1 de febrero de 2018

Aparecieron los límites de la Revolución macrista y aflora su sesgo autoritario.

Luego de dos años de un gobierno sin mayoría en ninguna de las cámaras pero altamente exitoso en implementar sus medidas, Cambiemos comienza a enfrentar los límites de su modelo económico y social y, por ende, a mostrar sus rasgos autoritarios. Pero esto no es una sorpresa para quienes no votaron a Macri en la segunda vuelta y no lo votarían nunca. Es tan solo la confirmación de sus temores. Sólo con el enorme camuflaje de los medios hegemónicos que lo apoyan puede el macrismo evadir bastante bien los escándalos de corrupción (ahora llamados "conflicto de intereses"), los graves resultados de su política económica y la verdadera cara de las falsas promesas electorales que le posibilitaron seducir a millones de sus votantes.
Desde 2015 venimos señalando que el macrismo no es sólo un gobierno de centroderecha más, sino una fuerza política que llegó para ensayar una verdadera revolución conservadora, y que se cree capaz de lograr (e incluso ir más allá) los objetivos que intentaron en nuestra historia la autodenominada Revolución Libertadora, la última dictadura y el menemismo. No repetiremos aquí los hechos y conceptos que adelantamos en diversas notas al respecto (fruto no de la quiromancia o la adivinación sino de un frío análisis político de Cambiemos y de la historia argentina), pero sí señalaremos algunos de los signos actuales del giro autoritario del macrismo que adelantamos en dichas notas.
El gobierno en 2018 ha dejado de intentar la negociación con la oposición para utilizar los decretos. Tiene en claro que un período de gobierno no es suficiente para realizar las transformaciones que el establishment necesita para asegurarse que las reformas conservadoras sean irreversibles en el mediano plazo, y que no vuelva ningún movimiento nacional y popular a disputarle sus privilegios centenarios que intenta reconquistar.
Cambiemos enfrenta, a su vez, los fantasmas de sus propias promesas de campaña y el imaginario del "cambio" que sus votantes construyeron independientemente de Cambiemos mismo. Tanto las inversiones prometidas, la derrota de la inflación y la desaparición de la pobreza, como la protección de los derechos y adelantos sociales ganados durante el kirchnerismo han demostrado ser meros espejitos de colores ofrecidos a cambio del voto. La cruda realidad actual abofetea a cientos de miles de votantes macristas, muchos de los cuales votaron un cambio impreciso, nebuloso que creyeron mejoraría su situación y la del país. En cambio, el gobierno cumplio a rajatabla su programa revolucionario conservador no explicitado durante su campaña en 2015, pero sugerido por nosotros en 10 razones para votar a Macri y 10 razones para votar a Scioli. 
En 2015 y 2016 Cambiemos implementó rápidamente las primeras medidas revolucionarias de su modelo, provocando no sólo una transferencia económica a favor de los poderes concentrados y en contra de la mayoría de la población sino una crisis económica (la misma que los voceros neoliberales anunciaron inútilmente durante todo el kirchnerismo) que justificara las medidas de ajuste que "se vió obligado" a ejecutar en 2017 para sanear la economía...
Simultáneamente, la alianza del gobierno con algunos jueces federales y los medios hegemónicos (principalmente el Grupo Clarín) lanzó una cacería judicial de kirchneristas (corruptos o no), sindicalistas rebeldes y medios opositores, para llevarlos a prisión (con motivo o no) y así distraer todo lo posible la atención popular de las medidas de gobierno y sus consecuencias y, fundamentalmente, desprestigiar todo lo posible a cualquier político o movimiento político que en un futuro pudiese cuestionar el cambio de proyecto de país que el macrismo vino a instalar. Esto no puede concretarse sin una consolidación de lo que el macrismo mediático denominó "la grieta" entre los kirchneristas y el resto de la población. Aunque esa grieta no deja de ser una entelequia, un aggiornamiento de la división peronismo-antiperonismo o yrigoyenismo-antiyrigoyenismo del siglo pasado. Nuestra historia es esclarecedora en ese sentido, como señalamos en nuestras notas al respecto. "Nada nuevo en la villa del Señor": cuando un movimiento popular en el gobierno no puede ser atacado por sus problemas económicos o sociales, el establishment (el "círculo rojo" según Macri) apela a las denuncias de corrupción, verdaderas, ampliadas o falsas, para desprestigiar ese movimiento, incluso ante los mismos beneficiados por esas políticas, como analizamos aquí en ¿Todos los gobiernos populares son corruptos y demagogos? ¿Qué dice nuestra historia? 
Esta etapa de la revolución macrista se enfrenta a la caída de su imagen pública y, por lo tanto a la falta de apoyos en el congreso, algo con lo que había contado hasta ahora. Es por eso que, como adelantamos aquí, se ha recostado en sus rasgos autoritarios, no sólo en el aspecto de represión de la protesta social (ya cuenta con dos muertes a manos de las fuerzas de seguridad) sino en la utilización de jueces amigos del fuero federal para encarcelar manu militari a opositores, ya sean kirchneristas, de izquierda o sindicalistas (siempre que se opongan a sus políticas). También se ven esos rasgos al derogar o modificar leyes por decreto, como la ley de blanqueo, o al presionar a los gobernadores para que se vote la reforma previsional por el congreso.
Es de esperar que con el tiempo esta tendencia se acelere, y veamos que la economía no arranque, que la pobreza y desocupación crezcan, al igual que el déficit comercial y por ello el endeudamiento externo. Esto alimentará la protesta social, lo cual cebará la represión y los métodos para-constitucionales para implementar las medidas gubernamentales. Porque, como dijimos en La revolución macrista (II), una lección para la izquierda nacional : "la historia argentina muestra, lamentablemente, que la derecha nunca se detiene en su camino y apela a cualquier método, legal o no, constitucional o no, pacífico o no para lograr sus fines. Y no tiene pruritos ni remordimiento al enfrentar a sus adversarios desde el poder, sean éstos minoritarios o mayoritarios. En tal caso, la derecha conservadora siempre fue y será revolucionaria para mantener o recuperar sus privilegios".
También debemos analizar la conducta de la oposición actual, sumada a la del pueblo que se vea perjudicado con el proyecto de país macrista (conservador, principalmente agroganadero exportador y de servicios) similar al de la Argentina de principios del siglo XX, donde convivían los pocos ricos oligarcas y los muchos trabajadores pobres, anterior a la movilidad social ascendente que diferenció a nuestro país de los demás de la región. A eso se deben las alianzas internacionales que busca el gobierno, y a los sacrificios que dispone para la población con tal de reducir el salario en dólares y reducir los derechos laborales para seducir a los capitales extranjeros. Para eso Argentina tiene que volver al modelo anterior al gobierno de Yrigoyen, si es posible, con tal de que los esquivos inversores extranjeros vuelquen su lluvia de dólares en nuestra tierra. El macrismo no cree en los capitales domésticos, en la industria nacional ni en la capacidad del estado para regular la economía a favor de la mayoría de la población. No obstante, eso es lo que en definitiva se votó (conscientemente o no) tanto en 2015 como en 2017. Eso hecho legitima las medidas impulsadas por el gobierno, coherentes con su ideología y sus ocho años de gobierno en la ciudad de Buenos Aires. Pero eso no excluye que la sociedad haga uso de sus mecanismos democráticos para oponerse a muchas de esas medidas que la perjudican, mediante la movilización popular, la protesta en las calles, las huelgas o la oposición en el congreso a través de sus legisladores. Y ese es el escenario que asoma en este 2018. El resultado es imprevisible, aunque ya adelantamos algunos conceptos a tener en cuenta en notas anteriores. Es de esperar una polarización entre el oficialismo y quienes representen mejor la oposición a este modelo. Como ya dijimos, Cristina Fernández de Kirchner parte en primera fila en ese aspecto, y sobresale como la líder de la oposición con mayor caudal de votos y con su historia de gestión, opuesta 180° a la de Cambiemos. Esto la convierte en el faro opositor a tener en cuenta ante cualquier medida perjudicial al pueblo, pero también la hace blanco de proscripción o encarcelamiento por parte del oficialismo, sus jueces y fiscales afines y el establishment. De ella y sus aliados dependerá en buena parte cuándo se produzca el fin del macrismo, en 2019 o en 2023. Es que, como dijimos en 2017: El retorno de Menem, Cavallo y el general Aramburu: "Los tiempos políticos y sociales son mucho más lentos que lo esperado por los observadores o protagonistas, y la inercia de los procesos explica los lentos desplazamientos electorales. Sin embargo, cuando una sociedad protagoniza un giro en su visión política, ésta es difícilmente detenida en el corto plazo de dos años", aunque esos dos años ya han pasado y, en nuestra humilde opinión, la revolución macrista dista de haberlos aprovechado suficientemente bien.

