17 de junio de 2019

“Plan F.F.”: barajar y dar de nuevo. La división del antikirchnerismo y el fin de la Revolución Macrista.

Y finalmente, un día la expresidente Cristina Fernández pateó el tablero con lo que podemos llamar “Plan F.F.” y aceleró las definiciones políticas de todos los sectores políticos, inclusive el suyo, el peronismo. Utilizó para eso dos de las características políticas del kirchnerismo: sorpresa y audacia. De la misma manera que cuando Néstor Kirchner sorprendió con su alianza con el poderoso Duhaldismo en 2003 (a cargo del Poder Ejecutivo), o cuando lo enfrentó en 2005 postulando a Cristina para diputada en la provincia de Buenos Aires enfrentando a Chiche Duhalde, y también cuando eludió la segura reelección de Néstor postulando a Cristina en 2007.
En 2019, el kirchnerismo sorprende al practicar un enroque de su dama, colocándola en el segundo puesto de la fórmula presidencial, asegurando así su gran caudal de votos y fungiendo de respaldo ideológico de la misma, y colocando a Alberto Fernández (un kirchnerista crítico de su segundo mandato y que se había alejado durante 10 años) en el primer término de la fórmula y en el primer plano político y mediático.
La función de Alberto es la ejecutiva en un probable gobierno peronista, además de congregar tras la fórmula a la mayor cantidad de tribus peronistas, de movimientos sociales y gremiales para lograr un caudal de votos suficientes para ganar en la primera vuelta, asegurando una cantidad de diputados y senadores que fortalezcan al movimiento que gobernará a partir del 10 de diciembre.
Y la función de Cristina en el gobierno Fernández-Fernández será funcionar de reaseguro ideológico del gobierno y seguro de recambio ante cualquier embestida institucional que intente el establishment contra el presidente Alberto.
La clave de este movimiento táctico es conseguir lo contrario de lo que el establishment logró en 2015 y 2017: dividir el antikirchnerismo. En las dos elecciones generales anteriores, el establishment pudo dividir al peronismo en kirchnerismo y antikirchnerismo, y al resto de la masa votante en peronista y antiperonista.
Cambiemos pudo en la primera vuelta de 2015 partir de su caudal de antiperonismo y sumar el antikirchnerismo y el voto independiente o apartidario y llegar a la Casa Rosada en la segunda vuelta.
El antiperonismo histórico suele rondar el 35% o de los votantes o más, como sucedió en 1973 cuando la fórmula Perón-Perón logró el histórico 62% de los votos, o en 1989 cuando Angeloz logró reunirlo enfrentando a Menem-Duhalde.
Pero ¿quiénes son estos votantes independientes o apartidarios? Son quienes están alejados del debate ideológico, quienes priorizan sus intereses económicos o sociales a cualquier explicación ideológica o debate político. Según Eduardo Fidanza, este sector representa un 60% de los votantes, que tienen un voto volátil, y que está dividido entre quienes podrían votar a cualquiera y quienes votarían a cualquiera menos a Macri o Cristina.


Sobre este universo de votos es donde la jugada táctica de Cristina tendría efecto. Se produjo así un barajar y dar de nuevo en la política de alianzas. Ante eso, la fórmula de los Fernández puede funcionar como arrolladora fuerza centrípeta y atraer a los votantes (no todos) que participaron de aquel sorprendente 54% de los votos de Cristina en 2011 y que luego se desperdigaron en las vertientes peronistas del massismo, el moyanismo gremial y otros grupos diminutos de peronistas antikirchneristas. Esa fórmula se convertirá en sinónimo de todo lo no Macri, al antónimo de todo lo malo de Cambiemos.
Lo que vemos que se está gestando hoy es la división del antikirchnerismo en porciones que adhieren fundamentalmente a las candidaturas de Macri-Pichetto, Lavagna-Urtubey o Espert-(?). Vale aclarar que allí también se encuentran algunos votantes peronistas antikirchneristas, para sorpresa de quienes hagan un análisis ahistórico de los conductas de los movimientos políticos populares autóctonos. Análisis que desconocen que se trata de una variante actualizada de la división personalistas/antipersonalistas que dividió y desangró al radicalismo en los años 20 y 30 del siglo pasado o a la que amenazó al movimiento peronista en los años 60 con el peronismo y el “peronismo sin Perón”.


Como decíamos aquí en abril en referencia al posible resurgimiento del kirchnerismo:
“Los primeros indicios ya se están viendo día a día, pero el ritmo se incrementará cuando se asienten las candidaturas opositoras, principalmente la de la expresidenta; y entonces se acelerará la fuerza centrípeta de ambos polos políticos mencionados. Y se harán más explícitos los apoyos a Cristina, aunque algunos de ellos parecían difíciles o tal vez imposibles hasta hace unos meses.

Eso es lo que estamos viendo actualmente, esa fuerza centrípeta acercó a la corriente kirchnerista con esas vertientes perdidas desde 2011. También se produjo la división de lo que parecía ser una alianza no-kirchnerista, llamada Alternativa Federal, que se desgajó tan rápido como había florecido, con la huída del massismo y de Pichetto del grupo, quedando allí sólo Urtubey con su manojo de votos norteños y que lo obligó a abrevar en la fuente de Lavagna y los restos del socialismo perdidoso de Santa Fe.
En el oficialismo se aceleró la crisis que asomaba en Cambiemos tras las recurrentes derrotas electorales a nivel provincial, de la mano de los triunfos del peronismo, que está dentro del Frente de Tod@s. Sumado a la aparición de la candidatura de Espert, que atrae el voto de la derecha económica más dura (y casi antipolítica), y que junto con la fórmula Lavagna-Urtubey también atraen los votos de centro que engrosaban aquel 52% de Macri en 2015.
Ante este panorama, el gobierno logró afianzar a Macri como líder de su espacio e intenta consolidar su núcleo duro (que amenaza adelgazar debido a la crisis económica y de credibilidad presidencial) con la incorporación de Pichetto y sus votos imaginarios. Pero tiene enfrente la dura tarea de recuperar aquel 34% obtenido en la primera vuelta de 2015 para llegar a la segunda vuelta, y entonces intentar el sueño de alcanzar aquel lejano 51,24% de los votos que lo llevaron a la Casa Rosada en su mejor momento, cuando todo eran promesas y esperanzas y no fracaso, crisis económica, social y de la palabra presidencial como sucede hoy.

