3 de julio de 2015

Copa América: Argentina vs Chile pero no Galtieri vs Pinochet.

Frente a la próxima final de la Copa América, es necesario puntualizar algunas circunstancias políticas o históricas que pueden teñir la disputa deportiva.
Todos conocemos la colaboración de la dictadura chilena con el Reino Unido durante el conflicto por la soberanía de las islas Malvinas, pero hay un aspecto que debemos subrayar, que debemos tener bien en cuenta al referirnos a ese episodio histórico: mientras la dictadura argentina de Galtieri nos lanzaba a una aventura trágica contra la potencia que ocupaba nuestras Malvinas, la dictadura chilena de Pinochet apoyaba y colaboraba con ella. Pero ahí termina la adjudicación de papeles en el conflicto, porque si postulamos que lo que hizo Pinochet obedeció a la voluntad de los chilenos, entonces lo que hizo Galtieri responderá, de la misma manera, a nuestra voluntad; es como si dijéramos que lo que hicieron las hordas de Videla respondió también a los deseos nuestros. Porque los hechos bárbaros o cuestionables de las dictaduras no son adjudicables a sus pueblos. Yo me niego a aceptar eso, no me hagan responsable a mí de las atrocidades de los dictadores argentinos como yo no hago responsables a los chilenos de las barbaridades de su dictador.
Como complemento de este pensamiento, acercamos aquí lo expresado por el funcionario de la cancillería argentina a cargo del tema de Malvinas:


El partido con Chile y las Malvinas.
Por Daniel Filmus *
La rivalidad entre las hinchadas de dos selecciones nacionales de países vecinos es un clásico que se suele agotar con la finalización del partido. Pocos deportes despiertan tanta pasión como el fútbol y quienes lo sentimos así solemos expresarlo genuina y eufóricamente.
En vísperas de la final de la Copa América, los cantitos de ambas parcialidades han incluido a las islas Malvinas. En el caso argentino, han implicado fuertes “cuestionamientos” a la posición chilena.
En este contexto, me gustaría enfatizar que Argentina sólo tiene palabras de agradecimiento respecto de las actitudes que Chile ha llevado adelante a partir de la recuperación de su democracia. En todos los foros multilaterales, regionales y globales Chile ha sostenido una firme posición de apoyo al reclamo argentino de soberanía sobre las islas Malvinas.
Hace pocos días, por ejemplo, fue Chile quien presentó en el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas el proyecto de declaración a favor de resolver en forma negociada con el Reino Unido el diferendo de soberanía sobre las Malvinas. Fue emocionante escuchar al hermano chileno defendiendo nuestros derechos.
Semanas atrás, el actual ministro de Interior chileno, Jorge Burgos, en ese momento a cargo de la cartera de Defensa, sintetizó la posición del pueblo chileno respecto de la actitud que tomó Pinochet durante el conflicto armado del Atlántico Sur: “La inmensa mayoría de los chilenos no estamos orgullosos para nada de la actitud de la dictadura durante la guerra de Malvinas”. Actitud de colaboración con los británicos que fue reconocida por Margaret Thatcher al reclamar por la libertad de Pinochet cuando fue detenido en Londres por sus reiteradas violaciones a los derechos humanos en Chile. La liberación de Pinochet confirmó que al gobierno del Reino Unido sólo le preocupan los derechos humanos cuando sirven como argumento para perpetuar su política colonial en el mundo, no para condenar las dictaduras que torturaron, desaparecieron y asesinaron en esta parte del planeta.
Toda la historia de la región está cruzada por intentos de los grupos hegemónicos de generar hipótesis de conflictos entre países hermanos con el objetivo de desunir a los pueblos como estrategia de dominación.
Por suerte, la recuperación de las democracias en el continente y el surgimiento de liderazgos que priorizaron la integración regional como estrategia de desarrollo soberano, han dejado atrás esa etapa.
Muestra de ello es la reciente reunión que mantuvieron nuestras presidentas, Cristina Fernández de Kirchner y Michelle Bachelet, el pasado mes de mayo. Durante la misma Bachelet expresó “el respaldo del gobierno y del pueblo de Chile a los legítimos derechos de soberanía de la República Argentina sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes”.
Este sábado nuestras selecciones de fútbol se enfrentarán en el campo de juego y las hinchadas lo harán con sus cantitos desde las tribunas. No puede ser de otra manera. El domingo los pueblos argentino y chileno seguirán trabajando para desterrar los prejuicios y construir juntos el futuro de soberanía, justicia, paz y felicidad que próceres como San Martín y O’Higgins soñaron para América latina.

* Secretario de Asuntos Relativos a las Islas Malvinas del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Argentina.
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Y, finalmente, un par de acotaciones que aclaran esta posición, y que pocas veces se mencionan al referirse al triste papel de la dictadura chilena en el citado conflicto.
Bernardo O'Higgins
El militar y dictador Augusto Pinochet era, efectivamente, chileno, como también lo fue el General Bernardo O'Higgins, amigo del General San Martín, y el Capitán Manuel Rodriguez, el sargento mayor Ramón Freire, el coronel Juan de Dios Vial Santelices, el capitán Juan Manuel Astorga, el coronel Joaquín Prieto, el coronel de milicias de Aconcagua José María Portus, el teniente coronel José Manuel Borgoño, el sargento mayor José Santiago Aldunate, el teniente coronel Santiago Sánchez, el coronel Mariano Larrazábal y otros 4000 soldados que integraron el Ejército de los Andes o el Ejército Unido que comandó el Gran Capitán en su Expedición Libertadora del Perú.



Bandera del Ejército Unido de San Martín
Y también chilenos fueron los dineros que financiaron esa campaña libertadora, ante la escasa ayuda que provenía de Buenos Aires para culminar la liberación sanmartiniana de medio continente.


Repasemos, por eso, brevemente un poco nuestra historia:



¿Qué apoyos recibe San Martín para la expedición al Perú?
Pocos días después de Maipú, San Martín volvió a cruzar la cordillera rumbo a Buenos Aires para solicitar ayuda al gobierno del Directorio para la última etapa de su campaña libertadora: el ataque marítimo contra el bastión realista de Lima. Obtiene la promesa de una ayuda de 500.000 pesos para su plan limeño de los que sólo llegarán efectivamente 300.000. San Martín regresó a Chile, donde obtuvo la ayuda financiera del gobierno de ese país y armó una escuadra, que quedará al mando del marino escocés Lord Cochrane.