24 de octubre de 2017

2017: El retorno de Menem, Cavallo y el general Aramburu.

Los resultados de las recientes elecciones de medio término dan al gobierno un gran impulso simbólico y político-mediático pero no numérico para acelerar su ritmo de reformas revolucionarias conservadoras. Como ya hemos señalado aquí anteriormente, la revolución macrista vino para desandar los logros y progresos sociales obtenidos por el kirchnerismo, es decir: desmantelar el conocido como "estado de bienestar" que caracterizó tanto a la Argentina de los años '40 y '50 de Perón como a los gobiernos europeos de posguerra, que en su versión siglo XXI edificó el kirchnerismo entre 2003 y 2015. Para eso, Cambiemos y el círculo rojo neoconservador que lo impulsa se propone hacerlo en forma revolucionaria y sin medir costos. Por eso, el gobierno se dispone (como hemos señalado en #1A, 1° de abril de 2017, el día de la caída del Gral. Lonardi...) a pasar de la fase Lonardi a la fase Aramburu de su revolución restauradora del viejo orden conservador, salvando las enormes distancias entre un gobierno democrático y uno dictatorial. Aclaremos en detalle, aunque brevemente, cómo caracterizamos a esta nueva etapa que ya se vislumbraba allá por el mes de abril.
Habría cuatro aspectos que considerar:

1) Con relación al aspecto político, diremos que el gobierno aplicaría una política de superación de la menemización de los años noventa. Menem, proviniendo de las entrañas del peronismo, ganó las internas y desde allí disolvió la ideología tanto del PJ como del sindicalismo peronista, transformándolo en un partido neoliberal al estilo de la UCD, incluso cooptando a las mayores figuras de ese partido. Cooptó también a los gobernadores y sindicalistas peronistas y logró manejar las riendas políticas a fuerza de los famosos ATN y demás recursos económicos santos y "non sanctos". Macri y sus adláteres e ideólogos, en cambio, proveniendo de un pequeño pero acaudalado partido porteño, con escasa militancia y figuras de capacidad o renombre, para hacerse cargo de los gobiernos de CABA, la provincia de Buenos Aires y la nación tuvo que cooptar la estructura del radicalismo sin liderazgos de 2015 para lograr esos objetivos. Y luego desde el gobierno se dispuso a diluir a su aliado radical y consolidar un espacio (Cambiemos) netamente amarillo con el que gana varias provincias con fuerzas minoritarias que acudieron "en auxilio" del poderoso de la Casa Rosada.

2) En el aspecto económico, Cambiemos apela a las más rancias políticas neoliberales, marca registrada de Cavallo, tanto durante los años '90 con el menemismo como durante del breve e infeliz gobierno de la Alianza de De La Rúa. Incluso muchos de los economistas con puestos en el gobierno participaron del cavallismo en el poder, como el mismo Cavallo recordó hace pocos días. Sin embargo, actualmente no hay un cerebro que dirija o conduzca la política económica, ya que la mayor parte de ella está en las manos inexpertas de CEOs que carecen de una visión político-económica y sólo responden a los intereses del sector del que provienen y al que luego retornarán seguramente. Por eso, el gobierno además de blandir una política económica neoliberal, de por sí dañina a los intereses de la mayoría del pueblo, lo hace con una mala praxis que asusta a opositores y oficialistas. Los resultados ya están a la vista, aunque no a la de todos sus votantes, muchos de ellos obnubilados con los espejitos de colores manufacturados por la estrategia política y de mercadeo de Durán Barba y Marcos Peña, o por el odio irracional y sempiterno de la mayoría de la clase media aspiracional hacia todo lo que huela a peronismo, en la actualidad el kirchnerismo.
Entre las medidas económicas que se vienen, podemos señalar la privatización de la obra pública (en manos de los grupos propios o amigos de la familia Macri), la privatización directa o indirecta de las empresas públicas, la entrega de los resortes de la economía nacional a los grandes grupos de intereses privados nacionales o extranjeros, la continuación del megaendeudamiento externo, típico en nuestra historia de estos gobiernos neoliberales o conservadores, el aumento del desempleo, la pobreza y la desigualdad, necesario para abaratar el costo laboral de las empresas que necesitan girar al exterior su superganancias, como en todos los países "subdesarrollados", como se decía en los años '70 y '80, o países "bananeros", como se decía en los años '50 y '60.

3) En el mundo sindical es previsible una división entre un sindicalismo oficialista o complaciente con las medidas antipopulares y antiobreras que se anuncian, un sindicalismo combativo kirchnerista o que articule con el kirchnerismo, y un sindicalismo combativo de izquierda, que intente enfrentar la marea macrista en forma solitaria o desarticulada con el mundo político. Sólo una coordinación de los mundos político y sindical puede enfrentar con éxito las medidas de empobrecimiento y precarización laboral que se ven en el horizonte.

4) Pero todo proceso revolucionario de este tipo, no se da sin una resistencia popular o política como la que se atisba en la Argentina del siglo XXI. Así como para aplicar este modelo en los años posyrigoyenistas se tuvo que encarcelar a Yrigoyen y sus partidarios, y para hacerlo en los años posperonistas se tuvo que proscribir a Perón y perseguir o encarcelar a los peronistas, actualmente Cambiemos deberá hacer lo propio con Cristina y los kirchneristas. Esta es la etapa que más asemejamos a la fase "general Aramburu" de la Revolución Libertadora del posperonismo (como señalamos en la nota citada). Toda acción contra los intereses populares conlleva una reacción ya sea política o sindical, y para eso el macrismo está preparado. Y los métodos son la persecución o amenaza mediática o judicial, la represión callejera o por los servicios de inteligencia, ya liberados de cualquier control estatal o judicial y económicamente empoderados por el gobierno. Luego de los resultados electorales aparece Cristina Fernández como la cabeza de la oposición franca al modelo menemista-macrista, y por eso la expresidente se convirtió en un escollo insalvable para sus políticas. Más aún, como lo fueron Yrigoyen y Perón en sus respectivas épocas, ella representa además "el pasado mejor" que permanece en el inconsciente colectivo para comparar con el presente de penurias que se vive, y que todo indica que empeorará en los próximos años. Ergo: como para "la década infame" en los años treinta y para "la revolución fusiladora" en los cincuenta, para Cambiemos y "el círculo rojo" macrista, Cristina es el obstáculo a eliminar en la política nacional. Sea como sea y caiga quien caiga.