¿Qué se puede esperar entonces del resultado de los comicios de octubre? Podemos especular largamente cuando no se han oficializado las fórmulas pero que no variarán mucho de lo que se conoce. Sin embargo, algo parece ser lo más probable: la fórmula Fernández-Fernández será la que más votos obtenga en octubre, probablemente seguida de la oficialista o, menos probablemente, de la de Lavagna-Urtubey. En este último caso el resultado de la segunda vuelta sería difícil de prever, ya que no se puede intuir el comportamiento de los votantes no macristas en esa instancia. En caso de que se dé un enfrentamiento entre Fernández y Macri en el balotaje la polarización será caracterizada por ambos espacios de manera distinta. El oficialismo lo hará entre el pasado autoritario y un futuro de venganza y caos en manos del kirchnerismo y un futuro de mantenimiento de los logros idealizados y esperanza encarnado en el macrismo renovado. En cambio, el kirchnerismo lo teñirá de los aspectos económicos y sociales perdidos durante el macrismo y la esperanza de recobrar lo perdido y avanzar en la consolidación de un país más justo encarnada en un kirchnerismo aggiornado.

Pero en el caso de un triunfo en primera vuelta de la fórmula de los Fernández, como dijimos aquí en aquella nota de abril: “representaría un golpe fatal al gobierno, y lo llevaría en camilla hasta el 10 de diciembre, en el mejor de los casos”.
En un par de meses y en plena campaña veremos cómo se irán perfilando los votantes, pero seguramente el establishment político-mediático-judicial utilizará cualquier arma a la mano para impedir el regreso de un movimiento popular, con más encono que nunca y a plena luz del día, ya que sabe que no sólo es su última oportunidad para consolidar el perfil de país que intentó imponer siempre y a cualquier costo, sino que sabe también que tiene mucho que perder si surge un cuarto gobierno nacional y popular (los tres primeros fueron el yrigoyenista, el peronista y el kirchnerista) el que con sólo restablecer una parte importante de los logros del último se asegura la reelección en 2023.


Es por eso que afirmamos ya desde el título que con este barajar y dar de nuevo provocado por la sorpresiva jugada de Cristina Fernández, la consecuente división del antikirchnerismo provocará el fin de lo que hemos llamado la Revolución Macrista.

1 de mayo de 2019

Sí, los kirchneristas "se robaron todo", como los peronistas y los yrigoyenistas en el siglo pasado...

Todos los movimientos populares (por caso, el yrigoyenismo, el peronismo o el kirchnerismo) que gobernaron Argentina fueron acusados de corruptos, inmorales y demagogos por la oposición, y juzgados por los gobiernos (mayormente autoritarios) que los sucedieron. Sin embargo, aunque sus líderes sufrieron juicios empachados con acusaciones tanto en la prensa como en los tribunales, esos procesos fueron a su vez famélicos de pruebas o sentencias condenatorias. Una cosa eran las acusaciones y otra muy distinta las pruebas de esas acusaciones. Este fenómeno, típico en nuestra historia política y que no deja afuera a ningún partido mayoritario (UCR o PJ), demuestra que las razones principales de los ataques de la oposición a dichos gobiernos no fueron los supuestos casos de corrupción “intrínsecos” a ese tipo de movimientos (aunque ninguno de ellos está libre de pecado), sino las políticas mismas que ellos implementaron y el modelo de país que pregonaron. Esos gobiernos autoritarios que los sucedieron, generalmente liberales o neoliberales, tuvieron como casi única razón de ser la destrucción a cualquier costo de los movimientos populares. Además, en sus administraciones abundaron los defectos que le atribuían a los gobiernos populares. Porque, como decía Juan Bautista Alberdi: “Los liberales argentinos son amantes platónicos de una deidad que no han visto ni conocen. Ser libre, para ellos, no consiste en gobernarse a sí mismos sino en gobernar a los otros. La posesión del gobierno: he ahí toda su libertad. El monopolio del gobierno: he ahí todo su liberalismo. El liberalismo como hábito de respetar el disentimiento de los otros es algo que no cabe en la cabeza de un liberal argentino. El disidente es enemigo; la disidencia de opinión es guerra, hostilidad, que autoriza la represión y la muerte”.
Pero el ataque sistemático a todo lo que huela a popular (o populista, como suele llamárselos ahora a estos gobiernos), no se limita tan solo a sus medidas de gobierno sino también a sus cuadros políticos, militantes, simpatizantes o hasta votantes. Incluso esas diatribas pueden provenir de excompañeros de militancia.

Repasemos algunas de estas injurias. Comencemos con el gobierno de Hipólito Yrigoyen.
Declaraciones de Marcelo T. de Alvear, diario La Razón, Buenos Aires, 8 de septiembre de 1930:
“Yrigoyen con una ignorancia absoluta de toda la práctica de gobierno democrático, parece que se hubiera complacido en menoscabar las instituciones. Da pena cómo ese hombre, que encarnaba los anhelos de la libertad del sufragio, que tenía un puesto ganado en la historia al dejar su primera presidencia, destruyó su propia estatua.”
“Él, que dirigió varias revoluciones, en las que nosotros participamos, no logró hacer triunfar ninguna. En cambio, ve triunfar la primera que le hacen a él. Más le valiera haber muerto al dejar su primer gobierno; al menos, hubiera salvado al partido, la única fuerza electoral del país, rota y desmoralizada por la acción personal de su personalismo.”

