15 de abril de 2019

Balance político provisorio de la "Revolución Macrista" y sus perspectivas de corto plazo.

Habiendo transcurrido casi todo el mandato del presidente Macri, ya es posible ensayar un balance provisional de su gestión. Aunque provisorias, las conclusiones de cualquier balance que se haga del gobierno de Cambiemos no variarán mucho independientemente de la ideología de quien la haga. A nadie sorprenderá que afirmemos aquí que el rumbo y los resultados de la gestión de Cambiemos no son sorpresivos, como lo postulan muchos analistas, tanto opositores como oficialistas, ya que desde el primer día (en realidad desde antes del balotaje) anunciamos cuáles eran las metas y medidas de un mandato macrista (ver: 10 razones para votar a Macri y 10 razones para votar a Scioli del 5/11/15 [1]). Entre ellas señalamos: devaluar el peso todo lo que demande el mercado, pagarle a los fondos buitres indiscriminadamente, endeudarnos frenéticamente, postular la reducción del gasto público como una panacea, caiga quien caiga, reducir los subsidios hasta que duela, liberar los precios y las importaciones sin importar las consecuencias concretas, contener los aumentos de salarios y de jubilaciones y pensiones todo lo posible, acudir al FMI cuando el mercado financiero no nos preste más, etc.
Por supuesto, estas estimaciones anticipadas no provenían de las artes adivinatorias sino de la observación de la historia nacional y de las trayectorias de los miembros del gabinete de Cambiemos.
Más allá de lo anunciado por Macri en la campaña para el balotaje -y tomado como verdadero por el 51% de los votantes argentinos- dijimos aquí desde el principio que un gobierno de Cambiemos representaba una verdadera revolución restauradora-conservadora, arraigada en las más viejas tradiciones de la derecha argentina.
Mientras disfrutaba de las mieles del triunfo electoral -y la oposición kirchnerista se relamía las heridas y la no kirchnerista hacía mutis por el foro o colaboraba con la “gobernabilidad”- el macrismo aprovechaba para lanzar las medidas de fondo para cambiar de régimen económico y social del país. Es decir, para lanzar su “revolución macrista”, como la caracterizamos aquí en La revolución macrista del 1/7/16 [2].
En apenas un año, Cambiemos ya había cambiado la estructura de distribución de la riqueza, el modelo económico y el proyecto de país. Efectivamente, había virado el rumbo del país 180°. Incluso ya había intentado medidas reñidas con el “republicanismo” del que había presumido siempre, como la intentona de nombrar por decreto dos jueces de la Corte Suprema de Justicia o corromper leyes con un simple decreto (como la Ley de Medios).
Un par de semanas después, postulamos a la revolución ejecutada por Cambiemos como ejemplo a seguir por las izquierdas autóctonas en La revolución macrista, una lección para la izquierda nacional [3]. No lo hacíamos en cuanto a su ideología u objetivos sino haciendo hincapié en sus métodos, hábilmente utilizados tanto en el terreno nacional como internacional. Señalábamos entonces que “Una revolución no le pide permiso al status quo para modificarlo, actúa con todos los medios a su alcance” . Y que “la dinámica revolucionaria no se adecúa a la teorización abstracta o moralista de los análisis o debates de `expertos’ o periodistas, ni a los optimistas deseos de legalismos principistas: una revolución arrasa con los posibilismos y voluntarismos que se le enfrentan. Encara, derrumba, demuele todo lo posible y construye su proyecto sobre los escombros resultantes de la sociedad en la que actúa”. Y eso fue realmente lo que hizo Cambiemos: impuso su “sentido común”, creó su hegemonía tanto mediante su discurso como con sus actos. Por supuesto, con la invaluable ayuda de los medios de difusión hegemónicos durante su gobierno, e incluso un par de años antes de llegar a La Rosada.
Posteriormente, señalamos el 17/4/17 en #1A, 1° de abril de 2017, el día de la caída del Gral. Lonardi... [4] que a partir del 1° de ese mes, cuando se produjo una gran movilización a favor del gobierno, Cambiemos había inaugurado su fase autoritaria. El presidente y su gobierno se sintieron respaldados para profundizar su modelo, además de ensayar su política represiva frente a las movilizaciones opositoras o de resistencia a sus medidas de gobierno. Como dijimos entonces, “se habría acabado la etapa del 'macrismo zen' iniciado durante la campaña proselitista de 2015, para pasar, entonces, al 'vamos por todo' del macrismo de 2017”. Lo comparábamos con la autodenominada Revolución Libertadora de 1955, porque recurría a los objetivos políticos y económicos de aquel gobierno de facto mas no a sus métodos dictatoriales. Se trataba, en todo caso, de una Libertadora 2.0 o modelo siglo XXI.
Ya el 1/2/18 señalamos la aparición de los límites del modelo macrista en Aparecieron los límites de la Revolución macrista y aflora su sesgo autoritario [5] Su modelo económico comenzaba a mostrar que sus logros se alejaban cada vez más de los objetivos anunciados, y su cobertura mediática y “republicanista” no alcanzaba ya a tapar sus flagrantes casos de corrupción a gran escala y a la luz del día, llamados “conflictos de intereses” por la prensa adicta. Las corporaciones económicas ya se habían hecho cargo de cada porción de la economía que explotaban hacía años, pero ahora lo hacían desde el mismo gabinete macrista a través de sus famosos CEOs.
Cambiemos enfrentaba, a su vez, “los fantasmas de sus propias promesas de campaña y el imaginario del "cambio" que sus votantes construyeron independientemente de Cambiemos mismo. Tanto las inversiones prometidas, la derrota de la inflación y la desaparición de la pobreza, como la protección de los derechos y adelantos sociales ganados durante el kirchnerismo han demostrado ser meros espejitos de colores ofrecidos a cambio del voto”.
Y preveíamos entonces “una polarización entre el oficialismo y quienes representen mejor la oposición a este modelo. Como ya dijimos, Cristina Fernández de Kirchner parte en primera fila en ese aspecto, y sobresale como la líder de la oposición con mayor caudal de votos y con su historia de gestión, opuesta 180° a la de Cambiemos. Esto la convierte en el faro opositor a tener en cuenta ante cualquier medida perjudicial al pueblo, pero también la hace blanco de proscripción o encarcelamiento por parte del oficialismo, sus jueces y fiscales afines y el establishment. De ella y sus aliados dependerá en buena parte cuándo se produzca el fin del macrismo, en 2019 o en 2023”.