No obstante el panorama expuesto aquí, hay un par de señalamientos que debemos hacer con relación a los resultados que arrojaron las urnas. Más allá de los festejos de Cambiemos y las especulaciones de los medios oficialistas (casi la totalidad del espectro nacional), los fríos números no corroboran tales augurios de un camino aceitado para el gobierno. Analicemos un poco los resultados.

El macrismo logra un triunfo electoral en sus primeras elecciones de medio término a nivel nacional por un porcentaje (41,9) similar al obtenido por el kirchnerismo en 2005 (41,59), y apenas superior al del menemismo en 1991 (40,22). Sólo el alfonsinismo en 1985 triunfó con un porcentaje mayor a los citados (43). Y el único derrotado en las primeras elecciones estando en el poder fue el delarruismo con un escaso 23,3% en el 2001, meses antes de rodar escaleras abajo con el modelo neoliberal en llamas. Este fenómeno repetido se debe, como señaló Horacio Verbitsky el domingo pasado, a "la digestión lenta del electorado, que no cambia de tendencia al mismo ritmo que las elites, salvo acontecimientos catastróficos". Y para frenar por adelantado cualquier análisis que anatemice a quienes voten distinto que uno, reproducimos unas palabras del antropólogo Alejandro Grimson que intenta explicar las razones del voto: "En el voto se juegan emociones, identidades, relaciones entre emociones y bolsillo, entre emociones y casa propia, entre emociones y derechos... (...) Pero la gente tiene ilusiones, confianzas, desconfianzas".
Debemos señalar, además, que ese triunfo no fue avasallador, como señalan los medios, ya que la alianza oficialista logró a nivel nacional 10.203.936 de votantes, alcanzando un 41,9% de los votos, pero el kirchnerismo logró 7.471.919 de votantes, es decir el 30,7% de los votos en el país.
Además, en la provincia de Buenos Aires el oficialismo blandió sus naipes más valiosos (Macri, Vidal, la enorme mayoría de los medios oficialistas repicando con la "corrupción K", la no vuelta al pasado, etc) con el propósito de derrotar y de ser posible borrar del mapa todo resabio de kirchnerismo; sin embargo, aunque pudo revertir la derrota de las PASO, la polarización fue efectiva pero no alcanzó para lograr el objetivo de máxima. El oficialismo logró 3.896.150 votos (un 42,2%) pero Cristina, el "símbolo del pasado", aumentó lo obtenido en las PASO y alcanzó 3.348.201 votos (un 36,3%). Un poco más de 500.000 votantes tan solo separarían, en la provincia más populosa, el universo de quienes anhelan ese "pasado mejor y perdido" y concreto del de quienes confían en ese "futuro prometido" por el macrismo. Lo que constituye, paradójicamente, una diferencia similar a la observada, en ese mismo distrito, entre Scioli y Macri en la primera vuelta presidencial de 2015, aunque en sentido contrario.

Otro fenómeno sobrevalorado por los medios afines y por el propio oficialismo es el “resonante” triunfo que "habría" conseguido Elisa Carrió en CABA. Sin embargo, si miramos los números obtenidos veremos lo siguiente:
La boleta de Vamos Juntos con la mediática diputada a la cabeza obtuvo en estas elecciones un 50,9% de los votos porteños. Sin embargo, la boleta de Cambiemos en 2015, sin su estelar presencia ya había obtenido un 45,8%. De esta manera, la diputada Carrió habría aportado al macrismo un escaso 5,1% de incremento en las adhesiones en CABAque además es territorio propio del PRO. Por lo tanto, la presencia de la mediática figura política no desequilibra ninguna elección sino que ella misma representa un fenómeno de ubicuidad personal, el mismo que la mantiene vigente a pesar de sus idas y venidas en materia de agrupaciones partidarias y resultados electorales personales.

Párrafo aparte merece el caso de Cristina Fernández de Kirchner. Aún con su derrota electoral en la provincia a cuestas, se erige como la líder de la oposición con mayor caudal de votos y referente no sólo del golpeado peronismo sino también de una oposición "nacional y popular" con miras a las presidenciales de 2019. Ese previsible crecimiento y la constitución de una alianza nueva a su alrededor la sindica, por lo tanto (como señalamos más arriba) como el principal objeto de proscripción o encarcelamiento por parte del oficialismo, sus jueces y fiscales afines y el establishment.

Sólo el tiempo dilucidará el rumbo que tome la sociedad en los próximos dos años, pero no creemos que varíe mucho de lo sugerido aquí. Los tiempos políticos y sociales son mucho más lentos que lo esperado por los observadores o protagonistas, y la inercia de los procesos explica los lentos desplazamientos electorales. Sin embargo, cuando una sociedad protagoniza un giro en su visión política, ésta es difícilmente detenida en el corto plazo de dos años.


5 de octubre de 2017

¿Todos los gobiernos populares son corruptos y demagogos? ¿Qué dice nuestra historia?