Una gran cantidad de periódicos se sumó a la campaña de destitución del presidente: Crítica, La Prensa, La Nación, La Razón, La Vanguardia se ensañaron con el jefe de Estado al que caracterizaron de "tirano", "totalitario", "anticonstitucional", "déspota", "dictador", "inepto", "corrupto". El diario de extrema derecha nacionalista "La Fronda", representativo del racismo y clasismo del nacionalismo aristocratizante -en el que abrevaba uno de los principales impulsores del golpe de estado, el germanófilo general retirado José Félix Uriburu- desacreditaba al radicalismo desde una matriz analítica que abrevaba en el racismo y el clasismo:
"El triunfo del radicalismo en toda la República, ha tenido, como principal consecuencia, un predominio evidente de la mentalidad negroide".
Incluso Yrigoyen fue el primer expresidente argentino que tuvo que enfrentar a un juez; eso sucedió poco después de ser derrocado el 6 de setiembre de 1930 por el primer golpe militar de la historia argentina, encabezado por el general Uriburu. El caudillo radical fue satanizado por el régimen, que constituyó una comisión especial para investigar sus actos del gobierno e hizo abrir una causa por supuestos hechos de corrupción, que incluían desde compras hechas por el Estado hasta la administración de Lotería Nacional.
Quince meses pasó preso Yrigoyen, hasta que Uriburu lo indultó en febrero de 1932. A pesar de que intentó rechazar el gesto, fue liberado y volvió a Buenos Aires, desde la isla Martín García, el mismo día en que asumía el gobierno Justo, sucesor del dictador Uriburu (fraude electoral mediante), en la inauguración de la llamada luego "Década Infame’’. En diciembre del mismo año, Yrigoyen pasaría el último fin de año de su vida detenido nuevamente en Martín García, acusado esta vez de conspirar.

Repasemos más diatribas contra Yrigoyen o el yrigoyenismo provenientes de los intelectuales o periódicos del momento:

Aparecieron en manadas los radicales del Parque, surgieron “dotores y más “dotores”, cuyas melenas cortadas en el cogote a filo de navaja y los cuellos altos, no siempre limpios, denunciaban larga ascendencia de pañuelo al cuello y pantalón bombilla. Las chinas, pintadas de albayalde, trepadas a sus tacones Luis XV, decoraban las antesalas y repartían miradas tropicales entre la canalla ensoberbecida, candombe peor que de negros, de mulatos. Color chocolate en los rostros y color chocolate en las conciencias”.
Valenti Ferro, Enzo. “Qué quieren los nacionalistas”, Bs As, 1933

“El espectáculo que presentaba la casa de gobierno...era pintoresco y bullicioso. Como en un hormiguero, la gente, en su mayoría mal trajeada, entraba y salía hablando y gesticulando con fuerza. Un ordenanza me condujo a la sala de espera... Ví allí un conjunto de personas de las más distintas cataduras: una mujer de humilde condición con un chiquillo en los brazos, un mulato en camiseta, calzado con alpargatas, que fumaba y escupía sin cesar, un señor de edad que parecía funcionario jubilado, dos jóvenes radicales que conversaban con vehemencia de política con un criollo medio viejo de tez curtida, al parecer campesino, por su indumentaria y su acento”.
Ibarguren, Carlos, “La historia que he vivido”, Bs As, EUDEBA, 1969, pág. 300.

“Ya por entonces el Congreso estaba lleno de chusma y guarangos inauditos. Se había cambiado el lenguaje parlamentario usual, por el habla soez de los suburbios y los comités radicales. Las palabras que soltaban de sus bocas esos animales no habían podido ser dichas nunca ni en una asamblea salvaje del Africa o del Asia. En el Congreso ya no se pronunciaban discursos, sino que se rebuznaba y la barra secundaba los actos de su amigos”.
Bosch, Mariano “Historia del partido Radical”, Bs As, pág . 214

Hubo el encumbramiento por el favor presidencial de los elementos más inferiores de la sociedad... En realidad, una verdadera turba allí acampada, en espera permanente del beneficio, la dádiva, el empleo prometido... Fue un pronunciamiento de la plebe, de la masa popular desheredada.
Federico Pinedo (abuelo del actual senador de Cambiemos), “En tiempos de la República”, Edit. Mundo Forense, Bs As, 1946, pág. 40.

(Textos extractados de "La Causa Radical contra El Régimen Conservador (1850-1928)" Norberto Galasso.)


“Este hombre (Yrigoyen) no tiene energías, ni tiene voluntad, tiene una obstinación, un deseo de decidir el voto de los electores por medio de favores, servicios, prebendas y promesas, se puede llegar a situaciones insostenibles. Hay una clase de parasitismo populachero, que es insaciable… Todo esto prepara situaciones sociales realmente pavorosas, tan serias y tan complicadas, que muchas veces imponen la necesidad de apelar a recursos extremos…”
Diputado Nicolás Repetto en la Cámara de Diputados.

Yrigoyen significó un anacronismo, un paso atrás hacia la barbarie y un ultraje a la cultura alcanzada. Fue la invasión del bajo fondo en su parte enferma al poder, el fandango de la cocina instalada en la sala, el asalto a las arcas públicas por todo género de delincuentes, la humillación de toda manifestación de cultura por la hez del conventillo… ¡Es el ciudadano que ha irrogado más daños a su patria!”
Benjamín Villafañe en "La Tragedia Argentina".

Se han resucitado las prácticas de la mazorca llevando el terror a todas partes… El pueblo creyó en su caudillo con fe ciega. Y no vio nada, no vio la Patria… El líder pudo convivir con todos y vibró con unos pocos, con los peores… Por eso ha terminado solo, absolutamente solo”.
Extractado de Revista El Hogar de 1930, luego del derrocamiento de Yrigoyen.

Una horda, un hampa había acampado en las esferas oficiales y plantado en ellas sus tiendas de mercaderes, comprando y vendiéndolo todo, desde lo más sagrado hasta el honor de la Patria… La época yrigoyenista ha pasado ya vomitada por el pueblo al gheto de la historia.”
Discurso de Sánchez Sorondo en 1930, luego del derrocamiento del presidente Yrigoyen.
(Textos extractados de El Golpe Militar del 6 de Setiembre de 1930 de Norberto Galasso.)