Al año siguiente, Cambiemos contó con una “ayudita de sus amigos”, EEUU, para asumirse ya plenamente como la versión del siglo XXI de la Revolución Libertadora. Planteó ya abiertamente su alianza con los bancos y con sectores agropecuarios exportadores. Advertimos también que el escándalo de los cuadernos de Centeno (que resultaron ser apenas unas fotocopias o copias digitales de cuadernos que desaparecieron antes de llegar a la justicia) derivaría “en una escalada del circo mediático y en algo que se parece un ajuste de cuentas dentro de la histórica patria contratista a la cual pertenecen desde hace décadas el Presidente y su grupo empresario”.
Y, finalmente, señalábamos en La Revolución Macrista suma la mano invisible de los EE.UU y se convierte en la Revolución Libertadora 2.0 [6] que “la debacle económica de la `tormenta’ macrista promete no dejar clase media en pié y aumentar la masa de pobres e indigentes y la riqueza de la cima de la pirámide poblacional”.
A fines del año pasado planteamos que el macrismo no lograba hacer pie en las mayorías debido a la diferencia abismal entre las expectativas de la mitad de la población que lo había votado en 2015 y los resultados tangibles de su política en El macrismo cumplió su tarea y está acabado pero ¿quién se hará cargo de su pesada herencia? [7]. Argumentábamos allí  que “la campaña de enlodamiento de la figura más importante de la oposición al macrismo, Cristina Fernández, ya no es efectiva para tapar los desaguisados, corruptelas o efectos catastróficos del modelo económico y social de Cambiemos, como muestran todas las encuestas”. Y subrayábamos que “la principal deficiencia de esta táctica es que la burda repetición de acusaciones de corrupción huérfanas de pruebas contundentes no sólo debilita el argumento contra el gobierno pasado sino que puede resultar contraproducente. Más aún si siguen apareciendo casos similares que afectan a las propias figuras de Cambiemos.
La principal debilidad del macrismo es la orfandad de logros económicos y sociales para enarbolar en la campaña electoral de 2019. Caso contrario para la oposición kirchnerista, que se verá favorecida”. Para sostener este argumento puntualizábamos que el kirchnerismo “ha sido gobierno durante tres períodos consecutivos, aumentando su desempeño electoral en cada triunfo electoral, mejorando la calidad de vida de la población y dejando al país en 2015 mucho mejor que como lo recibió en 2003, algo inédito en nuestra historia desde la recuperación de la democracia en 1983, como lo puntualizamos aquí en La Herencia K: Memoria y Balance final2003-2015”. Aunque “el proceso no sería igual al de los casos anteriores, porque la historia (a pesar de la creencia popular) no se repite, pero no debemos soslayar las coincidencias y aprender de sus lecciones”.
Hoy en día, a meses de las elecciones nacionales, el paisaje político que encontramos nos muestra que el establishment que apoyó sin fisuras a Cambiemos para que llegue a la Rosada, se partió en dos de acuerdo a sus propios intereses contrapuestos. Por un lado los factores de poder relacionados con la intermediación financiera y los grandes conglomerados relacionados con la producción y distribución de energía más los grandes exportadores de productos primarios, y por el otro los relacionados con la producción industrial (pequeñas, medianas y grandes empresas). Beneficiados enormemente los primeros y perjudicados los segundos con las políticas de Cambiemos.
Tal es así que junto a la caída estrepitosa de la credibilidad del gobierno y de su base de votantes, la parte industrial y agroganadera exportadora del "círculo rojo" están elucubrando contra reloj una alternativa electoral que prescinda del lastre electoral del presidente, mientras el gobierno y sus estrategas improvisan formas de anular esos movimientos centrífugos de sus respaldos económicos y políticos; por supuesto, antes de que estalle alguna de la minas económicas que sus mismos funcionarios dejaron -por impericia o indolencia- en su camino hacia octubre.
Luego de endeudar al país como nunca en su historia, aumentar la inflación, el desempleo, la pobreza y la indigencia hasta límites pornográficos (y sin visos de detenerse gracias a la perpetua sumisión a los dictados del FMI), los ideólogos de Cambiemos lanzaron al ruedo las excusas "modelo 2019" del fracaso constante de su modelo económico: “No creo que estemos en un fracaso económico. La Argentina es un fracaso económico” señaló sin ruborizarse Marcos Peña, o la argumentación de que el problema argentino se remonta (no ya a los últimos 70 años) sino a 80 años, como sugirió últimamente el mismo presidente. Estamos a un paso de que atribuyan el "fracaso argentino" al último siglo de gobiernos nacionales. En ese caso, el culpable de la debacle actual no es otro que el voto universal, secreto y obligatorio, como argumentaba  la oligarquía criolla en los años treinta del siglo pasado, después de derrocar y encarcelar a Hipólito Yrigoyen.
¿Qué es esperable que suceda en los meses próximos? No es tiempo de pronósticos, y menos a 6 meses (¿6 años, 6 siglos?) de las elecciones presidenciales, pero siguiendo la línea de análisis que postulamos desde 2015, podemos arriesgar que se consolidarán dos polos opuestos y complementarios en el electorado, representados por Macri y Cristina Fernández; los que acapararán la mayoría de las voluntades electorales.
Dentro del sector macrista se agruparán quienes son fuertemente macristas (la mayoría, quizás, antikirchneristas) con un techo de 30% de los votos, similar a los votos obtenidos por Cambiemos en la primera vuelta de 2015, en el mejor momento del macrismo. El desafío para este espacio es repetir esos guarismos; y sería una utopía que logre el 51% de votos logrado en el balotaje, luego de una gestión que perjudicó los intereses de la mayoría de esos votantes que confiaron en él. Hoy en día, sin que haya comenzado oficialmente la campaña, Macri retiene alrededor de un cuarto del electorado, que es lo obtenido por Cambiemos en las PASO de 2015, cuando todavía no había cambiado su discurso, desde su cerrado neoliberalismo al falso e improvisado filopopulismo que lo acercó a muchos votantes de Cristina cansados de los 12 años de gobierno kirchnerista. Ese 25% de votos macristas se asemeja al porcentaje histórico (25%/30%) de la derecha argentina, racista y despreciativa de las clases populares, llamada históricamente antiperonismo.