¿A qué se llamó la genial desobediencia de San Martín? 
Cuando se disponía a iniciar la campaña recibió la orden del Directorio de marchar hacia el Litoral con su ejército para combatir a los federales de Santa Fe y Entre Ríos. San Martín se negó declarando: "el general San Martín jamás desenvainará su espada para combatir a sus paisanos". Desobedeció e inició la travesía hacia el Perú.
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Más detalles en Cruce de los Andes.



Por eso, no dejemos que el fervor deportivo y el folklore del fútbol nuble nuestra visión política o geopolítica de la relación con nuestros vecinos sudamericanos, miembros al igual que nosotros de la Patria Grande que soñaron tanto San Martín como O'Higgins, porque si eso sucede estaremos abrevando y alimentando la visión contraria, la que pertenece tanto al dictador chileno Pinochet como a los dictadores argentinos Galtieri y Videla.





Y terminemos este repaso de la relación histórica entre Argentina y Chile con la excelente, famosa frase del mejor jugador de fútbol de todos los tiempos, Diego Armando Maradona, que bien viene en nuestro auxilio hoy para que no nos distraigamos ante esta contienda deportiva que nos enfrenta en la final con nuestros hermanos trasandinos:


"La pelota no se mancha".




25 de junio de 2015

Oficialistas confundidos, ¡bienvenidos a la política!

Conocidas ya las listas de candidatos para las PASO de todos los partidos, es hora de hacer un breve análisis y balance. Este humilde servidor público elige enfocarse en especial en la del oficialismo, porque su conformación wa que la que más influirá en el futuro institucional del país. Ganando el FPV o el PRO (más probablemente el FPV), el diseño de la lista oficialista muestra algunas sorpresas que condicionan el devenir político nacional de los próximos años, Muchos de los funcionarios y exfuncionarios del gobierno están en puestos expectantes: el hijo de la presidenta y líder de La Cámpora, Máximo Kirchner va como primer candidato a diputado por Santa Cruz y muchos de los cargos cuentan con miltantes de esa agrupación, Cristina no va como candidata a nada y, por lo tanto, bajará al llano (desairando las profecías opositoras de que buscaría cualquier cargo para contar con fueros ante potenciales llamados de la Justicia) pero antes bendijo una sola fórmula presidencial. Otra marca interesante de esas listas es una apuesta de la presidenta al recambio generacional, cosa que ni Yrigoyen ni Perón supieron, pudieron o quisieron hacer en sus respectivas épocas.
Ante estas movidas kirchneristas en el tablero político actual, ya podemos augurar cuál será el papel que se asigna a si misma la presidenta para los próximos años: la gran referente política, el faro ideológico fuera del próximo gobierno, sea cual sea el signo político del gobierno que asuma en diciembre. Una especie de mezcla del papel que juega Lula en el Brasil actual y el de Perón en el exilio madrileño en los sesenta y setenta del siglo pasado. Y quizás busque una senaduría en 2017, como hicieron Alfonsín y Menem en su momento.
Sin embargo, el movimiento de la presidenta que despertó más sorpresa en todos, más desconcierto en la oposición y más controversia entre los adherentes al kirchnerismo fue su aval implícito a Scioli, cediendo a su as de espadas para el binomio presidencial, soslayando al otro contrincante del frente, Randazzo, quien viendo mermadas sus posibilidades de competir hasta resignó una candidatura única a gobernador de Buenos Aires.
Ya hablamos sobre los efectos de la sorpresa en la sociedad en general ante ese movimiento en nuestra anterior nota Cristina movió las piezas: "Caballo 4 Alfil: Jaque"..., así que ahora nos abocaremos a analizar las repercusiones que tuvo en las propias filas la opción que hizo el kirchnerismo por la franja más conservadora (¿alvearista?) del Frente para la Victoria. Para eso repasemos qué se dijo en los medios sobre ese tema.
Comencemos con una excelente nota que intenta polemizar sobre la elección presidencial escrita por la periodista Mariana Moyano:


Sapos o vidrio
Estas jornadas huracanadas y de altísima política (me) proponen la –como llamamos en la disciplina académica de la Comunicación- construcción de varios interlocutores válidos.
-         Los kirchneristas randazzistas fanatizados que quieren darle clases de kirchnerismo a Cristina Fernández de Kirchner.
-         Los randazzistas-neovandoristas-cristinistas que pretenden un cristinismo sin Cristina.
-         Los que pensaron que Cristina Fernández de Kirchner y Néstor Kirchner no eran peronistas y se desilusionan cuando toman medidas y decisiones desde esa, su pertenencia histórica.
-         Los que están tranquilísimos sólo porque Carlos Zannini estará allí y no se ponen en guardia viendo qué ocurrió en la Argentina con otros vicepresidentes.
-         Los kirchneristas que no quieren, ni gustan, ni confían, ni hubieran optado por Scioli, desde la más absoluta buena fe.
-         La oposición partidaria oportunista que ve en cualquiera que le da un portazo a la Presidenta a una nueva esperanza blanca.
-         Los que creían o aún siguen creyendo que la política es al arte de hacer lo que quiero, cuando quiero y si me dan las ganas.
-         Los que creen que militan porque escriben mucho en twitter.
-         Los que están convencidos que postear en Facebook es igual a meter las patas en el barro.
-         Los que cuando uno habla de conducción, responden con un llamativo: “yo no soy PJ, ni derechista, ni vertical, soy independiente”.
-         Los librepensadores bien liberales que creen que domar al potro siempre corcoveante del Estado y sus intereses en pugna es sentarse y decir “habría que”. O sea, los habriaqueístas, la corriente más despreciable de todas porque ni tienen buenas ideas ni saben cómo llevarlas a cabo.
Me dirigiré aquí a varios de estos interlocutores.
(...) Y lo voy a hacer desde la más cruda honestidad y en primera persona porque siento haberme ganado el lugar para hablar desde un “yo” armado con esfuerzo, estudio, aprendizaje, oreja frente a los que saben, muchas equivocaciones y rectificaciones abiertas, cierto grado de coherencia –que para mí no es ni linealidad ni repetición monocorde-.
Lo voy a decir de entrada y sin vueltas: Daniel Scioli no es ni será el candidato al que me hubiera gustado erigir como heredero de estos 12 maravillosos años de política en estado del más puro roncanroll. No me gusta que Ricardo Casal sea Ministro de Justicia y menos me gusta que Alejandro Granados sea Ministro de Seguridad. Pero no me olvido que el kirchnerismo decidió que fuera él, y no otro, dos veces gobernador de la provincia de Buenos Aires, que su frase memorable de “Con la comida no se jode” fue afiche K en la 125 de plena soledad kirchnerista y que cuando Néstor Kirchner le solicitó que fuese candidato testimonial en el oscuro y a contrapelo 2009, él fue. No me gusta Scioli, como no me gustan varios de los “estilos” –por llamarlo de algún modo- de Gildo Insfrán, ni entregarle todo a la megaminería, ni que Sergio Berni diga ciertas cosas que dice sobre los colombianos, ni la radicalidad clerical de Julián Domínguez, ni la oposición ya expresada de la jefa de Estado a la despenalización del aborto, ni que este gobierno haya propuesto la ley llamada “antiterrorista”, ni que haya sospechas sobre César Milani.
Pero:
-         soy respetuosa de que en Formosa fueron los ciudadanos de esa provincia quienes lo pusieron como gobernador a Insfrán y lo vienen revalidando, me guste a mí desde mi centralidad porteña o no.
-         entiendo que no puedo pedirle a San Juan que se desprenda de la minería sin ofrecer una alternativa posible para ese estado provincial que es 80 por ciento roca y desierto, al que es fácil criticar desde la pampa húmeda donde uno siembra papel y crece una biblioteca.
-         conozco cómo en los inicios del gobierno de Néstor Kirchner, cuando las calles eran puro piquete y conflicto fue el actual Secretario de Seguridad de la Nación el que negoció una por una con las organizaciones sociales, sin palo ni policía y a fuerza de dar la palabra, para encarrilar esos conflictos y darles soluciones a corto plazo, mientras la generación de empleo se ocupada de la salida de fondo.
-         puedo notar lo evidente que es que Cristina Fernández sabía, cuando la designó al frente del bloque de diputados del oficialismo, que Juliana Di Tullio es una militante feminista pro aborto legal y sé que se ha pronunciado varias veces respecto de que si el proyecto obtenía consenso ella no iba a vetar esa ley
La política –ya lo deberíamos haber aprendido- es transitar las épicas que podemos vestir y disfrutar llenos de purismo, celebrarnos por lo dicho-hecho, ver knoqueados a los dueños de siempre, pero es también saber cómo caminar las zonas grises. Entender qué decisión no explicitada toman los líderes; qué nos está indicando la conducción cuando opta por A o por B.
A los compañeros que hacen una queja individual porque no habrá Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias para elegir candidato a presidente en el Frente para la Victoria, quizás se les haya escapado un detalle que transmitiré aquí a modo de pregunta y de escenario hipotético: ¿qué hubiera ocurrido si, tal como muchos querían -y hasta quizás, queríamos- la Presidenta ungía a Florencio Randazzo como su precandidato, armaba una lista de precandidatos a diputados puros, purísimos K y luego esa lista iba a las PASO y era derrotada por la de Daniel Scioli? ¿Cuál era la fortaleza política que le quedaba a la Presidenta, pero sobre toda a la jefa del Movimiento hacia adelante? ¿Notan que el triunfo de Scioli podría haber sido absoluto y no habría ningún Carlos Zannini en quien recostar argumentos, esperanzas o negociaciones?
Con su decisión de ubicar a Zannini en la boleta en el cargo de candidato a vicepresidente de la Nación, la Presidenta ocupó el martes el centro de la escena –ya a esta altura, podemos decir con ironía, para variar- y todos los círculos concéntricos de un modo tan absoluto que dejó a las oposiciones partidarias y corporativas en un espacio marginal, en el cual debieron conformarse para anunciar y des anunciar candidaturas y para patalear vía portada de diarios o para hacer el ridículo con frases del estilo “se viene el maoísmo”.
Error grande, creo, el del Ministro Florencio Randazzo de decir no, decir luego sí y volver a decir que no a una propuesta más que atractiva, poderosa y estratégicamente valiosa. En primer lugar, porque si se es parte de un proyecto colectivo no se dice que no. Lamento mucho desilusionar a los librepensadores, pero estos doce años no se han construido a fuerza de “yo quiero” ni de “a mí me gusta”. Se han creado lidiando con los conflictos reales, de la vida real y con los actores reales de la no siempre dulce, pura y hermosa política nacional. En segundo lugar, si se es “soldado del proyecto”, “soldado del pingüino”, “el más puro representante del proyecto que comanda Cristina”, pues, con más razón, “saludo uno” y a hacer lo que corresponde. En tercer término, hay que tener mucho, muchísimo cuidado con la desautorización a la propuesta Presidencial y a la sazón a la de la jefa política, sobre todo en el mismísimo día en que ella había ratificado con creces su autoridad presidencial y la de jefa política del espacio más importante de la Argentina.
Y no puedo evitar la pregunta jorobada pero que sé se hacen varios: ¿si pudo decir que no a una demanda de la Presidenta en ejercicio en plena demostración de rotundo poder político, qué garantía podríamos tener de que ya en la jefatura del gobierno nacional hubiese tomado el rumbo definido con y por la líder?
Estos años tuvieron varias cortinas de fondo: “Vengo bancando este proyecto…”, y que “en los malos momentos” íbamos a estar, que había “soldados del pingüino” y que si la tocaban a Cristina se iba a armar flor de quilombo. La Presidenta hace una jugada de jaque, para que sea mate, y con dolor oigo y veo decir y escribir que “Con Néstor esto no hubiera pasado” y parrafadas de lecciones de kichnerismo a CFK. Curioso. Sorpresivo, para decir lo menos.
Es una verdad de perogrullo, una obviedad a esta altura, pero parece que hay que enterar a varios, así que en este preciso momento voy a dar una primicia nacional: la presidenta Cristina Fernández de Kirchner es peronista. Fin del Comunicado. Esto no implica, de ninguna manera, decir que la única estructura posible es la del PJ. Es reconocer que el kirchnerismo es el peronismo del siglo XXI, ese que puede contener, contentar y ungir en los primeros lugares a quienes no son peronistas. Pero aceptar esta novedad no puede habilitar a pretender que la conductora se desprenda de quien es por una razón muy sencilla: ella -con el compañero que partió y con la historia peronista de ambos, esa que incluye no haberse ido y quedarse peleando desde adentro durante todo el menemato, con zonas épicas y zonas grises- fue la que nos trajo hasta aquí. Y la única manera de seguir avanzando es fortaleciendo ese liderazgo, más allá de cuánto nos guste o no la figura y algunas políticas del candidato.
El kirchnerismo lejos está de ser un bloque homogéneo, monolítico, uniforme. Vaya esta notificación para la derecha que quiere presentarlo como el sinónimo del estalinismo más rancio y para la simpatía tibia de Palermo rúcula (Horacio Verbitsky dixit). Hay 11 millones de votos que deberán ser la barrera para que la ola amarilla no se expanda por la Argentina. El “me gusta” o el “no me gusta” individual y solitario, en lo personal, me lo guardo para el Facebook. No confundo postear con militancia. Y he aprendido a lo largo de los años que los deditos en V no son una selfie, sino un compromiso. Por todo eso –y una larguísima lista que sería imposible reproducir aquí- tengo desde hace años un accionar y una frase: Por un lado, miro dónde están las dueñas de los pañuelos blancos y allí me encolumno y si me equivoco, lo hago con ellas. Y por el otro, me repito como mantra un principio que me ha sacado siempre de los más confusos atolladeros: señores, trago sapos por la sencilla razón de que no como vidrio.
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Repasemos ahora la visión de Eduardo Aliverti:


Sin lugar para sorpresas.
Un aspecto sobresaliente fue marcar lo inverosímil de que haya sido la propuesta de Daniel Scioli, y no el dedo de la Presidenta, lo determinante en encaramar a Carlos Zannini.
¿Cuál es la diferencia entre una cosa y la otra, si de todos modos –y aquí una primera constancia elemental– se sabía y sabe hasta el cansancio que es la jefa quien tiene la última palabra? ¿Qué se pretendía del candidato Scioli o de cualquiera que fuere? ¿Que enfrentara a la prensa y sostuviese que sólo le cabe consentir lo que la Presidenta le impone? ¿Que la idea le pertenece enteramente a ella?
El kirchnerismo tenía serios problemas para ungir a un candidato o fórmula presidencial que lo representase cabalmente.
La alternativa de Scioli fue resistida a pesar de los gestos de fidelidad que el gobernador mostró de modo creciente.
Se dejó correr a varios postulantes, pero la realidad demostró que la multioferta es disgregadora. Cristina pidió entonces el baño de humildad.
Se reveló que Scioli ganaría con amplitud en todo el país, con excepción de los votos de la progresía porteña y una relativa paridad en provincia de Buenos Aires. Y se anotó que el sufragio peronista quedaría partido, con el riesgo de que Macri fuese quien más sumara individualmente junto al peligro de una interna crispada y desgastante. Los tiempos legales se terminaban y la jefa jugó fortísimo situando de vice a su funcionario de mayor confianza. Zannini es Cristina derecho viejo y la oposición quedó entre absorta y paralizada por el movimiento de la dama, como si hubiera esperado una media tinta por parte de aquella a quien acusan de ser una autoritaria que jamás duda. Como si tuviesen dificultades para entender que esto es el peronismo y en consecuencia el poder, no una alegre estudiantina testimonial, comentarista, que se divierte con el decentismo y las consignas extremas.
Esto interpela al kirchnerismo, cuyas franjas más entusiastas se ven desacomodadas por aquello que en los corrillos, en la militancia, en palacio, se menta hace rato, vamos, como el “sapo Scioli” que habrá que comerse. No es lo que se quería, desde ya, pero el contexto fue implacable siendo que no se quiso, pudo o supo construir una alternativa más potable.
Quedó Scioli o Macri. No es justamente un canto a la alegría desbordante. Pero en lo ideológico es contradictorio que la sola mención de Scioli genere dar por hecha la marcha atrás, porque significaría que todo lo conseguido en estos doce años puede derrumbarse por la acción de un sospechable.
Es contradictorio porque eso se llama no confiar en la fuerza propia que deberá haber para impedirlo.
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Resulta ineludible encuadrar este debate en el oficialismo dentro del contexto histórico y regional que vivimos:


Liderazgos y continuidades en América Latina
Por Ayelén Oliva.
El problema de la sucesión en los liderazgos fuertes, que terminan su mandato con un alto índice de imagen positiva, es la piedra en el zapato de cualquier gobierno progresista y de izquierda de América Latina.
¿Es posible transferir el liderazgo? ¿Se puede conservar la capacidad de conducción desde los márgenes invisibles del poder? ¿Cuán viable es continuar un proyecto político con ausencia de un liderazgo carismático?
En primer lugar cabe señalar que este tipo de decisiones se presentan como algo novedoso en la región. La gran mayoría de los liderazgos fuertes de mediados del siglo pasado fueron derrocados por golpes militares antes de poder terminar su mandado y enfrentarse a la presión de resolver estos dilemas. Podemos rescatar casos como el del presidente de Bolivia Víctor Paz Estenssoro, quien lideró la Revolución Nacional de 1952 que concretó una reforma agraria y la nacionalización de las principales empresas mineras del país, antes de poder definir alguna estrategia para su continuidad, Estenssoro vio interrumpido su mandato por un golpe de Estado promovido por su vicepresidente René Barrientos.