"En los bajíos y entresijos de la sociedad hay acumuladas miseria, dolor, ignorancia, indigencia más mental que física, infelicidad y sufrimiento. Cuando un cataclismo social o un estímulo de la policía moviliza las fuerzas latentes del resentimiento, cortan todas las contenciones morales, dan libertad a las potencias incontroladas, la parte del pueblo que vive ese resentimiento y acaso para su resentimiento, se desborda en las calles, amenaza, vocifera, atropella, asalta a diarios, persigue en su furia demoníaca a los propios adalides permanentes y responsables de su elevación y dignificación".
Partido Socialista.

"No sólo por los bombos, platillos, triángulos y otros improvisados instrumentos de percusión (esa gente) me recuerda las murgas de carnaval, sino también por su indumentaria: parecen disfrazados de menesterosos. Me pregunto de qué suburbio alejado provienen esos hombres y mujeres casi harapientos, muchos de ellos con vinchas que, como a los indios de los malones, les ciñen la frente y casi todos desgreñados. ¿O será que el día gris y pesado o una urgente convocatoria, les ha impedido a estos trabajadores tomarse el tiempo de salir a la calle bien entrazados o bien peinados, como es su costumbre ¿O habrán surgido de ámbitos cuya existencia yo desconozco".
María Rosa Oliver, escritora del grupo "Sur" y camarada de ruta del partido comunista.


Pasemos ahora a recordar algunos juicios de valor lanzados contra el presidente Juan Domingo Perón o los peronistas en general:

"El malón peronista - con protección oficial y asesoramiento policial- que azotó al país, ha provocado rápidamente -por su gravedad- la exteriorización del repudio popular de todos los sectores de la República en millares de protestas. Se plantea así para nuestros militantes, una serie de tareas que para mayor claridad, hemos agrupado en dos rangos: higienización democrática y clarificación política. Es decir, por un lado, barrer con el peronismo y todo aquello que de alguna manera sea su expresión: por el otro, llevar adelante una campaña de esclarecimiento de los problemas nacionales, la forma de resolverlos y explicar ante las amplias masas de nuestro pueblo, más aún que lo hecho hasta hoy, lo que la demagogia peronista representa. En el primer orden, nuestros camaradas deben organizar y organizarse para la lucha contra el peronismo hasta su aniquilamiento. Corresponde aquí también señalar la gran tarea de limpiar las paredes y las calles de nuestras ciudades de las inmundas ’pintadas’ peronistas. Que no quede barrio o pueblo sin organizar las brigadas de reorganización democrática. Nuestras mujeres deben visitar las casas de familia, comercios, etc, reclamando la acción coordinada y unánime contra el peronismo y sus hordas. Perón es el enemigo número uno del pueblo argentino."
Declaración del Partido Comunista.

"Los acontecimientos de los días 17 y 18 (de octubre de 1945) de este mes han dejado perplejos y confundidos a los stalinistas, socialistas y en general a toda la pequeña burguesía que se hallaba bajo el influjo ideológico de la oligarquía y del imperialismo... La misma masa popular que antes gritaba ¡Viva Yrigoyen!, grita ahora ¡Viva Perón!

Viene a cuento repasar un comentario sobre lo señalado aquí, proveniente de la izquierda más lúcida de esa época, para no señalar los argumentos en defensa del peronismo provenientes del propio peronismo:

Así como en el pasado se intentó explicar el éxito del yrigoyenismo aludiendo a la demagogia que atraía a la chusma, a las turbas pagadas, a la canalla de los bajos fondos, etc., así tratan, ahora, la gran prensa burguesa y sus aliados menores, los periódicos socialistas y stalinistas, de explicar los acontecimientos del 17 y 18 en iguales o parecidos términos. Con una variante: comparan la huelga a favor de Perón con las movilizaciones populares de Hitler y Mussolini. Identificar el nacionalismo de un país semicolonial con el de un país imperialista es una verdadera ’proeza’ teórica que no merece siquiera ser tratada seriamente... La verdad es que Perón, al igual que antes Yrigoyen, da una expresión débil, inestable y en el fondo traicionera, pero expresión al fin, a los intereses nacionales del pueblo argentino. Al gritar ¡Viva Perón!, el proletariado expresa su repudio a los partidos pseudo-obreros cuyos principales esfuerzos en los últimos años estuvieron orientados en el sentido de empujar al país a la carnicería imperialista. Perón se les aparece, entre otras cosas, como el representante de una fuerza que resistió larga y obstinadamente esos intentos y como el patriota que procura defender al pueblo argentino de sus explotadores imperialistas.
Por primera vez, en muchos años, la clase obrera ha salido a la calle y ha influido de manera importante en el curso político del país... Las grandes masas explotadas se están poniendo de nuevo en movimiento".
Grupo "Frente Obrero".

(Textos extractados de "El 17 de Octubre de 1945" de Norberto Galasso.)