Todos los movimientos populares (por caso, el yrigoyenismo, el peronismo o el kirchnerismo) fueron acusados estando en el gobierno de corruptos, inmorales y demagogos por la oposición, y juzgados por los gobiernos que los sucedieron. Sin embargo, aunque sus líderes sufrieron juicios empachados con acusaciones tanto en la prensa como en los tribunales, los mismos fueron a su vez famélicos de pruebas o sentencias de culpabilidad. Este fenómeno, típico en nuestra historia política y que no deja afuera a ningún partido mayoritario (UCR o PJ), demuestra que las razones principales de los ataques de la oposición a dichos gobiernos no son los supuestos casos de corrupción intrínsecos a ese tipo de movimientos (aunque ninguno de ellos está libre de pecado), sino las políticas mismas que ellos implementaron y el modelo de país que pregonaron.
Para demostrar este hecho, repasemos brevemente algunas de las acusaciones de este tipo que registra nuestra historia, que posteriormente no fueron ratificadas en los tribunales pero que quedaron como leyendas urbanas, flotando en el conciencia colectiva de la sociedad. Esas leyendas mancharon el prestigio tanto del radicalismo o el peronismo en sus respectivas épocas, aunque aún hoy en día existen voceros de aquellas oposiciones que acostumbran a enarbolarlas aunque ya han sido probadas como falsas.
Empecemos por el presidente Hipólito Yrigoyen, reproduciendo párrafos de historiadores o analistas.


El golpe que el 6 de septiembre de 1930 derrocaría al presidente constitucional Hipólito Yrigoyen venía siendo anunciado mucho antes de que Leopoldo Lugones exaltara “la hora de la espada”. En ese discurso el prestigioso poeta llamaría al Ejército —“esa última aristocracia”— a tomar las riendas, y la conspiración sentaría precedentes que lamentablemente iban a hacer escuela en la Argentina. Los golpistas del futuro aprendieron en el 30 que la cosa debía empezar con el desprestigio del gobierno y el sistema a través de una activa campaña de prensa; asimismo, lograr la adhesión y el auxilio financiero de los grandes capitales nacionales y extranjeros a cambio de entregarles el manejo de la economía; rebajar los sueldos y pedir sacrificios a los asalariados que luego se traducirían en una hipotética prosperidad; las arengas debían ser fascistas pero el Ministerio de Economía sería entregado a un empresario o gerente liberal al que no le molestaran mucho los discursos y las actitudes autoritarias, a un liberal al que lo tuvieran sin cuidado el respeto a los derechos humanos y todos aquellos derechos impulsados justamente por el liberalismo.
Para que quede claro, un “liberal” argentino, en los términos de la genial definición de Alberdi: “Los liberales argentinos son amantes platónicos de una deidad que no han visto ni conocen. Ser libre, para ellos, no consiste en gobernarse a sí mismos sino en gobernar a los otros. La posesión del gobierno: he ahí toda su libertad. El monopolio del gobierno: he ahí todo su liberalismo. El liberalismo como hábito de respetar el disentimiento de los otros es algo que no cabe en la cabeza de un liberal argentino. El disidente es enemigo; la disidencia de opinión es guerra, hostilidad, que autoriza la represión y la muerte”.

Declaraciones de Marcelo T. de Alvear, diario La Razón, Buenos Aires, 8 de septiembre de 1930.
Yrigoyen con una ignorancia absoluta de toda la práctica de gobierno democrático, parece que se hubiera complacido en menoscabar las instituciones. Da pena cómo ese hombre, que encarnaba los anhelos de la libertad del sufragio, que tenía un puesto ganado en la historia al dejar su primera presidencia, destruyó su propia estatua.”
“Él, que dirigió varias revoluciones, en las que nosotros participamos, no logró hacer triunfar ninguna. En cambio, ve triunfar la primera que le hacen a él. Más le valiera haber muerto al dejar su primer gobierno; al menos, hubiera salvado al partido, la única fuerza electoral del país, rota y desmoralizada por la acción personal de su personalismo.”

Tras ser derrocado en 1930, Hipólito Yrigoyen fue investigado por el gobierno golpista que creó una comisión especial para detectar supuestas irregularidades administrativas.
Según el historiador Félix Luna, Yrigoyen fue indagado y se le dictó prisión preventiva, hasta que resultó indultado en febrero de 1932. Más tarde se lo volvió a recluir en la isla de Martín García, esta vez acusado de conspirar contra el régimen.
Durante la llamada “Década Infame” –pródiga en maniobras fraudulentas–, ninguna causa prosperó en la Justicia, que obviamente estaba al servicio del régimen.