En Guatemala, Jacobo Arbenz fue derrocado en 1954, luego del bombardeo de la capital como respuesta violenta a la reforma agraria que terminó en la expropiación de los extensos terrenos de la poderosa United Fruit Company. En Panamá, Arnulfo Arias, quien llevó adelanto una importante labor reformista y modernizadora en su país también sufrió un derrocamiento violento en 1941, dirigido por el general Ricardo Adolfo de la Guardia, ministro del interior que aprovechó la ausencia del presidente de visita en La Habana para tomar el poder.

Casos más conocidos como los controvertidos suicidios de Getulio Vargas en Brasil y el de Salvador Allende en Chile, desde la casa de gobierno ambos, presionados por sectores la oposición y facciones militares, también es un muestra más de que diseñar estrategias de continuidad resulta algo nuevo, donde no existen todavía largas páginas escritas sobre estas experiencias sin el freno de mano de los golpes de Estado.

Pero la historia cambia y las lecciones se aprenden a sangre y fuego. El caso del Brasil de Lula y el Uruguay de Mujica, son dos escenarios en que los presidentes salientes contaron con una alta imagen positiva y el respaldo de un partido fuerte, sin embargo el mecanismo para resolver la sucesión fue en cada caso distinto.

En el caso de Brasil, fue el ex presidente Luis Ignacio Lula Da Silva quien definió la candidata a sucederlo en el cargo. Dos años antes de las elecciones presidenciales de 2010, Lula anunció desde Roma, durante una visita al Papa que todavía no era Francisco, que había decidido que su continuadora sería una persona de su máxima confianza. Eligió a una mujer con trayectoria militante y el partido legitimó su decisión al año siguiente, en 2009. Sin embargo, por aquella época no faltaron dudas al interior del PT que veían en Dilma Rousseff una dirigente más lulista que petista que nunca había tenido cargos ni gran presencia dentro del partido.
Hay quienes la consideraban una recién llegada a la estructura partidaria, a la cual se afilió en 1999 luego de alejarse del Partido Democrático Laborista que fundó en 1980, el mismo año en que Lula creaba la agrupación con la que llegó al poder en 2003. Sin embargo, que la candidata a suceder a Lula no haya sido del corazón del PT también fue leído como una estrategia oficialista para garantizas las alianzas entre los diferentes partidos.
Su perfil fue criticado porque no era carismático como el de Lula y a éste lo acusaban ya en 2008 de estar tejiendo una estrategia para su retorno en 2014, algo que de hecho no sucedió.
El caso uruguayo es distinto. La elección del sucesor a Pepe Mujica se jugó libremente al interior del Frente Amplio entre dos facciones diferentes. El entonces presidente Mujica, que terminó con un 65 por ciento de imagen positiva, a diferencia del caso brasileño, no definió quién sería su continuador sino que el Congreso del Frente Amplio de noviembre de 2013 habilito las candidaturas las candidaturas de Tabaré Vázquez y Constanza Moreira para dirimir en las internas el candidato presidencial para las elecciones generales de octubre de 2014, siendo el ex presidente de 74 años, el que se alzó con la victoria dentro del izquierdista Frente Amplio con más del 80 por ciento de los votos.

La estrategia electoral de la presidenta Cristina Fernández parece haber mostrado una combinación de estos dos modelos, en definitiva una forma propia. En donde la disputa interna entre varios candidatos parece haber posicionado a uno de ellos con claras ventajas sobre el resto. La presidenta no instala un candidato propio sin embargo termina por dar la puntada final a una fórmula electoral en la quiere dejar su impronta.
Suceder significa continuar y creo que de eso se trata, de esquivar el final. Sin embargo no puede negarse que lo que se inicia ahora es una nueva página, que incluso de ganar el candidato oficialista seremos testigos de al menos formas diferentes de gobierno.
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Y finalmente veamos las interesantes reflexiones del director de Le Monde Diplomatique Edición Cono Sur en español, José Natanson:



El kirchnerismo, decíamos, opera desde el borde. Unos meses atrás, cuando todavía
circulaban las especulaciones, el gran interrogante consistía en si Cristina jugaría antes de las PASO o si esperaría el resultado para recién después apoyar al ganador. ¿Jugaría la Presidenta? Jugó, sólo que en un sentido diferente al que muchos esperaban: con la decisión de convertir a Scioli en el candidato único del oficialismo, rodeado por listas legislativas y un vicepresidente químicamente puro, la Presidenta apostó a la moderación, la contención, el balance.
Probablemente esto explique el desconcierto que generó su decisión en una parte del kirchnerismo duro, que una semana atrás criticaba la “hipótesis Scioli” como una claudicación clarinista. Pero el kirchnerismo chocó contra un límite, implícitamente reconocido en la decisión de Cristina. Ni suficientemente populista como para forzar una reforma constitucional que habilite un tercer mandato al estilo venezolano, ni suficientemente institucionalista como para descansar en una organización partidaria que le permita construir un sucesor puro al estilo brasileño, el Gobierno sufre su histórica dificultad para ofrecer políticos expresivos de su vibración ideológica y capaces al mismo tiempo de ganar elecciones. Había ocurrido antes, con las candidaturas kirchneristas de Massa, Insaurralde y el mismo Scioli, y sucede ahora, cuando lo que está en juego es la mismísima Presidencia. Como ideología no equivale a popularidad y la militancia no se traduce necesariamente en votos, Cristina decidió, con toda lógica, jugar a ganar, aunque sea con un candidato que la representa sólo a medias: Scioli para todos.
Concluyamos con un comentario general. En tanto metáfora política, la dichosa polarización alude a dos núcleos de intensidad enfrentados, pero no dice nada acerca de la distancia que los separa. ¿Hasta qué punto, citando el graph de 6,7,8, la disputa Scioli-Macri supone la lucha entre dos “proyectos de país”? Pertenecientes a una misma generación política, el representante de la posmodernidad peronista y el de la posmodernidad republicana se diferencian por las circunstancias en las que cada uno llega a la campaña, consecuencia a su vez de decisiones relativamente recientes, antes que por un contraste ideológico fuerte construido a lo largo de décadas de ejercicio político. Descontextualizados, Macri y Scioli no son tan distintos. Pero el hombre es siempre él y su circunstancia. Por una vez más cerca de Ortega y Gasset que de Jauretche, el kirchnerismo se consuela con la idea de que podrá –con el liderazgo de Cristina, bloques legislativos sólidos y el vicepresidente– condicionar un eventual gobierno de Scioli. ¿Será efectivamente así? ¿Qué pesa más en política, el sujeto o la estructura? ¿Y qué hará Scioli cuando sea libre?
Las leyes sociales no operan como la ley de gravedad, pero de todos modos existen, y una de ellas indica que en tiempos de excepción o emergencia las sociedades tienden a inclinarse por liderazgos enérgicos y extremos, y que en momentos de normalidad, así sea de normalidad recesiva, prefiere alternativas apaciguadoras y centristas.
El apoyo de Cristina a Scioli es una forma de interpretar esta demanda social de moderación, que al fin y al cabo es la que explica que ninguno de los candidatos más cercanos al kirchnerismo, incluyendo a Florencio Randazzo, lograra acercarse en las encuestas al programa de paz y administración del gobernador bonaerense.
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Para concluir, este humilde servidor público se atreve a acercar un par de reflexiones de su propia cosecha:

La principal prioridad de cualquier espacio político que aspira a gobernar para aplicar su proyecto de país por la vía democrática es, obviamente, ganar las elecciones. Y, una vez
en el gobierno, procurar alcanzar el poder (el verdadero poder fáctico) y tomar las medidas necesarias para concretar ese proyecto de país que fue votado mayoritariamente. Pero una vez en el gobierno, la mayor prioridad (además de no alejarse de ese objetivo original) es, por supuesto, mantenerse en el gobierno ganando elección tras elección, una condición sine qua non para concretar ese mandato popular que le da legitimidad y que lo llevó al poder (y no arriesgarse a perder todo lo construido en un caprichoso encapsulamiento ideologicista). Para ello, el único camino legal y legítimo que conocemos es hacer política, con todas sus marchas y contramarchas. Y eso es lo que el kirchnerismo hizo en estos días (e hizo siempre en estos doce años), lo que se ve reflejado en el diseño de sus listas de candidatos.
Siguiendo y actualizando el sabio consejo del gran pensador popular Arturo Jauretche para los momentos en los que uno duda dónde colocarse políticamente: ante una coyuntura confusa debemos leer La Nación, Clarín y sus adláteres mediáticos y caminar por la vereda de enfrente.
Por eso recurrimos aquí al título "Oficialistas confundidos, ¡bienvenidos a la política!" y, parafraseando el chiste de Daniel Paz y Rudy que acompaña estas líneas, pontificamos humildemente que siempre es mejor tragarse un sapo que ser comido por un gorila...



19 de junio de 2015

Cristina movió las piezas: "Caballo 4 Alfil: Jaque"...

Caballo 4 Alfil: Jaque.
Cuando parecía que todo estaba dicho, que las piezas del tablero de la política argentina actual seguirían la lógica de los últimos meses y se esperaban las jugadas previsibles de acuerdo a lo que los distintos jugadores venían haciendo y pensando, cuando todos creían saber cuáles serían los probables movimientos por venir, el principal jugador hizo la movida que nadie (¿nadie?) esperaba y pareció que pateaba el tablero, pero no es así, fue tan sólo una movida inesperada pero certera. Una movida que la mayoría no esperó, pero que era de esperar si se analiza lo que ese jugador siempre hizo en ocasiones similares: apelar a la sorpresa, a la contundencia, la coherencia y la lógica política. Tomó la iniciativa como lo hizo siempre, algo que le dio enorme cantidad de frutos en todos estos años. Seamos más claros: cuando la oposición política-económica-mediática creía que era su oportunidad de decretar, ahora sí, el fin del kirchnerismo, el esperado y nunca encontrado “fin de ciclo K”, el mayos jugador, el gobierno, Cristina Fernández, realizó una inesperada (para propios y extraños) y certera movida y cantó Jaque. Que sea tan solo Jaque y no termine en Jaque Mate depende ahora de los movimientos de la oposición política (entre otros cientos de cosas). Pero no nos adelantemos a sacar conclusiones, repasemos lo que se dijo en estos días luego del lanzamiento de la fórmula presidencial Scioli-Zaninni:


El peligro chino.
Por Luis Bruschtein
Tras su designación como compañero de fórmula de Daniel Scioli, los medios opositores expresaron desengaño, bastante malestar y algunos de sus columnistas no pudieron ocultar
el desconcierto y la bronca y dieron a entender que se trataba prácticamente de una traición del gobernador bonaerense.
Resulta ahora que Zannini –que como abogado es especialista en derecho administrativo– sería el responsable de todas las medidas del Gobierno, desde la reforma política hasta la democratización de la Justicia, pasando por la ley de medios. En esa especie de alucinación anti “K”, pasó de ser el secretario de Legal y Técnica a convertirse en la gran sombra gris detrás de los Kirchner. En ese relato Zannini es el peor de todos, incluso peor que los Kirchner porque habría sido el que les llenó la cabeza de pajaritos.
Con su elementaridad política, Elisa Carrió habló como el general Videla cuando hacía terrorismo “antiterrorista”: “La opción ahora es dictadura estalinista o democracia”, sentenció.
Estas reacciones tan destempladas de la oposición, tan exageradas, revelan desorientación. Es como si contra todas las evidencias de la realidad hubieran creído en el escenario de fin de ciclo que insistieron en construir burdamente los medios opositores. La designación de Zannini fue un dato más de la realidad que muestra al kirchnerismo como una fuerza que no está al final de sus días sino que se expresa con altibajos pero que está viva y tiene mucha capacidad de reacción.
No hay fin de ciclo. Ni los medios opositores ni “los mercados” pudieron romper la alianza que se estructuró desde el 2003. Y cuando ya había quienes se ilusionaban con que en las presidenciales el kirchnerismo sería el gran ausente, el ofrecimiento de Scioli a Zannini fue como un cachetazo de la realidad. Ser oposición al kirchnerismo les resulta incómodo. Hasta Macri quiere aparecer como progresista según su consejero Duran Barba. Pero el esfuerzo por oponerse a este gobierno los ha empujado cada vez más a la derecha ante la sociedad. Muchos supuestos progresistas votaron contra medidas como la nacionalización de YPF, la ley de medios o el matrimonio igualitario. El ejemplo más crudo fue la alianza del radicalismo con el PRO y en menor medida la de Pino Solanas con Elisa Carrió o sus coqueteos con Massa y Rodríguez Saá.
La fuerte reacción de la oposición y, por el contrario, la buena recepción que tuvo en el conglomerado heterogéneo, peronista y no peronista, del Frente para la Victoria, fueron síntomas tanto de que los medios opositores y los mercados apostaban a que Scioli se apartaría indefectiblemente del proceso del que formó parte estos años, como de las dudas previas que había en el núcleo duro del kirchnerismo. La designación de Zannini como vice de la fórmula esmeriló estas suposiciones y prevenciones.
(…) Zannini era la pieza que faltaba en el tablero para equilibrar las propuestas dentro del Frente para la Victoria. Ahora la oposición enfrentará a un bloque bastante representativo de estos doce años y con altísima intención de voto. El escenario de fin de ciclo o de un triunfo fácil eran solamente espejismos creados por los medios opositores y “los mercados”.