Apelemos ahora a la pluma de otro expresidente argentino derrocado e injuriado en su momento, Arturo Frondizi, de origen radical, para corroborar lo postulado aquí sobre la injuria sistemática que las clases altas, seudoaristocráticas, lanzan contra todo movimiento popular. En su libro “Estrategia y Táctica del Movimiento Nacional”, publicado en 1964, hay un capítulo titulado “La corrupción, pretexto para derribar gobiernos populares” donde el exmandatario ensaya un razonamiento que aún hoy mantiene una llamativa vigencia:

"LA CALUMNIA CONTRA LOS LIDERES POPULARES

"Estas sabias reflexiones de Berutti demuestran que hace siglo y medio ya se conocían las tácticas políticas basadas en la denigración gratuita del adversario y había quienes eran capaces de desentrañar sus ocultos designios.
"Es lamentable, entonces, que esa práctica desleal haya llegado intacta hasta nuestro días y que las calumnias que antes se lanzaron contra los próceres de nuestra independencia y organización nacional, desde San Martín hasta Rosas y Urquiza, se hayan repetido contra gobernantes contemporáneos y siempre con el mismo propósito denunciado por Berutti “Acarrearles el odio público, que su partido y amigos no pudiesen revivir y el gobierno que reemplazaba al caído se pudiese sostener sin temor de que los caídos pudiesen voltearlo”.
"Más lastimoso todavía es que se presten al juego partidos y hombres sinceramente dedicados a la causa popular, cuyos propios líderes y ellos mismos fueron víctimas de la insidia cada vez que, desde el gobierno o desde la oposición, ponían en peligro las posiciones y los privilegios de la minoría.
"A Lisandro de la Torre estuvieron a punto de asesinarlo en el Senado de la Nación cuando desnudaba las maquinaciones de los monopolios exportadores. Pero si esa vez falló el intento y abatió en cambio a uno de sus discípulos más queridos, el arma más sutil y menos riesgosa de la calumnia se había ensañado antes con el ilustre tribuno en ocasión de su candidatura a presidente. Todos recordamos el libelo publicado por un ex socio de don Lisandro, con quien mantenía una controversia judicial, en el que se formulaban acusaciones indignas contra el candidato presidencial y que tuvo amplia acogida en la prensa y en los círculos que auspiciaban la candidatura rival. El doctor de la Torre replicó eficazmente al calumniador, pero siempre guardó su amargo recuerdo del episodio.
"¿Qué no se dijo de la corrupción de los gobiernos de Hipólito Yrigoyen?
"Y el senador Benjamín Villafañe, en pleno recinto de la cámara alta, dijo: “Al yrigoyenismo lo forman ciento diez mil prontuariados en la sección Robos y Hurtos, sesenta mil pederastas y cincuenta mil más que viven al margen de la ley, del juego y la explotación de mujeres.
"Como en el caso ulterior del gobierno peronista, se practicaron centenares de investigaciones, hubo incautación y secuestro de bienes e inhabilitaciones civiles. Nada pudo comprobarse y la justicia absolvió a los acusados, les restituyó en algunos casos sus bienes y les levantó las interdicciones. Pero el objetivo político estaba cumplido y ya no interesaba sancionar a los supuestos delincuentes. También se cumplía el propósito reaccionario de paralizar el desarrollo económico, como en el caso de la fábrica Mercedes Benz, que el gobierno de la Revolución Libertadora cerró y que la firma alemana resolvió instalar en el Brasil, con el consiguiente perjuicio para la naciente industria automotriz de la República.
"La calumnia organizada, publicitada profusamente, recogida y amplificada por los más caracterizados dirigentes de la oposición, logró movilizar a amplias capas populares -de trabajadores, estudiantes y profesionales- para derribar a gobernantes elegidos por la inmensa mayoría del pueblo.
"Y la lección no fue aprovechada, porque los mismos yrigoyenistas que sufrieron en carne propia las infamias contra Yrigoyen, los mismos demócratas progresistas que lloraron la muerte trágica de Lisandro de la Torre, abrumado por la ingratitud y la mentira, los mismos peronistas que salían apenas de su propio proceso de persecución y descrédito, los mismos socialistas que durante años soportaron campañas de calumnias, se unieron a los voceros de la oligarquía antinacional y a los aliados de los monopolios belicistas extranjeros para combatir y calumniar despiadadamente a otro gobierno elegido en 1958 por la más amplia coalición nacional que registra nuestra historia democrática. Se apoyaron en la calumnia y la intriga para justificar y promover la quiebra de las instituciones y la secuela de retroceso económico, desocupación, y angustia de productores, trabajadores y consumidores que siguió al golpe de estado de marzo de 1962.


Como vemos, si repasamos los diarios y medios hegemónicos de estos últimos años vemos que no hay nada nuevo bajo el sol en materia de crítica de los gobiernos populares. Sólo cambian los nombres de líderes populares o de sus movimientos, pero las críticas o argumentos en su contra son casi los mismos. De la misma manera que las medidas de gobierno de esos movimientos se parecen bastante. Como así también se parecen las de los gobiernos reaccionarios o conservadores que los suceden.
Es por eso que podemos afirmar que, más allá de las grandes diferencias entre momentos históricos, protagonistas y contextos internacionales, para la derecha autoritaria y liberal autóctona, los gobiernos kirchneristas, peronistas e yrigoyenistas (como así cualquier otro gobierno nacional y popular que venga en el futuro) "se robaron todo".

15 de abril de 2019

Balance político provisorio de la "Revolución Macrista" y sus perspectivas de corto plazo.