Una gran cantidad de periódicos se sumó a la campaña de destitución del presidente: Crítica, La Prensa, La Nación, La Razón, La Vanguardia se ensañaron con el jefe de Estado al que caracterizaron de "tirano", "totalitario", "anticonstitucional", "déspota", "dictador", "inepto", "corrupto". El diario de extrema derecha nacionalista "La Fronda", representativo del racismo y clasismo del nacionalismo aristocratizante -en el que abrevaba uno de los principales impulsores del golpe de estado, el germanófilo general retirado José Félix Uriburu- desacreditaba al radicalismo desde una matriz analítica que abrevaba en el racismo y el clasismo: "El triunfo del radicalismo en toda la República, ha tenido, como principal consecuencia, un predominio evidente de la mentalidad negroide".
La campaña de prensa que acompañaba a la conjura cívico militar se articulaba con la radicalización opositora que el 10 de agosto de 1930 da a conocer el "Manifiesto de los cuarenta y cuatro" al que adhirieron parlamentarios opositores de distintos sectores. En él se acusaba al gobierno de la UCR de alterar el normal funcionamiento del sistema constitucional, de todos los entes autárquicos del Estado argentino, el principio de autonomía de las provincias, las leyes del trabajo, de actuar con despilfarro e imprudencia en la distribución de los recursos, de negligencia en la defensa de los intereses agrarios y de causar la ruina del país. Esta proclama alteró aún más los ánimos y las críticas se hicieron más agresivas. Actos políticos opositores, grupos universitarios y grupos nacionalistas que confrontaban elementos de acción oficialistas y con la policía provocaban constantes disturbios reclamando la renuncia de Yrigoyen.

El primer ex presidente argentino que tuvo que enfrentar a un juez fue Hipólito Yrigoyen, poco después de ser derrocado el 6 de setiembre de 1930 por el primer golpe militar de la historia argentina, encabezado por el general José Félix Uriburu. El caudillo radical fue satanizado por el régimen, que constituyó una comisión especial para investigar sus actos del gobierno e hizo abrir una causa por supuestos hechos de corrupción, que incluían desde compras hechas por el Estado hasta la administración de Lotería Nacional.
Quince meses pasó preso Yrigoyen, hasta que Uriburu lo indultó en febrero de 1932. A pesar de que intentó rechazar el gesto, fue liberado y volvió a Buenos Aires, desde la isla Martín García, el mismo día en que asumía el gobierno Justo, en la inauguración de la llamada "Década Infame’’. En diciembre del mismo año, Yrigoyen pasaría el último fin de año de su vida detenido nuevamente en Martín García, acusado de conspirar.

En sus Memorias Curiosas Juan Manuel Berutti afirmó, sobre la caída de los gobernantes denigrados de los primeros gobiernos patrios, que todo era "falso y no se debe creer por no haberse probado cosa alguna".
Otro parágrafo notable de la obra citada es el titulado La calumnia contra los líderes populares. El jefe desarrollista se pregunta "¿Qué no se dijo de la corrupción de los gobiernos de Hipólito Yrigoyen?". Y cita los dichos del ministro del Interior de la dictadura uriburista, Matías Sánchez Sorondo, quien señaló pocos después del golpe septembrino que "una horda, un hampa, había acampado en las esferas oficiales y plantado en ellas sus tiendas de mercaderes, comprándolo y vendiéndolo todo, desde lo más sagrado hasta el honor de la Patria". Por su parte, en el recinto del Senado, Benjamín Villafañe dijo: "Al yrigoyenismo lo forman ciento diez mil prontuariados en la sección Robos y Hurtos, sesenta mil pederastas y cincuenta mil más que viven al margen de la ley, del juego y de la explotación de mujeres..."
Gracias a las campañas infamantes ministros y funcionarios de Yrigoyen tuvieron que refugiarse en el exterior, otros se suicidaron. Nunca nadie comprobó nada...

A su vez, ¿qué se decía en los medios y los ambientes políticos sobre Yrigoyen y sus seguidores? ¿Tiene alguna relación con lo que se dice hoy en día de la expresidenta y sus seguidores? Veamos qué nos dice la historia:

Aparecieron en manadas los radicales del Parque, surgieron “dotores y más “dotores”, cuyas melenas cortadas en el cogote a filo de navaja y los cuellos altos, no siempre limpios, denunciaban larga ascendencia de pañuelo al cuello y pantalón bombilla. Las chinas, pintadas de albayalde, trepadas a sus tacones Luis XV, decoraban las antesalas y repartían miradas tropicales entre la canalla ensoberbecida, candombe peor que de negros, de mulatos. Color chocolate en los rostros y color chocolate en las conciencias”.
Valenti Ferro, Enzo. “Qué quieren los nacionalistas”, Bs As, 1933

“El espectáculo que presentaba la casa de gobierno...era pintoresco y bullicioso. Como en un hormiguero, la gente, en su mayoría mal trajeada, entraba y salía hablando y gesticulando con fuerza. Un ordenanza me condujo a la sala de espera... Ví allí un conjunto de personas de las más distintas cataduras :una mujer de humilde condición con un chiquillo en los brazos, un mulato en camiseta, calzado con alpargatas, que fumaba y escupía sin cesar, un señor de edad que parecía funcionario jubilado, dos jóvenes radicales que conversaban con vehemencia de política con un criollo medio viejo de tez curtida, al parecer campesino, por su indumentaria y su acento”.
Ibarguren, Carlos, “La historia que he vivido”, Bs As, EUDEBA, 1969, pág. 300.