Por el lado del sector kirchnerista, el desafío es lograr una unidad del campo popular (más allá del PJ) y perforar el techo que muchos encuestadores le asignan a Cristina (aunque ya lleva un par de techos perforados desde 2017); y la utopía kirchnerista sería recuperar el 54% que logró CFK en su mejor momento, en 2011. Cristina tiene un piso consolidado de 30% de votos, y es de ahí desde donde parte para lograr, gracias a una campaña surtida de muchos argumentos económicos y sociales, alcanzar el 40% de votos y superar a Cambiemos por 10 puntos para coronarse como presidente. O superar el 45% de votantes y hacerlo sin importar los guarismos que logre Cambiemos.
A medida que las encuestas sigan reflejando la tendencia alcista del voto kirchnerista o del voto castigo al oficialismo, el clima político se irá enrareciendo por parte del gobierno. A su vez, el clima de cambio de época se hará cada vez más intenso en los tribunales de justicia y en las pantallas de TV y los micrófonos de las radios, como ya se está viendo ahora. También en el pueblo se está viendo ese cambio de época, tanto en los estadios de fútbol como en los eventos culturales. Como dijimos aquí mismo varias veces, los cambios sociales no son automáticos ni respetan los tiempos ni las ansiedades de los ya convencidos ni de los analistas políticos de café. Son lentos, imperceptibles y meditados pero, una vez que son decididos por las mayorías, son irreversibles. Y los cambios políticos profundos, los que aumentan los derechos y redistribuyen la riqueza de los países se dan por oleadas, no por ciclos, como dice Álvaro García Linera:
"Esta es una mirada que le arrebata el protagonismo al ser humano, que olvida el papel de la subjetividad colectiva en la construcción de los hechos sociales. Es falsa.
Las transformaciones se dan por oleadas. La gente se articula, se unifica, crea sentido común, tiene ideas fuerza, se convierte en ser universal, es decir, ser que pelea por todos. Logra derechos, acuerdos, Estado, política"
Desde diciembre de 2017 se está produciendo ese cambio en la oleada, y la población está madurando, requiriendo un cambio rotundo en el rumbo de la economía y en el proyecto de país. Similar a los producidos con la llegada del peronismo en 1945 o del kirchnerismo en 2003. Los primeros indicios ya se están viendo día a día, pero el ritmo se incrementará cuando se asienten las candidaturas opositoras, principalmente la de la expresidenta; y entonces se acelerará la fuerza centrípeta de ambos polos políticos mencionados. Y se harán más explícitos los apoyos a Cristina, aunque algunos de ellos parecían difíciles o tal vez imposibles hasta hace unos meses.
Los movimientos políticos son más parecidos a los movimientos meditados del ajedrez que a los movimientos improvisados del fútbol; por lo menos los de los políticos "profesionales" o cuadros políticos. Es por eso que no están regidos por la ansiedad de la población, las pretensiones del periodismo o las exigencias de los operadores políticos. Una jugada política debe hacerse cuando el resultado del mismo caiga de maduro, cuando el riesgo de fallar sea casi cero. Y es por eso que las candidaturas sólidas maduran por meses o años, y se anuncian cuando su aceptación es abrumadora dentro de su legión de adeptos. Sólo los políticos advenedizos o impacientes anuncian sus candidaturas antes de tiempo.
Es por eso que la candidatura del espacio kirchnerista o filokirchnerista se hace desear (para los periodistas y operadores antikirchneristas) y seguramente no se anunciará en la víspera…
En el caso del oficialismo, la razón es muy otra: la imagen e intención de voto de Macri está barranca abajo debido no sólo a la falta de un rumbo claro y de resultados económicos auspiciosos del gobierno o por la disolución de las expectativas que creó en 2015, sino también por el gravísimo estado social en que deja al país, ya harto evidente, como lo señala hasta el mismo diario La Nación: "El gobierno actual asumió con un 26,9% de pobres y un 4,7% de indigentes. Con el deterioro de 2018, la pobreza volvió a los niveles de 2010 y la indigencia, a los de 2014. En términos absolutos, hoy hay 3 millones más de pobres que a fines de 2015 y un millón más de indigentes" [8].  Esta es la razón por la cual una parte de su alianza política se la ve en figurillas para encontrar un reemplazo y, además, para convencer al mismo Macri, líder indiscutido del espacio (y a su círculo íntimo) que se haga a un lado y acepte su derrota política (ambas tareas, difíciles de lograr).
La situación actual nos muestra a una oposición heterogénea que propugna una unión tan amplia y sin exclusiones como imposible, y un oficialismo que promete un paraíso futuro demasiado idílico e improbable visto desde este infierno cada día más caliente.
Cambiemos tiene como desafío llegar arrastrándose al balotaje y soñar con alcanzar los mismos guarismos de 2015, cuando estaba en su mejor momento. Tarea harto improbable. Y, a su vez, el kirchnerismo debe repetir el piso de votos nacionales obtenidos 2017 (su peor resultado nacional, en plena campaña contra la “corrupción K”) para llegar al balotaje y entonces superar apenas los guarismos de Scioli en la segunda vuelta de 2015 (en el mejor momento del Cambiemos) para derrotar al macrismo y quedarse con la presidencia. Menos probable, aunque no imposible, es un triunfo opositor en primera vuelta, lo que representaría un golpe fatal al gobierno, y lo llevaría en camilla hasta el 10 de diciembre, en el mejor de los casos.
En Argentina, políticamente seis meses equivalen a seis años, por lo que casi cualquier cosa puede suceder de aquí a las elecciones nacionales. Puede aparecer un “cisne negro” que cambie completamente la coyuntura política, pero es razonable analizar los factores históricos, sociales, económicos y de coyuntura para intentar un pronóstico confiable. Y eso es lo que hemos hecho aquí; y de acuerdo a los resultados obtenidos desde 2015 hasta hoy, las perspectivas de acertar en nuestro diagnóstico son alentadoras. Por eso, auguramos un cambio de rumbo de 180° a partir del 10 de diciembre próximo. Aunque eso no significa que a la sociedad le toque transitar los próximos años sobre un lecho de rosas, todo lo contrario. El gobierno de tipo nacional y popular que asuma ese día, se verá tironeado tanto por las necesidades impostergables de las clases baja y media como de las exigencias de los factores de poder que desde el primer día lo interpelarán. Sin descontar la tumultuosa situación internacional que no lo ayudará, al contrario.
Pero, eso sí que es tema para otra nota.