Habiendo transcurrido casi todo el mandato del presidente Macri, ya es posible ensayar un balance provisional de su gestión. Aunque provisorias, las conclusiones de cualquier balance que se haga del gobierno de Cambiemos no variarán mucho independientemente de la ideología de quien la haga. A nadie sorprenderá que afirmemos aquí que el rumbo y los resultados de la gestión de Cambiemos no son sorpresivos, como lo postulan muchos analistas, tanto opositores como oficialistas, ya que desde el primer día (en realidad desde antes del balotaje) anunciamos cuáles eran las metas y medidas de un mandato macrista (ver: 10 razones para votar a Macri y 10 razones para votar a Scioli del 5/11/15 [1]). Entre ellas señalamos: devaluar el peso todo lo que demande el mercado, pagarle a los fondos buitres indiscriminadamente, endeudarnos frenéticamente, postular la reducción del gasto público como una panacea, caiga quien caiga, reducir los subsidios hasta que duela, liberar los precios y las importaciones sin importar las consecuencias concretas, contener los aumentos de salarios y de jubilaciones y pensiones todo lo posible, acudir al FMI cuando el mercado financiero no nos preste más, etc.
Por supuesto, estas estimaciones anticipadas no provenían de las artes adivinatorias sino de la observación de la historia nacional y de las trayectorias de los miembros del gabinete de Cambiemos.
Más allá de lo anunciado por Macri en la campaña para el balotaje -y tomado como verdadero por el 51% de los votantes argentinos- dijimos aquí desde el principio que un gobierno de Cambiemos representaba una verdadera revolución restauradora-conservadora, arraigada en las más viejas tradiciones de la derecha argentina.
Mientras disfrutaba de las mieles del triunfo electoral -y la oposición kirchnerista se relamía las heridas y la no kirchnerista hacía mutis por el foro o colaboraba con la “gobernabilidad”- el macrismo aprovechaba para lanzar las medidas de fondo para cambiar de régimen económico y social del país. Es decir, para lanzar su “revolución macrista”, como la caracterizamos aquí en La revolución macrista del 1/7/16 [2].
En apenas un año, Cambiemos ya había cambiado la estructura de distribución de la riqueza, el modelo económico y el proyecto de país. Efectivamente, había virado el rumbo del país 180°. Incluso ya había intentado medidas reñidas con el “republicanismo” del que había presumido siempre, como la intentona de nombrar por decreto dos jueces de la Corte Suprema de Justicia o corromper leyes con un simple decreto (como la Ley de Medios).
Un par de semanas después, postulamos a la revolución ejecutada por Cambiemos como ejemplo a seguir por las izquierdas autóctonas en La revolución macrista, una lección para la izquierda nacional [3]. No lo hacíamos en cuanto a su ideología u objetivos sino haciendo hincapié en sus métodos, hábilmente utilizados tanto en el terreno nacional como internacional. Señalábamos entonces que “Una revolución no le pide permiso al status quo para modificarlo, actúa con todos los medios a su alcance” . Y que “la dinámica revolucionaria no se adecúa a la teorización abstracta o moralista de los análisis o debates de `expertos’ o periodistas, ni a los optimistas deseos de legalismos principistas: una revolución arrasa con los posibilismos y voluntarismos que se le enfrentan. Encara, derrumba, demuele todo lo posible y construye su proyecto sobre los escombros resultantes de la sociedad en la que actúa”. Y eso fue realmente lo que hizo Cambiemos: impuso su “sentido común”, creó su hegemonía tanto mediante su discurso como con sus actos. Por supuesto, con la invaluable ayuda de los medios de difusión hegemónicos durante su gobierno, e incluso un par de años antes de llegar a La Rosada.
Posteriormente, señalamos el 17/4/17 en #1A, 1° de abril de 2017, el día de la caída del Gral. Lonardi... [4] que a partir del 1° de ese mes, cuando se produjo una gran movilización a favor del gobierno, Cambiemos había inaugurado su fase autoritaria. El presidente y su gobierno se sintieron respaldados para profundizar su modelo, además de ensayar su política represiva frente a las movilizaciones opositoras o de resistencia a sus medidas de gobierno. Como dijimos entonces, “se habría acabado la etapa del 'macrismo zen' iniciado durante la campaña proselitista de 2015, para pasar, entonces, al 'vamos por todo' del macrismo de 2017”. Lo comparábamos con la autodenominada Revolución Libertadora de 1955, porque recurría a los objetivos políticos y económicos de aquel gobierno de facto mas no a sus métodos dictatoriales. Se trataba, en todo caso, de una Libertadora 2.0 o modelo siglo XXI.
Ya el 1/2/18 señalamos la aparición de los límites del modelo macrista en Aparecieron los límites de la Revolución macrista y aflora su sesgo autoritario [5] Su modelo económico comenzaba a mostrar que sus logros se alejaban cada vez más de los objetivos anunciados, y su cobertura mediática y “republicanista” no alcanzaba ya a tapar sus flagrantes casos de corrupción a gran escala y a la luz del día, llamados “conflictos de intereses” por la prensa adicta. Las corporaciones económicas ya se habían hecho cargo de cada porción de la economía que explotaban hacía años, pero ahora lo hacían desde el mismo gabinete macrista a través de sus famosos CEOs.
Cambiemos enfrentaba, a su vez, “los fantasmas de sus propias promesas de campaña y el imaginario del "cambio" que sus votantes construyeron independientemente de Cambiemos mismo. Tanto las inversiones prometidas, la derrota de la inflación y la desaparición de la pobreza, como la protección de los derechos y adelantos sociales ganados durante el kirchnerismo han demostrado ser meros espejitos de colores ofrecidos a cambio del voto”.
Y preveíamos entonces una polarización entre el oficialismo y quienes representen mejor la oposición a este modelo. Como ya dijimos, Cristina Fernández de Kirchner parte en primera fila en ese aspecto, y sobresale como la líder de la oposición con mayor caudal de votos y con su historia de gestión, opuesta 180° a la de Cambiemos. Esto la convierte en el faro opositor a tener en cuenta ante cualquier medida perjudicial al pueblo, pero también la hace blanco de proscripción o encarcelamiento por parte del oficialismo, sus jueces y fiscales afines y el establishment. De ella y sus aliados dependerá en buena parte cuándo se produzca el fin del macrismo, en 2019 o en 2023”.