“Ya por entonces el Congreso estaba lleno de chusma y guarangos inauditos. Se había cambiado el lenguaje parlamentario usual, por el habla soez de los suburbios y los comités radicales. Las palabras que soltaban de sus bocas esos animales no habían podido ser dichas nunca ni en una asamblea salvaje del Africa o del Asia. En el Congreso ya no se pronunciaban discursos, sino que se rebuznaba y la barra secundaba los actos de su amigos”.
Bosch, Mariano “Historia del partido Radical”, BsAs, pág . 214

“Hubo el encumbramiento por el favor presidencial de los elementos más inferiores de la sociedad... En realidad, una verdadera turba allí acampada, en espera permanente del beneficio, la dádiva, el empleo prometido... Fue un pronunciamiento de la plebe, de la masa popular desheredada.”
Federico Pinedo (abuelo del actual senador de Cambiemos), “En tiempos de la República”, Edit. Mundo Forense, Bs As, 1946, pág. 40.
Textos extractados de "La Causa Radical contra El Régimen Conservador (1850-1928)" Norberto Galasso.

“Este hombre (Yrigoyen) no tiene energías, ni tiene voluntad, tiene una obstinación, un deseo de decidir el voto de los electores por medio de favores, servicios, prebendas y promesas, se puede llegar a situaciones insostenibles. Hay una clase de parasitismo populachero, que es insaciable… Todo esto prepara situaciones sociales realmente pavorosas, tan serias y tan complicadas, que muchas veces imponen la necesidad de apelar a recursos extremos…”
Nicolás Repetto en la Cámara de Diputados.

“Yrigoyen significó un anacronismo, un paso atrás hacia la barbarie y un ultraje a la cultura alcanzada. Fue la invasión del bajo fondo en su parte enferma al poder, el fandango de la cocina instalada en la sala, el asalto a las arcas públicas por todo género de delincuentes, la humillación de toda manifestación de cultura por la hez del conventillo… ¡Es el ciudadano que ha irrogado más daños a su patria!”
Benjamín Villafañe en La Tragedia Argentina.

“Se han resucitado las prácticas de la mazorca llevando el terror a todas partes… El pueblo creyó en su caudillo con fe ciega. Y no vio nada, no vio la Patria… El líder pudo convivir con todos y vibró con unos pocos, con los peores… Por eso ha terminado solo, absolutamente solo”.
Extractado de Revista El Hogar de 1930, luego del derrocamiento de Yrigoyen.

“Una horda, un hampa había acampado en las esferas oficiales y plantado en ellas sus tiendas de mercaderes, comprando y vendiéndolo todo, desde lo más sagrado hasta el honor de la Patria… La época yrigoyenista ha pasado ya vomitada por el pueblo al gheto de la historia.”
Discurso de Sánchez Sorondo en 1930, luego del derrocamiento de Yrigoyen.
Textos extractados de El Golpe Militar del 6 de Setiembre de 1930 de Norberto Galasso.



Pasemos ahora a Juan Domingo Perón, fundador del peronismo, heredero evidente no tan sólo del espíritu popular del yrigoyenismo sino también, y principalmente, de sus enemigos.

Durante la década peronista (1945-1955) hubo numerosas denuncias contra el gobierno, lanzadas desde la oposición. Varios personajes de la época estuvieron bajo sospecha, entre ellos el cuñado del presidente, Juan Duarte, quien apareció muerto en su departamento poco después del fallecimiento de su hermana, Eva Perón, cuando había caído en desgracia. Tras el derrocamiento de Juan Domingo Perón, los autores del golpe de Estado crearon la Comisión Nacional de Investigaciones, que se abocó con frenesí a encontrar evidencias de malversaciones y peculados durante sus dos presidencias.
La Comisión, presidida por el contralmirante Leonardo McLean –repartida en varias subcomisiones de otros tantos supuestos ilícitos–, fue el más empeñoso intento en obtener pruebas que nunca aparecieron, diluyéndose las acusaciones en la publicación del Libro Negro de la Segunda Tiranía. La causa de estupro que fue abierta por esos días se mantuvo viva durante décadas, además de las de incitación a la violencia y de ataque a la religión.
El odio del gobierno de la Revolución Libertadora hacia el peronismo privó de imparcialidad a las investigaciones contra el presidente destituido el 16 de setiembre de 1955. Aún antes de que el general Pedro Aramburu desplazara a Eduardo Lonardi y la persecución se volviera violenta, un tribunal militar le atribuyó a Perón los siguientes delitos: incitación a la violencia, ataques a la religión católica, quema de la bandera y estupro. Lonardi aceptó la recomendación del tribunal y lo degradó como militar. La acusación de estupro fue una de las más publicitadas. A Perón se le atribuyó un romance con una adolescente llamada Nelly Rivas, a quien se envió a un reformatorio. Exiliado, el ex presidente evitó las consecuencias judiciales pero las causas siguieron abiertas por muchos años.
El peronismo tampoco escapó a la calumnia y al descrédito de parte de la prensa y de políticos oportunistas, que sólo pensaban en los intereses de círculo y no en el bien común. Los peronistas fueron juzgados arbitrariamente en bloque y miles de dirigentes políticos, empresariales y sindicales sufrieron la cárcel, la interdicción y la discriminación "libertadora". De tantas acusaciones, nunca nadie comprobó nada...