Fuentes:







[8] Pobreza: el retroceso más grave desde 2002

13 de diciembre de 2018

El macrismo cumplió su tarea y está acabado pero ¿quién se hará cargo de su pesada herencia?

A tres años de iniciada la que aquí llamamos Revolución Macrista ya es hora de hacer un balance parcial de su gobierno. Más aún si, como parece, Macri intentará su reelección el año próximo.
Aunque el gobierno de Cambiemos nunca contó con mayoría en ninguna de las dos cámaras del Congreso, supo hacer pasar todo tipo de leyes apelando a negociaciones políticas (sanctas o non sanctas) y aprietes, propios o a través de los medios afines, hacia legisladores o gobernadores de la oposición. No olvidemos tampoco que desde el día uno contó con la gestión de los tres principales gobiernos: nación, provincia y ciudad de Buenos Aires, con sus tres inmensos presupuestos, además de todas las fuerzas de seguridad nacionales (más los servicios de inteligencia) y de los dos más grandes distritos argentinos. Sin dejar de mencionar a los medios hegemónicos de difusión que (hasta hoy) apoyan fervientemente las medidas gubernamentales y tapan o minimizan cualquier fallo o corrupción que roce a Cambiemos, y agrandan o inventan cualquier caso de corrupción del kirchnerismo.