Al año siguiente, Cambiemos contó con una “ayudita de sus amigos”, EEUU, para asumirse ya plenamente como la versión del siglo XXI de la Revolución Libertadora. Planteó ya abiertamente su alianza con los bancos y con sectores agropecuarios exportadores. Advertimos también que el escándalo de los cuadernos de Centeno (que resultaron ser apenas unas fotocopias o copias digitales de cuadernos que desaparecieron antes de llegar a la justicia) derivaría “en una escalada del circo mediático y en algo que se parece un ajuste de cuentas dentro de la histórica patria contratista a la cual pertenecen desde hace décadas el Presidente y su grupo empresario”.
Y, finalmente, señalábamos en La Revolución Macrista suma la mano invisible de los EE.UU y se convierte en la Revolución Libertadora 2.0 [6] que “la debacle económica de la `tormenta’ macrista promete no dejar clase media en pié y aumentar la masa de pobres e indigentes y la riqueza de la cima de la pirámide poblacional”.
A fines del año pasado planteamos que el macrismo no lograba hacer pie en las mayorías debido a la diferencia abismal entre las expectativas de la mitad de la población que lo había votado en 2015 y los resultados tangibles de su política en El macrismo cumplió su tarea y está acabado pero ¿quién se hará cargo de su pesada herencia? [7]. Argumentábamos allí  que “la campaña de enlodamiento de la figura más importante de la oposición al macrismo, Cristina Fernández, ya no es efectiva para tapar los desaguisados, corruptelas o efectos catastróficos del modelo económico y social de Cambiemos, como muestran todas las encuestas”. Y subrayábamos que “la principal deficiencia de esta táctica es que la burda repetición de acusaciones de corrupción huérfanas de pruebas contundentes no sólo debilita el argumento contra el gobierno pasado sino que puede resultar contraproducente. Más aún si siguen apareciendo casos similares que afectan a las propias figuras de Cambiemos.
La principal debilidad del macrismo es la orfandad de logros económicos y sociales para enarbolar en la campaña electoral de 2019. Caso contrario para la oposición kirchnerista, que se verá favorecida”. Para sostener este argumento puntualizábamos que el kirchnerismo “ha sido gobierno durante tres períodos consecutivos, aumentando su desempeño electoral en cada triunfo electoral, mejorando la calidad de vida de la población y dejando al país en 2015 mucho mejor que como lo recibió en 2003, algo inédito en nuestra historia desde la recuperación de la democracia en 1983, como lo puntualizamos aquí en La Herencia K: Memoria y Balance final2003-2015”. Aunque “el proceso no sería igual al de los casos anteriores, porque la historia (a pesar de la creencia popular) no se repite, pero no debemos soslayar las coincidencias y aprender de sus lecciones”.
Hoy en día, a meses de las elecciones nacionales, el paisaje político que encontramos nos muestra que el establishment que apoyó sin fisuras a Cambiemos para que llegue a la Rosada, se partió en dos de acuerdo a sus propios intereses contrapuestos. Por un lado los factores de poder relacionados con la intermediación financiera y los grandes conglomerados relacionados con la producción y distribución de energía más los grandes exportadores de productos primarios, y por el otro los relacionados con la producción industrial (pequeñas, medianas y grandes empresas). Beneficiados enormemente los primeros y perjudicados los segundos con las políticas de Cambiemos.
Tal es así que junto a la caída estrepitosa de la credibilidad del gobierno y de su base de votantes, la parte industrial y agroganadera exportadora del "círculo rojo" están elucubrando contra reloj una alternativa electoral que prescinda del lastre electoral del presidente, mientras el gobierno y sus estrategas improvisan formas de anular esos movimientos centrífugos de sus respaldos económicos y políticos; por supuesto, antes de que estalle alguna de la minas económicas que sus mismos funcionarios dejaron -por impericia o indolencia- en su camino hacia octubre.
Luego de endeudar al país como nunca en su historia, aumentar la inflación, el desempleo, la pobreza y la indigencia hasta límites pornográficos (y sin visos de detenerse gracias a la perpetua sumisión a los dictados del FMI), los ideólogos de Cambiemos lanzaron al ruedo las excusas "modelo 2019" del fracaso constante de su modelo económico: “No creo que estemos en un fracaso económico. La Argentina es un fracaso económico” señaló sin ruborizarse Marcos Peña, o la argumentación de que el problema argentino se remonta (no ya a los últimos 70 años) sino a 80 años, como sugirió últimamente el mismo presidente. Estamos a un paso de que atribuyan el "fracaso argentino" al último siglo de gobiernos nacionales. En ese caso, el culpable de la debacle actual no es otro que el voto universal, secreto y obligatorio, como argumentaba  la oligarquía criolla en los años treinta del siglo pasado, después de derrocar y encarcelar a Hipólito Yrigoyen.
¿Qué es esperable que suceda en los meses próximos? No es tiempo de pronósticos, y menos a 6 meses (¿6 años, 6 siglos?) de las elecciones presidenciales, pero siguiendo la línea de análisis que postulamos desde 2015, podemos arriesgar que se consolidarán dos polos opuestos y complementarios en el electorado, representados por Macri y Cristina Fernández; los que acapararán la mayoría de las voluntades electorales.
Dentro del sector macrista se agruparán quienes son fuertemente macristas (la mayoría, quizás, antikirchneristas) con un techo de 30% de los votos, similar a los votos obtenidos por Cambiemos en la primera vuelta de 2015, en el mejor momento del macrismo. El desafío para este espacio es repetir esos guarismos; y sería una utopía que logre el 51% de votos logrado en el balotaje, luego de una gestión que perjudicó los intereses de la mayoría de esos votantes que confiaron en él. Hoy en día, sin que haya comenzado oficialmente la campaña, Macri retiene alrededor de un cuarto del electorado, que es lo obtenido por Cambiemos en las PASO de 2015, cuando todavía no había cambiado su discurso, desde su cerrado neoliberalismo al falso e improvisado filopopulismo que lo acercó a muchos votantes de Cristina cansados de los 12 años de gobierno kirchnerista. Ese 25% de votos macristas se asemeja al porcentaje histórico (25%/30%) de la derecha argentina, racista y despreciativa de las clases populares, llamada históricamente antiperonismo.