Tipos de cambio
Ahora lo que se decidirá es si en los próximos años continuará el modelo de desarrollo con justicia social, que antepone la inclusión a los privilegios; o si se marchará hacia una restauración neoliberal, donde las motivaciones sectoriales prevalecerán sobre el interés general. Por cierto, no se trata de matices, sino de dos modelos políticos, económicos y sociales opuestos. O el Estado sirve para continuar con la distribución del ingreso, de la palabra y del conocimiento, o vuelve a ser el instrumento para privatizar ganancias y socializar pérdidas.


“Consulté con la Presidenta y le he aceptado la candidatura a Daniel Scioli. Es una
manera de complementar la fórmula y para mí es un orgullo compartir la fórmula con alguien que compartió la fórmula con Néstor Kirchner”, declaró Zannini a los periodistas. Contó que eso mismo le había dicho a Scioli al comunicarle su decisión y calificó al mandatario bonaerense como “la continuidad del camino” que los Kirchner emprendieron en el 2003.



Veamos las repercusiones en La Nación:

La sucesión sigue lejos de resolverse
Por Mariano Grondona
Pareciera que, cuando mira en dirección de su propia sucesión, Cristina Kirchner sólo
concibe sucederse a sí misma. Según esta manera de ver las cosas, después de Cristina no podría venir otra persona que la propia Cristina. Si ella piensa así, ¿se quiere una fórmula más audaz que esta suerte de apoderamiento sucesorio que hoy se está verificando?
La designación de Carlos Zannini como vicepresidente de Scioli prueba que esta concepción es real. Lo primero que habría que decir es que la fórmula impuesta refleja la voluntad de la Presidenta.


Editorial.
Zannini, la confirmación del "vamos por todo"
Contrariamente a su declamada independencia para rectificar lo que haga falta, Scioli selló un acuerdo electoral que lo ata al kirchnerismo más intransigente.
La nominación de Carlos Zannini como compañero de fórmula de Daniel Scioli en su candidatura presidencial por el Frente para la Victoria (FPV) confirma que Cristina Fernández de Kirchner no está dispuesta a delegar en nadie la forma en que se instrumentará su sucesión, con la esperanza de seguir gobernando después del 10 de diciembre, si su fuerza política triunfa en las elecciones.
Además de ser uno de los hombres de máxima confianza de la familia Kirchner y uno de los poquísimos integrantes de la mesa chica del poder, Zannini ha sido el arquitecto de la estructura jurídica de los 12 años de poder kirchnerista en el orden nacional.
La designación de Zannini en la principal fórmula presidencial del FPV que competirá en las primarias abiertas ofrece otra perspectiva. En el caso de que Scioli llegue a la Casa Rosada, el cristinismo tendrá en Zannini a un auditor, un comisario político que custodiará la prosecución del modelo K.
La situación del actual gobernador bonaerense de llegar al Poder Ejecutivo Nacional podría verse más limitada aún con un Congreso que podría estar dominado por legisladores que surgirán mayoritariamente del dedo de Cristina Kirchner.
Cabe preguntarse cuál será el grado de autonomía que tendrá Scioli, tanto en la campaña electoral como en su eventual gestión nacional



Y ahora repasemos lo que dijo Clarín:


La receta de la polarización tiene un riesgo: perder con las botas puestas.
La decisión más promocionada fue la nominación de Carlos Zannini como acompañante de Daniel Scioli, pero, en rigor, Cristina Kirchner definió en esa misma jugada otra cuestión acaso más relevante: eliminar la competencia en las PASO para unificar todas las fuerzas del oficialismo bajo una misma boleta. Las dos novedades van en el mismo sentido. Una y otra buscan polarizar la elección con Mauricio Macri, tal como quiso la Presidencia desde un principio y como también prefiere el jefe del PRO.
Esa opción tiene ventajas, pero también genera riesgos para el que la promueve. Polarización significa que las preferencias del electorado tenderán a dividirse en dos polos, pero nada asegura que esos dos polos tendrán la misma cantidad de votos.
Scioli sabe ahora que su aspiración de encarnar un “cambio con continuidad” quedó condenada a la fantasía: ahora habrá que remitirse a defender a cada rato los “logros del modelo” de aquí hasta octubre.
Ese kirchnerismo ferviente le proporcionará a Scioli un acceso sin restricciones al piso de apoyos que posee la Presidenta, pero también le trasladará el techo de la intención de voto de Cristina. El gobernador bonaerense eligió jugar el partido con esas reglas, convencido de que el refugio del oficialismo genera más ventajas que la intemperie de la oposición.
Eso es lo que sostiene el candidato en conversaciones privadas desde hace varias semanas: “Cristina se convenció de que el único que garantiza mantener a los votantes del kirchnerismo soy yo”, suele repetir. Según marcan las encuestas conocidas hasta hoy, esa frase tiene sustento sociológico. Esas mismas proyecciones muestran otro dato: los votos del kirchnerismo solos no alcanzan para ganar las elecciones presidenciales.