Decíamos aquí mismo ya a fines de 2015, cuando Cambiemos camuflaba sus intenciones en "mejorar lo que estaba bien y corregir lo que estaba mal" del kirchnerismo, cuáles eran sus verdaderos propósitos a cumplir en su gobierno(1), los que resumiremos así:
Una brutal devaluación del peso, endeudar al país y las provincias en el mercado nacional e internacional, para apelar en finalmente al prestamista de última instancia, el FMI, como tabla de salvación de su inconsistente programa financiero.
Pagarle a los fondos buitres sin reparos todo lo que reclamaron ante el juez Griesa.
Reducir el gasto público hasta límites pornográficos, procurando reducir al máximo el déficit.
Quitar los subsidios a los servicios públicos indiscriminadamente, además de subir las tarifas de los mismos para beneficiar a las empresas de servicios.
Liberar todos los precios de la economía (y reducir al máximo las retenciones a las agroexportaciones) sin importar las consecuencias en la población.
Contener los aumentos salariales pisando las paritarias.
Reformar el sistema jubilatorio, reduciendo el índice de actualización, aumentando la edad jubilatoria, y luego apelar a la quiebra provocada del sistema para intentar privatizar la administración del fondo de jubilaciones en forma similar a las AFJP.
Desmantelar Fútbol para Todos y destrozar Aerolíneas Argentinas para favorecer a las empresas privadas.
Reprimir las protestas callejeras, cortes de calles o rutas y los cacerolazos, sin importar si son de la clase baja o media.
La diferencia entre el supuesto programa de gobierno que Cambiemos presentó para el balotaje frente a Scioli y el revelado por nosotros (que a su vez el macrismo había planteado para las PASO y la primera vuelta electoral) explica plenamente la diferencia de votos entre la primera y segunda vueltas de 2015.
Si se analiza cómo se encontraba el país antes de la llegada de Macri a la Rosada y lo comparamos con el programa de gobierno veremos que se intentaba realizar un cambio de raíz, revolucionario. Por eso es que desde entonces aquí calificamos a la gestión de Cambiemos como la Revolución Macrista.
Ya en el gobierno, como decíamos aquí(2): Cambiemos implementó rápidamente las primeras medidas revolucionarias de su modelo, provocando no sólo una transferencia económica a favor de los poderes concentrados y en contra de la mayoría de la población sino una crisis económica (la misma que los voceros neoliberales anunciaron inútilmente durante todo el kirchnerismo) que justificara las medidas de ajuste que “se vio obligado” a ejecutar en 2017 para sanear la economía. Simultáneamente, la alianza del gobierno con algunos jueces federales y los medios hegemónicos (principalmente el Grupo Clarín) lanzó una cacería judicial de kirchneristas (corruptos o no), sindicalistas rebeldes y medios opositores, para llevarlos a prisión (con motivo o no) y así distraer todo lo posible la atención popular de las medidas de gobierno y sus consecuencias y, fundamentalmente, desprestigiar todo lo posible a cualquier político o movimiento político que en un futuro pudiese cuestionar el cambio de proyecto de país que el macrismo vino a instalar. Esto no puede concretarse sin una consolidación de lo que el macrismo mediático denominó “la grieta” entre los kirchneristas y el resto de la población.

También se cumplieron nuestras expectativas de agudización de esos rasgos revolucionarios cuando el gobierno deroga o modifica leyes por decreto, como la ley de blanqueo, o cuando presiona a los gobernadores para que se vote la reforma previsional por el congreso. También, como decíamos entonces aquí: es de esperar que con el tiempo esta tendencia se acelere, y veamos que la economía no arranque, que la pobreza y desocupación crezcan, al igual que el déficit comercial y por ello el endeudamiento externo. Esto alimentará la protesta social, lo cual cebará la represión y los métodos para-constitucionales para implementar las medidas gubernamentales. Porque, como dijimos en La revolución macrista (II), una lección para la izquierda nacional(2): “la historia argentina muestra, lamentablemente, que la derecha nunca se detiene en su camino y apela a cualquier método, legal o no, constitucional o no, pacífico o no para lograr sus fines. Y no tiene pruritos ni remordimiento al enfrentar a sus adversarios desde el poder, sean éstos minoritarios o mayoritarios. En tal caso, la derecha conservadora siempre fue y será revolucionaria para mantener o recuperar sus privilegios.

Sin embargo, advertíamos hace unos meses(3) que las consecuencias dañinas a la economía doméstica de las mayorías que producen las medidas económicas macristas podía producir su propia decadencia: Un gobierno que se esforzó en revertir la redistribución económica del kirchnerismo a favor de las clases baja y media, que anula o disminuye derechos adquiridos por el pueblo, que no deja de atacar la situación económica de la mayoría de los argentinos (incluyendo a quienes lo votaron) crea un caldo de cultivo fértil para el origen de un movimiento que se oponga a ese modelo de país.

Hoy en día es evidente que la campaña de enlodamiento de la figura más importante de la oposición al macrismo, Cristina Fernández, ya no es efectiva para tapar los desaguisados, corruptelas o efectos catastróficos del modelo económico y social de Cambiemos, como muestran todas las encuestas. Y lo que fuera el programa de gobierno y modelo de país que intentó la revolución de Cambiemos junto al "círculo rojo" parece virar a un programa distinto, manejado por quienes se mueven con mayor sigilo y poder que Cambiemos, como explicamos aquí(4): la mano invisible del Tío Sam estaba detrás de la causa de las fotocopias de los cuadernos de Centeno, algo que confirma indirectamente el mismo Bonelli en su nota, cuando dice: “Prado – el nuevo embajador en Buenos Aires (dijo que) las empresas americanas deben invertir en Argentina aprovechando la nueva relación bilateral”. (…) En esa reunión circuló un dato político clave: la Casa Rosada trabaja en un proyecto de ley para “encapsular” el escándalo de los cuadernos.
“La intención es preservar a las empresas para que no se frene la obra pública. En las “coimas” están involucradas todas las importantes.”
La devaluación junto con la baja de las acciones de esas empresas, dañadas por el escándalo de las fotocopias, dejaría el campo orégano para su compra a precio irrisorio por parte de capitales yanquis.

