ese desfile cotidiano de noticias sobre corrupción. Y, vaya paradoja, esa misma transferencia regresiva de ingresos oculta tras la campaña “esclarecedora” de la corrupción kirchnerista es realizada por un gobierno intrínsecamente corrupto en materia política, ya que los ministerios están ocupados por ejecutivos de las empresas multinacionales directamente beneficiados por sus respectivas medidas, como por ejemplo el caso del ministro de Energía y Minería, Aranguren, ex presidente de una petrolera y titular de acciones de la misma (Shell). Sin mencionar que muchos (demasiado) de sus funcionarios son titulares de cuentas y empresas offshore, cuyo propósito es, quien puede negarlo, la evasión de capitales del país y de sus respectivos impuestos.

Los gobiernos que sucedieron a los movimientos populares anteriores impulsaron políticas económicas y sociales antagónicas a las de los gobiernos depuestos, y utilizaron la corrupción de los mismos como caballito de batalla para tapar los resultados perniciosos de sus propias políticas. Como lo muestra la historia política argentina, ese método no fue efectivo: el yrigoyenismo y el peronismo son aún hoy movimientos políticos prestigiosos y sus políticas son reivindicadas décadas después de sus gobiernos. En cambio, los que los sucedieron e intentaron anularlos, hacerlos desaparecer del inconsciente colectivo nacional apenas son recordados.
En la actualidad, el macrismo parece ocupar ese mismo lugar de impugnación de un movimiento político exitoso, utilizando el mismo método de trabajo para ocultar sus propias políticas perniciosas. Incluso, no es descabellado señalar que el gobierno y el establishment intentan caracterizar al kirchnerismo como una especie de “tercera tiranía”, recordando la labor de la “Revolución Libertadora”… Tanto es así, que hasta podemos aventurar que los resultados finales de esa campaña serán similares, y el kirchnerismo seguirá siendo un factor político ineludible en los años por venir. Incluso con posibilidades ciertas de retorno al gobierno en algún frente electoral futuro, y su líder indiscutible, Cristina Fernández, seguirá siendo un referente inevitable y de peso para cualquier gobierno futuro no macrista. Por supuesto, siempre y cuando el macrismo y los medios hegemónicos que lo apoyan (por el momento) continúen con la misma lógica en sus políticas de borrado del kirchnerismo. Y por eso, de seguir así, en un tiempo podremos decirle, quizás: "los muertos que vos matáis gozan de buena salud".


Notas anteriores de Basurero Nacional sobre el tema:






17 de junio de 2016

Para bailar el tango se necesitan dos. Para la corrupción también. Listado de posibles cómplices.

En medio de esta especie de cuento de Fontanarrosa, donde aparece un ex-funcionario arrojando bolsos de dinero por la medianera de un convento de monjas de clausura, una monja de 94 años que tarda en despertase por haber tomado medicación para dormir y que luego escucha de boca del visitante nocturno que él trae millones de dólares robados para donarlos al convento, sumado a que un vecino llamado Jesús (nada menos) llama a la policía; y a todo esto le sigue el despliegue de los medios de información subrayando cada detalle de esta morboso paso de tragicomedia, es momento propicio para profundizar un poco, al menos un poco, sobre el tema de la corrupción.
Como dice el famoso dicho, si falta uno de los protagonistas, el baile del tango no existe; de la misma manera si uno de los protagonistas de una coima falta, la coima no se concreta. 
Por eso, este humilde servidor público acerca el listado de posibles cómplices o coautores del delito de cohecho (coima). El cargo de José López era de Secretario de Obras Públicas, en el cual tenía la autonomía necesaria para beneficiar a determinadas empresas en las concesiones de obras públicas, de allí la posibilidad que tenía de ser tentado por la corrupción. Por lo tanto, reproducimos a continuación la lista oficial de las principales empresas que recibieron concesiones en el período en que López fue funcionario. Si de alguna fuente empresaria provienen los millones de dólares que llovieron en el convento de la localidad de Rodriguez, ésta debe encontrarse en siguiente listado:

Ranking o Top 36 de empresas beneficiadas con la obra pública entre 2003-2015.