Scioli al Gobierno, Cristina al poder
Si de Scioli hubiese dependido Zannini jamás sería su vice. Pero Cristina lo dejó en claro: ella es la única que manda.
La peor medicina le llegó sin que la esperase. Zannini es Cristina y Scioli con Zannini deja de ser Scioli, el dirigente que ensayó un discurso siempre ambiguo para diferenciarse del kirchnerismo dentro del kirchnerismo. No hay más diferencias.
Todo es una versión remixada de Cámpora al Gobierno, Perón al Poder. Con dos diferencias: Cristina no es Perón y Cámpora fue candidato porque Perón estaba proscripto. Pero está por verse si la cristinización plena de Scioli no termina por ayudar a Macri.


Ni pato, ni rengo: con obsesión de poder
Julio Blanck
La transición ya empezó. Pero no se nota. El síndrome del pato rengo termina como
algo que pudo haber sido pero no es. Ni pato, ni rengo. Cristina está lejos de ser una presidenta debilitada: en la cuenta regresiva hacia el final de su mandato conserva en sus manos todo el poder político. Mérito propio, sobre todo. Pero también deficiencia ajena. Los que aspiran a sucederla, oficialistas u opositores, siguen bailando al ritmo de la música que ella ejecuta.
La economía, deprimida pero controlada y sin estallido a la vista, le da a Cristina un piso de estabilidad sobre el que ella construyó la recuperación de su imagen.



Leamos ahora qué dijo la oposición política:



Elecciones 2015 | Carrió: "Scioli fue disuelto por Cristina y Zannini"
Carrió opinó sobre la fórmula Scioli-Zannini. "El candidato no es Scioli, es Cristina", disparó la diputada.




Para Macri, la fórmula Scioli-Zannini representa la "continuidad" de los últimos doce años.
Para Macri, Scioli ha sido "quizás el gobernador más leal" al proyecto del Frente para la Victoria y sostuvo que junto con el secretario Legal y Técnico "representan claramente dos dirigentes que han militado por la idea que ellos han impulsado estos doce años".
Luego, en diálogo con Radio10, Macri dijo la fórmula Scioli-Zannini representa la "continuidad" y la que él encabece "el cambio". "Los argentinos vamos a definir si seguimos con esta forma de poder prepotente o con nuestra propuesta. Hay continuidad o cambio.
Nota completa


Reutemann: "Zannini reconfirma la continuidad del proyecto"
El senador, ahora aliado con el PRO, consideró la designación del secretario de Legal y Técnica como “una decisión inteligente”.
El senador nacional por Santa Fe, Carlos Reutemann, consideró que la designación de Carlos Zannini como compañero de fórmula de Daniel Scioli “es una decisión inteligente que reconfirma la continuidad de un proyecto político que tiene 12 años”.
“Es una decisión tomada con inteligencia. Zannini es un persona que conoce bien a Néstor y a Cristina desde hace mucho tiempo. Ponerlo ahí, junto a Scioli es una reconfirmación del proyecto", indicó Reutemann a radio Continental.
 “Conozco a Zannini desde hace años y si alguien representa el kirchnerismo, además de Néstor y Cristina, ese es Zannini”, sostuvo el senador.



Ahora veamos un breve video que ayuda a resumir las repercusiones del último movimiento en el tablero político argentino:


LA FORMULA SCIOLI-ZANNINI - LAS REPERCUSIONES - 






Y, finalmente, repasemos lo que señalan los analistas políticos de las encuestadoras:


La mirada de los analistas sobre la flamante fórmula K
Los analistas políticos aportaron su mirada crítica a lo que es sin duda el dato político de la semana, a raíz de la decisión de Daniel Scioli, precandidato presidencial y gobernador bonaerense, de comunicar que quien lo acompañe como vice sea Carlos Alberto Zannini.
En diálogo con Clarín, Artemio López, director de Equis y consultado habitualmente desde la Rosada, dejó dos conceptos claros: "Se kirchnerisó Scioli". Y agregó que -de esta manera- el Frente para la Victoria "está en condiciones de ganar en primera vuelta".
"Es una decisión racional de parte de Scioli, de anclar su propuesta en el kirchnerismo de manera profunda, y se supone que es aceptar la condición política de la Presidenta de manera explícita, además que le da mayor volumen electoral de cara octubre", señaló.
Para Artemio, la buena imagen con que cierra el ciclo Cristina Kirchner, el piso electoral del FpV y "la mejora notable de la coyuntura económica" forman un cóctel "que dan forma al cada vez más evidente triunfo del oficialismo en octubre.
En cambio, Mariel Fornoni, de Managment & Fit, se mostró sorprendida tras el anuncio de que el secretario de Legal y Técnica acompañará al bonaerense en la fórmula presidencial. "No era uno de los nombres que estaban dando vueltas, se especulaba por el núcleo duro del kirchnerismo y se apostaba por un gobernador con otro perfil", sostuvo.
Tanta fue la sorpresa para la directora de esta consultora, que contó que nunca lo habían medido. Sin emabrgo, Fornoni duda de lo que pueda aportar, en caudal de votos, el hombre de mayor confianza de la Presidenta a Scioli.
Para Jorge Giacobbe, de Giacobbe & Asociados, Zannini representa "un cerco" a Scioli y la decisión por parte del kirchnerismo "que si la tómbola sale para su lado van a gobernar ellos".
"Esta maniobra de cercar a Scioli es también una maniobra de confianza", aseguró a Novaresio, en La Red. Y adelantó que desde el kirchnerismo "van a poner todas las listas de diputados y senadores, con lo único que nos quedamos (desde el sciolismo) es con el Ejecutivo".
Nota completa




 Como vemos, la política no es sólo operaciones, campañas, mentiras o medias verdades sino que es, principalmente y más allá de la gestión, movimientos en un tablero de ajedrez, y el último realizado por la presidenta descolocó a todas las oposiciones, como vimos más arriba.
Como dijimos anteriormente, aunque faltaría otro movimiento más del oficialismo antes de las 24 horas del próximo sábado, ahora le toca mover a la oposición, y en unos meses más veremos si se pasa de un Jaque a un Jaque Mate...



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