Hoy en día, cuando el pacto electoral de Cambiemos con sus votantes y con las empresas que lo apoyaron parece resquebrajarse, vemos que los resultados económicos y sociales no son los que dichos apoyos esperaban.
Con mencionar algunos fríos números de la economía que alcanzan para ilustrar los resultados del macrismo en función de gobierno.
Al finalizar su período en 2019, Cambiemos habrá aumentado la deuda externa con vencimientos por un total de 118.500 millones de dólares, para peor distribuidos de la siguiente manera:

21.000 millones en el 2020
21.500 millones en el 2021
40.000 millones en el 2022
36.000 millones en el 2023

La recesión que sufre la economía se prolongaría al menos hasta marzo. La inflación acumulada desde su asunción en diciembre de 2015 supera el 150%. Desde 2015, el dólar cuadruplicó su valor (de $9,80 a $39 aproximadamente). Por esa razón, al dolarizar las tarifas, la del gas aumentó 8 veces, la de la electricidad 17 veces, la de agua 6 veces, el transporte aumentó al triple y el combustible también. La producción industrial se desplomó 6% y el salario real promedio cayó 10%. La caída del consumo es récord, el cierre de empresas chicas y medianas ya es una epidemia, que también afecta a las empresas grandes como por ejemplo ARCOR. Según la Universidad Católica Argentina, la pobreza creció desde el 29,2% de los argentinos en 2015 hasta el 33,6% de 2018, afectando a 13.600.000 personas. Sólo en estos últimos doce meses cayeron en la pobreza 2.179.000 argentinos.
Para tener una idea de lo ocasionado por el modelo macrista en la economía nacional, comparemos los números de la economía que recibió en diciembre de 2015 y las actuales en este cuadro.




Ahora bien, qué hemos de esperar en los meses por venir. Siguiendo la línea de análisis que ensayamos desde 2015, podemos arriesgar que el gobierno y sus apoyos mediáticos reforzarán la campaña antikirchnerista centrada en las denuncias judiciales, aunque ya no tengan la repercusión de antaño. La principal deficiencia de esta táctica es que la burda repetición de acusaciones de corrupción huérfanas de pruebas contundentes no sólo debilita el argumento contra el gobierno pasado sino que puede resultar contraproducente. Más aún si siguen apareciendo casos similares que afectan a las propias figuras de Cambiemos.
La principal debilidad del macrismo es la orfandad de logros económicos y sociales para enarbolar en la campaña electoral de 2019. Caso contrario para la oposición kirchnerista, que se verá favorecida, como ya señalamos aquí(4):
La única salida para el establishment es que en 2019 CFK no gane las elecciones, porque es la única que puede aglutinar a su alrededor no sólo los votos necesarios sino la epopeya revolucionaria (similar a la de su marido en 2003) capaz de cortar el nudo gordiano con que el macrismo está maniatando al país. Y para eso sólo hay dos salidas: la proscripción o la cárcel, ya que el intento de desprestigiarla con el aparato mediático-judicial no parece estar funcionando. (...) hoy en día Cristina ya ha dejado de ser una candidata posible para convertirse (Ernesto Laclau mediante) en el “significante vacío” que une a vastos sectores populares dispersos víctimas de la economía macrista. Cristina ha dejado de ser la expresidenta, la principal política de la oposición o la senadora, para pasar a ser un símbolo de la resistencia a esta política agresiva contra las clases media y baja. Una bandera que crece desde abajo en las juventudes que abogan por el aborto legal y gratuito, por el “ni una menos” o la rebeldía ante el avance del mercado cruel contra los salarios o las jubilaciones desfallecientes. La letra K ha dejado de ser una propiedad del kirchnerismo para pasar a ser (gracias al mismo macrismo) un sinónimo de todo lo no Macri, y el antónimo de todo lo malo del macrismo. No tanto quizás por las virtudes del kirchnerismo sino de los errores o daños que la misma Revolución Macrista ha derramado en el país. Algo similar a lo ocurrido con el peronismo durante los años de la “Revolución Libertadora” y las presidencias posteriores. El odio que destila el gobierno y sus medios hegemónicos afines contra todo lo que huela a K permea amplias capas del pueblo víctima de esa economía, y al mezclarse con la decepción de los votantes de Cambiemos o el rencor de quienes no lo votaron ni en la primera vuelta ni en la segunda y va generando una reacción cristinista que puede generar (vaya paradoja) un cuarto gobierno kirchnerista.