Por el lado del sector kirchnerista, el desafío es lograr una unidad del campo popular (más allá del PJ) y perforar el techo que muchos encuestadores le asignan a Cristina (aunque ya lleva un par de techos perforados desde 2017); y la utopía kirchnerista sería recuperar el 54% que logró CFK en su mejor momento, en 2011. Cristina tiene un piso consolidado de 30% de votos, y es de ahí desde donde parte para lograr, gracias a una campaña surtida de muchos argumentos económicos y sociales, alcanzar el 40% de votos y superar a Cambiemos por 10 puntos para coronarse como presidente. O superar el 45% de votantes y hacerlo sin importar los guarismos que logre Cambiemos.
A medida que las encuestas sigan reflejando la tendencia alcista del voto kirchnerista o del voto castigo al oficialismo, el clima político se irá enrareciendo por parte del gobierno. A su vez, el clima de cambio de época se hará cada vez más intenso en los tribunales de justicia y en las pantallas de TV y los micrófonos de las radios, como ya se está viendo ahora. También en el pueblo se está viendo ese cambio de época, tanto en los estadios de fútbol como en los eventos culturales. Como dijimos aquí mismo varias veces, los cambios sociales no son automáticos ni respetan los tiempos ni las ansiedades de los ya convencidos ni de los analistas políticos de café. Son lentos, imperceptibles y meditados pero, una vez que son decididos por las mayorías, son irreversibles. Y los cambios políticos profundos, los que aumentan los derechos y redistribuyen la riqueza de los países se dan por oleadas, no por ciclos, como dice Álvaro García Linera:
"Esta es una mirada que le arrebata el protagonismo al ser humano, que olvida el papel de la subjetividad colectiva en la construcción de los hechos sociales. Es falsa.
Las transformaciones se dan por oleadas. La gente se articula, se unifica, crea sentido común, tiene ideas fuerza, se convierte en ser universal, es decir, ser que pelea por todos. Logra derechos, acuerdos, Estado, política"
Desde diciembre de 2017 se está produciendo ese cambio en la oleada, y la población está madurando, requiriendo un cambio rotundo en el rumbo de la economía y en el proyecto de país. Similar a los producidos con la llegada del peronismo en 1945 o del kirchnerismo en 2003. Los primeros indicios ya se están viendo día a día, pero el ritmo se incrementará cuando se asienten las candidaturas opositoras, principalmente la de la expresidenta; y entonces se acelerará la fuerza centrípeta de ambos polos políticos mencionados. Y se harán más explícitos los apoyos a Cristina, aunque algunos de ellos parecían difíciles o tal vez imposibles hasta hace unos meses.
Los movimientos políticos son más parecidos a los movimientos meditados del ajedrez que a los movimientos improvisados del fútbol; por lo menos los de los políticos "profesionales" o cuadros políticos. Es por eso que no están regidos por la ansiedad de la población, las pretensiones del periodismo o las exigencias de los operadores políticos. Una jugada política debe hacerse cuando el resultado del mismo caiga de maduro, cuando el riesgo de fallar sea casi cero. Y es por eso que las candidaturas sólidas maduran por meses o años, y se anuncian cuando su aceptación es abrumadora dentro de su legión de adeptos. Sólo los políticos advenedizos o impacientes anuncian sus candidaturas antes de tiempo.
Es por eso que la candidatura del espacio kirchnerista o filokirchnerista se hace desear (para los periodistas y operadores antikirchneristas) y seguramente no se anunciará en la víspera…
En el caso del oficialismo, la razón es muy otra: la imagen e intención de voto de Macri está barranca abajo debido no sólo a la falta de un rumbo claro y de resultados económicos auspiciosos del gobierno o por la disolución de las expectativas que creó en 2015, sino también por el gravísimo estado social en que deja al país, ya harto evidente, como lo señala hasta el mismo diario La Nación: "El gobierno actual asumió con un 26,9% de pobres y un 4,7% de indigentes. Con el deterioro de 2018, la pobreza volvió a los niveles de 2010 y la indigencia, a los de 2014. En términos absolutos, hoy hay 3 millones más de pobres que a fines de 2015 y un millón más de indigentes" [8].  Esta es la razón por la cual una parte de su alianza política se la ve en figurillas para encontrar un reemplazo y, además, para convencer al mismo Macri, líder indiscutido del espacio (y a su círculo íntimo) que se haga a un lado y acepte su derrota política (ambas tareas, difíciles de lograr).
La situación actual nos muestra a una oposición heterogénea que propugna una unión tan amplia y sin exclusiones como imposible, y un oficialismo que promete un paraíso futuro demasiado idílico e improbable visto desde este infierno cada día más caliente.
Cambiemos tiene como desafío llegar arrastrándose al balotaje y soñar con alcanzar los mismos guarismos de 2015, cuando estaba en su mejor momento. Tarea harto improbable. Y, a su vez, el kirchnerismo debe repetir el piso de votos nacionales obtenidos 2017 (su peor resultado nacional, en plena campaña contra la “corrupción K”) para llegar al balotaje y entonces superar apenas los guarismos de Scioli en la segunda vuelta de 2015 (en el mejor momento del Cambiemos) para derrotar al macrismo y quedarse con la presidencia. Menos probable, aunque no imposible, es un triunfo opositor en primera vuelta, lo que representaría un golpe fatal al gobierno, y lo llevaría en camilla hasta el 10 de diciembre, en el mejor de los casos.
En Argentina, políticamente seis meses equivalen a seis años, por lo que casi cualquier cosa puede suceder de aquí a las elecciones nacionales. Puede aparecer un “cisne negro” que cambie completamente la coyuntura política, pero es razonable analizar los factores históricos, sociales, económicos y de coyuntura para intentar un pronóstico confiable. Y eso es lo que hemos hecho aquí; y de acuerdo a los resultados obtenidos desde 2015 hasta hoy, las perspectivas de acertar en nuestro diagnóstico son alentadoras. Por eso, auguramos un cambio de rumbo de 180° a partir del 10 de diciembre próximo. Aunque eso no significa que a la sociedad le toque transitar los próximos años sobre un lecho de rosas, todo lo contrario. El gobierno de tipo nacional y popular que asuma ese día, se verá tironeado tanto por las necesidades impostergables de las clases baja y media como de las exigencias de los factores de poder que desde el primer día lo interpelarán. Sin descontar la tumultuosa situación internacional que no lo ayudará, al contrario.
Pero, eso sí que es tema para otra nota.


Fuentes:







[8] Pobreza: el retroceso más grave desde 2002

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