1) TECHINT, de Paolo Rocca
2) ELECTROINGENIERIA, de Osvaldo Acosta y Gerardo Ferreyra
3) IECSA, de Angelo Calcaterra, primo de Mauricio Macri
4) CORPORACIÓN AMÉRICA, de Eduardo Eurnekian
5) INVAP, de la Provincia de Río Negro
6) ODEBRETCH, de Marcelo Odebretch, multinacional de origen brasilero
7) ESUCO, de Enrique Wagner
8) CARTELLONE, de José Cartellone
9) ROVELLA CARRANZA, de Mario Rovella
10) JCR, de Juan Carlos Relats
11) GRUPO ROGGIO, de Aldo y Benito Roggio
12) CHEDIACK, de Juan Chediak
13) CPC, de Cristóbal López
14) SUPERCEMENTO, de Julián Astolfoni
15) ISOLUX, de Luis Delso
16) PETERSEN, de Enrique Eskenazi
17) PANEDILE, de Hugo Dragonetti
18) GENERAL ELECTRIC, multinacional de origen estadounidense
19) COARCO, de Patricio Gerbi
20) SIEMMENS, multinacional de origen alemán
21) CONTRERA HERMANOS, de Juan Touseda
22) EQUIMAC, de Silvio Mion
23) COMSA, multinacional origen español
24) GANCEDO, de Felipe Gancedo
25) DYCASA, de Javier Balseiro
26) PAOLINI, de Julio Paolini
27) ECODYMA, de Juan Scaramellini
28) VIALMANI, de Luis Armani
29) PIETROBONI, de Víctor Pietroboni
30) LUIS LOSI SA, de Luis Losi
31) GREEN, de Carlos Arroyo
32) GUERECHET SA, de Julio Guerechet
33) DURO FELGUERAS, multinacional de origen español
34) TEYMA ABENGOA, multinacional de origen español
35) KOPEX, multinacional de origen polaco
36) GRUPO AUSTRAL, de Lázaro Báez

Nota completa


Otro mito urbano afirma que un gobierno o modelo de país determinado tiene necesariamente que convivir con la corrupción. Eso no es verdad, porque para transformar, mejorar, cicatrizar las heridas profundas en el tejido del país causadas por la década neoliberal, como se hizo durante el kirchnerismo no es necesaria la corrupción simbolizada por José López. Porque para alcanzar los cambios que llevaron a duplicar el PBI en doce años o devolvieron millones de personas de clase media, las que habían caído en la pobreza durante el reinado del neoliberalismo, y convertir a millones de pobres en nuevos miembros de la clase media no es necesaria la corrupción del ex Secretario de Transporte Ricardo Jaime. Para crear seis millones de puestos de trabajo, para devolver el derecho de jubilación a tres millones de adultos mayores o conceder el derecho de la AUH a millones de niños -insistimos- no es necesaria la corrupción de funcionario alguno. Para lograr esos resultados lo que sí fue necesario es el tipo de medidas de redistribución de la riqueza llevadas a cabo desde el 2003 hasta el 2015.
De la misma manera, el escándalo de los oscuros 20 millones de pesos de Fernando Niembro, las sospechosas concesiones de obras públicas al socio-hermano de Mauricio Macri, Nico Caputo o el escándalo de los Panama Paper que involucra al ministro de economía de Macri en la ciudad de Buenos Aires durante 8 años y hasta al propio Mauricio Macri y su familia, o las empresas o cuentas offshore de muchos de los funcionarios del actual gobierno nacional, o el procesamiento del Ministro de Energía por la compra directa de cargas de gas importado a Shell, empresa de la que fue presidente hasta noviembre y de la que posee acciones, no son necesarios para que en seis meses de macrismo se realice el aumento brutal de las tarifas de los servicios públicos ni que le quiten los principales impuestos a los ricos; ni para que el país pase de un período de crecimiento continuo del PBI a uno de caída, de tener una inflación promedio de 1 ó 2 % mensual a uno de 4 ó 5 %, de uno de caída del desempleo, la pobreza y la indigencia a uno de aumento de esos índices. Esos efectos perniciosos u objetivos económicos se alcanzan mediante, fundamentalmente, las medidas económicas y sociales puestas en funcionamiento desde el 10/12/15.
De a misma manera podemos decir que el modelo de país menemista no tenía como principio o fundamentos necesarios los casos de corrupción de los guardapolvos de Bauzá, la leche contaminada de Miguel Ángel Vicco y Carlos Spadone, el Switfgate, el Yomagate, el contrabando de armas a Croacia y Ecuador, el atentado contra la AMIA, las coimas IBM-Banco Nación, los escándalos del PAMI o el pasaporte de Al-Kassar.

También podemos señalar que la exhibición obscena a través de los medios de los casos de corrupción existente en el gobierno kirchnerista no mejora las políticas económico-sociales del macrismo, como tampoco las inocultables señales actuales de la corrupción del gobierno macrista y del pasado de algunos de sus funcionarios macristas no mejora al kirchnerista.
Lo importante para analizar de ambos gobiernos (de cualquier gobierno) son sus medidas políticas y económicas y el estado en que dejan al país en comparación con el que lo encontraron. Es decir, el estado de la famosa "herencia" de gobierno.

Sobre el tema de la corrupción, es interesante escuchar una excelente y breve columna sobre la historia de la corrupción en Argentina en boca del historiador Sergio Wischñevsky:

La historia de la corrupción en Argentina




Ya sabemos, entonces, quiénes pueden haber sido los cómplices o coautores del delito de cohecho de José López. Ahora vendría la investigación del juez sobre quién o quienes de esa lista son los verdaderos coimeros. Esperemos que la investigación de este caso no quede en un sólo lado del mostrador... Es decir, que podamos conocer a ambos bailarines de la corrupción.


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