Con la votación del presupuesto se produjo finalmente el parteaguas que diferencia a la oposición al macrismo del “paraoficialismo opositor" ante la sociedad. De ahora en adelante se verá el crecimiento de dos polos que podemos calificar de filocristinismo y filomacrismo, que crecerán en espejo, nublando cualquier otro polo político, más aún que en los comicios de 2017.
El macrismo y sus propagandistas saben que el único rubro que pueden agitar en campaña es la seguridad y, ya en menor medida, la corrupción del gobierno anterior, porque no hay ni un solo logro económico o social que haya beneficiado a los votantes, todo lo contrario.
La oposición, a su vez, tiene un amplio ramillete de fracasos y despropósitos de Cambiemos con qué atacar. Pero, no todos los opositores están en las mismas condiciones para hacer campaña. El kirchnerismo cuenta con las mejores cartas para utilizar en esta mano: ha sido gobierno durante tres períodos consecutivos, aumentando su desempeño electoral en cada triunfo electoral, mejorando la calidad de vida de la población y dejando al país en 2015 mucho mejor que como lo recibió en 2003, algo inédito en nuestra historia desde la recuperación de la democracia en 1983, como lo puntualizamos aquí en La Herencia K: Memoria y Balance final 2003-2015 (5).
Las encuestas vienen mostrando desde el año pasado la caída de la imagen y la intención de voto de Macri y un crecimiento de Cristina, más allá de la lluvia de denuncias de corrupción y otros delitos en su contra. Incluso está mermando el clima de ensañamiento contra el kirchnerismo que reina en Comodoro Py, y ya empiezan a picar las balas cerca del actual ocupante de la Rosada, tal vez a consecuencia de lo que están mostrando esas mismas encuestas.
Cuál vaya a ser el resultado de las próximas elecciones es arriesgado decirlo hoy, pero sí podemos afirmar que el panorama que se atisba es completamente diferente al que el gobierno y el establishment mismo esperaban el año pasado. Sin embargo, desde aquí seguimos afirmando que basados en el accionar de los distintos poderes fácticos durante estos años y nuestra historia nacional, es de esperarse una pleamar del tipo de movimientos populares típico de Argentina, como señalamos aquí(3). Es decir, surgirá seguramente un movimiento reivindicativo de derechos populares y de una reconstrucción económica y social del país; pero “cuándo surgirá este nuevo movimiento popular no es posible asegurarlo. Si será en 2019 o 2023 dependerá no de las teorías de sociólogos o politólogos, de los deseos de políticos o de los propios actores sociales sino de los hechos sociales y políticos mismos, tan difíciles de pronosticar como de negar. Pero lo seguro es que, si no se producen cambios drásticos en el rumbo del gobierno, el caldo de cultivo de un nuevo movimiento popular reivindicativo de los derechos perdidos o amenazados de la población seguirá creciendo. El proceso no sería igual al de los casos anteriores, porque la historia (a pesar de la creencia popular) no se repite, pero no debemos soslayar las coincidencias y aprender de sus lecciones”.
Hoy en día, es más probable que ese horizonte se haya acercado a 2019 que cuando realizamos ese análisis. Por eso, en los meses próximos se verá una aceleración de los procesos de unificación en la oposición, incluso aglutinando figuras políticas que los medios hegemónicos descartaban del polo peronista-kirchnerista. Pero ese ya es tema de otra nota.












22 de septiembre de 2018

¿La Revolución Macrista está acechada por tormentas o acelarando a fondo?

En medio de los saltos del dólar y las tasas de interes, la moda  de los BOTES, las LEBAC o las LETES, y el aumento de la inflación y el desempleo, demasiados analistas hace foco en las tormentas externas que estarían azotando al barco de la Argentina, mientras su piloto de tormentas insiste en el rumbo hacia el iceberg que asoma en el horizonte.
El intento de sudamericanizar la Argentina ya es harto evidente. Para eso Cambiemos debe aniquilar todo rastro del "estado de bienestar" peronista, quitar de la mente de los argentinos cualquier rastro de derechos ganados. Es decir, llevarnos a una Argentina preperonista, por eso tanta insistencia en dejar atrás "70 años de errores". Setenta años antes de que asuma Macri, justamente, asumía la presidencia por primera vez Juan Domingo Perón.

Lo que adelantábamos aquí en agosto [1] ahora lo reconoce hasta Marcelo Bonelli en Clarín [2]. Decíamos entonces que Macri no sólo es un admirador de EE.UU. sino que es más pronorteamericano que los embajadores de Washington, como mostraron los cables secretos revelados por WikiLeaks. Bajo esa lente debemos observar las medidas políticas y económicas del macrismo, no otra. Por lo tanto, no hubo excesos ni errores, todo es parte del plan de gobierno de la Revolución Macrista. Y ahora vemos que Bonelli revela que tanto el FMI como el Tesoro de los EE.UU. están negociando una salida de urgencia para la crisis macrista que llevó a que el dólar saltara a 40 pesos y se perdieron US$ 17.000 millones de las reservas del Banco Central y que la pobreza alcance a fin de año al 30% de la población. Incluso informa que "La información la tienen los grandes fondos de Wall Street. Nicolás Dujovne habló con ellos". (...) La jefa del FMI tiene una relación especial con el Presidente. Lagarde quiere apuntalar a su preferido. Ahora dependerá de los funcionarios a cargo del tema que no vuelva a “chocar” la calesita de la economía. Argentina dilapidó en el año reservas y la ausencia de un verdadero plan económico llevó la economía a la “estanflación”.

También en nuestra nota de agosto decíamos que la mano invisible del Tío Sam estaba detrás de la causa de las fotocopias de los cuadernos de Centeno, algo que confirma indirectamente el mismo Bonelli en su nota, cuando dice: "Prado - el nuevo embajador en Buenos Aires (dijo que) las empresas americanas deben invertir en Argentina aprovechando la nueva relación bilateral”. (...) En esa reunión circuló un dato político clave: la Casa Rosada trabaja en un proyecto de ley para “encapsular” el escándalo de los cuadernos.
"La intención es preservar a las empresas para que no se frene la obra pública. En las “coimas” están involucradas todas las importantes."

La devaluación junto con la baja de las acciones de esas empresas, dañadas por el escándalo de las fotocopias, dejarían el campo orégano para su compra a precio irrisorio por parte de capitales yanquis. Y, matando dos pájaros de un tiro, también confirma nuestras advertencias sobre el objetivo político principal: CFK. Sigamos leyendo a Bonelli: 

(El gobierno) "explora dos ideas fuerza: 1) Que los políticos involucrados en la corrupción no puedan postularse en el futuro a cargos públicos, 2) Que los empresarios estén impedidos de ejercer el comercio y deban renunciar a sus compañías. 