Y repasemos ahora lo que se decía sobre el presidente Perón y sus seguidores y comparémoslo también con lo que se sostiene hoy en día sobre el gobierno anterior y sus seguidores:

"En los bajíos y entresijos de la sociedad hay acumuladas miseria, dolor, ignorancia, indigencia más mental que física, infelicidad y sufrimiento. Cuando un cataclismo social o un estímulo de la policía moviliza las fuerzas latentes del resentimiento, cortan todas las contenciones morales, dan libertad a las potencias incontroladas, la parte del que pueblo que vive ese resentimiento y acaso para su resentimiento, se desborda en las calles, amenaza, vocifera, atropella, asalta a diarios, persigue en su furia demoníaca a los propios adalides permanentes y responsables de su elevación y dignificación".
Partido Socialista.

"No sólo por los bombos, platillos, triángulos y otros improvisados instrumentos de percusión (esa gente) me recuerda las murgas de carnaval, sino también por su indumentaria: parecen disfrazados de menesterosos. Me pregunto de qué suburbio alejado provienen esos hombres y mujeres casi harapientos, muchos de ellos con vinchas que, como a los indios de los malones, les ciñen la frente y casi todos desgreñados. ¿O será que el día gris y pesado o una urgente convocatoria, les ha impedido a estos trabajadores tomarse el tiempo de salir a la calle bien entrazados o bien peinados, como es su costumbre ¿O habrán surgido de ámbitos cuya existencia yo desconozco".
María Rosa Oliver, escritora del grupo "Sur" y camarada de ruta del partido comunista.


"El malón peronista - con protección oficial y asesoramiento policial- que azotó al país, ha provocado rápidamente- por su gravedad- la exteriorización del repudio popular de todos los sectores de la República en millares de protestas. Se plantea así para nuestros militantes, una serie de tareas que para mayor claridad, hemos agrupado en dos rangos: higienización democrática y clarificación política. Es decir, por un lado, barrer con el peronismo y todo aquello que de alguna manera sea su expresión: por el otro, llevar adelante una campaña de esclarecimiento de los problemas nacionales, la forma de resolverlos y explicar ante las amplias masas de nuestro pueblo, más aún que lo hecho hasta hoy, lo que la demagogia peronista representa. En el primer orden, nuestros camaradas deben organizar y organizarse para la lucha contra el peronismo hasta su aniquilamiento. Corresponde aquí también señalar la gran tarea de limpiar las paredes y las calles de nuestras ciudades de las inmundas ’pintadas’ peronistas. Que no quede barrio o pueblo sin organizar las brigadas de reorganización democrática. Nuestras mujeres deben visitar las casas de familia, comercios, etc, reclamando la acción coordinada y unánime contra el peronismo y sus hordas. Perón es el enemigo número uno del pueblo argentino."
Declaración del Partido Comunista.


"Los acontecimientos de los días 17 y 18 (de octubre de 1945) de este mes han dejado perplejos y confundidos a los stalinistas, socialistas y en general a toda la pequeña burguesía que se hallaba bajo el influjo ideológico de la oligarquía y del imperialismo... La misma masa popular que antes gritaba ¡Viva Yrigoyen!, grita ahora ¡Viva Perón!
Así como en el pasado se intentó explicar el éxito del yrigoyenismo aludiendo a la demagogia que atraía a la chusma, a las turbas pagadas, a la canalla de los bajos fondos, etc., así tratan, ahora, la gran prensa burguesa y sus aliados menores, los periódicos socialistas y stalinistas, de explicar los acontecimientos del 17 y 18 en iguales o parecidos términos. Con una variante: comparan la huelga a favor de Perón con las movilizaciones populares de Hitler y Mussolini. Identificar el nacionalismo de un país semicolonial con el de un país imperialista es una verdadera ’proeza’ teórica que no merece siquiera ser tratada seriamente... La verdad es que Perón, al igual que antes Yrigoyen, da una expresión débil, inestable y en el fondo traicionera, pero expresión al fin, a los intereses nacionales del pueblo argentino. Al gritar ¡Viva Perón!, el proletariado expresa su repudio a los partidos pseudo-obreros cuyos principales esfuerzos en los últimos años estuvieron orientados en el sentido de empujar al país a la carnicería imperialista. Perón se les aparece, entre otras cosas, como el representante de una fuerza que resistió larga y obstinadamente esos intentos y como el patriota que procura defender al pueblo argentino de sus explotadores imperialistas.
Por primera vez, en muchos años, la clase obrera ha salido a la calle y ha influido de manera importante en el curso político del país... Las grandes masas explotadas se están poniendo de nuevo en movimiento".
Grupo "Frente Obrero".

Textos extractados de "El 17 de Octubre de 1945" de Norberto Galasso.



Otras basuras en oferta

DELIVERY BASURERO

DELIVERY BASURERO
Si querés que te avisemos cuando publicamos una nota, pedilo a basureronacional@gmail.com