Se comprueba así lo que decíamos aquí en agosto: "es probable que tenga el mismo resultado dejado por el mani pulite italiano y el lava jato brasileño, es decir, la disolución del sistema político autóctono, el derrumbe de las principales empresas nacionales y la invasión de empresas trasnacionales, principalmente norteamericanas. Para colmo, la debacle económica de la “tormenta” macrista promete no dejar clase media en pié y aumentar la masa de pobres e indigentes y la riqueza de la cima de la pirámide poblacional".

Parece que el pecado argentino ha sido comerciar libremente con China y Rusia, consideradas por EE.UU. como sombras amenazantes detrás de sus intereses en Sudamérica, como comentan el profesor Juan Gabriel Tokatlian y Horacio Verbitsky y que reproducimos en esa nota de agosto.
La Revolución Macrista ha pisado el acelerador y parece llevarse puesto al país igualitario y con esa inmensa clase media que durante décadas nos diferenció de nuestros hermanos latinoamericanos. Cuál ha sido el plan original del macrismo ya lo hemos analizado aquí en varias oportunidades, pero lo señalaremos hoy de nuevo en pocas palabras. El aumento sideral de los servicios y tarifas, más la apertura indiscriminada de la importación de cualquier producto no podía llevar a otra cosa que la casi extinción de las pequeñas y medianas empresas, al aumento brutal del desempleo, la pobreza y la indigencia, la consecuente disminución de la clase media y el aumento de la clase baja, la primarización de las exportaciones nacionales (agropecuarias, mineras, de recursos naturales como petróleo, gas y litio, y otras de bajo valor agregado), el crecimiento de la intermediación financiera y el aumento sideral de la deuda externa en dólares cada vez más caros, lo que constituirá un cepo al desarrollo nacional.
En este país que imagina el macrismo y el establishment que lo apoya, sobrarían un par de decenas de millones de argentinos, que no encontrarían empleo en las pocas industrias que quedarían. Millones de soldados de ese ejército de reserva con el que el capitalismo estaría chocho de contar para regular a la baja todos los salarios.
Claro está que este país teórico, soñado por el macrismo no encaja con la historia y el presente argentino. Es un modelo más cercano al chileno, al colombiano o, para ir más lejos, al indio. Pero no al de la Argentina posperonista y menos aún poskirchnerista. De la memoria popular no se borra tan fácilmente lo sucedido hasta hace apenas tres años. Por eso, la única roca que molesta en el camino es el kirchnerismo y sus posibles aliados para las elecciones del año próximo. Y de eso se estarían encargando varios jueces federales y algunos políticos del "peronismo perdonable" (como lo llama Jorge Asís). Y la cabeza visible de esa oposición es indudablemente Cristina Fernández.
La única salida para el establishment es que en 2019 CFK no gane las elecciones, única que puede aglutinar tras suyo no sólo los votos necesarios sino la epopeya revolucionaria (similar a la de su marido en 2003) capaz de cortar el nudo gordiano con que el macrismo está maniatando al país. Y para eso sólo hay dos salidas: la proscripción o la cárcel, ya que el intento de desprestigiarla con el aparato mediático-judicial no parece estar funcionando.
Ya analizamos varias veces aquí las razones que llevarían a su necesaria eliminación del escenario electoral (por ejemplo en [3] y [4]) por lo que sólo nos limitaremos a señalar que hoy en día Cristina ya ha dejado de ser una candidata posible para convertirse (Ernesto Laclau mediante [5]) en el "significante vacío" que une a vastos sectores populares dispersos víctimas de la economía macrista. Cristina ha dejado de ser la expresidenta, la principal política de la oposición o la senadora, para pasar a ser un símbolo de la resistencia a esta política agresiva contra las clases media y baja. Una bandera que crece desde abajo en las juventudes que abogan por el aborto legal y gratuito, por el "ni una menos" o la rebeldía ante el avance del mercado cruel contra los salarios o las jubilaciones desfallecientes. La letra K ha dejado de ser una propiedad del kirchnerismo para pasar a ser (gracias al mismo macrismo) un sinónimo de todo lo no Macri, y el antónimo de todo lo malo del macrismo. No tanto quizás por las virtudes del kirchnerismo sino de los errores o daños que la misma Revolución Macrista ha derramado en el país. Algo similar a lo ocurrido con el peronismo durante los años de la "Revolución Libertadora" y las presidencias posteriores. El odio que destila el gobierno y sus medios hegemónicos afines contra todo lo que huela a K permea amplias capas del pueblo víctima de esa economía, y al mezclarse con la decepción de los votantes de Cambiemos o el rencor de quienes no lo votaron ni en la primera vuelta ni en la segunda y va generando una reacción cristinista que puede generar (vaya paradoja) un cuarto gobierno kirchnerista, como señalamos aquí en [6].

El escenario para 2019 comenzará a perfilarse con la votación del presupuesto para el año próximo. Esas dos votaciones (Diputados y Senadores) serán el parteaguas de la oposición entre opositores y paraoficialistas. Será la génesis de la alianza política, gremial y social que se opondrá a Cambiemos en las urnas, ya sea con o (como sueñan el macrismo) sin las PASO. El resultado de esos comicios está por ahora abierto, aunque, como ya hemos señalado aquí, de no mediar ninguna jugarreta o ilegalidad del oficialismo judicial o alguna encerrona violenta del Poder Ejecutivo para no entregar el poder, es muy probable que se repitan los hechos que llevaron al peronismo a volver al poder en 1973. Pero eso ya es tema para otra nota...










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